ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
N°21
TEMA: Los problemas de la globalización
AUTOR:
ACADÉMICO
No .20
Remo F. Entelman
Expuesto
en la Sesión Académica Ordinaria Nº
49
Buenos
Aires
31 de julio del 2001
Introducción
Hablar
de los problemas de la globalización quiere decir
hablar de la problemática de la globalización.
Todos tenemos claro que esa problemática ha adquirido
una sorprendente amplitud, estimulada por la incorporación
de la expresión globalización a todos los
discursos. Ella ha tomado curso legal en el lenguaje internacional,
pero tanto en el diplomático como el político
y en el lenguaje cotidiano de la política interna,
en el discurso periodístico y en el científico.
Dentro de este, globalización es un tema de las
disciplinas de las relaciones internacionales, de aquellas
que estudian la macro economía, y los aspectos
teóricos de los flujos financieros. Se habla hoy
incluso de una ciencia de la economía global para
lo cual algún autor ha propuesto el nombre de economía
y luego entre paréntesis, el prefijo Inter. Y un
llamativo signo de interrogación, como si quisiera
decir inter… ¿qué?
Somos
testigos hoy de una serie de fenómenos que parecen
independientes o distintos entre sí, pero que,
sin embargo, debieran poder agruparse con distintos criterios
clasificatorios. Supongamos que construimos una clase
en que agrupamos distintos fenómenos o problemas,
por los temas a que se refieren. Otro por los actores.
Otros en que cada uno de los integrantes de la clase se
diferencia de los otros por la calidad de actor que tiene,
y otro en el que incluimos problemas teóricos epistemológicos
y de conocimientos o de métodos de investigación.
En el primer grupo, por temas tendríamos dos grupos:
- Multilateralismo,
regionalismo y globalización
- Migraciones y globalización
- Finanzas y globalización
- Comercio y globalización
El
siguiente tipo agruparía, con la vista puesta en
la calidad de los actores, los siguientes objetos de análisis:
- Estados
nacionales
- Organizaciones
internacionales interestatales (IGOs)
- Organizaciones
internacionales no estatales (INGOs)
- Movimientos
sociales trasnacionales (TSMs)
- Las
institucionalizaciones de estos movimientos (TSMOs)
- Organizaciones
no gubernamentales internas de los estados (NGO)
- Empresas
multinacionales (TE)
- Otros
actores privados
- Individuos
con roles políticos, sociales o científicos
- Instituciones
internacionales (FMI) WB)
La
tercera clase agruparía problemas que podríamos
clasificar como teóricos:
- Globalización
y soberanía
- Gobierno
de la globalización
- Regímenes
internacionales y sus diversas concepciones
- Evaluación
política, moral y ética de la globalización
En
la década del noventa, y a medida que ella avanzó
en sus últimos años, hubo una gran producción
bibliográfica, en gran parte integrada por artículos
publicados en diversas revistas científicas sobre
cada uno de estos temas. Con ese panorama he tenido que
definir el contenido de esta exposición, para un
auditorio en que es impensable que cada uno de sus integrantes
sea un experto en todos esos temas, aunque algunos seguramente
lo serán en alguno de ellos. Al intentar pensar
con claridad, descubrí que era como ir a hablar
de los problemas del federalismo y listarlos. Por ejemplo,
así:
- Federalismo
y organización judicial
- Federalismo
y deuda pública estatal
- Federalismo
y comercio exterior
- Federalismo
y libre circulación de personas y bienes
- Federalismo
y relaciones internacionales
Desde
luego, el listado puede seguir. Supongamos que en ese
ejemplo, trabaje con un auditorio multidisciplinario en
el cual sólo algunos miembros se han ocupado del
federalismo. Cualquier tema que yo eligiera, la pregunta
inmediata sería: “explíquenos primero
a qué llama federalismo”.
Con
nuestro tema de hoy ocurre exactamente eso ¿A qué
llamamos globalización? Hay varios nombres que
a cualquiera de nosotros se nos ocurriría utilizar
como sinónimos y nos preguntaríamos porqué
no hablar de:
- Organización
internacional
- Orden
mundial
- Sociedad
internacional o intergubernamental
- Orden
interestatal o
- Orden
transnacional, expresión que también
se encuentra a menudo.
Si
estos son sinónimos, ¿porqué estamos
usando, en todos los lenguajes que antes he enumerado,
la expresión globalización?
Veamos
un poco. En realidad, pueden encontrarse referencias a
problemas de globalización que algún autor
ya ha clasificado en períodos, retrotrayendo los
anteriores al siglo XIV. Pero, para el lenguaje de nuestra
actualidad, debiéramos situarnos en la década
del ochenta del siglo que acaba de terminar. En realidad,
al comienzo de los noventa, estalla el gran desarrollo
de estudios sobre el tema. A comienzos de esa década,
la Comunidad Europea organiza la Commission of Global
Gobernance que, en febrero de 1995, produce un informe
que se publicó como “Our Global Neighborhood”.
Nótese aquí la expresión “vecindad
global”, que deja de lado todos los nombres que
acabo de mencionar. Sobre ese informe, se publicó
tres meses más tarde un libro titulado “A
people’s Response to Our Global Neighborhood: Dialogues
on the Report of the Comision on Global Governance”
(“La respuesta del público: diálogos
sobre el informe de la Comisión”). Y en julio
de 1999, aparece la publicación de “Toward
Genuine Global Governance: critical reactions to ‘Our
Global Neighborhood’, de Errol E. Harris y James
A. Yunker.
En
1995, también comenzó a publicarse la revista
titulada Global Governance, que aparece cuatrimestralmente
y que ya está en su séptimo volumen anual.
A través de sus miles de páginas, uno encuentra
constantemente repetida, tanto la expresión globalización
como global y global governance.
He
pensado que lo más serio que podría ofrecerles
hoy era tratar de analizar con Uds. Estos dos objetos
a que se refieren las siguientes preguntas:
¿A
qué llamamos globalización?
¿A
qué llaman los autores que escriben en inglés
global governance? Un término que no tiene traducción
fácil en español y para el cual deberemos
acuñar un equivalente castizo, o celebrar una convención
sobre el sentido en que usamos la palabra en inglés.
