ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
N°21

TEMA: Los problemas de la globalización

AUTOR:

ACADÉMICO No .20

Remo F. Entelman

Expuesto en la Sesión Académica Ordinaria Nº 49

Buenos Aires
31 de julio del 2001


Introducción

Hablar de los problemas de la globalización quiere decir hablar de la problemática de la globalización. Todos tenemos claro que esa problemática ha adquirido una sorprendente amplitud, estimulada por la incorporación de la expresión globalización a todos los discursos. Ella ha tomado curso legal en el lenguaje internacional, pero tanto en el diplomático como el político y en el lenguaje cotidiano de la política interna, en el discurso periodístico y en el científico. Dentro de este, globalización es un tema de las disciplinas de las relaciones internacionales, de aquellas que estudian la macro economía, y los aspectos teóricos de los flujos financieros. Se habla hoy incluso de una ciencia de la economía global para lo cual algún autor ha propuesto el nombre de economía y luego entre paréntesis, el prefijo Inter. Y un llamativo signo de interrogación, como si quisiera decir inter… ¿qué?

Somos testigos hoy de una serie de fenómenos que parecen independientes o distintos entre sí, pero que, sin embargo, debieran poder agruparse con distintos criterios clasificatorios. Supongamos que construimos una clase en que agrupamos distintos fenómenos o problemas, por los temas a que se refieren. Otro por los actores. Otros en que cada uno de los integrantes de la clase se diferencia de los otros por la calidad de actor que tiene, y otro en el que incluimos problemas teóricos epistemológicos y de conocimientos o de métodos de investigación. En el primer grupo, por temas tendríamos dos grupos:

  • Multilateralismo, regionalismo y globalización
  • Migraciones y globalización
  • Finanzas y globalización
  • Comercio y globalización

El siguiente tipo agruparía, con la vista puesta en la calidad de los actores, los siguientes objetos de análisis:

  • Estados nacionales
  • Organizaciones internacionales interestatales (IGOs)
  • Organizaciones internacionales no estatales (INGOs)
  • Movimientos sociales trasnacionales (TSMs)
  • Las institucionalizaciones de estos movimientos (TSMOs)
  • Organizaciones no gubernamentales internas de los estados (NGO)
  • Empresas multinacionales (TE)
  • Otros actores privados
  • Individuos con roles políticos, sociales o científicos
  • Instituciones internacionales (FMI) WB)

La tercera clase agruparía problemas que podríamos clasificar como teóricos:

  • Globalización y soberanía
  • Gobierno de la globalización
  • Regímenes internacionales y sus diversas concepciones
  • Evaluación política, moral y ética de la globalización

En la década del noventa, y a medida que ella avanzó en sus últimos años, hubo una gran producción bibliográfica, en gran parte integrada por artículos publicados en diversas revistas científicas sobre cada uno de estos temas. Con ese panorama he tenido que definir el contenido de esta exposición, para un auditorio en que es impensable que cada uno de sus integrantes sea un experto en todos esos temas, aunque algunos seguramente lo serán en alguno de ellos. Al intentar pensar con claridad, descubrí que era como ir a hablar de los problemas del federalismo y listarlos. Por ejemplo, así:

  • Federalismo y organización judicial
  • Federalismo y deuda pública estatal
  • Federalismo y comercio exterior
  • Federalismo y libre circulación de personas y bienes
  • Federalismo y relaciones internacionales

Desde luego, el listado puede seguir. Supongamos que en ese ejemplo, trabaje con un auditorio multidisciplinario en el cual sólo algunos miembros se han ocupado del federalismo. Cualquier tema que yo eligiera, la pregunta inmediata sería: “explíquenos primero a qué llama federalismo”.

Con nuestro tema de hoy ocurre exactamente eso ¿A qué llamamos globalización? Hay varios nombres que a cualquiera de nosotros se nos ocurriría utilizar como sinónimos y nos preguntaríamos porqué no hablar de:

  • Organización internacional
  • Orden mundial
  • Sociedad internacional o intergubernamental
  • Orden interestatal o
  • Orden transnacional, expresión que también se encuentra a menudo.

