ACADEMIA
DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
Nº 8
Presentado por:
Académicos de Número Nº 9 y 13:
Cltes. Juan H. R. Questa y Jorge J. A. Palma.
Tema:
LA MARINA NORTEAMERICANA EN EL PRÓXIMO MILENIO
REFLEXIONES SOBRE LA ARMADA ARGENTINA EN EL MISMO PERÍODO
Presentación: Marzo de 1998.
Debate: 31/03/98 y 25/08/98.
Buenos
Aires,
Agosto de 1996.
¡Thálasa!
¡Thálasa!
JENOFONTE - Anábasis - IV. 8.
CUADERNO
TALÁSICO Nro. 8
LA MARINA NORTEAMERICANA EN EL PRÓXIMO MILENIO
REFLEXIONES SOBRE LA ARMADA ARGENTINA EN EL MISMO PERÍODO
ACADEMIA DEL MAR
Abril de 1998
PRÓLOGO
DE LOS TRADUCTORES
Durante
los días 07 al 11 de enero del año en curso
se realizó en la localidad de Montego Bay (Jamaica)
una Conferencia organizada por el Centro de la Ley del
Mar y la Política, perteneciente a la Escuela de
Leyes de la Universidad de Virginia (Estados Unidos de
Norteamérica).
Esta Conferencia trató sobre temas relativos a
la Ley y el Derecho del Mar y reunió con tal fin
a destacadas personalidades de esa especialidad.
Entre los invitados figuraba nuestro compañero
de la Academia del Mar el prestigioso jurista Embajador
doctor don HUGO CAMINOS, en su carácter de Juez
del Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede
en la ciudad de Hamburgo (Alemania).
El Embajador CAMINOS nos ha traído, al regreso
de esa reunión, la copia de un trabajo presentado
ante ella por el capitán de navío de la
Armada Norteamericana don RICHARD J. GRUNAWALDT, Director
del Departamento de la Ley del Mar y la Política,
dependiente del Centro de Estudios sobre Conflictos Navales
de la Escuela de Guerra Naval de su país, ubicada
en la localidad de Newport (Estado de Rhode Island).
El mencionado trabajo del capitán GRUNAWALDT, titulado
“La Armada Norteamericana en el próximo milenio”,
cuya versión al castellano hemos confeccionado
en conjunto, está incluida en esta presentación
y se refiere a los problemas que enfrentará la
Marina Norteamericana al ingresar en el próximo
siglo, para determinar cuales han de ser la misión
y la estructura de dicha fuerza, aclarando que sus conclusiones
al respecto son de su exclusiva opinión y que no
expresan, necesariamente, la posición de la Armada
o de la Escuela a las cuales pertenece.
Al analizar las ideas de este autor sobre el tema de su
trabajo pudimos apreciar su gran solvencia profesional
y elevado conocimiento de las exigencias que seguramente
enfrentará la Marina de Guerra más poderosa
del mundo, a raíz del incesante progreso de los
medios técnicos y las variadas vicisitudes de la
complicada situación política y estratégica
del mundo en que vivimos.
Al haber podido apreciar, dentro de nuestras posibilidades,
lo acertado de las opiniones expresadas por el autor,
surgió en nosotros la idea de poder enunciar, en
forma similar, los problemas que debería enfrentar
la Armada Argentina en el mismo caso y salvando, por supuesto,
las diferencias que existen entre ambas Marinas en lo
referente a posibilidades económicas y materiales,
desarrollo de las industrias navales y afines, a la disponibilidad
de medios, personal y organización y las muy diferentes
situaciones políticas y estratégicas.
También nosotros hemos preferido dejar constancia
de que expresaremos opiniones propias, guiándonos
exclusivamente por nuestro criterio profesional. Por lo
tanto, estas aseveraciones no reflejan la posición
de la Armada o de sus organismos asesores al respecto,
a quienes hemos omitido consultar a efectos de no ser
influenciados ni comprometer naturales reservas. En lugar
de ello deseamos considerar nuestras conclusiones como
el lógico resultado de tener en cuenta reconocidos
y fundamentales problemas de la política exterior
del país, presentadas con el significado de “una
solución aceptable” del tema, tal como suele
denominar, muy acertadamente, nuestra Escuela de Guerra
Naval a los trabajos ejecutados por los Jefes Cursantes.
Los traductores deseamos dejar testimonio, además,
de nuestro reconocimiento a la Universidad de Virginia,
a la cual hemos solicitado la correspondiente autorización
para utilizar y publicar la traducción al castellano
del trabajo del capitán GRUNAWALDT en nuestra Academia
del Mar, sin ninguna intención de lucro. También
este autor merece nuestras felicitaciones más sinceras
por la importancia y seriedad de su presentación,
que describe muy acertadamente los graves problemas que
hoy enfrentan las grandes potencias navales y, sin ninguna
duda, las naciones que por ser más débiles
están condenadas a sufrir las consecuencias de
un eventual conflicto entre aquéllas, especialmente
si llegaran al extremo de utilizar los actuales medios
masivos de destrucción.
Finalmente, estimamos que nuestras reflexiones, al referirse
principalmente a cuestiones de índole naval-militar,
están estrechamente vinculadas con el Poder Naval
y los Intereses Marítimos de la Nación,
tratándose por lo tanto de temas íntimamente
relacionados con el mar, los que no pueden ser ajenos
al interés de la ciudadanía en general y
que son materia de gran importancia para la Academia del
Mar.
Nuestro trabajo no tiene pretensiones desmedidas y sólo
nos ha llevado a hacerlo la esperanza de que pueda despertar
en sus lectores las debidas inquietudes ante un problema
de tanta trascendencia y sobre el cual no tenemos casi
posibilidad de influenciar o intervenir.
BUENOS
AIRES, ABRIL DE 1998.
LA ARMADA NORTEAMERICANA EN EL PRÓXIMO MILENIO
Profesor
capitán de navío (USN) don RICHARD J. GRUNAWALDT
Buenas
tardes:
Mi tarea de esta tarde es darles a ustedes una rápida
visión sobre la misión y estructura de las
fuerzas de la Marina de Guerra de los Estados Unidos de
Norteamérica al llegar a la nueva centuria. He
titulado a esta exposición “La Armada Norteamericana
en el próximo Milenio”. Pero antes de dar
principio a ella debo hacer un obligatorio descargo. Mis
afirmaciones son reflejo de mi exclusiva opinión
y no expresan necesariamente la posición de la
Armada Norteamericana o de la Escuela de Guerra Naval
de mi país.
Me permito empezar esta exposición agradeciendo
a los señores JOHN MORTON MOORE y MYRON NORDQUIST
por invitarme a participar en la Conferencia de este año
y por la oportunidad de compartir con ustedes una rápida
visión de las misiones y estructura de las fuerzas
de la Armada Norteamericana al aproximarse al nuevo milenio.
Por supuesto que ha sido muy difícil para mí
abandonar Newport, Rhode Island, y exponerme a los rigores
climáticos de Montego Bay. Pero, como suele decirse,
“alguno tiene que hacerlo”.
Pienso que, como principio, sería conveniente recordarles
las misiones básicas y la estructura de las fuerzas
de la Armada Norteamericana durante los desaparecidos
años de la Guerra Fría. Así podríamos
comparar esa pasada situación de nuestra Marina
con la que existirá al llegar el próximo
cambio de siglo. Al hacer yo las manifestaciones que siguen,
ustedes podrán ver que las libertades de navegación
y de sobrevuelo, preservadas y protegidas por las Naciones
Unidas en la Convención de la Ley del Mar en 1982
son absolutamente esenciales para la seguridad nacional
de los Estados Unidos de Norteamérica y para el
cumplimiento de las misiones y tareas de nuestra Armada.
El ocaso de la Guerra Fría fue también,
por supuesto, el de la bipolarización política
de las agrupaciones regionales de naciones: El Este contra
el Oeste, la NATO contra el Pacto de Varsovia, los Estados
Unidos de Norteamérica contra la Unión Soviética.
En su dimensión marítima esto significaba,
principalmente, la Armada Norteamericana versus la Marina
Soviética, los principales poderes navales en la
esfera mundial.
La Estrategia Militar Nacional de los Estados Unidos de
Norteamérica en los últimos años
de la Guerra Fría estaba construida sobre tres
pilares básicos: Disuasión, defensa avanzada
y solidaridad con los aliados. Disuasión significa
disponer de los medios para convencer a la Unión
Soviética y a sus aliados del Pacto de Varsovia
que los riesgos involucrados en una agresión de
su parte serían mayores que los posibles beneficios.
Sin embargo, para ser efectiva, la disuasión debía
ser creíble. La U.R.S.S. y las otras naciones del
Pacto de Varsovia debían entender que los Estados
Unidos de Norteamérica y sus aliados tenían
sus fuerzas alistadas y en capacidad para derrotarlos
a lo largo del conflicto y que nosotros teníamos
la voluntad de emplear esas fuerzas si resultaba necesario.