Empecemos
con globalización.
Decía
antes que pareciera haber una serie de sinónimos
posibles que, sin embargo, no son utilizados en reemplazo
de globalización. Porque globalización parece
ser un nombre que denota algo distinto. No confundimos,
en ninguno de los discursos, ni en el más construido
o científico ni en el más natural que es
el del diálogo corriente o el lenguaje periodístico,
globalización con orden internacional. En todos
esos lenguajes, quienes utilizan la expresión no
creen referirse al modo en que están organizados
o desorganizados los Estados en la arena internacional.
Quienes hablan de un nuevo orden, unipolar o multipolar,
pueden utilizar a veces la expresión orden global
pero no están mencionando un proceso. Globalización,
tanto como automatización o simplificación,
es el nombre precisamente de un objeto dinámico,
de un proceso que se desarrolla en el tiempo, que avanza
y retrocede y que, como veremos, funciona y se percibe
en distintos niveles.
En
vano ha de buscarse una definición clara y precisa,
que muestre claramente los contenidos que globalización
denota. Puede sin embargo reconstruirse, y proponerse
con relativa propiedad, que globalización, en los
momentos actuales, significa un proceso de intensificación
de diversos flujos, alguno de los cuales son nuevos, mientras
que otros existieron antes, pero con menor frecuencia,
extensión e intensidad. Originariamente, cuando
se empezó ahablar de globalización, se pensaba
en un flujo financiero que atravesaba el planeta de manera
multidireccional. A él se agregaba seguramente
primero el flujo, no de trabajadores, sino de puestos
de trabajo, que viajaban de un lugar a otro, transportados
por el capital que se movilizaba. Más tarde, se
apuntó a la intensificación de los flujos
de bienes y servicios, de personas, de información
y de conocimientos. Todos estos fenómenos se producen
en el marco de un explosivo desarrollo de las tecnologías
de comunicación e información y de las investigaciones
científicas con sus específicas básicas
y aplicadas. Si se trata ahora de analizar un poco más
profundamente la palabra flujos, se verá que estamos
hablando de relaciones entre seres humanos y se producirán
descubrimientos significativos para nuestro propósito
descriptivo, sino definitorio. Esas relaciones aparecen
como relaciones entre muy distintos tipos de actores,
y muchas de ellas no atraviesan las puertas del Estado.
Se efectúan con independencia de los Estados Nacionales.
Se efectúan a pesar de él, o con independencia
de su intervención. Pero ocurre que muchas de esas
relaciones, con o sin participación de actores
estatales, influencias en el escenario internacional.
David
Held define globalización como
“…un
set de procesos que indican transformación en la
organización espacial de relaciones y transacciones
entre los habitantes del mundo, generando flujos transnacionales,
regionales o transcontinentales y sistemas o redes de
interacción, actividad y poder.
Yo
propondría que por ahora nos demos por satisfechos
intentando pensar en la globalización como
Una
vasta red de interacciones de muy diversos actores estatales
y no estatales, organizados o no, que influyen en el escenario
de las relaciones internacionales.
Resignado
por el momento a esta definición, la segunda pregunta
formulada era ¿Cómo se gobierna la globalización?
Es decir ¿cómo se gobierna ese flujo constante
de interacciones? Antes he hecho referencia a la expresión
governance que usan los autores que analizan estos temas.
Governance es un término difícil de definir
que viene del griego kybernan (????????) y que significa
timón, gobierno o manejo de un barco, del que derivan
timonel y timonear. Con governance, todos los autores
que emplean el término parecen referirse a ciertas
actividades muy parecidas a las que realizan en el interior
de los Estados los gobiernos, pero governance no es sinónimo
de government. Es claro que en ninguno de los dos idiomas,
inglés o español, puede afirmarse hoy que
existe algo así como un gobierno global. James
Rosenau, que es uno de los autores que más ha trabajado
este tema, sugiere que como timón significa mecanismo
de control de una embarcación, se utilice la palabra
control para definir governance. O directamente steering,
que significa precisamente timonear. No me es fácil
emplear con Uds. Un término español que
siga esa línea de pensamiento, que sin embargo
me parece correcto. No puedo hablar cómodamente
de timoneo global, inventando un neologismo. Pero puedo
usar otras expresiones que signifiquen lo mismo o algo
muy parecido a mecanismo de control. Porque quiero excluir
la palabra control. Entre nosotros, en cualquiera de los
niveles de lenguaje que he mencionado, control provoca
asociaciones con autoridad y por ende con jerarquía.
Y si algo caracteriza al sistema global, es prexisamente
su carácter anárquico. No quiero entrar
por ahora en el tema de lo que hoy se llama “la
nueva anarquía”, que es la anarquía
de la multiplicidad yuxtapuesta o sobrepuesta de actores
diferentes en la arena internacional. No ignoro por cierto
que James P. Sewell y Mark B. Salter han propuesto el
nombre de panarquía para definir el sistema internacional,
cuando tratan de debatir las postulaciones de Boutros
Boutros-Ghali sobre la democracia internacional. Pero
si control tiene las dificultades que anoto, les pido
que acepten que hablemos de manejo global, o manejo de
la globalización, y que nos pongamos de acuerdo
en que llamamos así a
Los
mecanismos que influencias, con implicancia internacional,
en las interacciones que consiste la globalización.
Planteadas
así las cosas, nuestro primer problema a tratar
es el de los mecanismos de manejo de la globalización.
Porque en la medida en que podamos entenderlos y saber
cómo funcionan, estaremos entendiendo y sabiendo
qué es la globalización. Vamos pues al problema
de los mecanismos de manejo global en el sentido de la
expresión que ya hemos definido: lo que Rosenau
llama mecanismo de control. Debo decir que otros autores
han cuestionado la tendencia del pensamiento de Rosenau,
cuya creatividad todos reconocen porque lo ven circunscrito
a mecanismos de generación de reglas. Reglas es
aquí una palabra en sentido amplio, y no en el
sentido de normas obligatorias o jurídicas. Governance,
he dicho antes, es una actividad similar a la que los
gobiernos realizan en los Estados Nacionales. Y es cierto
que esos estados crean reglas, pero esto no es lo único
que hacen.
