ACADEMIA
DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
Nº 4
Presentado por:
Académico de Número Nº 19:
Almirante Jorge Osvaldo Ferrer.
Tema:
EL PARADIGMA MARÍTIMO.
Presentación: Abril de 1996.
Debate: 29/04/97.
Buenos Aires,
Junio de 1996.
EL
PARADIGMA MARÍTIMO
Si
fuere menester anunciar en concepto representativo que
sintetice nuestras aspiraciones hacia la Argentina del
futuro, lograríamos, sin duda, un claro consenso
referido a una meta ideal.
Constituir una Nación cuyos habitantes ostenten
el mayor índice alcanzable de desarrollo humano,
en un ambiente armónico tanto en su propia sociedad,
como respecto a la región, el marco global y nuestro
planeta.
En otras palabras aportar positivamente a lograr la paz
y armonía con nosotros mismos, con la humanidad
y con la Naturaleza.
El moderno concepto de desarrollo humano, de admirable
amplitud conceptual, contiene en sí mismos, la
valorización del total de factores espirituales,
sociales, económicos, políticos y hasta
filosóficos que hacen a la calidad real de vida
en una sociedad moderna.
La potenciación del índice de desarrollo
humano, requiere impulsar las capacidades de una Nación,
en un plano de acción ético, moral y clara
asunción de responsabilidades transgerencionales,
transcendentes e insoslayables.
La capacidad de una sociedad para evoluciones a estadios
superiores es directa función de aspectos de significativa
importancia.
Ellos
son:
-Su
nivel y potencialidades culturales, que definen su actitud
social y política.
-Su
nivel tecno-científico.
-Su
potencial económico, la calidad de su base de sustentación
ecológica.
Poseemos,
en general, un concepto bastante claro de los indicadores
de desarrollo en ámbitos terrestres y parecen ser,
para nosotros de rápida comprensión.
Evidenciamos, en cambio, como pueblo y como sociedad,
una carencia de objetiva percepción en aspectos
vitales del desarrollo que no sentimos cercanos, familiares
en nuestras vidas cotidianas.
Uno de ellos, es referido a la dimensión, marítima
y fluvial. Interactuamos en un mundo en el cual los países
de avanzada se han lanzado a la conquista pacífica
de los espacios marítimos para gozar del usufructo
de sus recursos y potencialidades.
El derecho del mar, moderno, de viva evolución
y creciente influencia, ha impulsado una tendencia a la
fronterización marítima.
Se ha tomado conciencia de la potencialidad de mares y
ríos para posibilitar no sólo desarrollo
y bienestar, sino también la supervivencia humana.
Los espacios marítimos y fluviales se transforman
en complejos escenarios de múltiples actores y
factores.
Comienzan a coexistir actividades tradicionales con experiencias
inéditas de significativo valor.
El transporte marítimo impulsa la concreción
de ingenios humanos de creciente tamaño y velocidad,
así como infraestructuras flotantes o costeras
de asombrosa sofisticación.
La utilización marina como ámbito de tránsito
y también de múltiple explotación,
incrementó el peligro ecológico y torna
más sensibles las relaciones internacionales en
un escenario donde actores oficiales y privados interactuan
con intensidad y sinergia creciente.
La obtención de energía por diversos medios
de explotaciones de alta sofisticación en fondos
y subsuelos, y la acuicultura producirán sorprendentes
resultados.
Estaciones subacuas de observación, investigación
y desarrollo, indicara la gradual adaptación humana
a las profundidades.
Una Nación que no comprenda la importancia de prepararse
para ser eficaz y eficiente protagonista en océanos,
mares y ríos, condena una posición significativa
de su desarrollo posible y alcanzable.
Como consecuencia perderán un grado muy elevado
de libertad de acción, soberanía sobre recursos
y de representitividad en el campo internacional, debiendo
aceptar la ingerencia extranjera.
Cabe preguntarnos ahora como maximizar nuestra capacidad
marítima y fluvial, ante la región y el
marco global.