Si estos son sinónimos, ¿porqué estamos usando, en todos los lenguajes que antes he enumerado, la expresión globalización?

Veamos un poco. En realidad, pueden encontrarse referencias a problemas de globalización que algún autor ya ha clasificado en períodos, retrotrayendo los anteriores al siglo XIV. Pero, para el lenguaje de nuestra actualidad, debiéramos situarnos en la década del ochenta del siglo que acaba de terminar. En realidad, al comienzo de los noventa, estalla el gran desarrollo de estudios sobre el tema. A comienzos de esa década, la Comunidad Europea organiza la Commission of Global Gobernance que, en febrero de 1995, produce un informe que se publicó como “Our Global Neighborhood”. Nótese aquí la expresión “vecindad global”, que deja de lado todos los nombres que acabo de mencionar. Sobre ese informe, se publicó tres meses más tarde un libro titulado “A people’s Response to Our Global Neighborhood: Dialogues on the Report of the Comision on Global Governance” (“La respuesta del público: diálogos sobre el informe de la Comisión”). Y en julio de 1999, aparece la publicación de “Toward Genuine Global Governance: critical reactions to ‘Our Global Neighborhood’, de Errol E. Harris y James A. Yunker.

En 1995, también comenzó a publicarse la revista titulada Global Governance, que aparece cuatrimestralmente y que ya está en su séptimo volumen anual. A través de sus miles de páginas, uno encuentra constantemente repetida, tanto la expresión globalización como global y global governance.

He pensado que lo más serio que podría ofrecerles hoy era tratar de analizar con Uds. Estos dos objetos a que se refieren las siguientes preguntas:

¿A qué llamamos globalización?

¿A qué llaman los autores que escriben en inglés global governance? Un término que no tiene traducción fácil en español y para el cual deberemos acuñar un equivalente castizo, o celebrar una convención sobre el sentido en que usamos la palabra en inglés.

Empecemos con globalización.

Decía antes que pareciera haber una serie de sinónimos posibles que, sin embargo, no son utilizados en reemplazo de globalización. Porque globalización parece ser un nombre que denota algo distinto. No confundimos, en ninguno de los discursos, ni en el más construido o científico ni en el más natural que es el del diálogo corriente o el lenguaje periodístico, globalización con orden internacional. En todos esos lenguajes, quienes utilizan la expresión no creen referirse al modo en que están organizados o desorganizados los Estados en la arena internacional. Quienes hablan de un nuevo orden, unipolar o multipolar, pueden utilizar a veces la expresión orden global pero no están mencionando un proceso. Globalización, tanto como automatización o simplificación, es el nombre precisamente de un objeto dinámico, de un proceso que se desarrolla en el tiempo, que avanza y retrocede y que, como veremos, funciona y se percibe en distintos niveles.

En vano ha de buscarse una definición clara y precisa, que muestre claramente los contenidos que globalización denota. Puede sin embargo reconstruirse, y proponerse con relativa propiedad, que globalización, en los momentos actuales, significa un proceso de intensificación de diversos flujos, alguno de los cuales son nuevos, mientras que otros existieron antes, pero con menor frecuencia, extensión e intensidad. Originariamente, cuando se empezó ahablar de globalización, se pensaba en un flujo financiero que atravesaba el planeta de manera multidireccional. A él se agregaba seguramente primero el flujo, no de trabajadores, sino de puestos de trabajo, que viajaban de un lugar a otro, transportados por el capital que se movilizaba. Más tarde, se apuntó a la intensificación de los flujos de bienes y servicios, de personas, de información y de conocimientos. Todos estos fenómenos se producen en el marco de un explosivo desarrollo de las tecnologías de comunicación e información y de las investigaciones científicas con sus específicas básicas y aplicadas. Si se trata ahora de analizar un poco más profundamente la palabra flujos, se verá que estamos hablando de relaciones entre seres humanos y se producirán descubrimientos significativos para nuestro propósito descriptivo, sino definitorio. Esas relaciones aparecen como relaciones entre muy distintos tipos de actores, y muchas de ellas no atraviesan las puertas del Estado. Se efectúan con independencia de los Estados Nacionales. Se efectúan a pesar de él, o con independencia de su intervención. Pero ocurre que muchas de esas relaciones, con o sin participación de actores estatales, influencias en el escenario internacional.