Tal
vez orientado por un título de los trabajos de
Rosenau denominado governance without government, Lawrence
F. Finkielstein, uno de los autores que más sintética
y claramente trata el tema define así:
Global
governance es gobernar, sin autoridad soberana, relaciones
que trascienden las fronteras nacionales. Es hacer, internacionalmente,
lo que los gobiernos hacen en lo doméstico.
Esta
definición apunta a actos, no a arreglos o acuerdos
pactos tácitos. Se preocupa más por lo que
los actores hacen y por la influencia de sus conductas
que por las bases en que pueden apoyarse para hacer lo
que hacen. El estudio pretende ser neutral entre las actividades
y sus resultados. No se ocupa sólo de decisiones
sino también de las consecuencias de las decisiones,
de sus efectos de adjudicar recursos, programas y proyectos,
de su eficacia, del acatamiento con que los actores influenciados
responden a la influencia. También la amplitud
de los temas que se tratan en todos estos estudios se
desplaza a través de una amplia gama en la que
tanto interesa la cuestión general de la seguridad
global como el mecanismo de control que significa el código
de la Organización Mundial de la Salud sobre el
marketing de Sustitutos de Leche de Madre como bien ha
destacado Finkielstein. A esa altura en que yo vengo tratando
de plantear preguntas y darle respuestas, Uds., tienen
derecho a una primera interrogación, que sin duda
se convierte en un inevitable cuestionamiento.
¿Con
qué instrumentos conceptuales se desarrollan estos
estudios a que Ud. se refiera y que tienen que ver con
el escenario internacional?
Hay,
claro, disciplinas de las relaciones internacionales,
y en esta Academia se sientan varios cultores de ellas.
Hasta la década del ochenta, esas disciplinas habían
alcanzado un alto estándar de aceptación
en las ciencias sociales. En los sesenta y los ochenta,
sufrieron cambios paradigmáticos que fueron explicados
sobre la base del pensamiento de Kuhn, expuesto en su
obra Estructura de las revoluciones científicas.
Malgré su autor, que creía que su desarrollo
epistemológico sólo servía para las
ciencias naturales, diversos intentos se hicieron en economía
y en relaciones internacionales. Yo lo anuncié
por primera vez en el país en 1986, pero ya pude
citar cuatro autores que coincidían en ese abordaje.
Hoy nadie discute que el paradigma del realismo internacional
ha sido revisado y que las tres asunciones básicas
que tuvieron vigencia para pensar desde Westfalia hasta
la guerra del petróleo han sido reemplazadas. Nadie
cree que sólo Estados sean actores internacionales
ni que sus relaciones no cooperativas se limitan a conflictuar
por seguridad o poder, ni que la política internacional
sea algo totalmente distinta o independiente de la política
nacional, como pretendió durante mucho tiempo la
tesis de las bolas de billar (metáfora con la cual
se quería señalar dos esferas sólidas
que eventualmente podían coincidir, aparejarse
con suavidad, o chocar para tomar cada uno un camino distinto,
sin que tales interacciones las alteraran en absoluto).
Pero al fin de los ochenta, un episodio históricamente
feliz tuvo un sentido dramático para la ciencia
de las relaciones internacionales. El largo conflicto
Este’Oeste, con el uso del mayor arsenal de violencia
concebido por el hombre pero aplicado en un inteligente
no-empleo de las armas, terminó pacífica
y abruptamente. De la manera más imprevista y con
las consecuencias más impreictibles. Uno de sus
actores también se disolvió abruptamente.
Y los trozos de su estructura estatal, diseminados nuevamente,
convirtieron sus valores a las principales metas de su
gran adversario: economía de mercado sistema democrático
de gobierno, por lo menos, para no nombrar el respeto
a los derechos humanos que puede requerir mayor información
y debate respeto de su implementación en la ex
URSS.
Cuando
en una ciencia ocurren fenómenos que son considerados
anomalías que no resultan de gran trascendencia,
los científicos los piensan como excepciones que
tienen la virtud de confirmar la regla. Los paradigmas
no se revén y la investigación continua
pacíficamente. Tal vez puede decirse que los científicos
adquieren cierto grado de actitud conservadora, y son
reticentes para cambiar sus paradigmas, pero cuando las
estructuras conceptuales se sacuden por la anomalía,
la ciencia reacciona. Es curiosa la coincidencia de que
en 1989, cuando se produce la caída del muro de
Berlín, un descubrimiento químico pusiera
en crisis hipótesis vigentes de su disciplina.
El New York Times del 28 de marzo publicó un artículo
firmado por Mallan Brown que se titulaba “Análisis
de dos químicos encienden una conmoción”.
Pero tal discusión no se produjo rápidamente
en las ciencias de las relaciones internacionales. El
líder de la primera potencia mundial habló
sin incomodidad sobre el “momento unipolar”.
Los debates que entonces se produjeron estaban cómodos
con la visión vigente del fenómeno internacional.
A fines de 1989, en el primer número del European
Journal of International Relations, se cuenta una anécdota.
En una facultad, un panelista invitó a los demás
a aprovechar lo que llamó una pausa entre dos eras
para preguntarse qué decían los conocimientos
científicos respecto de lo que habría de
ocurrir en los años y décadas por venir.
Relata el autor que miró el auditorio y vió
un buen número de cabezas asintiendo, como si prometieran
dedicar algunas horas a ese análisis al terminar
la reunión. Pero no ocurrió.
En
el número 1992/3, John Lewis Goddis publicó
una dura crítica a la actitud de los científicos.
Distingue entre descripción y predicción,
pero exige observaciones metodológicas tendientes
a generar los instrumentos capaces de conceptualizar los
nuevos fenómenos. Ese trabajo sí produjo
una reacción en los científicos. Los autores
empezaron a tratar de instrumentar nuevas formas de investigación.
Se creó un estilo pensamiento en el cual
a.
todas las continuidades previstas podían problematizarse.
b. todas las teorías debían considerarse
como tentativas
c. todas las descripciones como potencialmente ocultando,
sin saberlo, modelos a pautas de interacción no
conocidas.
d. Todas las rupturas o desviaciones de los sistemas humanos
como ilustrativas.
e. Todas las pautas como tendiendo al mismo tiempo hacia
el orden y el colapso, y
f. Todos los intentos humanos coordinados como potencialmente
atomizantes.