La Defensa Avanzada contemplaba la necesidad de que los
Estados Unidos de Norteamérica combatieran a la
U.R.S.S. tan lejos de su territorio como fuera posible,
a efectos de reafirmar la resolución norteamericana
de sostener la solidaridad con sus aliados. La solidaridad
con los aliados, a su vez, requería que las fuerzas
de los Estados Unidos intervinieran donde y cuando la
necesidad pudiera presentarse y que las 43 naciones comprendidas
en el sistema de la Alianza Occidental entendieran ese
compromiso tanto en su aspecto estratégico como
en el de las fuerzas convencionales.
La Estrategia Marítima norteamericana, en apoyo
de la Estrategia Militar Nacional estaba basada en sus
propios tres pilares -presencia en tiempo de paz, respuesta
en ultramar y operaciones de guerra-. La Guerra Fría
fue, según palabras del almirante JIM WATKINS,
una era de paz violenta durante la cual ciertos dependientes
y colaboradores de la Unión Soviética -Cuba,
Libia, Vietnam, Angola, Corea del Norte, etc.- provocaron
desafíos en todo el mundo a los Estados Unidos
y a sus aliados. La Estrategia Marítima mostró
la relevancia del poder naval a través de todo
el espectro del conflicto -desde las operaciones en tiempo
de paz hasta el más eficaz componente de las fuerzas
norteamericanas para disuadir el inicio de una guerra
nuclear.
La presencia en tiempo de paz encomienda a nuestras fuerzas
navales la diaria disuasión en todo el mundo. El
mantenimiento del acceso de los Estados Unidos a sus aliados,
mercados y fuentes de petróleo y materias primas
requería de la Marina disuadir y defenderse contra
los intentos de negarle materialmente las comunicaciones
marítimas y aéreas.
Los Estados Unidos no estaban solos, por supuesto, en
este compromiso. Alguno en esta sala debe recordar la
amenaza de Irán de cerrar el Estrecho de Ormuz
en la mitad de los años 80 y la respuesta de Australia,
el Reino Unido, Francia y los Estados Unidos, entre otros,
a este desafío.
La presencia en tiempo de paz tomó muchas formas
para el equipo Armada e Infantería de Marina norteamericanas
en esos años. Como un ejemplo, solamente en 1984
ambas visitaron 109 naciones en todo el mundo y realizaron
ejercicios combinados con 55 de ellas.
La respuesta a las crisis de ultramar, el segundo pilar
de nuestra Estrategia Marítima para la Guerra Fría,
está sustentado en la realidad de que una posición
de despliegue avanzado y la rápida movilidad de
las fuerzas navales, asociadas con su capacidad de ser
sostenidas en el mar indefinidamente, sin una comprometedora
puesta del pié en la costa, las convirtieron en
la opción preferente en el 80% de los casos que
definían la era de la Guerra Fría. La versatilidad
de las fuerzas a flote fue fundamental en nuestra posibilidad
de disuadir agresiones, controlar escaladas y resolver
las crisis durante los desafíos de ese período.
Las operaciones de guerra, el tercer y último pilar
de nuestra Estrategia Marítima, estaba basado en
tres fases -transición hacia la guerra, adopción
de la iniciativa y traslado de la lucha hacia el enemigo.
Nuestro propósito era asegurar que la Unión
Soviética fuera privada de su estrategia preferida
de emplear la ventaja de la masiva fuerza terrestre del
Pacto de Varsovia contra la NATO y la Europa Occidental
en un corto y decisivo asalto. Los Estados Unidos y sus
fuerzas marítimas aliadas asegurarían que
la respuesta a la agresión fuera global y prolongada;
Los Soviets además enfrentarían la reducción
de sus aliados en las fronteras del Pacífico y
del Ártico.
Durante todas las fases de la Estrategia Marítima
norteamericana en esa época, la flexibilidad y
movilidad de las fuerzas navales dependía de su
capacidad para transitar por áreas restringidas,
en las líneas de comunicaciones marítimas
y poder hacerlo como una cuestión de derecho más
que por un consentimiento de las naciones isleñas
y costeras a lo largo de la ruta. Ese tránsito
tenía que incluir los pasajes de buques y aviones
de guerra en la superficie, en vuelo o sumergidos, independientemente
de sus medios de propulsión, armamento o carga
transportada. Por supuesto la gravitación de lo
económico en la Guerra Fría demostró
finalmente ser la causa de la ruina de la Unión
Soviética. El mecanismo de la libre empresa y de
la economía de mercado no pudo ser igualado por
el modelo de economía dirigida del Estado Socialista.
Fue muy importante que el libre comercio mundial dependiera
del tránsito sin dificultad por las áreas
restringidas formadas por los estrechos entre masas terrestres
y por las cadenas de islas a horcajadas de las rutas marítimas.
Nuestra dependencia de las líneas de comunicación
es, por supuesto, tan crítica hoy como lo era hace
una década. En efecto, más del 80% del comercio
mundial, unas 3.500 millones de toneladas anuales, continúa
siendo marítimo y para los Estados Unidos ese promedio
alcanza al 95% de sus importaciones y exportaciones.
Claramente, la preservación y protección
de las libertades de navegación y sobrevuelo resultaban
ser imperativos estratégicos durante la era de
la Guerra Fría.
La estructura de las fuerzas de la Armada Norteamericana
durante la Guerra Fría mejoraba o decaía
según los dictados de la situación política,
tanto internacional como doméstica. Durante la
administración REAGAN (1980-88) la Armada de los
Estados Unidos alcanzó su cima posterior a la Segunda
Guerra Mundial, en términos de capacidad bélica.
Mientras que el tamaño de la Flota Norteamericana
era numéricamente mayor durante la Guerra de Vietnam,
muchas de sus unidades estaban obsoletas o próximas
a serlo. En contraste, la Marina Soviética estaba
llegando a ser una soberbia y técnicamente formidable
flota. En esos años el entonces Secretario de Marina
JOHN LEHMAN puso a su país en el camino de poseer
una moderna Marina de 600 barcos. Para 1989 esa tarea
estaba completada con largueza, al llegar la fuerza de
batalla norteamericana a aproximadamente 583 buques. Ese
total incluía 14 portaaviones, 4 acorazados, 43
cruceros, 160 destroyers y fragatas, 44 submarinos balísticos,
101 submarinos de ataque, 65 barcos anfibios, 60 unidades
logísticas, 16 rastreadores o minadores y otros
70 buques auxiliares de apoyo a la Flota.
¿Cómo
han cambiado esta misión y la estructura de la
fuerza desde la caída del Muro de Berlín?
Desde la perspectiva norteamericana la era post Guerra
Fría presenta sus propios peligros. La amenaza
militar de la Unión Soviética y el Pacto
de Varsovia ha sido reemplazada por una compleja gama
de desafíos, en un mundo acosado por contiendas
étnicas. El presidente CLINTON, en su presentación
a la Estrategia de Seguridad Nacional de Compromiso y
Liberación, en febrero de 1995, afirmó:
“El
final de la Guerra Fría cambió fundamentalmente
los imperativos de seguridad de América. El principal
desafío a la seguridad durante el último
medio siglo -la amenaza de la expansión comunista-
ha desaparecido. Los peligros que enfrentamos hoy son
muy diversos. El conflicto étnico se está
extendiendo y algunas naciones criminales ponen en serio
peligro la estabilidad regional en muchos rincones del
globo. La proliferación de medios de destrucción
masiva representa el mayor desafío a nuestra seguridad.
La degradación ambiental en gran escala, exacerbada
por el rápido crecimiento de la población,
amenaza minar la estabilidad política en muchos
países y regiones”.
Para enfrentar esos desafíos la actual estrategia
de seguridad nacional establece tres objetivos principales.
Ellos son:
l
Acrecentar la seguridad de los Estados Unidos con una
diplomacia efectiva y con fuerzas militares que estén
listas para combatir y ganar.
l
Apoyar la prosperidad económica de los Estados
Unidos.
l
Promover la democracia fuera del país.
El presidente CLINTON ha identificado las siguientes prioridades
estratégicas para alcanzar esos objetivos principales:
1)
Fomentar una Europa pacificada, indivisa y democrática
para conseguir una fuerte asociación NATO-Rusia.
2)
Reforzar los vínculos ya existentes con Japón,
Corea, Australia y las Naciones de la ASEAN y propender
a un más cerrado diálogo con China.
3)
Fomentar una economía global libre y activa, a
través de la eliminación de barreras comerciales.
4)
Continuar siendo una inflexible fuerza para la paz -desde
Bosnia al Medio Oriente y a América Central.
5)
Contrarrestar los crecientes peligros para la seguridad,
tanto global como de los Estados Unidos, particularmente
las armas de destrucción masiva, terrorismo, tráfico
de drogar y degradación ambiental.
6)
Mantener herramientas diplomáticas y militares
eficientes como para enfrentar esos desafíos.
La estrategia nacional militar de los Estados Unidos guía
esta conducta y provee la orientación estratégica
de todas sus fuerzas. Los objetivos de nuestra estrategia
militar son promover la paz y la estabilidad y, cuando
sea necesario, derrotar a los adversarios. Esta estrategia
está expresada por los términos, Manera,
Respuesta y Alistamiento Actualizado, cosas que explicaré
a continuación.