David Held define globalización como

“…un set de procesos que indican transformación en la organización espacial de relaciones y transacciones entre los habitantes del mundo, generando flujos transnacionales, regionales o transcontinentales y sistemas o redes de interacción, actividad y poder.

Yo propondría que por ahora nos demos por satisfechos intentando pensar en la globalización como

Una vasta red de interacciones de muy diversos actores estatales y no estatales, organizados o no, que influyen en el escenario de las relaciones internacionales.

Resignado por el momento a esta definición, la segunda pregunta formulada era ¿Cómo se gobierna la globalización? Es decir ¿cómo se gobierna ese flujo constante de interacciones? Antes he hecho referencia a la expresión governance que usan los autores que analizan estos temas. Governance es un término difícil de definir que viene del griego kybernan (????????) y que significa timón, gobierno o manejo de un barco, del que derivan timonel y timonear. Con governance, todos los autores que emplean el término parecen referirse a ciertas actividades muy parecidas a las que realizan en el interior de los Estados los gobiernos, pero governance no es sinónimo de government. Es claro que en ninguno de los dos idiomas, inglés o español, puede afirmarse hoy que existe algo así como un gobierno global. James Rosenau, que es uno de los autores que más ha trabajado este tema, sugiere que como timón significa mecanismo de control de una embarcación, se utilice la palabra control para definir governance. O directamente steering, que significa precisamente timonear. No me es fácil emplear con Uds. Un término español que siga esa línea de pensamiento, que sin embargo me parece correcto. No puedo hablar cómodamente de timoneo global, inventando un neologismo. Pero puedo usar otras expresiones que signifiquen lo mismo o algo muy parecido a mecanismo de control. Porque quiero excluir la palabra control. Entre nosotros, en cualquiera de los niveles de lenguaje que he mencionado, control provoca asociaciones con autoridad y por ende con jerarquía. Y si algo caracteriza al sistema global, es prexisamente su carácter anárquico. No quiero entrar por ahora en el tema de lo que hoy se llama “la nueva anarquía”, que es la anarquía de la multiplicidad yuxtapuesta o sobrepuesta de actores diferentes en la arena internacional. No ignoro por cierto que James P. Sewell y Mark B. Salter han propuesto el nombre de panarquía para definir el sistema internacional, cuando tratan de debatir las postulaciones de Boutros Boutros-Ghali sobre la democracia internacional. Pero si control tiene las dificultades que anoto, les pido que acepten que hablemos de manejo global, o manejo de la globalización, y que nos pongamos de acuerdo en que llamamos así a

Los mecanismos que influencias, con implicancia internacional, en las interacciones que consiste la globalización.

Planteadas así las cosas, nuestro primer problema a tratar es el de los mecanismos de manejo de la globalización. Porque en la medida en que podamos entenderlos y saber cómo funcionan, estaremos entendiendo y sabiendo qué es la globalización. Vamos pues al problema de los mecanismos de manejo global en el sentido de la expresión que ya hemos definido: lo que Rosenau llama mecanismo de control. Debo decir que otros autores han cuestionado la tendencia del pensamiento de Rosenau, cuya creatividad todos reconocen porque lo ven circunscrito a mecanismos de generación de reglas. Reglas es aquí una palabra en sentido amplio, y no en el sentido de normas obligatorias o jurídicas. Governance, he dicho antes, es una actividad similar a la que los gobiernos realizan en los Estados Nacionales. Y es cierto que esos estados crean reglas, pero esto no es lo único que hacen.