El
lema del nuevo pensamiento parecía ser: dejemos
que nuestras variables varíen.
La
ciencia de lo internacional pensaba en las variables como
un movimiento entre dos extremos de un continuo. Era lógica
su dificultad de aceptar el ensanchamiento de las distiancias
entre esos extremos, que importaría el reconocer
como propia de la variable, hechos o fenómenos
a que antes se presuponían excluidos y eran por
tanto tratados como meras anomalías.
Algún
autor se preguntó qué importancia tenía
el cambiar lo necesario para que se hubiera aceptado que
podían haberse previsto algunos acontecimientos
que fueron pensados como imposibles dentro de la estructura
vigente del conocimiento de las ciencias sociales. Y pone
algunos ejemplos:
- nadie
creía que el líder egipcio hablara en
el Parlamento Israelí,
- que
un presidente americano renunciaría,
- que
en Soweto, habría la explosión racial
que entonces la Teoría del Conflicto apenas
podía esbozar como un acto predictible, y desde
luego,
- que
el conflicto Este-Oeste podía terminar abruptamente
pero sin violencia, con una conversión, que
es el sumo de las rendiciones, ni siquiera negociada.
La
atención de los esfuerzos epistemológicos
se centró entonces en la renuencia al cambio. Estamos
acostumbrados a no aceptar como cambio algo que parecería
serlo, mediante un recurso casi reflejo del pensamiento
científico. Lo declaramos cambio no fundamental.
Protegemos así la estabilidad de nuestros paradigmas.
Valiosos ejemplos se encuentra hoy en el cambio del rol
del Estado y en los cambios experimentados en el sistema
de relaciones internacionales. Podemos insistir en la
vieja actitud y sostener que no son cambios fundamentales
aquellos fenómenos que muestran al Estado en otros
roles y a otros actores no estatales en roles antes fueron
del Estado, o que nadie desempeñó. Criticando
es actitud se ha dicho con razón que podemos afirmar
que la píldora anticonceptiva no ha cambiado la
familia ni las relaciones sociales, sosteniendo que las
mujeres siguen teniendo bebés. Podemos también
decir que las comunicaciones no han cambiado las percepciones
y la capacidad analítica de los individuos que
integran la población de cada nación y la
población global, porque podemos comprobar que
muchos de ellos no saben el nombre de la capital de Pakistán.
También podemos sostener que la TV no ha transformado
sustancialmente el proceso electoral en los países
democráticos a partir tal vez de la elección
de Kennedy, sólo porque constatamos que los ciudadanos
igualmente votan. Que la interdependencia global no ha
cambiado por la participación de actores no estatales
por el simple hecho de que los Estados siguen conduciendo
las relaciones internacionales y que algunos de ellos
conservan y ejercen la capacidad de desatar guerras.
Pero
ahora sabemos que debemos preocuparnos por la naturaleza
de las anomalías para definir con cuidado cuando
lo que parece una excepción a la regla está
brindando señales, signos, síntomas de una
nueva pauta o de un nuevo modelo. El nuevo concepto de
cambio requiere ser operacional. Cuando después
de la Guerra del Golfo, Naciones Unidas dictó resoluciones
que permitían intervención dentro de un
Estado, con sólidos argumentos fundados en los
requerimientos de la seguridad regional, a nosotros nos
pareció percibir un cambio importante en el concepto
teórico de soberanía, cuyo sentido westfaliano,
venía ya amortiguándose en distintos lenguajes
en que el vocablo se usa. Las resoluciones de las Naciones
Unidas que permitieron la intervención militar
de una coalición voluntaria en el conflicto Irak-Kuwait
no fue vista tampoco como una señal que marcaba
una dirección hacia una mayor centralización
del sistema internacional. Lamentablemente, después
en Bruselas en 1994, el Presidente Clinton pegó
un golpe de timón para poner la nave global nuevamente
en el rumbo de la anarquía descentralizada. En
estos años de revolución científica
en la Teoría de la Relaciones Internacionales,
algunas nuevas reglas han sido enunciadas.
Regla
1: los teóricos no deben quedarse tranquilos si
se sienten incómodos al afirmar que una anomalía
confirma el paradigma.
Regla
2: cada anomalía de hoy en las relaciones internacionales
puede ser un procedente mañana.
Regla
3: Ninguna anomalía debe ser tomada como un capricho.
Sus razones deben explicarse. Al investigarlas, uno puede
toparse repentinamente con el cambio que antes no vio
o no quiso ver.
Regla
4: En tiempos de turbulencia como los que hoy vive la
comunidad internacional, toda anomalía debe ser
objeto de un test que descarte que no tiene el sentido
de ser una señal, un signo de dirección
como los que vemos en las rutas o un síntoma de
nuevos modelos o patrones de interacción.
Además
de estos sacudones epistemológicos, si me permiten
llamarlos así, en las décadas del noventa,
otro importante conjunto de investigaciones teóricas
que venían desarrollándose desde hace veinte
años, ha influenciado en las investigaciones que
hoy podemos intentar respecto de los mecanismos en que
consiste y con los cuales se maneja o timonea la globalización.
Me refiero a las teorías sobre los regímenes
pensados como conjunto de reglas normas y procedimientos
de toma de decisiones alrededor de las cuales las expectativas
de los actores convergen en las áreas de un determinado
tema internacional. Esta definición se debe a Stefan
D. Krasner, cuyo trabajo se denomina Causas estructurales
y conciencia de los regímenes y variables intervinientes.
Está publicado en 1983 por la Cornell University.
El
tema fue objeto en 1995 de una investigación que
se denominó “estado del arte”, realizado
por Levy, Young y Zurn, publicada en el European Journal
of International Relations Vol. 1, 3.
Más
adelante, con el desarrollo del pensamiento sobre modelos
estructuracionales, la teoría de los regímenes
fue objeto de una vivificante sofisticación debida
a Bas Arts. Este último estudio enfoca el tema
de los actores no estatales, que es central para esta
exposición, ampliando así el enfoque de
la teoría de los regímenes que eran vistos
como una pura acumulación de reglas.