Es necesario referirnos primero a la base necesaria y
suficiente, es decir el país y sus instituciones.
Lamentablemente nuestra República se caracteriza
por un aspecto institucional de marcada tendencia a la
superposición de funciones, situación que
tiende a diluir responsabilidades y afectar marcadamente
la eficacia.
Hay múltiples aspectos institucionales que son
ejemplos de desorden y excesiva anarquía que desorientan
al propio ciudadano.
Me referiré sólo a algunos bien conocidos:
El espectro de la seguridad interna por medio de múltiples
políticas o fuerzas de seguridad en permanente
crecimiento cuantitativo e inevitables y fatales interferencias
es uno de ellos.
La imposibilidad de que el ciudadano común comprenda
la desequilibrada presión de impuestos múltiples
y trabas burocráticas sin acudir a especialistas,
es otro ejemplo.
La proliferación de entes para temas específicos
sin aprovechas las organizaciones idóneas ya existentes,
es otro.
Irregularidades de este orden, hacen, a mi juicio, imposible
diseñar un plan de desarrollo realista.
Existen temas críticos a resolver, en los cuales
entienden o tienen responsabilidades decenas de organismos
de acciones superpuestas.
Ella incrementa al monto de gastos innecesarios, la posibilidad
de corrupción y la inoperancia oficial en sus responsabilidades.
Muy extensa sería la relación de estas anomalías,
pero es necesario remarcar lo imprescindible.
Ella consiste en modernizar las instituciones en forma
coherente con esquemas vigentes hoy en los países
centrales.
El estado debe constituirse en garante y factor de equilibrio
para bienes y ciudadanos.
Su responsabilidad social es irrenunciable.
Debería poseer un perfil más racional y
funcional a fin de la agenda internacional interactúen
con fluidez y eficacia.
Demos
un ejemplo referido al ámbito marítimo.
1-
No existen entes coherentes a nivel Mercosur, para afrontar
una tarea vital de orden científico, como lo es
el conocimiento oceanográfico detallado y sistemático
del Atlántico Sur.
2-
No existe posibilidad tampoco de coordinación paralela
eficaz para el manejo de todos los factores interactuantes
en temas marítimos y fluviales, dentro de nuestro
país.
3-
Ello, sumado a notorios facíos legales, dificulta
la determinación de metas y objetivos – y
por supuesto la concepción de una estrategia realista.
4-
Nuestra Argentina requiere una infraestructura portuaria
moderna e interoperable con los centros de intercambio
del mundo desarrollado. Debe ser concebida como una red
nacional pero con coherencia regional Mercosur, a partir
de una profunda planificación. Considerando nuestra
poca capacidad económica, resulta necesario agotar
la influencia de todos los factores, antes de adoptar
una decisión.
5-
Aún no hemos desarrollado un adecuado control de
costas para afrontar la interacción entre mares
y litorales.
6-
No se ha consolidado y consensuado tampoco un plan maestro
de flujos oceánicos por vía marítima
y fluvial.
7-
Argentina no interactúa aun el sistema global de
información oceánica, ni concibió
los medios para ello.
8-
Tampoco se ha logrado una ley satisfactoria para explotación
de recursos que asegure relaciones y decisiones transparentes
previsibles entre el estado argentino y los actores privados.
9-
El control y vigilancia marítima es ejercido por
dos instituciones de responsabilidades superpuestas sin
coordinación y conducción adecuada.
10-
El estado posee, por ley un mecanismo de manejo de crisis,
inoperante y voluminoso. Hace imposible la necesaria de
continuidad propia de la fluidez de los acontecimientos
que caracterizan a las crisis y condena al secreto imprescindible
para optimizar su manejo.
La
sola mención de todas las anomalías existentes
aumentaría en exceso la extensión de esta
síntesis.
Concluyendo, nuestra Nación no está convenientemente
preparada desde el punto de vista orgánico institucional
para ser eficaz y eficiente, y ella se agrava en el fluvial
marítimo.