Tal vez orientado por un título de los trabajos de Rosenau denominado governance without government, Lawrence F. Finkielstein, uno de los autores que más sintética y claramente trata el tema define así:

Global governance es gobernar, sin autoridad soberana, relaciones que trascienden las fronteras nacionales. Es hacer, internacionalmente, lo que los gobiernos hacen en lo doméstico.

Esta definición apunta a actos, no a arreglos o acuerdos pactos tácitos. Se preocupa más por lo que los actores hacen y por la influencia de sus conductas que por las bases en que pueden apoyarse para hacer lo que hacen. El estudio pretende ser neutral entre las actividades y sus resultados. No se ocupa sólo de decisiones sino también de las consecuencias de las decisiones, de sus efectos de adjudicar recursos, programas y proyectos, de su eficacia, del acatamiento con que los actores influenciados responden a la influencia. También la amplitud de los temas que se tratan en todos estos estudios se desplaza a través de una amplia gama en la que tanto interesa la cuestión general de la seguridad global como el mecanismo de control que significa el código de la Organización Mundial de la Salud sobre el marketing de Sustitutos de Leche de Madre como bien ha destacado Finkielstein. A esa altura en que yo vengo tratando de plantear preguntas y darle respuestas, Uds., tienen derecho a una primera interrogación, que sin duda se convierte en un inevitable cuestionamiento.

¿Con qué instrumentos conceptuales se desarrollan estos estudios a que Ud. se refiera y que tienen que ver con el escenario internacional?

Hay, claro, disciplinas de las relaciones internacionales, y en esta Academia se sientan varios cultores de ellas. Hasta la década del ochenta, esas disciplinas habían alcanzado un alto estándar de aceptación en las ciencias sociales. En los sesenta y los ochenta, sufrieron cambios paradigmáticos que fueron explicados sobre la base del pensamiento de Kuhn, expuesto en su obra Estructura de las revoluciones científicas. Malgré su autor, que creía que su desarrollo epistemológico sólo servía para las ciencias naturales, diversos intentos se hicieron en economía y en relaciones internacionales. Yo lo anuncié por primera vez en el país en 1986, pero ya pude citar cuatro autores que coincidían en ese abordaje. Hoy nadie discute que el paradigma del realismo internacional ha sido revisado y que las tres asunciones básicas que tuvieron vigencia para pensar desde Westfalia hasta la guerra del petróleo han sido reemplazadas. Nadie cree que sólo Estados sean actores internacionales ni que sus relaciones no cooperativas se limitan a conflictuar por seguridad o poder, ni que la política internacional sea algo totalmente distinta o independiente de la política nacional, como pretendió durante mucho tiempo la tesis de las bolas de billar (metáfora con la cual se quería señalar dos esferas sólidas que eventualmente podían coincidir, aparejarse con suavidad, o chocar para tomar cada uno un camino distinto, sin que tales interacciones las alteraran en absoluto). Pero al fin de los ochenta, un episodio históricamente feliz tuvo un sentido dramático para la ciencia de las relaciones internacionales. El largo conflicto Este’Oeste, con el uso del mayor arsenal de violencia concebido por el hombre pero aplicado en un inteligente no-empleo de las armas, terminó pacífica y abruptamente. De la manera más imprevista y con las consecuencias más impreictibles. Uno de sus actores también se disolvió abruptamente. Y los trozos de su estructura estatal, diseminados nuevamente, convirtieron sus valores a las principales metas de su gran adversario: economía de mercado sistema democrático de gobierno, por lo menos, para no nombrar el respeto a los derechos humanos que puede requerir mayor información y debate respeto de su implementación en la ex URSS.