Pero primero resultará útil considerar los
propósitos básicos de las fuerzas armadas
de los Estados Unidos, ellos son la protección
de la vida y seguridad de los ciudadanos norteamericanos,
el mantenimiento de la soberanía de su país,
con sus valores, instituciones y territorio intactos,
y previsiones para la prosperidad de la nación
y su pueblo. Para cumplir con este propósito, la
misión de los militares norteamericanos es enfrentarse
a la violencia organizada contra los Estados Unidos y
sus intereses y derrotar tales amenazas si la disuasión
llegara a fallar.
La situación estratégica de la era post
Guerra Fría presenta tanto oportunidades como desafíos
para los Estados Unidos. Nosotros estamos en paz. También
estamos presenciando el progreso sin precedentes de los
ideales democráticos que fomentamos. La amenaza
de un holocausto nuclear ha disminuido. Sin embargo, aún
persisten serias amenazas a nuestra seguridad nacional.
Entre ellas las principales son lo que nosotros denominamos
peligros regionales, desafíos asimétricos,
amenazas internacionales y “cartas bravas”.
Los peligros regionales incluyen a los poderes locales,
tales como Irán, Iraq y Corea del Norte, que tienen
capacidad militar, incluyendo armas de destrucción
masiva y también la propensión política
a emplearlas agresivamente contra sus vecinos y los intereses
de los Estados Unidos.
Los desafíos asimétricos incluyen medios
no convencionales destinados a neutralizar las fuerzas
militares norteamericanas y explotar sus vulnerabilidades.
Esta lista está constituida mayoritariamente por
el terrorismo y la amenaza de armas químicas, biológicas
o nucleares.
Las amenazas internacionales son desafíos que no
apuntan necesariamente a provocar un conflicto armado
pero que son de todos modos peligrosos. Rivalidades étnicas
y religiosas, el crimen internacional organizado, el tráfico
ilícito de drogas y de armamentos y materiales
estratégicos, la piratería, el flujo masivo
de refugiados y la incesante degradación del ambiente
natural, son los puntos salientes que acuden ahora a nuestra
memoria.
Las “cartas bravas” son aquellos desafíos
inesperados que provienen de tecnologías emergentes
y que podrían neutralizar algunas de nuestras capacidades
militares, llevarnos a la pérdida de aliados valiosos
o a la inesperada desaparición de regímenes
democráticos. Esto nos trae de nuevo a aquellos
elementos de nuestra estrategia nacional militar destinados
a enfrentar esos desafíos -dirigir, responder y
prepararse ahora para un incierto futuro.
Por “manera” queremos significar controlar
el ambiente internacional mediante el disuadir de la agresión,
y los acuerdos militares en tiempo de paz. Esto se cumple
mediante la promoción de la estabilidad a través
del mejoramiento de la seguridad de nuestros amigos y
aliados y constituyendo coaliciones que consigan un ambiente
global seguro. Las coaliciones militares en tiempo de
paz incluyen estrechos contactos entre las instituciones
militares de los Estados Unidos y las de defensa de otras
naciones. La Armada Norteamericana, por ejemplo, se involucra
en una vasta gama de tales actividades con amigos y aliados
en todo el mundo, incluyendo visitas mutuas de sus buques
de guerra, ejercicios navales combinados, programas de
entrenamiento y el intercambio de inteligencia, tecnología
y experiencia operativa.
La manera de actuar en el ambiente incluye prevenir y
restringir conflictos que ocurren a menudo. Ello incluye
también demostrar nuestra habilidad y voluntad
para disuadir la agresión, derrotar a los potenciales
agresores e impedirles que alcancen sus objetivos estratégicos.
Ello requiere fuerzas militares que sean capaces y estén
ubicadas estratégicamente para proyectar y concentrar
el poder militar en todo el mundo.
“Respuesta”
significa la necesidad de las fuerzas de Estados Unidos
de estar capacitadas para responder al espectro completo
de crisis a lo largo de todas las variantes de las operaciones
militares -desde asistencia humanitaria hasta combatir
y ganar dos guerras importantes juntas, ya sean simultáneas
o en rápida sucesión. Respuesta también
se refiere a la conducción de múltiples
operaciones contingentes y concurrentes, en pequeña
escala, desde una demostración de fuerza hasta
a una operación de evacuación sin combatir
o a una presión para cumplimiento de mandatos de
la UN sobre zonas de vuelo prohibido o a opciones de enfrentamiento
limitadas para la disuasión de agresiones.
“Alistamiento
Actualizado” para un futuro incierto requiere la
reconstrucción y un mejor manejo de nuestra estructura
militar para acrecentar su superioridad en materia de
información e innovaciones tecnológicas.
Nuestro objetivo es efectuar una evolución avanzada
para responder a las necesidades actuales mientras nos
preparamos para un futuro incierto. Nuestro desafío
es hacerlo en un ambiente restringido en cuanto a disponibilidades
fiscales y de personal. Las fuerzas navales norteamericanas
están, por lo tanto, proyectadas para tener agilidad
estratégica. Nuestra Marina debe ser versátil,
capaz de conducir simultáneamente múltiples
misiones a través del espectro completo de las
operaciones militares, en diferentes regiones del mundo.
Debemos mantener una agresiva presencia mediante un despliegue
avanzado en ultramar, con el fin de dar credibilidad a
nuestros compromisos de seguridad en cualquier lugar del
globo. Nuestros buques y aviones navales deben tener la
capacidad de proyectar su poder rápida y efectivamente,
en forma de convertirlos en una fuerza militar decisiva,
que impida la agresión armada en cualquier lugar
donde pueda ocurrir.
Todo esto es una pesada tarea para la Armada Norteamericana.
Ahora bosquejaré para ustedes la estructura de
fuerza que se adoptará en el año 2000. En
lugar de los 583 buques de la poderosa “fuerza de
batalla” del año 1989, la Armada Norteamericana,
al llegar al cambio de siglo, consistirá en unos
345. Los principales elementos de esa fuerza de batalla
serán 12 portaaviones, 12 grupos anfibios alistados,
116 unidades de superficie, 50 submarinos de ataque y
14 submarinos con misiles balísticos. Ello representa
una reducción en el tamaño de la flota de
alrededor de 1/3, lo cual equivale a 240 buques menos
de los que tenía en 1989. Esta reducción
refleja el completo recorte sufrido por el presupuesto
de Defensa, que llega ahora a un 3% del Producto Bruto
Interno de los Estados Unidos, el porcentaje más
bajo en un lapso mayor de 40 años.
No obstante, debo decirles que aunque la Armada Norteamericana
es 1/3 menor ahora de lo que era justo hace una década,
los buques y aviones de hoy son significativamente más
capaces, versátiles y resistentes de lo que fueron
los de la era de la Guerra Fría.
Luego de haber dicho esto, debo señalar algo obvio
-un buque no puede estar en dos lugares al mismo tiempo.
Mientras el tamaño de la flota ha sido reducido
en un tercio, los compromisos de la Armada Norteamericana
permanecen invariables. En un día dado el 53 por
ciento de la flota está en el mar. De ese número
bastante más de la mitad están desplegados
por todo el mundo. Hoy aproximadamente 116 buques de los
Estados Unidos están operando en alta mar y en
aguas extranjeras, lejos de sus bases. Otros 70 están
operando a lo largo de las costas de los Estados Unidos
y sus posesiones. Esta actividad operacional es, obviamente,
difícil de mantener, pero lo hacemos. Los 393.000
hombres y mujeres de las fuerzas activas de la Armada
Norteamericana, junto con nuestros 95.000 miembros que
componen la reserva, han demostrado claramente que están
al día con tal compromiso. Como dijo recientemente
el Almirante JAY JOHNSON, el Comandante de Operaciones
Navales:
“En
términos de lo que ellos están haciendo,
les diré que, por haber visitado todo el mundo
y visto como son las cosas, las operaciones y ejercicios,
su desempeño y alistamiento son tan buenos como
lo han sido siempre”.
Yo puedo hacerme eco de esa opinión. Los hombres
y mujeres de la Armada Norteamericana y del Cuerpo de
Infantería de Marina, que forman hoy un equipo,
están mejor educados, mejor entrenados y más
motivados de lo que nunca han sido en el pasado. Son inteligentes,
tenaces y están listos -son verdaderos profesionales.
Yo he mencionado al principio de estas declaraciones la
importancia de la seguridad de los Estados Unidos, y en
verdad de la seguridad global, de preservar y proteger
la libertad de navegación y sobrevuelo articulados
por las Naciones Unidas en la Convención sobre
la Ley del Mar en 1982.
