ACADEMIA
DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
Nº 5
Presentado por:
Académico de Número nº 20
Dr. Remo Entelman.
Tema:
HIELOS, MERCOSUR Y MALVINAS
Presentación: Agosto de 1996.
Debate: 26/11/96.
Buenos
Aires,
Noviembre de 1996.
CUADERNO TALÁSICO Nro. 5 – AGOSTO 1996
HIELOS,
MERCOSUR Y MALVINAS
Tanto
en el discurso teórico cuanto en el político,
la República Argentina y el Reino Unido son pensados
como los dos actores únicos, situados en los sendos
campos de un conflicto bipolar.
Pareciera
pues que toda postulación relativa al otorgamiento
de un rol en la interacción conflictual a los malvinenses,
debiera justificarse con un previo debate sobre el concepto
de actor. Tal tarea, que no podía insertarse en
esta breve comunicación, me parece además,
innecesaria. Porque en efecto, solo intento describir
a estos tres sujetos, Gran Bretaña, Argentina y
habitantes de las Malvinas, como integrantes de un grupo
triádico. Como vértices de lo que he dado
en llaar, el TRIÁNGULO DE LAS MALVINAS. Y obviamente
que una tríada no es un conflicto tripolar. Por,
el contrario, su existencia lleva implícita la
posibilidad de coaliciones o alianzas, que pueden llegar
a enfrentar a dos de sus miembros contra el tercero. Pero
tampoco ese tipo de acuerdos es, necesariamente, una coalición
dominante contra el miembro restante. No solo existen
alianzas “contra”. Las hay “para”
la obtención de fines comunes a sus dos integrantes,
en esa compleja trama de interdependencia que es la contienda.
Se
dirá que en cada conflicto uno puede encontrar,
dentro de cada actor, individuos o grupos disidentes.
Cada uno de ellos integra entonces una tríada con
el actor total y el otro actor. No suena razonable. Cuando
entonces aceptamos un cierto grado de diferenciación
dentro de uno de los actores, como pretendemos hacerlo
en el caso de Gran Bretaña y los malvinenses?
Se
distingue hoy lo que se denomina “actores fragmentados”,
o “fragmentaciones de un actor”. Hoy se sabe
que cada actor está sujeto a procesos de aumento
y disminución de su cohesión interna. La
teoría ha tratado de categorizar esos pocesos utilizando
una pareja de conceptos, el continuo “aglutinamiento-fragmentación”.
A su vez ambos conceptos son función de diversas
variables, que ayudan a definir el grado de fragmentación
y de coalicionamiento. Tales, por ejemplo, la cantidad
de importancia de los intereses comunes o dispares; el
grado y tipo de organización y la relación
jerárquica entre los grupos, y entre éstos
y la totalidad; el nivel de satisfacción general
o recíproca y; muy especialmente, la frecuencia
de la comunicación.
Es
cierto que los malvinenses no tienen personería
política internacional. Pero están lo suficientemente
fragmentados para no ser considerados un mero “lobby”,
como a veces se los distingue. Tienen ya su propia agenda,
al menos dentro del conflicto. Y tratan de formular propuestas
propias. Si uno analiza los intereses de los habitantes
de las islas que más los separan de Argentina y
más los acercan a Gran Bretaña, encontrará
en primer lugar la seguridad. Más acentuado en
su capacidad de generar aglutinamiento con la metrópoli
que antes de 1982. Muchos otros de sus intereses no se
contraponen a los nuestros y tiene mayor perspectiva de
satisfacción en nuestro país que en el Reino
Unido. Comunicaciones, abastecimientos, educación,
transportes, explotación de recursos naturales
son ejemplos claros. Al mismo tiempo que los demás
súbditos ingleses tienen interés en ahorrar
el ingente costo de la seguridad, que por otra parte las
Islas obtienen al precio de una presencia militar que
comenzó a resultarles incómoda al día
siguiente de terminada la guerra. Pero hay que admitir
que lo que hoy no les es grato, antes de 1982 no les era
necesario.
Sin
embargo el proceso que puede conducirnos a la formulación
de propuestas comunes con los malvinenses que sean aceptables
a Gran Bretaña, no será rápido ni
fácil. Debemos reconocer que en abril de 1982,
generamos en los habitantes de las Islas, que antes actuaban
frente a nosotros sintiéndose cordiales vecinos,
una fuerte percepción de amenaza y una profunda
sensación de desconfianza. Tal situación
constituye un escollo para nuestra estrategia negociadora,
que solo se sorteará mediante la realización
de actos positivos, que disminuyan esas percepciones,
que mueven más a las hostilidades que a la amistad
o a la armonía. Si operamos inteligentemente esas
variables de lo que Vásquez y Mansbach llaman el
“Laberinto de la contienda”, “el cálculo
negativo de afectio” cederá su lugar a lo
que hoy se define como el cálculo de “interdependencia”.
Y una nueva perspectiva se abrirá para la construcción
de propuestas que, elaboradas en conjunto por los dos
miembros de menor poder de la tríada, podrán
ser, sin embargo, aceptables para Gran Bretaña.