Cuando en una ciencia ocurren fenómenos que son considerados anomalías que no resultan de gran trascendencia, los científicos los piensan como excepciones que tienen la virtud de confirmar la regla. Los paradigmas no se revén y la investigación continua pacíficamente. Tal vez puede decirse que los científicos adquieren cierto grado de actitud conservadora, y son reticentes para cambiar sus paradigmas, pero cuando las estructuras conceptuales se sacuden por la anomalía, la ciencia reacciona. Es curiosa la coincidencia de que en 1989, cuando se produce la caída del muro de Berlín, un descubrimiento químico pusiera en crisis hipótesis vigentes de su disciplina. El New York Times del 28 de marzo publicó un artículo firmado por Mallan Brown que se titulaba “Análisis de dos químicos encienden una conmoción”. Pero tal discusión no se produjo rápidamente en las ciencias de las relaciones internacionales. El líder de la primera potencia mundial habló sin incomodidad sobre el “momento unipolar”. Los debates que entonces se produjeron estaban cómodos con la visión vigente del fenómeno internacional. A fines de 1989, en el primer número del European Journal of International Relations, se cuenta una anécdota. En una facultad, un panelista invitó a los demás a aprovechar lo que llamó una pausa entre dos eras para preguntarse qué decían los conocimientos científicos respecto de lo que habría de ocurrir en los años y décadas por venir. Relata el autor que miró el auditorio y vió un buen número de cabezas asintiendo, como si prometieran dedicar algunas horas a ese análisis al terminar la reunión. Pero no ocurrió.

En el número 1992/3, John Lewis Goddis publicó una dura crítica a la actitud de los científicos. Distingue entre descripción y predicción, pero exige observaciones metodológicas tendientes a generar los instrumentos capaces de conceptualizar los nuevos fenómenos. Ese trabajo sí produjo una reacción en los científicos. Los autores empezaron a tratar de instrumentar nuevas formas de investigación. Se creó un estilo pensamiento en el cual

a. todas las continuidades previstas podían problematizarse.
b. todas las teorías debían considerarse como tentativas
c. todas las descripciones como potencialmente ocultando, sin saberlo, modelos a pautas de interacción no conocidas.
d. Todas las rupturas o desviaciones de los sistemas humanos como ilustrativas.
e. Todas las pautas como tendiendo al mismo tiempo hacia el orden y el colapso, y
f. Todos los intentos humanos coordinados como potencialmente atomizantes.

El lema del nuevo pensamiento parecía ser: dejemos que nuestras variables varíen.

La ciencia de lo internacional pensaba en las variables como un movimiento entre dos extremos de un continuo. Era lógica su dificultad de aceptar el ensanchamiento de las distiancias entre esos extremos, que importaría el reconocer como propia de la variable, hechos o fenómenos a que antes se presuponían excluidos y eran por tanto tratados como meras anomalías.

Algún autor se preguntó qué importancia tenía el cambiar lo necesario para que se hubiera aceptado que podían haberse previsto algunos acontecimientos que fueron pensados como imposibles dentro de la estructura vigente del conocimiento de las ciencias sociales. Y pone algunos ejemplos:

  • nadie creía que el líder egipcio hablara en el Parlamento Israelí,
  • que un presidente americano renunciaría,
  • que en Soweto, habría la explosión racial que entonces la Teoría del Conflicto apenas podía esbozar como un acto predictible, y desde luego,
  • que el conflicto Este-Oeste podía terminar abruptamente pero sin violencia, con una conversión, que es el sumo de las rendiciones, ni siquiera negociada.

La atención de los esfuerzos epistemológicos se centró entonces en la renuencia al cambio. Estamos acostumbrados a no aceptar como cambio algo que parecería serlo, mediante un recurso casi reflejo del pensamiento científico. Lo declaramos cambio no fundamental. Protegemos así la estabilidad de nuestros paradigmas. Valiosos ejemplos se encuentra hoy en el cambio del rol del Estado y en los cambios experimentados en el sistema de relaciones internacionales. Podemos insistir en la vieja actitud y sostener que no son cambios fundamentales aquellos fenómenos que muestran al Estado en otros roles y a otros actores no estatales en roles antes fueron del Estado, o que nadie desempeñó. Criticando es actitud se ha dicho con razón que podemos afirmar que la píldora anticonceptiva no ha cambiado la familia ni las relaciones sociales, sosteniendo que las mujeres siguen teniendo bebés. Podemos también decir que las comunicaciones no han cambiado las percepciones y la capacidad analítica de los individuos que integran la población de cada nación y la población global, porque podemos comprobar que muchos de ellos no saben el nombre de la capital de Pakistán. También podemos sostener que la TV no ha transformado sustancialmente el proceso electoral en los países democráticos a partir tal vez de la elección de Kennedy, sólo porque constatamos que los ciudadanos igualmente votan. Que la interdependencia global no ha cambiado por la participación de actores no estatales por el simple hecho de que los Estados siguen conduciendo las relaciones internacionales y que algunos de ellos conservan y ejercen la capacidad de desatar guerras.