Nuestra posibilidad de realizar las acciones que he descripto
presupone que nuestros buques y aviones de guerra, barcos
mercantes y aeronaves civiles tengan un acceso asegurado
y sin trabas a los océanos del mundo y a las áreas
marítimas restringidas. La seguridad nacional y
las estrategias militares de los Estados Unidos en la
era de la Guerra Fría y de la post Guerra Fría
son virtualmente idénticas en su confianza hacia
una ley sobre el régimen del mar, que esté
basada en el acceso seguro y sin trabas a las líneas
de comunicaciones marítimas que se extienden sobre
todos los océanos del mundo. La importancia de
este acceso no es sin ninguna duda exagerada. El presidente
REAGAN, refiriéndose a la seguridad de los Estados
Unidos y de la Alianza del Atlántico Norte, afirmó
en 1987 que:
“La
libertad de navegación no es un cliché vacío
de la ley internacional. Es esencial para la salud y protección
de América y de la fuerza de nuestra alianza”.
El Secretario de Marina JOHN LEHMAN, describiendo los
propósitos de la Armada Norteamericana, afirmó
en 1984 que:
“Aunque
la Armada tiene muchos roles y misiones, su histórica
tarea de mantener un régimen legal de océano
libre sigue siendo dominante”.
Las afirmaciones del Secretario LEHMAN, aunque expresadas
en medio de la Guerra Fría, son tan convincentes
ahora como lo eran entonces. Los desafíos del siglo
XXI -desafíos étnicos, económicos,
sociales y ambientales, restringen la estabilidad del
orden internacional, acompañados por el peligro
de los conflictos regionales, la proliferación
de los medios de destrucción masiva y el tráfico
ilegal de narcóticos y armamentos- todos tienen
una dimensión marítima que sólo puede
ser enfrentada con efectividad en el contexto de un régimen
legal amplio y estable para los océanos del mundo.
La Convención sobre la Ley del Mar de las Naciones
Unidas en 1982 es la base indispensable para alcanzar
nuestras finalidades estratégicas de libre acceso
y pública disponibilidad de los océanos
y sus espacios aéreos adyacentes.
En conclusión, la Armada Norteamericana en el año
2000 será significativamente menor de lo que fue
en la era de la Guerra Fría -pero será más
capaz y efectiva. Ella poseerá una estructura de
comando, control y supervisión que sobrepasará,
en gran magnitud, todo lo que pudo imaginarse hace una
década. Los buques y aviones de la flota estarán
organizados para mantener el dominio de la multidimensional
batalla en el espacio aéreo sobre el mar, superficie,
aire y profundidad -y empeñarse en una decisiva
proyección de su poder donde y cuando llegue a
presentarse la oportunidad. Yo podría, para terminar
afirmar que, lo mismo que en el caso de la Guerra Fría,
muy a menudo mi país se orienta hacia la Marina
cuando se presentan las crisis. La Armada Norteamericana
es ágil, flexible y capaz. Su única contribución
a la seguridad nacional y global en este sentido es la
disuasión obtenida merced a un despliegue avanzado,
sin las complicaciones políticas de operar en suelo
extranjero.
Muchas gracias.
BUENOS
AIRES, ABRIL DE 1998.
REFLEXIONES
SOBRE LA ARMADA ARGENTINA EN EL PRÓXIMO MILENIO
El
problema fundamental que enfrenta la Armada Argentina
en las cercanías del próximo milenio es
muy diferente del que deben soportar las grandes potencias
marítimas y hoy en día sólo se puede
aplicar tal término a los Estados Unidos de Norteamérica.
Ello sin perjuicio de consideraciones de orden moral militar,
que son comunes a todas las fuerzas armadas de los países
que integran nuestra civilización occidental.
Ante el próximo milenio el problema más
acuciante de nuestra Armada es el estado de crisis existencial,
pues lo que realmente está en juego es su razón
misma de ser. Esta crisis afecta a todas nuestras instituciones
militares, pero la Armada se encuentra en una situación
de mayor riesgo por la falta, en general, de una conciencia
marítima en nuestro pueblo. Esta crisis existencial
afecta también seriamente la calidad de su personal,
además de su espíritu y eficacia.
El rápido avance de los medios técnicos
actuales, sin perjuicio de su gran importancia, y por
otra parte muy limitados en nuestro caso, no atenúa
en forma significativa la referida crisis, pues lo fundamental
será siempre el espíritu. Hoy, a pesar de
los fabulosos progresos técnicos, podríamos
grabar en las bombas atómicas, como se hacía
en las antiguas espadas florentinas, la frase “No
te fíes de mí si te falla el corazón”.
Entendemos que el principal atributo histórico
de lo naval -militar no es la disciplina, por importante
que ella sea, sino la valentía en el espíritu
de sacrificio de sus hombres en los servicios de defensa
que deben prestar. Cualquier institución civil
o militar, sin perjuicio de las libertades individuales,
sólo puede funcional eficazmente en base a una
disciplina aceptada, pues esta virtud es una forma más
o menos estricta de la aplicación de la división
del trabajo. Pero una Armada que, poseyendo una disciplina
y una adecuada capacitación técnica, careciera
de valentía en su espíritu de sacrificio,
sería fatalmente vencida por un oponente que lo
poseyera en mayor medida.
Esta crisis incide hasta tal punto que algunos de los
integrantes de las instituciones armadas dudan de su razón
de ser y a veces ensayan actitudes de justificación
alejadas de lo específicamente militar, las que
sólo contribuyen a debilitar aún más
a las instituciones. Estas actitudes, de mantenerse, crean
un estatismo militar, una especie de trabajo forzado y
contribuyen a destruir el espíritu y la dignidad
que las anima.
Por ello opinamos que no disolver las fuerzas armadas,
si ellas fueran inútiles a sus fines específicos,
o mantenerlas en forma precaria si son útiles,
constituye un engaño a la comunidad.
El espíritu de sacrificio a que nos hemos referido
no se obtiene sino mediante una firme vocación
puesta al servicio de una misión trascendente de
bien común, nacida como fruto de una educación
y concepción de la vida inspirado en los principios
y tradiciones republicanas.
Habrá seguramente quienes argumentarán que
resulta pretencioso en la actualidad exigir tanto de los
militares, pero en verdad una institución armada,
carente en general de tal espíritu, sólo
constituiría un grupo ordenado de empleados públicos
que poco o ningún servicio prestarían a
la comunidad.
En realidad, si deseamos lograr una situación lo
más permanente posible de libertad y paz, sería
indispensable que los atributos históricos del
naval-militar cobraran una realidad cada vez mayor y no
se trata de un problema especializado, exclusivamente
militar, sino algo que afecta seriamente a toda la comunidad.
Una institución, cualquiera que ella sea, no prestará
buenos servicios si no se le ha infundido el debido espíritu,
no se haya acertado en establecer rigurosamente su misión
y no se la haya mantenido libre de deformaciones. Cuando
el régimen institucional es ficticio, brota una
desmoralización que indefectiblemente produce el
envilecimiento.
Para poder racionalizar los posibles remedios a esta crisis,
en primer término analizaremos las causas que la
habrían provocado y que a nuestro juicio son las
siguientes:
1)
Las actuales tendencias predominantemente destructoras
de las fuerzas armadas por parte de algunos grupos ideológicos,
cuando éstas no responden a sus fines. Su acción
no se ha dirigido tanto a su disciplina como a su prestigio
y espíritu de sacrificio.
2)
Tendencias que consideran inútiles las pequeñas
fuerzas armadas en la actual era atómica y de armamentos
super sofisticados y en consecuencia estiman que no se
justifica su mantenimiento a los fines policiales y que
resultan muy caras para que sólo atiendan cuestiones
de tradición y protocolo. Es evidente que lo inútil,
por poco que costare, siempre resultaría superfluo
y por lo tanto los aumentos de presupuestos militares
o su simple mantenimiento sería, para los que así
opinan, un dispendio intolerable. Procuraremos mostrar
a continuación que las pequeñas fuerzas
armadas están ampliamente justificadas, independientemente
de que debiera modificarse eventualmente su composición
y organización.
En los extremos que median entre un estado de paz mundial
y una guerra atómica o en gran escala, existe un
amplio campo de guerras limitadas con armas convencionales.
Sería un desatino prescindir de la preparación
para enfrentar una amenaza limitada por la gran preocupación
que provocara una amenaza mayor. Es el mismo desatino
que cometería una persona que descuidara un ataque
de apendicitis por el gran temor que le tuviera a un posible
cáncer.
Países como la Argentina deben forzosamente incluir
la guerra en sus cálculos, pues ello puede contribuir
a disuadir para evitar conflictos bélicos o intervención
extranjera en guerras limitadas cuyos resultados pueden
afectarla seriamente. Si la amenaza suprema nunca llegara,
para bien de la humanidad, el derecho a la guerra podría
constituir un terrible privilegio de los países
pequeños y hoy, con la excepción de los
Estados Unidos de Norteamérica, todos somos pequeños.
Es evidente que quienes deseen afirmarse en su modo de
vida y en sobrevivir, deben estar preparados para guerras
limitadas. Si llegara la amenaza suprema, los países
no preparados y, en especial, los que no mantengan el
histórico espíritu de sacrificio, durante
las fases de transición, se verán arrastrados
en su propio torbellino, quedarán abandonados a
su destino y estarán perdidos.