Con
el nuevo bagaje conceptual, podemos tratar de describir
el fenómeno de la globalización a través
de los mecanismos eficientes para su manejo, esto implica
buscar:
-
el orden en el desorden
- la coherencia en la contradicción
- la continuidad en el cambio constante
El
rumbo correcto es una acumulación incansable de
progresos y decadencias, de cambio de ideas y de reglas.
Tenemos
que afrontar la realidad de fronteras que son fluidas
y nuevos sistemas de arreglos que tienen éxito
mientras los otros experimentan la pérdida de la
esperanza en su efectividad.
La
tarea no es imposible. Pueden discernirse pautas o modelos
de mecanismos de timoneo, como sugerí que lo llamáramos,
que están comenzando a proliferar mientras se advierte
que otros se atenúan. Mientras algunos más
parecen destinados a permanecer en el futuro más
o menos inmediato tales como siempre fueron. Una tarea
así requiere una tolerancia teorética con
la ambigüedad y una buena disposición al discernimiento
de los matices. El escenario mundial muestra por un lado
un enorme crecimiento del número de Estados que
vonviven en su anarquía. En 1945, las Naciones
Unidas tenía 51 miembros. Ha pasado cómodamente
los 180, cincuenta años después. Los números
a los que me referí se multiplican y no reconocen
fronteras sociales, culturales, económicas, políticas
y geográficas. Las tecnologías acortan toda
clase de distancias, y no sólo las geográficas.
Nuevos desafíos traídos por el medio ambiente,
las epidemias globales como el sida, el terrorismo internacional
y el tráfico de drogas, se agregan hoy a la problemática
que en la década de los cuarenta se plantearon
los fundadores de las Naciones Unidas. Entonces se trataba
de proteger la seguridad y los desbalances financieros.
Hoy, la problemática que acabo de enunciar lo es
para una densidad poblacional de cinco mil millones de
almas que llegarán a ocho mil en veinticinco años.
Junto con ese crecimiento, tenemos 40 o 50.000 organizaciones
no gubernamentales y 150.000 sucursales extranjeras de
sociedades multinacionales. Nuestra pregunta era ¿Cómo
se gobierna –perdón, de acuerdo a nuestros
pactos semánticos- cómo se maneja la globalización?
A diario, nos topamos con preguntas sobre cómo
se regulan los mercados financieron internacionales, o
las migraciones. Las preguntas apuntan a respuestas que
respondan a un pensamiento sobre estructuras globales.
Queremos saber en qué autoridades podemos pensar
y qué jerarquías serán las que nos
rijan.
En
el Consejo de Roma en 1991 (nótese que King y Schneider
llamaron a ese consejo “la Primera Revolución
Global”), se dijo:
“usamos
el término governance para denotar los mecanismos
de comando de un sistema social y sus acciones tendientes
a proveer seguridad, prosperidad, coherencia, orden y
continuidad al sistema. Tomamos ampliamente el concepto
de governance que no debiera ser restringido a los sistemas
nacionales e internacionales pero utilizado con relación
a los gobiernos regionales, provinciales y locales tanto
como a otros sistemas sociales como la educación
y la defensa, a las empresas privadas e incluso el microcosmo
de la familia”.
La
actividad de manejo a que llamamos governance incluye
algunas actividades de gobiernos nacionales, pero también
otras muchas a través de las cuales el manejo global
fluye en forma de proposición de metas u objetivos,
formulación de directivas o seguimiento de políticas.
Hablar de manejo para dar sentido a la palabra governance,
si bien quita las notas autoritarias y jerárquicas
de la palabra control, implica sin embargo hacer referencia
a mecanismos por los cuales algunos manejan –o influencian-
u otros son manejados o influenciados. Desde luego que
hoy el análisis de esos mecanismos trata de implementar
con el examen de su eficacia, es decir el grado de acatamiento
del manejado o influenciado. Para estudiar esos mecanismos,
un específico trabajo de Rosenau titulado “Governance
in the 21st Century” propone ciertos conceptos clasificatorios
que parecen de utilidad para enmarcar un análisis
tan resumido como el que aquí puedo ofrecer. Él
distingue los mecanismos en nacientes e institucionalizados.
Pero para cada uno de esos grupos hace distinciones según
el patrocinio con el cual se promueve, que permite clasificarlos
en los siguientes tipos:
a.
patrocinios no estatales
b. patrocinios estatales
c. patrocinios conjuntos
A
su vez el patrocinio no estatales puede producir mecanismos
trasnacionales o subnacionales. La tabla que reproducimos
con una simple traducción al castellano, toma textualmente
lo que ese autor propone.
Lógicamente,
al día de hoy nos gustaría trabajar con
algunas ampliaciones rescatadas de nuevos mecanismos trasnacionales
y subnacionales que han aparecido en el área de
los que son promovidos por actores no estatales. De todos
modos, sólo me propongo analizar muy brevemente
algunos de estos temas, para detenerme un poco más
en el estudio de otros que, como las ciudades en cuanto
actores subnacionales no estatales, hay revolucionado
no sólo la política internacional sino también
la nacional. Es curioso a ese respecto como algunos agentes
gubernamentales no reconocen el nacimiento de esos actores,
y siguen pensando su política interna y el escenario
internacional con ciertos moldes nacidos de la descripción
de iejas realidades. Pareciera que las características
del mundo actual difieren de los períodos anteriores
en el hecho de que cada vez enos pueden crearse mecanismos
de manejo de los flujos de relaciones en forma coordinada,
de arriba para abajo, sino mediante la generación
de mecanismos informes e informales que, sin embargo,
como lo flechas del cuadro expuesto, tienden en muchas
circunstancias, a institucionalizarse. Si en 1991 pudimos
creer en un proceso creciente de centralización,
hoy parece descartado o postergado. Los autores hablan
del nuevo regionalismo. Este último es el que creaban
los Estados que celebraban acuerdos regionales, cualquiera
fuera su extensión y profundidad. Las diversas
etapas de la actual Comunidad Europea muestran uno de
los ejemplos típicos. Hoy aparecen regionalismos
que no se definen inicialmente y que resultan de interacciones
antes no pensadas. Esas interacciones son los hechos a
los que me refería antes como los que están
fuera del continuo de nuestras variables y que, por lo
tanto, no consideramos cambios computables. En 1988, cuatro
ciudades de distintos países hicieron acuerdos
destinados a promover recíprocamente su desarrollo.