Pero ahora sabemos que debemos preocuparnos por la naturaleza de las anomalías para definir con cuidado cuando lo que parece una excepción a la regla está brindando señales, signos, síntomas de una nueva pauta o de un nuevo modelo. El nuevo concepto de cambio requiere ser operacional. Cuando después de la Guerra del Golfo, Naciones Unidas dictó resoluciones que permitían intervención dentro de un Estado, con sólidos argumentos fundados en los requerimientos de la seguridad regional, a nosotros nos pareció percibir un cambio importante en el concepto teórico de soberanía, cuyo sentido westfaliano, venía ya amortiguándose en distintos lenguajes en que el vocablo se usa. Las resoluciones de las Naciones Unidas que permitieron la intervención militar de una coalición voluntaria en el conflicto Irak-Kuwait no fue vista tampoco como una señal que marcaba una dirección hacia una mayor centralización del sistema internacional. Lamentablemente, después en Bruselas en 1994, el Presidente Clinton pegó un golpe de timón para poner la nave global nuevamente en el rumbo de la anarquía descentralizada. En estos años de revolución científica en la Teoría de la Relaciones Internacionales, algunas nuevas reglas han sido enunciadas.

Regla 1: los teóricos no deben quedarse tranquilos si se sienten incómodos al afirmar que una anomalía confirma el paradigma.

Regla 2: cada anomalía de hoy en las relaciones internacionales puede ser un procedente mañana.

Regla 3: Ninguna anomalía debe ser tomada como un capricho. Sus razones deben explicarse. Al investigarlas, uno puede toparse repentinamente con el cambio que antes no vio o no quiso ver.

Regla 4: En tiempos de turbulencia como los que hoy vive la comunidad internacional, toda anomalía debe ser objeto de un test que descarte que no tiene el sentido de ser una señal, un signo de dirección como los que vemos en las rutas o un síntoma de nuevos modelos o patrones de interacción.

Además de estos sacudones epistemológicos, si me permiten llamarlos así, en las décadas del noventa, otro importante conjunto de investigaciones teóricas que venían desarrollándose desde hace veinte años, ha influenciado en las investigaciones que hoy podemos intentar respecto de los mecanismos en que consiste y con los cuales se maneja o timonea la globalización. Me refiero a las teorías sobre los regímenes pensados como conjunto de reglas normas y procedimientos de toma de decisiones alrededor de las cuales las expectativas de los actores convergen en las áreas de un determinado tema internacional. Esta definición se debe a Stefan D. Krasner, cuyo trabajo se denomina Causas estructurales y conciencia de los regímenes y variables intervinientes. Está publicado en 1983 por la Cornell University.

El tema fue objeto en 1995 de una investigación que se denominó “estado del arte”, realizado por Levy, Young y Zurn, publicada en el European Journal of International Relations Vol. 1, 3.

Más adelante, con el desarrollo del pensamiento sobre modelos estructuracionales, la teoría de los regímenes fue objeto de una vivificante sofisticación debida a Bas Arts. Este último estudio enfoca el tema de los actores no estatales, que es central para esta exposición, ampliando así el enfoque de la teoría de los regímenes que eran vistos como una pura acumulación de reglas.