Es evidente que, por estas razones, las pequeñas
potencias se deben preparar durante la paz para estar
en condiciones de disuadir o contener ataques que puedan
originarse en vecinos belicosos o gobiernos que se vuelvan
agresivos, como una indispensable medida preventiva, aunque
el peligro sea muy remoto, que de no tomarse a tiempo
las dejaría inermes y sometidas a las más
justificadas y severas críticas del pueblo de su
Nación.
La actual situación política internacional
demuestra que la llamada “globalización”
no evita la existencia permanente de conflictos bélicos
limitados. El progreso de la “globalización”,
que muchos aplauden, conduciría indefectiblemente
a una unificación política en un Estado
Universal, lo cual, aparentemente, resultaría de
gran beneficio para la humanidad.
Al respecto resulta de gran interés transcribir
lo manifestado por el gran historiador inglés ARNOLD
J. TOYNBEE en su monumental “Estudio de la Historia”,
donde expresa: “Una de las señales más
conspicuas de la desintegración de una sociedad
es el fenómeno de la última etapa de la
declinación y caída, que se produce cuando
una civilización en desintegración obtiene
un alivio sometiéndose a una unificación
política enérgica en un Estado Universal”.
Sin duda la guerra constituye uno de los mayores azotes
de la humanidad, pero, por desgracia, ella existe desde
los albores de la civilización y pareciera que
su erradicación se basa fundamentalmente en un
cambio profundo de la naturaleza humana, lo cual por desgracia
aún no se avizora, y, mientras tanto, todos los
países, para sobrevivir, deben incluirla en sus
cálculos. Ello no implica, en ningún caso,
desviarse hacia las tendencias suicidas del “militarismo”,
que es completamente diferente de lo “militar”.
3)
Otras de las causas de la crisis que analizamos son algunas
opiniones sobre que no deben existir “hipótesis
de guerra” en nuestro país, dado que actualmente
mantenemos buenas relaciones internacionales, por lo cual
las fuerzas armadas, según esas opiniones, resultarían
superfluas y deberían disolverse o reducirse a
su mínima expresión.
La forma más eficaz de mantener una situación
de paz es la de disponer de fuerzas armadas con el suficiente
poder disuasivo para enfrentar eventualmente, con razonable
probabilidad de éxito, a la acción de posibles
oponentes. Por otra parte, la política exterior,
para ser eficaz, debe estar respaldada por el adecuado
poder disuasivo ya mencionado. Así, quienes tengan
mayor respaldo e inspiren el debido respeto, son los que
podrán obtener las mayores ventajas en una negociación
internacional, sin que ello signifique adoptar una posición
hostil para con los demás países.
Decía BISMARK que “Hacer diplomacia sin fuerzas
armadas es como pretender bailar sin música”.
Siempre habrá conflictos, en consecuencia deben
mantenerse actualizadas, para considerarlas en el eventual
caso de que la necesidad se presente, las “hipótesis
de conflictos”, y las fuerzas armadas deben estar
preparadas para, en ese caso hipotético, responder
adecuadamente a ellas. Es verdad que nuestras “hipótesis
de conflicto” pueden parecer ahora remotas, pero
en último análisis ello se debe, en buena
parte, a que aún estamos en condiciones, aunque
algunos no lo crean, de defendernos con lo poco que tenemos.
4)
Otra causa la provocan aquellos que desean librarse de
la amenaza bélica, aceptando convivencias y desconociéndole
importancia al problema militar, con lo cual rehuyen su
responsabilidad.
5)
Finalmente hay corrientes más generosas, que justifican
a las fuerzas armadas como deuda histórica y aceptan
que pueden contribuir a la atención de algunas
emergencias nacionales. Pero en realidad, si se desconoce
sus misiones específicamente militares, a la postre
se destruye lo esencial de dichas fuerzas.
Para paliar la crisis a que nos hemos referido estimamos
aconsejable lo siguiente:
a)
Promover que foros o instituciones, integradas principalmente
por personas civiles, actúen en forma sistemática
e intensa ante la opinión pública, en la
defensa institucional de nuestra Armada. Al respecto su
acción directa ha sido siempre muy escasa y tradicionalmente
ha sostenido su prestigio por la difusión natural
de su labor más que por la propaganda, y por ello
se la ha llamado a veces “el servicio silencioso”.
Si no se logra influir en forma importante en la opinión
pública, poco se podrá hacer para mejorar
la situación, pues cualquier institución
dependerá mucho más del aire público
en que íntegramente flota, que del ambiente que
artificialmente pueda producirse dentro de sus muros.
b)
Procurar, dentro de los medios disponibles, obtener la
más alta calidad en el ingreso y selección
del personal, aun sacrificando en forma importante la
cantidad.
c)
En la organización de la Armada separar, en forma
tajante, lo operativo de lo político, aunque alguien
tenga que ocuparse de las dos cosas. En la actualidad
el Ministerio de Defensa se ocupa de lo político
militar de las tres fuerzas armadas, pero la Marina requiere,
aunque deba ser dependiente del Ministerio de Defensa,
su órgano político exclusivo, que actualmente
no existe y que opinamos resultaría conveniente
estudiar y proponer.
d)
Tratar de aumentar al máximo el adiestramiento
en el mar. A la Armada se la alienta llevándola
al mar. Los integrantes de las dotaciones de la Armada
deben ser primero marinos y luego todo lo demás.
e)
Procurar, a través del Ministerio de Defensa, el
estudio, la discusión y promulgación de
leyes de armamentos de larga duración y con la
asignación de las correspondientes partidas. La
promulgación de estas leyes implica el reconocimiento
legal de la existencia y misión de la Armada, saber
con qué medios se contará y planificar en
consecuencia.
Con respecto a la anterior estructura de la Armada y sin
ir muy atrás, en la década de los años
30 a los 40 sus fuerzas estaban compuestas por 2 acorazados,
2 cruceros, 1 escuadrilla de destructores, una importante
aviación naval que operaba desde bases terrestres,
1 escuadrilla de rastreadores, 3 submarinos y varios buques
de apoyo logístico, lo cual fue luego ampliado
por la incorporación de otro crucero y la renovación
de los destructores. También se disponía
de muy importantes y eficientes talleres navales y especializados,
en la Base Naval de Puerto Belgrano.
Durante este período la Armada Argentina era la
séptima del mundo, lo cual concordaba con la posición
internacional del país, que también ocupaba
el séptimo lugar. La importancia de nuestra Armada
en el mundo siempre ha estado en concordancia con la del
país.
El sistema de armas fundamental era la artillería,
los buques de guerra eran plataformas móviles,
estando acorazadas las más poderosas, armadas con
cañones, así como ahora llevan misiles.
Luego de este período se vendió como chatarra
los dos acorazados y con su producción se adquirió
un portaaviones. También se vendió como
chatarra los dos cruceros más antiguos, que fueron
reemplazados por otros dos cruceros obtenidos en los Estados
Unidos de Norteamérica bajo el sistema de préstamo
y arriendo y con el mismo se incorporaron dos submarinos
que reemplazaron a los tres primitivos, con 25 años
de servicios. El portaaviones fue reemplazado por otro
con mejores características operativas.
Actualmente la Armada sólo dispone de un grupo
de destructores y corbetas misilísticas y prácticamente
carece de submarinos, cuenta con una reducida aviación
naval y el portaaviones se encuentra inoperable y sin
tripulación, no justificándose su reparación
y alistamiento por no ser ellos aceptables en cuanto al
costo. Los talleres navales se encuentran en una situación
que bien puede calificarse de precaria.
Para el próximo milenio estimamos que la Armada
debe mantener buques ligeros y modernos, adquirir submarinos
del más avanzado diseño posible y reforzar
su aviación naval. El portaaviones es un requerimiento
fundamental de máxima aspiración, que debería
concretarse cuando la situación económica
lo permita. El Estado Mayor General de la Armada es el
encargado de establecer las características y cantidad
de las unidades a incorporar y mantener.
Más importante que el número de unidades
será el incremento de su eficiencia, lo cual implica:
personal altamente adiestrado, combustible y munición
de ejercicio para adiestrarse en el mar, disponer de un
adecuado stock de repuestos y municiones y de talleres
navales y especializados suficientes y eficaces. Dentro
de las misiones auxiliares asignadas a la Armada debe
tenerse en cuenta lo necesario para el control de la pesca,
los trabajos de hidrografía y el combate al narcotráfico
y el terrorismo.
En cuanto a la estrategia y política naval a considerar,
debe tenerse principalmente en cuenta que la civilización
occidental, a la cual pertenecemos, es una comunidad marítima
de naciones libres, lo cual evidencia la gran importancia
de lo marítimo y la razón por la que, en
general, los países que la integran se recuestan,
en situaciones de crisis, hacia sus respectivas Marinas.
En consecuencia, la política y la Armada de la
República Argentina, en situaciones de crisis internacional,
deben tener muy bien definido de qué lado estarán
y estar listas para contribuir con su apoyo a la defensa
del mundo libre, desechando neutralidades y ambigüedades
no aconsejables.