Se trataba de Lyon (Francia), Barcelona (España),
Milán (Italia) y Stuttgart (Alemania). Algún
diario de la época, que no he podido localizar,
habló de la resurrección de las ciudades-estados.
Y en 1993, algún autor escribió sobre estas
ciudades con este significativo título: “Arrancando
los motores de los cuatro átomos de poder de Europa”.
Volveré sobre el tema de las ciudades que ha tenido,
para mi gusto, más fuertes implicancias en los
EE.UU. de lo que parece asumir el actual diseño
de política nacional e internacional de la Administración
Bush. Pero detengamos antes unos instantes en los actores
totalmente privados, por llamarlos así y diferenciarlos
de las ciudades que son estructuras gubernamentales locales,
aunque no sean gobiernos nacionales. Intentamos así
separar los mecanismos de manejo que ellas crean de otros
menos estructurados.
Los
movimientos sociales que la tabla anota en el segundo
renglón de los movimientos trasnacionales nacientes
tienen la importancia de que tienden a institucionalizarse.
Se vinculan sustancialmente con su reclamo para la provisión
de bienes públicos globales, que ni los Estados,
ni las organizaciones generadas por patrocinio estatal
pueden proveer. Junto a ellos, los actores privados no
gubernamentales (ONG) que también tienden a generar
TNGOs, cumplen cada vez más una función
en la satisfacción del requerimiento de bienes
público cuando participan de actividades como la
asistencia humanitaria o la ayuda frente a desastres.
En esa línea, cada vez más, las entidades
empresarias que en las siglas ahora tan de moda se llaman
TEs. Déjenme que les lea la siguiente frase del
Presidente de Coca Cola, que puede encontrarse en los
protocolos de la reunión Arthur Page Society realizada
en Amelia Island, Florida el 21 de setiembre de 1992.
Cito a Roberto C. Goizueta:
“…Cuatro
prevalecientes fuerzas: -la prominencia del capitalismo
democrático, el deseo de autodeterminación,
el cambio de influencia de la regulación a la inversión
y el éxito de instituciones que satisfacen las
necesidades de la gente- reforzadas por la comunicación
de alcance mundial de hoy en día y las dramáticas
imágenes de televisión, todo apunta a un
fundamental cambio en el poder global. Para ser cándido,
yo creo que este cambio va a llevar a un futuro en que
las instituciones con la mayor influencia serán,
por mucho, los negocios”.
Creo
importante detenerme en los SM no sólo en cuanto
son incuestionables mecanismos de gobierno de la barca
global, sino porque a través de ellos se compren
de mejor el profundo cambie está experimentando
tanto la política internacional como la política
interna. Si alguien tenía dudas de su influencia
en el timón global hasta hace dos semanas, la reunión
de los G8 en Génova acaba de ofrecer una prueba
irrefutable del profundo cambio ante el cual nos encontramos.
Tanto del Presidente Bush como sus aliados Europeos tuvieron
que ceder paso a consideraciones políticas que
en la década anterior habían sido preteridas
(¿??!) por las económicas. El 3 de enero
de este año, Fareed Zakaria, en un artículo
publicado en el New York Times, que tituló “De
vuelta al futuro: la globalización crece y se torna
política”, escribía:
La
última era de la globalización, a fines
del siglo XIX, fue también rápida y furibunda.
También ella mostró el nacimiento de fantásticas
nuevas tecnologías. Como la electricidad, que cambió
el mundo. Ella también, elevo de la pobreza a millones.
Esa era no se realizó a si misma por lo malo económico
sino por las malas rivalidades políticas que llevaron
a la Primera Guerra Mundial. Hoy, lo económico
de la globalización está en buena forma.
Lo político no lo está.
Durante
los dos días de Génova, los movimientos
de protesta, que no fueron de antiglobalización,
mostraron claramente que el mundo actual no es pensable
como un imperialismo de determinados países, o
grupos de países o aún de los EE.UU. Las
protestas se dirigieron a los nuevos mecanismos internacionales,
como el Grupo de los G8 y no a los Estados. Sus líderes
debieron advertir que aún sin una democracia internacional
instituida, el pueblo globalizado debía ser oído.
Mucho se ha comentado en estos días pasados, en
los periódicos de todo el mundo, sobre la diferencia
que habrá entre esta última reunión
y las que le sigan, con incorporación de otra voces.
El 25 de julio, hace menos de una semana, Michael Hardt
y Antonio Negri, los autores de Empire, un análisis
crítico del mundo globalizado, publicaron en el
New York Times un artículo titulado “Las
caras nuevas en Génova quieren un mundo diferente”,
que vale la pena leer.
Los
movimientos sociales constituyen mecanismos de influencia
y manejo que no por no estar estructurados, son menos
influyentes. Nótese que los movimientos ecologistas
han tenido más influencia que la nueva política
externa de Bush, frente al tratado de Kyoto, si se piensa
en el significado de la reciente reunión de Bonn
y de su repercusión en el Senado de los EE.UU.
Como mecanismos nacientes, han sido considerados por los
autores como la quinta esencial de la capacidad de transitar
hacia altos grados de institucionalización. No
tienen miembros registrados ni definiciones de perfil
de miembros que reclutan. Son inclusivos y no excluyentes:
aceptan a quien quiera unirse a ellos. Carecen desde luego
de autoridades. Difícilmente comienzan instalando
un cuartel general. A veces, ocupan locales distintos
en diferentes lugares. El número de miembros, la
amplitud de sus temas u objetivos y su ubicación
y su extensión territorial en que se asientan y
desarrollan son establecidas flexiblemente por lo que
en cada momento les parece conveniente a las gentes que
involucran. Se aglomeran alrededor de un tema –feminismo,
ecología, derechos civiles, discriminación
o de varios temas. Por un fenómeno que conocemos
por contaminación, sus temas pueden ensancharse,
como si un movimiento por la libertad religiosa pasa a
ser un movimiento amplio por los derechos civiles. Si
uno distingue en los vínculos que legan (¿?)
a los actores que interactúan en los internacional
entre el tejido económico y el no económico,
los SM tienen una gran importancia en éstos últimos.