Con el nuevo bagaje conceptual, podemos tratar de describir el fenómeno de la globalización a través de los mecanismos eficientes para su manejo, esto implica buscar:

- el orden en el desorden
- la coherencia en la contradicción
- la continuidad en el cambio constante

El rumbo correcto es una acumulación incansable de progresos y decadencias, de cambio de ideas y de reglas.

Tenemos que afrontar la realidad de fronteras que son fluidas y nuevos sistemas de arreglos que tienen éxito mientras los otros experimentan la pérdida de la esperanza en su efectividad.

La tarea no es imposible. Pueden discernirse pautas o modelos de mecanismos de timoneo, como sugerí que lo llamáramos, que están comenzando a proliferar mientras se advierte que otros se atenúan. Mientras algunos más parecen destinados a permanecer en el futuro más o menos inmediato tales como siempre fueron. Una tarea así requiere una tolerancia teorética con la ambigüedad y una buena disposición al discernimiento de los matices. El escenario mundial muestra por un lado un enorme crecimiento del número de Estados que vonviven en su anarquía. En 1945, las Naciones Unidas tenía 51 miembros. Ha pasado cómodamente los 180, cincuenta años después. Los números a los que me referí se multiplican y no reconocen fronteras sociales, culturales, económicas, políticas y geográficas. Las tecnologías acortan toda clase de distancias, y no sólo las geográficas. Nuevos desafíos traídos por el medio ambiente, las epidemias globales como el sida, el terrorismo internacional y el tráfico de drogas, se agregan hoy a la problemática que en la década de los cuarenta se plantearon los fundadores de las Naciones Unidas. Entonces se trataba de proteger la seguridad y los desbalances financieros. Hoy, la problemática que acabo de enunciar lo es para una densidad poblacional de cinco mil millones de almas que llegarán a ocho mil en veinticinco años. Junto con ese crecimiento, tenemos 40 o 50.000 organizaciones no gubernamentales y 150.000 sucursales extranjeras de sociedades multinacionales. Nuestra pregunta era ¿Cómo se gobierna –perdón, de acuerdo a nuestros pactos semánticos- cómo se maneja la globalización? A diario, nos topamos con preguntas sobre cómo se regulan los mercados financieron internacionales, o las migraciones. Las preguntas apuntan a respuestas que respondan a un pensamiento sobre estructuras globales. Queremos saber en qué autoridades podemos pensar y qué jerarquías serán las que nos rijan.

En el Consejo de Roma en 1991 (nótese que King y Schneider llamaron a ese consejo “la Primera Revolución Global”), se dijo:

“usamos el término governance para denotar los mecanismos de comando de un sistema social y sus acciones tendientes a proveer seguridad, prosperidad, coherencia, orden y continuidad al sistema. Tomamos ampliamente el concepto de governance que no debiera ser restringido a los sistemas nacionales e internacionales pero utilizado con relación a los gobiernos regionales, provinciales y locales tanto como a otros sistemas sociales como la educación y la defensa, a las empresas privadas e incluso el microcosmo de la familia”.

La actividad de manejo a que llamamos governance incluye algunas actividades de gobiernos nacionales, pero también otras muchas a través de las cuales el manejo global fluye en forma de proposición de metas u objetivos, formulación de directivas o seguimiento de políticas. Hablar de manejo para dar sentido a la palabra governance, si bien quita las notas autoritarias y jerárquicas de la palabra control, implica sin embargo hacer referencia a mecanismos por los cuales algunos manejan –o influencian- u otros son manejados o influenciados. Desde luego que hoy el análisis de esos mecanismos trata de implementar con el examen de su eficacia, es decir el grado de acatamiento del manejado o influenciado. Para estudiar esos mecanismos, un específico trabajo de Rosenau titulado “Governance in the 21st Century” propone ciertos conceptos clasificatorios que parecen de utilidad para enmarcar un análisis tan resumido como el que aquí puedo ofrecer. Él distingue los mecanismos en nacientes e institucionalizados. Pero para cada uno de esos grupos hace distinciones según el patrocinio con el cual se promueve, que permite clasificarlos en los siguientes tipos:

a. patrocinios no estatales
b. patrocinios estatales
c. patrocinios conjuntos

A su vez el patrocinio no estatales puede producir mecanismos trasnacionales o subnacionales. La tabla que reproducimos con una simple traducción al castellano, toma textualmente lo que ese autor propone.