En cuanto al empleo del mar y las leyes que lo rigen,
éste es prácticamente de libre navegación
para todas las banderas en su casi totalidad, con excepción
de las franjas costeras sobre las cuales extienden su
soberanía y jurisdicción los países
ribereños. Hoy en día la mayoría
de los Estados han establecido y reclamado áreas
costeras de explotación económica exclusiva,
pero ello no afecta la libre navegación, en tanto
no se trate de un tránsito para una explotación
económica no autorizada por el Estado costero.
En realidad, y en relación con la creciente capacidad
del hombre para dominar las fuerzas de la Naturaleza,
el mar desde la época de HUGO GROCIO ha ido ganando
en libertad.
En general, a través de la historia, los países
con mayores intereses marítimos y poder naval,
procuran mucho más el mantenimiento de una amplia
libertad de navegar que la extensión de su soberanía
y jurisdicción sobre determinadas zonas del mar.
Prefieren compartir libremente todo el mar a la exclusividad
en una fracción limitada. En cambio, hay algunos
países pequeños que han sostenido lo contrario.
La seguridad global de la comunidad marítima que
constituye la civilización occidental requiere
preservar y proteger la libertad de navegación
y sobrevuelo articulada por las Naciones Unidas en la
Convención sobre la Ley del Mar en 1982, para poder
tener acceso seguro y sin trabas a las líneas de
comunicaciones marítimas que se extienden a lo
largo de los océanos y áreas marítimas
restringidas. La libertad de navegación es esencial
para la salud y protección de los países
de Occidente. Por lo anterior, la Argentina, sin perjuicio
de sus reclamos por áreas económicas exclusivas,
debe apoyar el mantenimiento de un régimen legal
de océano libre y la Armada contribuir a ello como
propósito dominante.
Proponemos entonces para la Armada Argentina al ingresar
en el próximo milenio, las reflexiones expuestas
precedentemente, insistiendo en que sigue siendo vital
encarar la crisis existencial a la cual nos hemos referido
en primer término.
Por todo ello confiamos en que, bajo tales condiciones,
la Armada Argentina, como institución fundadora
de la Nación, preservadora de sus intereses y apoyada
en sus tradiciones, capacidad y valores morales, podría
ingresar, sin mayores inconvenientes, en el próximo
siglo.
BUENOS
AIRES, abril de 1998.
Exposición
ante la Academia del Mar
Juan
H. Questa
La
Marina Norteamericana en el próximo milenio
Reflexiones
sobre la Marina Argentina en el mismo período
1-
La universidad de Virginia (EE.UU. de N.A.) organizó
una Conferencia Internacional sobre la Ley y el Derecho
del Mar en la localidad de Montego Bay (Jamaica) entre
los días 7 y 11 de enero del año en curso,
a la cual fue invitado nuestro colega de Academia el distinguido
Embajador doctor don Hugo Caminos, en su carácter
de Juez del Tribunal Internacional sobre Derecho del Mar,
ubicado en la ciudad de Hamburgo (Alemania).
2-
A su regreso de dicha reunión el Embajador Caminos
nos trajo la copia de un trabajo presentado ante ella
por el capitán de navío de la Armada Norteamericana
don Richard J. Grunawalt, Director del Departamento de
la Ley del Mar y la Política, que es a su vez componente
del Centro de Estudios sobre Conflictos Navales, de la
Escuela de Guerra Naval de los EE.UU. de N.A., ubicada
en la localidad de Newport (Rhode Island).
3-
El trabajo del capitán Grunewalt se titula “La
Marina Norteamericana en el próximo Milenio”
y se refiere a los problemas que deberá enfrentar,
a su criterio, la Armada más poderosa del mundo
al iniciarse el próximo siglo, para determinar
cuales han de ser la misión y la estructura de
dicha fuerza, aclarando que las conclusiones al respecto
son de su exclusiva opinión y no expresan, necesariamente,
la posición de la Armada o de la Escuela a las
cuales pertenece.
4-
Al analizar juntos las ideas de este autor sobre el tema
de su trabajo, mi estimado colega y amigo el señor
contraalmirante don Jorge J. A. Palma y yo, hemos podido
apreciar su gran solvencia profesional y elevado conocimiento
de las exigencias que enfrentará la Armada de su
país, en vista de las complicadas situaciones política
y estratégica del mundo actual y del incesante
y acelerado progreso de los medios técnicos, surgió
en nosotros el deseo de poder enunciar, en forma similar,
los problemas que debería enfrentar la Armada Argentina
en el mismo caso y salvando las diferencias que existen
entre ambas Marinas en cuanto a organización, materiales
y personal. También nosotros queremos aclarar que
expresaremos opiniones propias, guiándonos exclusivamente
por nuestro criterio profesional, por lo que ellas no
reflejan tampoco la opinión de la Armada Argentina
o de sus organismos asesores, a quienes hemos preferido
no consultar a efectos de no ser influenciados ni comprometer
naturales reservas.
5-
Con tal motivo hemos confeccionado en conjunto este Cuaderno
Talásico, en el que ponemos a consideración
de esta Academia nuestras reflexiones con respecto a tan
delicado tema, dejando de lado toda consideración
de orden técnico y analizándolo exclusivamente
desde los puntos de vista político y estratégico.
6-
Sería necesario solicitar autorización a
la Universidad de Virginia para utilizar y dar a publicidad
la traducción del artículo del capitán
Grunewalt, cosa que el embajador Caminos ya ha convenido
con la autoridad correspondiente, por la que no espera
dificultades acerca de este punto. Por ello, solicitamos
de esta Academia el permiso para realizar los trámites
necesarios en nombre de la misma.
7-
El señor Secretario nos ha sugerido la conveniencia
de realizar una Sesión Pública con este
motivo, invitando a las instituciones relacionadas con
el tema, al Agregado Naval de los EE.UU. de N.A. y a otras
personas u organismos que pueda considerarse conveniente
acercar a nosotros.
8-
Finalmente sería necesario resolver la fecha en
que se tratara este Cuaderno Talásico, tipo de
Sesión y nombre del Moderador, para lo cual solicitamos
del señor Presidente encargar esa tarea al señor
almirante don Jorge O. Ferrer.
Buenos
Aires, 31 de marzo de 1998.
Traducción
al castellano del libro editado en Londres “Antártida
o dos años en los hielos polares” (por los
doctores Otto G. Nordenskjold y Johan G. Anderssen)
1-
Como es sabido, el mundo científico Occidental,
reunido en el Congreso Geográfico Internacional
celebrado en Londres en 1895, concibió la idea
de explorar intensivamente la zona del Polo Sur, hasta
ese momento visitada y recorrida por muy pocas expediciones
científicas, las que fueron de acción muy
escasa y propósitos limitados.
2-
De esta manera, se decidió un plan para que la
exploración de las regiones antárticas fuera
responsabilidad de Inglaterra, Alemania y Suecia. Inglaterra
tuvo la tarea de investigar los territorios al Sur del
Pacífico, Alemania lo haría al Sur del Océano
Índico y Suecia, quedó encargada de los
trabajos en las tierras y mares al Sur de Sudamérica
y el Océano Atlántico.
3-
Suecia organizó su expedición, que estuvo
a cargo del renombrado científico el Dr. Otto G.
Nordenskjold, llevando como Segundo Jefe al Dr. Johan
G. Andersson, embarcados en el velero con motor auxiliar
“Antartic” comando por el experimentado capitán
Carlos A. Larsen, noruego en 1869, que había navegado
por los mares árticos y antárticos y comandado
muchas expediciones de pesca y caza de ballenas. Zarparon
de Gotemburgo el día 16 de octubre de 1901. El
16 de diciembre de 1901 llegaron a Buenos Aires, donde
la Armada Argentina les prestó todo el apoyo posible,
que no fue mucho, y accedió a un pedido de Nordenskjold
para embarcar con él a un oficial argentino, designación
que cayó sobre el alférez de fragata don
José María Sobral, en ese entonces de 21
años de edad.
4-
Después de visitar las Islas Malvinas, las de Año
Nuevo y las Shetland del Sur, la expedición llegó
a la Antártida e inició sus estudios pensando
en regresar en el verano 1902/1903, cosa que resultó
imposible por sufrir la zona en esa época uno de
los veranos más fríos registrados. La expedición
se dividió en dos partes, una a bordo del “Antartic”,
que se dirigió a su lugar asignado para realizar
observaciones meteorológicas y de otro orden, quedando
en tierra, en la isla Snow Hill, otro grupo a cargo del
Dr. Nordenskjol.
5-
Los hielos aprisionaron al “Antartic”, que
naufragó el 12 de febrero de 1903, pero sin víctimas
personales, y el grupo de tripulantes y científicos
salió a reunirse con el otro, marchando sobre el
hielo.
6-
La alarma cundió mundialmente cuando a mediados
de 1903 aún no se tenía ninguna noticia
de la expedición, debiéndose recordar que
en esa época no existía la radiotelegrafía.