He citado en otras oportunidades que John W. Burton, el
prestigioso Director del Proyecto Conflict Resolution
de la Universidad de Maryland y Co-Director del Centre
for Analysis of Conflicts de la Universidad de kent, tratando
en 1986 de ejemplificar sobre su afirmación respecto
de la dificultad de identificar los intereses en conflicto,
mientras exponía un tema totalmente ajeno a nuestra
contienda de soberanía, escribió:
“En
el caso Falklands/Malvinas, la Argentina y el Reino Unido,
identificaron erróneamente las partes y las negociaciones
fueron complicadas por esa razón. Las Islas Falklands
y la Argentina eran las partes inmediatas y directamente
implicadas. Bretaña tiene un interés legal
que tiene que ser negociado una vez que las partes principales
hayan coincidido. Un acuerdo entre las partes más
involucradas en susceptible de ser aceptado por las otras
partes, y no es sentido contrario” (1).
Pero
si toda esta estrategia es teóricamente aceptable,
la posibilidad de coincidencias con los isleños
sobre el tema de su seguridad mejorará sensiblemente,
si hacemos un aprovechamiento inteligente de los cambios
ocurridos en la región. Porque es obvio que cualquiera
sean los términos y conceptuación o “status”
jurídico de los acuerdos que se obtengan, los malvinenses
seguirán requiriendo seguridad. Y solos, jamás
podremos mejorar la oferta inglesa. Pero es igualmente
cierto que esa oferta se devalúa, si la seguridad
de la región es provista por una “Política
de seguridad cooperativa del Mercosur”. Hablo expresamente
de “política”, porque ella se realiza
a niveles diplomáticos y no compromete acuerdos
unificadores o asociaciones de los instrumentos militares
de cada país, que conservarán su independencia.
Hay
no obstante, un obstáculo más que remover.
Una política de seguridad cooperativa subregional,
no es posible si Argentina y Chile mantienen hipótesis
de conflictos escalables a nivel bélico. Mientras
pueda generarse una nueva tensión como las muchas
que antes nos pusieron al borde de la guerra, y no solo
en el caso del Canal de Beagle. Por eso se torna más
importante aún la terminación de las cuestiones
de límites pendientes. Mucho más que por
la integración económica gradual, que corre
por otros carriles.
Tal
vez esto explique porque cedí a la tentación
de titular este papel como Hielos, Mercosur y Malvinas.
Aunque
esté fuera del tema central de esta presentación,
una referencia al debate sobre los Hielos Continentales
se hace aquí imprescindible. No puedo, en efecto,
ignorar que la opinión pública, tanto en
Chile como aquí, está dividida respecto
a la conveniencia del tratado de límites firmado
por los Presidentes de ambos países y sometido
a la aprobación, aún pendiente, de sus respectivos
Poderes Legislativos. Siendo éste el último
tramo de límites a definir, considerando la dificultad
de la demarcación, ambos gobiernos coincidieron
en acordar una divisoria cartográfica y no natural.
Trazaron así lo que se denomina una “línea
poligonal”, en lo que siguieron antecedentes internacionales,
como el trazado sueco – noruego. Quienes cuestionan
esta fórmula, sostienen que los límites
ya han sido irrevocablemente acordados y que solo resta
“demarcarlos”, para lo cuál hay que
coincidir sobre cual es la línea que une las altas
cumbres, allí donde esa línea no “divide
aguas”. No solo se enrolan en esa postura quienes,
desde un nacionalismo exacerbado, hablan de entrega de
soberanía. Hay opinines vertidas en ese sentido
por personas altamente calificadas para sustentarlas,
tanto por sus reputaciones de estudiosos como por su incuestionable
buena fe. He tenido oportunidad de escuchar una brillante
y muy documentada exposición de un presrigioso
miembro de número de esta Academia, el Contraalmirante
Jorge A. Fraga. No dudo de que él está honestamente
convencido de que la demarcación es posible, pero
creo que lo está, porque piensa que las normas
prevén un perito tercero para el caso de disidencia
entre los demarcadores de cada país. La cuestión
es, en mi opinión, bastante clara. Los peritos
argentinos sostendrán que la línea, que
no divide aguas, pasa por la caleta glacial, más
cercana al Océano Pacífico. Y sus colegas
chilenos la ubicarán en la meseta rocosa hacia
donde se deslizan los hielos, que se aproxima más
al Océano Atlántico. No parece creíble
que los dos grupos de técnicos coincidida. Ni que
uno de los gobiernos acepte la pericia del otro. Vendrá
entonces el perito tercero y su dictamen será decisorio.
Lo más parecido a un arbitraje. No habrá
acuerdo de partes. El caso será “adjudicado”
a un tercero. Cómo el Juez o elárbitro.
Y éste adjudicará las tierras discutidas
a cada parte. Otra vez “más de los mismo
en la terminología de Paul Watzlawick (2). Una
vez más queremos ganar todo o perder todo. Ganador-perdedor.
Nuevamente el conflicto entre la cultura de la adverariedad
y la de la integración. Creo que nuestras relaciones
internacionales requieren el abandono de fuertes apuestas
en juegos de “suma cero”, para que el cálculo
de “máxima ganancia”ceda lugar al cálculo
de “interdependencia”, en juegos de “suma
variable”. La geografía siamesa que ambos
países desarrollan a los dos lados de la espina
dorsal andina, alberga preciosas criaturas de cooperación,
en pleno desarrollo. Ningún embrión de conflicto
cabe en esa probeta geopolítica.
Bibliografia
Edward
E. Azar and John W. Burton. “International Conflict
Resolucion. Wheatsheaf Lt., Brghton, Sussex, Englad, 1986.
Watzlawick. Weakland y Fischer. “Cambio” Herder,
Barcelona, 1986.