Pueden repetirse ejemplos lamentables, como un característico
desorden en el desarrollo de pueblos y ciudades, sin previa
planificación ni planes coherentes.
Sólo observando desde el mar, podemos notar el
contraste entre Ushuaia, por ejemplo, y cualquier población
costera de países desarrollados.
También es probable prescindir en problemas como
él Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires.
Una vez construido y operable, decisiones poco felices,
de dudosa transparencia cambiaron su entorno y condenaron
su seguridad.
Ella obliga a otra gran inversión para desplazarla.
Cabe preguntarse si cumplido el traslado también
se condenará la ecología privando a la ciudad
de espacios verdes imprescindibles.
Considero imposible perfilar y preparar a nuestro país
a protagonizar desarrollo marítimo y fluvial sin
una planificación integral, idónea y detallada
que se adopte como política de Estado.
No me refiero a una planificación estricta y de
connotación totalitaria.
Se hace menester una dirección de movimientos flexible
y adoptativa pero con dos condiciones.
La primera coherencia en los principios compartidos como
política de Estado.
La segunda, que sea concebida, coordinada, efectuada por
un instrumento estatal apto, operado por ciudadanos idóneos.
Traslademos el pensamiento ahora a los objetivos marítimos
y fluviales que considero propietarios para la República
Argentina.
Para cada uno de ellos, sintetizaré una opinión
respecto a que tipo de visión conceptual debe percibirse
y que ideas fuerzas deben condicionar su utilizacion y
desarrollo.
Vislumbro
diez objetivos prioritarios marítimos argentinos:
1-
Ejercer, en las jurisdicciones que nos asigna el Derecho
de Mar, el máximo nivel de soberanía protagonismo
compatible con la Ley Internacional.
2-
Alcanzar, en las áreas asignadas, el máximo
nivel de explotación compatible con el concepto
de desarrollo sustentado.
3-
Delimitar, salvaguardar y garantir el mar de interés
nacional.
4-
Concretar, con clara finalidad de paz y conservación,
una organización de cooperación y garantía
para el Atlántico Sur (OCGAS).
5-
Asegurar las vías marítimas de comunicaciones.
6-
Optimizar nuestro perfil marítimo y fluvial.
7-
Alcanzar el pleno ejercicio de responsabilidades en los
interoceánicos, correspondientes a las propias
jurisdicciones.
8-
Lograr la integración territorial insular.
9-
Alcanzar la máxima participación activa
en el proceso de
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aun
primaria, por adolecer de diversas zonas grises, aun no
legisladas definitivamente.
-
Esta realidad ofrece la posibilidad de fijar precedentes
que sin duda, se van considerando en futuros favores internacionales.
Dichos precedentes deben protagonizarse en especial, en
dichas zonas grises, sin afectar legislaciones o acuerdos
ya vigentes.
-
Estos ámbitos marítimos y fluviales deben
ser valorizados como espacios de desarrollo sustentable,
progresos y supervivencia humana.
-
Nuestra República, debe participar, de por sí,
o asociada cuando la acción autónoma no
sea posible, en todo estudio, desarrollo o tratamiento
temático referido al Atlántico Sur. Los
objetivos 2, 3 y 4 deberían responder a las mismas
percepciones e ideas fuerzas.
Quizás
fuera necesario concebir una delimitación del Mar
de Intereses Marítimos, espacio que vislumbra como
la sumatoria de:
-
Espacios con soberanías propias totales o parciales
según él derecho de Mar.
-
Espacios con responsabilidades nacionales ante el marco
internacional.
-
Espacios de salvaguardia y protección de recursos
o garantía ecológica para nuestro país.
También
es conveniente aclarar que una organización de
garantía y cooperación del Atlántico
Sur, no debe poseer connotaciones de alianza militar.
Debe ser una organización con fines pacíficos,
a fin de garantizar el desarrollo sustentable, la racionalidad,
la legalidad, la Armonía y la cooperación
en espacios marítimos que obligan a la protección
y el mejoramiento ecológico.