7-
Ante la alarma mundial el gobierno argentino destacó
a la corbeta de guerra ARA “Uruguay”, previos
ciertos apresurados trabajos para reforzar su casco. Zarpó
de la Capital Federal (Dársena Norte) el 8 de octubre
de 1903, con destino a la Antártida.
8-
Al llegar al continente antártico, la “Uruguay”
localizó al grupo de Nordenskjold y también
al de Larsen en la isla de Snow Hill, que acababan de
reunirse muy poco antes, pudiendo salvar y traer de regreso
a Buenos Aires a toda la expedición.
9-
El 2 de diciembre de 1903 la “Uruguay” llegó
de regreso a nuestra Capital, con la expedición
sueca a salvo y este hecho tuvo una enorme resonancia
mundial.
10-
Los dos Jefes de la expedición sueca escribieron
posteriormente un libro titulado “Antártida
o dos años en los hielos del Polo Sur”, publicado
primero en idioma sueco y después en una edición
en inglés hecha en Londres en 1905, la cual hoy
se encuentra agotada.
11-
En una visita posterior hecha a la Antártida años
después, un periodista argentino encontró
allí un ejemplar de la edición inglesa,
posiblemente olvidado por visitantes anteriores, libro
que trajo a Buenos Aires y obsequió a mi viejo
y recordado amigo el Dr. don José María
Videla Aranguren, el ya fallecido Jefe del Departamento
legal de la empresa Bunge y Born. De él pasó
luego a manos de su único hijo el Dr. José
María Videla del Mazo, graduado con la 3ra. Promoción
del Liceo Naval Militar “Ate. Guillermo Brown”
y actualmente teniente de corbeta de la Reserva Naval
Argentina.
12-
El Sr. Videla del Mazo ha hecho una excelente traducción
al castellano de la obra en inglés ya mencionada
(ya había existido antes otra versión española,
hoy agotada, impresa en Barcelona y de la cual existe
ahora un ejemplar en la biblioteca del Instituto Antártico
Argentino) e interesó sobre la misma a la Secretaría
General Naval, a la Comisión de Cultura del Jockey
Club de Buenos Aires, al Instituto Antártico Argentino
y al Instituto de Publicaciones Navales. De los tres primeros
recibió notas de apoyo a la publicación
de su traducción, pero ninguno puede financiar
la edición de la obra ni apoyarla más que
moralmente. Con el Instituto de Publicaciones Navales,
que ahora está muy sobrecargado de trabajo, tendremos
una reunión en abril para seguir tratando el tema.
13-
Es de destacar que la dedicatoria del libro de Nordenskjold
y Andersson expresa: “A los ilustres marinos de
la República Argentina y a los distinguidos Jefes,
Oficiales y Tripulantes de la “Uruguay” dedican
esta obra a los autores”.
14-
En conocimiento de que Suecia piensa celebrar debidamente
el centenario de esta memorable hazaña, el Dr.
Videla del Mazo tuvo una entrevista de 40 minutos con
el Embajador de Suecia en Buenos Aires, quién además
es traductor y publicista, quien se interesó vivamente,
prometió su mayor ayuda y remitió la edición
inglesa y la traducción de Videla del Mazo a su
país, pidiendo instrucciones y suponiendo que Suecia
se encargaría de la edición.
15-
El Embajador aceptó hacer él (o alguien
que él designe), un prólogo para el libro
y el traductor me ha pedido a mí que haga otro
prólogo.
16-
En vista de todo lo explicado, parecería conveniente
organizar alguna intervención de la Academia en
este asunto, la que podría ser prohijar el libro
de algún modo, hacer su presentación pública
en una reunión de nuestra Academia o algo por el
estilo. Todo podría hacerse en común con
la Embajada de Suecia y desde ya se cuenta con la mayor
colaboración del traductor. Si la Academia está
de acuerdo, el traductor y yo coordinaríamos con
la Embajada y podríamos proponer algún plan.
Exposición
ante la Academia del Mar
Juan
H. Questa
La
Marina Norteamericana en el próximo milenio
Reflexiones
sobre la Marina Argentina en el mismo período
9-
La universidad de Virginia (EE.UU. de N.A.) organizó
una Conferencia Internacional sobre la Ley y el Derecho
del Mar en la localidad de Montego Bay (Jamaica) entre
los días 7 y 11 de enero del año en curso,
a la cual fue invitado nuestro colega de Academia el distinguido
Embajador doctor don Hugo Caminos, en su carácter
de Juez del Tribunal Internacional sobre Derecho del Mar,
ubicado en la ciudad de Hamburgo (Alemania).
10-
A su regreso de dicha reunión el Embajador Caminos
nos trajo la copia de un trabajo presentado ante ella
por el capitán de navío de la Armada Norteamericana
don Richard J. Grunawalt, Director del Departamento de
la Ley del Mar y la Política, que es a su vez componente
del Centro de Estudios sobre Conflictos Navales, de la
Escuela de Guerra Naval de los EE.UU. de N.A., ubicada
en la localidad de Newport (Rhode Island).
11-
El trabajo del capitán Grunewalt se titula “La
Marina Norteamericana en el próximo Milenio”
y se refiere a los problemas que deberá enfrentar,
a su criterio, la Armada más poderosa del mundo
al iniciarse el próximo siglo, para determinar
cuales han de ser la misión y la estructura de
dicha fuerza, aclarando que las conclusiones al respecto
son de su exclusiva opinión y no expresan, necesariamente,
la posición de la Armada o de la Escuela a las
cuales pertenece.
12-
Al analizar juntos las ideas de este autor sobre el tema
de su trabajo, mi estimado colega y amigo el señor
contraalmirante don Jorge J. A. Palma y yo, hemos podido
apreciar su gran solvencia profesional y elevado conocimiento
de las exigencias que enfrentará la Armada de su
país, en vista de las complicadas situaciones política
y estratégica del mundo actual y del incesante
y acelerado progreso de los medios técnicos, surgió
en nosotros el deseo de poder enunciar, en forma similar,
los problemas que debería enfrentar la Armada Argentina
en el mismo caso y salvando las diferencias que existen
entre ambas Marinas en cuanto a organización, materiales
y personal. También nosotros queremos aclarar que
expresaremos opiniones propias, guiándonos exclusivamente
por nuestro criterio profesional, por lo que ellas no
reflejan tampoco la opinión de la Armada Argentina
o de sus organismos asesores, a quienes hemos preferido
no consultar a efectos de no ser influenciados ni comprometer
naturales reservas.
13-
Con tal motivo hemos confeccionado en conjunto este Cuaderno
Talásico, en el que ponemos a consideración
de esta Academia nuestras reflexiones con respecto a tan
delicado tema, dejando de lado toda consideración
de orden técnico y analizándolo exclusivamente
desde los puntos de vista político y estratégico.
14-
Sería necesario solicitar autorización a
la Universidad de Virginia para utilizar y dar a publicidad
la traducción del artículo del capitán
Grunewalt, cosa que el embajador Caminos ya ha convenido
con la autoridad correspondiente, por la que no espera
dificultades acerca de este punto. Por ello, solicitamos
de esta Academia el permiso para realizar los trámites
necesarios en nombre de la misma.
15-
El señor Secretario nos ha sugerido la conveniencia
de realizar una Sesión Pública con este
motivo, invitando a las instituciones relacionadas con
el tema, al Agregado Naval de los EE.UU. de N.A. y a otras
personas u organismos que pueda considerarse conveniente
acercar a nosotros.
16-
Finalmente sería necesario resolver la fecha en
que se tratara este Cuaderno Talásico, tipo de
Sesión y nombre del Moderador, para lo cual solicitamos
del señor Presidente encargar esa tarea al señor
almirante don Jorge O. Ferrer.
Buenos
Aires, 31 de marzo de 1998.
17- La universidad de Virginia (EE.UU. de N.A.) organizó
una Conferencia Internacional sobre la Ley y el Derecho
del Mar en la localidad de Montego Bay (Jamaica) entre
los días 7 y 11 de enero del año en curso,
a la cual fue invitado nuestro colega de Academia el distinguido
Embajador doctor don Hugo Caminos, en su carácter
de Juez del Tribunal Internacional sobre Derecho del Mar,
ubicado en la ciudad de Hamburgo (Alemania).
18-
A su regreso de dicha reunión el Embajador Caminos
nos trajo la copia de un trabajo presentado ante ella
por el capitán de navío de la Armada Norteamericana
don Richard J. Grunawalt, Director del Departamento de
la Ley del Mar y la Política, que es a su vez componente
del Centro de Estudios sobre Conflictos Navales, de la
Escuela de Guerra Naval de los EE.UU. de N.A., ubicada
en la localidad de Newport (Rhode Island).
19-
El trabajo del capitán Grunewalt se titula “La
Marina Norteamericana en el próximo Milenio”
y se refiere a los problemas que deberá enfrentar,
a su criterio, la Armada más poderosa del mundo
al iniciarse el próximo siglo, para determinar
cuales han de ser la misión y la estructura de
dicha fuerza, aclarando que las conclusiones al respecto
son de su exclusiva opinión y no expresan, necesariamente,
la posición de la Armada o de la Escuela a las
cuales pertenece.