No caben en las categorías tradicionales que tenemos
para pensar los actores; estados, naciones o clases. Tienen
una nueva manera de ver los problemas, una nueva actitud
hacia el tiempo, un nuevo sentido de la historia y de
la identidad. Las generaciones de alumnos que hoy analizan
los problemas de soberanía involucrados en Malvinas
tienen otro concepto, otra percepción de la identidad.
La globalización de flujos diversos está
generando aceleradamente una identidad global. Los habitantes
de cada país se perciben a si mismos como ciudadanos
del mundo.
Los
estudios sobre soberanía lo destacan:
Camillasi
escribe: Repensando la soberanía en un mundo contraido
y fragmentado en Walker y Mendalovicz ed. Discutiendo
la soberanía y redefiniendo la comunidad política
(Boulder. L. Rinner, 1990).
En
ocasiones, los S M se constituyen en organizaciones temporales,
que atraviesan las fronteras de los Estados y procuran
su objetivo, para disolverse tras obtenerlo, como en el
caso de Sindicato para el Boycott a Nestlé, que
vivió siete años hasta que la empresa accedió
a los reclamos de los sindicatos.
Con
el tiempo, algunos movimientos sociales requieren cierta
organización, pero son, en general, reacios a cualquier
estructura jerárquica. Desde afuera de ellos, otros
actores pueden reconocer un líder del movimiento,
pero este se resiste a aceptarlo. Sus integrantes tienen
vocación de participación activa y no les
basta con expresar su opinión o emitir su voto
en asambleas FALTA ALGO tradiciones. Esto se ve claro,
en lo interno, en la estructura de los actores colectivos
denominados movimientos estudiantiles.
Muchos
de los SM son hoy verdaderas organizaciones institucionalizadas
que se denominan con la sigla TSMOs. Janie Letherman,
Jhon Pegnuco y Jackie Smith hablan de un “juego
de tres niveles de transformación global (Paper
presentado en el Annual Meeting de la Internacional Studies
Association, Wa., march 1994.
Detengámonos
ahora en el fenómeno de las ciudades transformadas
en actores globales.
Mencioné
antes los acuerdos de cooperación para el desarrollo
celebrados en 1988 por Lyón, Milán, Barcelona
y Sttugardt y los comentarios que había provocado
su éxito.
Hoy
se calcula que existen casi una veintena de ciudades,
pertenecientes a distintos Estados, que en su caco urbano
concentran más de 20.000.000 de habitantes.
Han
atraído grandes inversiones y disfrutan de una
prosperidad que las conduce a la búsqueda de mayor
autonomía. Algunos autores sostiene que en un futuro
cercano la identidad de la mayor parte de la gente será
la de su ciudad y no la de su país. (Saskia Sassen;
The Global City Princeton University Press, N. York 1991
y Earl H. Fry y assoc. "”he Global activities
of de Noth American Municipal Gobernments"”
Ptrovo, Utah, Brigham Young University, 1989).
Drodziak,
que ya he citado, habla de una nueva “Liga Hanseática”
integrada por prósperas ciudades-estados. Ya en
193 completar fecha quienes leemos Foreign Affairs, habíamos
notado los desarrollos de Kenichi Ohmae en The rise of
de region states, T. 72, pg. 78. Hay bastante escrito
sobre la influencia del cambio de identidad en la estructura
global e incluso sobre la preocupación por la eventual
aparición de una especie de city apartheid (Petrilla
Ricardo, Toronto Star, 9 de agosto de 1992).
Con
estas ciudades nacen mecanismos que son regionales en
su objetivo. No están pactados, dispuestos o creados.
Son, como se ha dicho, “delineados por la hábil
e invisible mano de los mercados globales en busca de
bienes y servicios” (Ohmae, op. Cit. Pg. 78/79).
Es
necesario tener presente, que los estados naciones están
enfocados hacia lo doméstico, mientras las ciudades
estados o la regiones estados, se encuentran inmersas
en la economía global.
Puede
ser exagerada la expectativa de que estas ciudades acumulen
más poder que los estados, pero constituirán
un importante mecanismo de conducción global en
el siglo XXI. Y podrán ser socias u oponentes de
los estados en cuyas fronteras están instaladas.
(Rosenau J. op. Cit. Global Governance V. 1 Nº 1,
pg. 27).
No
ha de creerse que las cuatro ciudades europeas a que me
he estado refiriendo sean un momento aislado. Nuestro
propio país registra interacciones internacionales
de estados provinciales y ciudades. Pero antes de concluir,
permítaseme hacer referencia a la manera en que
este fenómeno aparece, sobre todo en la arena política,
en los EE.UU., lo cual ocurre hace años. En la
literatura que lo menciona, es bien conocido como el caso
de la Ley Burma. Sobre él un reciente trabajo de
Terrence Guay, profesor de la Universidad de Syracuse,
ha sido publicado en octubre del año pasado en
PSQ Political Science Quartely, Vol. 115, Nº 3.
He
aquí los antecedentes: en 1988, una Junta Militar
tomó el poder en Burma, cuyo nombre actual es Myanmar,
después de una represión al movimiento democrático
en la que fueron muertos centenares de personas. Dos años
después, el gobierno, con lo que se conoció
como la State Law and Order Restoration Council, (SLORC),
anuló una reelección que había ganado
la liga nacional para la democracia. Aung San Suu Kyi,
líder del partido, y premio Nobel de la Paz, fue
hecho prisionero y permaneció preso hasta 1995.
Además el SLORC era universalmente acusado de ser
el mayor traficante de opio, cuyas utilidades aplicaba
para fomentar el crecimiento económico. Desde luego,
jamás se cumplieron las promesas de que así
burma sería el Quinto Tigre Asiático. Numerosas
compañías americanas, incluso una norteamericana,
UNOCAL y TEXACO, que compartían la explotación
petrolera con a francesa TOTAL. Párrafo en el que
faltan muchas cosas
EEYUU
era el cuarto inversor extranjero después de Gran
Bretaña, Singapur y Tailandia, seguido en quinto
lugar por Francia. Ya en la década del ochenta,
el gobernador Michael Dukakis, posteriormente candidato
a Presidente de la República, había promovido
legislación antiapartheid, respecto de Sudáfrica.