El objetivo referido a asegurar nuestras vías de
comunicación, no será profundizado por tratarse
de un tema de incumbencia naval tanto en la parte nacional
como regional.
Debemos recordar que el Control de Tráfico Marítimo
del Atlántico Sur (Argentina, Brasil, Uruguay y
Paraguay) ya funciona como organización permanente
desde treinta años atrás.
La organización de cooperación y garantía
y el Control del Tráfico Marítimo deberían
abarcar a los países costeros de África
con capacidad marítima como Sudáfrica.
Específicamente para la organización de
cooperación y garantía, es recomendable
prever la gradual inclusión de usuarios de naciones
extraregionales, a fin de incrementar su representatividad
y eficacia legal y ecológica.
El objetivo nro. 6, relacionado con la optimización
de nuestro perfil marítimo y fluvial requerirá
específicas políticas de desarrollo. Es
necesario para ella la determinación de los flujos
prioritarios de transporte fluvial y marítimo.
Dichos flujos no deben ser priorizado sólo por
su rentabilidad específica, sino también
por el valor de su interacción en el esquema general
económico nacional y regional.
De esta forma, se equilibrarían las ventajas relativas
para las diversas actividades económicas, aún
los totalmente terrestres, sin afectación flivial
marítima.
Desde el punto de vista región Mercosur, debemos
considerar los tres corredores bioceánicos principales.
El Norte, conexión con Chile Norte, Brasil, paraguay
y Bolivia.
En dicho corredor debe mejorarse el acceso a Brasil, aumentando
su capacidad de pasaje.En el corredor central, hacia Chile,
se hace necesario un túnel transcordillerano que
proteja el tránsito durante la época invernal
en que se producen, actualmente graves inconvenientes.
El corredor Sur posee las características de conectar
dos puertos de aguas profundas, como Bahía Blanca
y Concepción en Chile.
Allí sería recomendable la selección
de un paso mejor aún que Pino Hachado, como podría
ser el paso Cardenal Samoré.
El potencial de esta zona en hidrocarburos, agricultura
y movimiento de mercaderías y personas, incluso
en turismo, induce a una solución biocéanica
por carretera y ferrocarril complementando sus específicas
característicos.
Poseemos hasta hoy un importante puerto de aguas profundas
como Bahía Blanca.
Es de suma importancia sumar otro puerto de aguas profundas
en las cercanías de la zona focal Río de
la Plata.
La selección del lugar, es un problema a negociar
en el ámbito regional, aunque los intereses argentinos
pasan por su ubicación en nuestro territorio, puertos
e hidrovías son medios fundamentales de integración.
El mejoramiento de sus estructuras, sus áreas de
operación y control y de sus accesos son aspectos
prioritarios y de gran influencia en los costos del intercambio.
Con ese mismo criterio, optimizar los puntos de apoyo
para aprovisionamiento y reparaciones, aumentará
nuestra capacidad de exportación de servicios.
La capacidad de que los medios marítimos y fluviales
se ajusta a regulaciones internacionales protectoras del
medio ambiente, incrementa el valor y frecuencia de eventuales
reparaciones y adaptación.
La evolución del Tratado Antártico nos debe
impulsar a mejorar nuestra capacidad de apoyos y servicios
para incrementar la interacción entre territorios
argentinos y la Antártida.
Sin duda, el sólo tratamiento, estudio o concreción
de estos objetivos, traerá la positiva consecuencia
de incrementar nuestra conciencia marítima.
Dicha conciencia es claramente asunto de características
definitivamente el multidisciplinarias.
La Convención de Puertos realizada en Buenos Aires
durante el corriente año un ejemplo valioso de
sendero.
La optimización de nuestro perfil para afrontar
el protagonismo marítimo y fluvial, representan
hoy un desafío de una trascendencia tal que bien
puede ser comparado con aquel referido a la Conquista
del Desierto para la necesaria integración nacional
de lagrande y entonces lejana Patagonia.