20-
Al analizar juntos las ideas de este autor sobre el tema
de su trabajo, mi estimado colega y amigo el señor
contraalmirante don Jorge J. A. Palma y yo, hemos podido
apreciar su gran solvencia profesional y elevado conocimiento
de las exigencias que enfrentará la Armada de su
país, en vista de las complicadas situaciones política
y estratégica del mundo actual y del incesante
y acelerado progreso de los medios técnicos, surgió
en nosotros el deseo de poder enunciar, en forma similar,
los problemas que debería enfrentar la Armada Argentina
en el mismo caso y salvando las diferencias que existen
entre ambas Marinas en cuanto a organización, materiales
y personal. También nosotros queremos aclarar que
expresaremos opiniones propias, guiándonos exclusivamente
por nuestro criterio profesional, por lo que ellas no
reflejan tampoco la opinión de la Armada Argentina
o de sus organismos asesores, a quienes hemos preferido
no consultar a efectos de no ser influenciados ni comprometer
naturales reservas.
21-
Con tal motivo hemos confeccionado en conjunto este Cuaderno
Talásico, en el que ponemos a consideración
de esta Academia nuestras reflexiones con respecto a tan
delicado tema, dejando de lado toda consideración
de orden técnico y analizándolo exclusivamente
desde los puntos de vista político y estratégico.
22-
Sería necesario solicitar autorización a
la Universidad de Virginia para utilizar y dar a publicidad
la traducción del artículo del capitán
Grunewalt, cosa que el embajador Caminos ya ha convenido
con la autoridad correspondiente, por la que no espera
dificultades acerca de este punto. Por ello, solicitamos
de esta Academia el permiso para realizar los trámites
necesarios en nombre de la misma.
23-
El señor Secretario nos ha sugerido la conveniencia
de realizar una Sesión Pública con este
motivo, invitando a las instituciones relacionadas con
el tema, al Agregado Naval de los EE.UU. de N.A. y a otras
personas u organismos que pueda considerarse conveniente
acercar a nosotros.
24-
Finalmente sería necesario resolver la fecha en
que se tratara este Cuaderno Talásico, tipo de
Sesión y nombre del Moderador, para lo cual solicitamos
del señor Presidente encargar esa tarea al señor
almirante don Jorge O. Ferrer.
Buenos
Aires, 31 de marzo de 1998.
Traducción
al castellano del libro editado en Londres “Antártida
o dos años en los hielos polares” (por los
doctores Otto G. Nordenskjold y Johan G. Anderssen)
17-
Como es sabido, el mundo científico Occidental,
reunido en el Congreso Geográfico Internacional
celebrado en Londres en 1895, concibió la idea
de explorar intensivamente la zona del Polo Sur, hasta
ese momento visitada y recorrida por muy pocas expediciones
científicas, las que fueron de acción muy
escasa y propósitos limitados.
18-
De esta manera, se decidió un plan para que la
exploración de las regiones antárticas fuera
responsabilidad de Inglaterra, Alemania y Suecia. Inglaterra
tuvo la tarea de investigar los territorios al Sur del
Pacífico, Alemania lo haría al Sur del Océano
Índico y Suecia, quedó encargada de los
trabajos en las tierras y mares al Sur de Sudamérica
y el Océano Atlántico.
19-
Suecia organizó su expedición, que estuvo
a cargo del renombrado científico el Dr. Otto G.
Nordenskjold, llevando como Segundo Jefe al Dr. Johan
G. Andersson, embarcados en el velero con motor auxiliar
“Antartic” comando por el experimentado capitán
Carlos A. Larsen, noruego en 1869, que había navegado
por los mares árticos y antárticos y comandado
muchas expediciones de pesca y caza de ballenas. Zarparon
de Gotemburgo el día 16 de octubre de 1901. El
16 de diciembre de 1901 llegaron a Buenos Aires, donde
la Armada Argentina les prestó todo el apoyo posible,
que no fue mucho, y accedió a un pedido de Nordenskjold
para embarcar con él a un oficial argentino, designación
que cayó sobre el alférez de fragata don
José María Sobral, en ese entonces de 21
años de edad.
20-
Después de visitar las Islas Malvinas, las de Año
Nuevo y las Shetland del Sur, la expedición llegó
a la Antártida e inició sus estudios pensando
en regresar en el verano 1902/1903, cosa que resultó
imposible por sufrir la zona en esa época uno de
los veranos más fríos registrados. La expedición
se dividió en dos partes, una a bordo del “Antartic”,
que se dirigió a su lugar asignado para realizar
observaciones meteorológicas y de otro orden, quedando
en tierra, en la isla Snow Hill, otro grupo a cargo del
Dr. Nordenskjol.
21-
Los hielos aprisionaron al “Antartic”, que
naufragó el 12 de febrero de 1903, pero sin víctimas
personales, y el grupo de tripulantes y científicos
salió a reunirse con el otro, marchando sobre el
hielo.
22-
La alarma cundió mundialmente cuando a mediados
de 1903 aún no se tenía ninguna noticia
de la expedición, debiéndose recordar que
en esa época no existía la radiotelegrafía.
23-
Ante la alarma mundial el gobierno argentino destacó
a la corbeta de guerra ARA “Uruguay”, previos
ciertos apresurados trabajos para reforzar su casco. Zarpó
de la Capital Federal (Dársena Norte) el 8 de octubre
de 1903, con destino a la Antártida.
24-
Al llegar al continente antártico, la “Uruguay”
localizó al grupo de Nordenskjold y también
al de Larsen en la isla de Snow Hill, que acababan de
reunirse muy poco antes, pudiendo salvar y traer de regreso
a Buenos Aires a toda la expedición.
25-
El 2 de diciembre de 1903 la “Uruguay” llegó
de regreso a nuestra Capital, con la expedición
sueca a salvo y este hecho tuvo una enorme resonancia
mundial.
26-
Los dos Jefes de la expedición sueca escribieron
posteriormente un libro titulado “Antártida
o dos años en los hielos del Polo Sur”, publicado
primero en idioma sueco y después en una edición
en inglés hecha en Londres en 1905, la cual hoy
se encuentra agotada.
27-
En una visita posterior hecha a la Antártida años
después, un periodista argentino encontró
allí un ejemplar de la edición inglesa,
posiblemente olvidado por visitantes anteriores, libro
que trajo a Buenos Aires y obsequió a mi viejo
y recordado amigo el Dr. don José María
Videla Aranguren, el ya fallecido Jefe del Departamento
legal de la empresa Bunge y Born. De él pasó
luego a manos de su único hijo el Dr. José
María Videla del Mazo, graduado con la 3ra. Promoción
del Liceo Naval Militar “Ate. Guillermo Brown”
y actualmente teniente de corbeta de la Reserva Naval
Argentina.
28-
El Sr. Videla del Mazo ha hecho una excelente traducción
al castellano de la obra en inglés ya mencionada
(ya había existido antes otra versión española,
hoy agotada, impresa en Barcelona y de la cual existe
ahora un ejemplar en la biblioteca del Instituto Antártico
Argentino) e interesó sobre la misma a la Secretaría
General Naval, a la Comisión de Cultura del Jockey
Club de Buenos Aires, al Instituto Antártico Argentino
y al Instituto de Publicaciones Navales. De los tres primeros
recibió notas de apoyo a la publicación
de su traducción, pero ninguno puede financiar
la edición de la obra ni apoyarla más que
moralmente. Con el Instituto de Publicaciones Navales,
que ahora está muy sobrecargado de trabajo, tendremos
una reunión en abril para seguir tratando el tema.
29-
Es de destacar que la dedicatoria del libro de Nordenskjold
y Andersson expresa: “A los ilustres marinos de
la República Argentina y a los distinguidos Jefes,
Oficiales y Tripulantes de la “Uruguay” dedican
esta obra a los autores”.
30-
En conocimiento de que Suecia piensa celebrar debidamente
el centenario de esta memorable hazaña, el Dr.
Videla del Mazo tuvo una entrevista de 40 minutos con
el Embajador de Suecia en Buenos Aires, quién además
es traductor y publicista, quien se interesó vivamente,
prometió su mayor ayuda y remitió la edición
inglesa y la traducción de Videla del Mazo a su
país, pidiendo instrucciones y suponiendo que Suecia
se encargaría de la edición.
31-
El Embajador aceptó hacer él (o alguien
que él designe), un prólogo para el libro
y el traductor me ha pedido a mí que haga otro
prólogo.
32-
En vista de todo lo explicado, parecería conveniente
organizar alguna intervención de la Academia en
este asunto, la que podría ser prohijar el libro
de algún modo, hacer su presentación pública
en una reunión de nuestra Academia o algo por el
estilo. Todo podría hacerse en común con
la Embajada de Suecia y desde ya se cuenta con la mayor
colaboración del traductor. Si la Academia está
de acuerdo, el traductor y yo coordinaríamos con
la Embajada y podríamos proponer algún plan.