Pero nunca había podido poder obtener la sanción
de una ley y sólo había emitido órdenes
del Poder ejecutivo. Al principio de los noventa, la presión
de los lobbies democráticos promovió una
legislación que fue aprobada en 1996. Ciertos sectores
demócratas que apoyaban la ley no habían
podido obtener seguridad del gobernador William WELD de
que la promulgaría. Sin embargo, la ley fue aprobada,
y el gobernador no la vetó, pero que tienen contenido
y origen internacional y no meramente interno. La ley
de 1996, que dio en llamarse Burma Law, disponía
compras selectivas, le daban (orden?) a todas las agencias
gubernamentales o cuasi gubernamentales, como la Portal
Authority, Turnpike Authority, etc. hacer negocios con
compañías que operaban en Burma. Los decretos
de Kukakis no habían llegado a destinatarios tan
amplios. Como consecuencia de ello, muchas grandes compañías
como Apple Computers, Eastman Kodak, Hewlett Packard and
Philips Electronics, levantaron sus operaciones en Myanmar.
Los que no lo hicieron quedaron en la lista negra, incluyendo
los japoneses Mitsubishi y Toyota, y a Caterpillar, Mobil,
Siemens, Unilever. En 1997, cuarenta y ocho compañías
americanas y 208 extranjeras tenían prohibido hacer
negocios con el estado de Massachusetts. Esta actitud
de un gobierno estatal tomando injerencia en las relaciones
internacionales que la constitución americana,
igual que la nuestra, pone en manos del poder ejecutivo,
se fue expandiendo, y en marzo 2000, involucraba a California,
Vermont, y Washington. Y un gran número de localidades.
La lista completa y sus actualizaciones titulada “Watch
List” de sanciones estatales y locales, puede ser
consultada libremente en el site de USAEngage (www.usaengage.org/new/status.html).
Puede verse también información sobre este
tema en www.freburmacoalition.org, un grupo de organizaciones
que a través del mundo trabajan por la libertad
y la democracia en Burma. La legislación local
de estados y ciudades americanas, trajo reacciones externas
e internas, pero no del Estado Federal. TODO ESTE PÁRRAFO
ESTÁ POCO CLARO
En
1988, una organización empresaria que agrupa 550
compañías trasnacionales (NFTC) inició
una demanda federal de anulación de la ley de Massachusetts.
Finalmente la Corte no hizo lugar a los argumentos de
la demanda, pero declaró que los Estados no podían
dictar leyes de ese tipo si el Estado Federal había
tomado acciones en igual sentido o con el mismo objetivo
previamente. La demanda privada fue apoyada por la CE
que pidió a la Corte ser oída, por el Estado
japonés y por la World Trade Organization. El Estado
japonés llegó a provocar una reacción
de todos los representantes al Congreso Nacional del Estado
de Massachusetts que con términos muy duros recordaron
que no era apropiado para Japón tratar de intervenir
en los asuntos internos de Massachusetts. Las reuniones
que en el State House de Massachusetts se realizaron en
febrero de 1998, incluían oficiales de la UE, diplomáticos
británicos, el Cónsul inglés en Boston
y oficiales del Depto. De Estado. El WTO inició
procedimientos contra el Estado americano por esta legislación
y lo suspendió posteriormente. Los comentaristas
dijeron entonces que no se quiso atrapar al gobierno federal
en una trampa entre los gobiernos estatales y sus socios
internacionales. Hay que resumir que entre los años
transcurridos entre el ’96 y el 2000, el Estado
de NY y la ciudad de NY dictaron legislación del
mismo tipo, orientada hacia la obtención objetivos
políticos internacionales. La ciudad de NY (NYC)
es el 4to. Presupuesto americano después del Federal,
de California y del Estado de NY. Fue NYC la que obtuvo
la decisión de los bancos y aseguradores suizos
de reconocer reclamos de las víctimas del Holocausto,
resolviendo no operar más con ellos si así
no ocurría. Los últimos años, las
compañías Pepsi, Heineken, Levi Strauss
y Walt Disney salieron en Burma. A fines de 1997, un total
de 13 compañías también se retiraron
con los mismos argumentos. Nueva legislación hay
hoy en trámite orientada a países importantes
como Indonesia, Nigeria y China. Piensen que tanto Gillette
como Raytheon tienen operaciones importantes en Indochina.
Berkeley tomó medidas, originariamente contra Burma.
Y al hacerlo contra Nigeria, se encontró sin aprovisionamiento
de nafta de ninguna gran compañía petrolera.
Por lo cual, se dirigió hacia la British Petroleum.
Estos datos muestran que los estados cuidan de no afectar
sus propios intereses, pero no se detienen en sus objetivos
internacionales. Es más, Berkeley hizo una excepción
para Motorola, porque depende de esa compañía
para sus sistemas de comunicaciones. Entretanto, el gobierno
federal, durante la presidencia de Clinton, obtuvo una
ley que lo autorizaba a aplicar sanciones contra Burma
si esta insistía en su violación a los derechos
a sus habitantes. Seis meses después, Clinton ejerció
esas facultades lo que posibilitó el fallo de la
Corte, al que antes aludí, dictado en junio del
año 2000.
En EE.UU., se ha generado una montaña de literatura
–libros y artículos- sobre este tema. En
uno de sus capítulos, no el menos importante, trata
el problema de las facultades de los gobiernos locales
en la estructura federal delpaís. No es ese mi
tema, pero debo mencionar que la tendencia de la Suprema
Corte americana ha sido, en todas las áreas, la
de enfatizar el federalismo. Los que tengan interés
en el tema encontrarán seguramente el mejor resumen
del material disponible en las 240 páginas del
vol. 574, correspondiendo a marzo 2001, de los anales
de la American Academy of Political and Social Science.
Su título es, por cierto, sugestivo:
El
federalismo de la Corte Suprema, real o imaginado?
Prometí
efectuar con Uds. Análisis que proveyeran un marco
conceptual para quien quiere pensar cualquiera de los
múltiples temas que incluye la problemática
de la globalización.
He
aquí mis conclusiones.