Lógicamente, al día de hoy nos gustaría trabajar con algunas ampliaciones rescatadas de nuevos mecanismos trasnacionales y subnacionales que han aparecido en el área de los que son promovidos por actores no estatales. De todos modos, sólo me propongo analizar muy brevemente algunos de estos temas, para detenerme un poco más en el estudio de otros que, como las ciudades en cuanto actores subnacionales no estatales, hay revolucionado no sólo la política internacional sino también la nacional. Es curioso a ese respecto como algunos agentes gubernamentales no reconocen el nacimiento de esos actores, y siguen pensando su política interna y el escenario internacional con ciertos moldes nacidos de la descripción de iejas realidades. Pareciera que las características del mundo actual difieren de los períodos anteriores en el hecho de que cada vez enos pueden crearse mecanismos de manejo de los flujos de relaciones en forma coordinada, de arriba para abajo, sino mediante la generación de mecanismos informes e informales que, sin embargo, como lo flechas del cuadro expuesto, tienden en muchas circunstancias, a institucionalizarse. Si en 1991 pudimos creer en un proceso creciente de centralización, hoy parece descartado o postergado. Los autores hablan del nuevo regionalismo. Este último es el que creaban los Estados que celebraban acuerdos regionales, cualquiera fuera su extensión y profundidad. Las diversas etapas de la actual Comunidad Europea muestran uno de los ejemplos típicos. Hoy aparecen regionalismos que no se definen inicialmente y que resultan de interacciones antes no pensadas. Esas interacciones son los hechos a los que me refería antes como los que están fuera del continuo de nuestras variables y que, por lo tanto, no consideramos cambios computables. En 1988, cuatro ciudades de distintos países hicieron acuerdos destinados a promover recíprocamente su desarrollo. Se trataba de Lyon (Francia), Barcelona (España), Milán (Italia) y Stuttgart (Alemania). Algún diario de la época, que no he podido localizar, habló de la resurrección de las ciudades-estados. Y en 1993, algún autor escribió sobre estas ciudades con este significativo título: “Arrancando los motores de los cuatro átomos de poder de Europa”. Volveré sobre el tema de las ciudades que ha tenido, para mi gusto, más fuertes implicancias en los EE.UU. de lo que parece asumir el actual diseño de política nacional e internacional de la Administración Bush. Pero detengamos antes unos instantes en los actores totalmente privados, por llamarlos así y diferenciarlos de las ciudades que son estructuras gubernamentales locales, aunque no sean gobiernos nacionales. Intentamos así separar los mecanismos de manejo que ellas crean de otros menos estructurados.

Los movimientos sociales que la tabla anota en el segundo renglón de los movimientos trasnacionales nacientes tienen la importancia de que tienden a institucionalizarse. Se vinculan sustancialmente con su reclamo para la provisión de bienes públicos globales, que ni los Estados, ni las organizaciones generadas por patrocinio estatal pueden proveer. Junto a ellos, los actores privados no gubernamentales (ONG) que también tienden a generar TNGOs, cumplen cada vez más una función en la satisfacción del requerimiento de bienes público cuando participan de actividades como la asistencia humanitaria o la ayuda frente a desastres. En esa línea, cada vez más, las entidades empresarias que en las siglas ahora tan de moda se llaman TEs. Déjenme que les lea la siguiente frase del Presidente de Coca Cola, que puede encontrarse en los protocolos de la reunión Arthur Page Society realizada en Amelia Island, Florida el 21 de setiembre de 1992. Cito a Roberto C. Goizueta:

“…Cuatro prevalecientes fuerzas: -la prominencia del capitalismo democrático, el deseo de autodeterminación, el cambio de influencia de la regulación a la inversión y el éxito de instituciones que satisfacen las necesidades de la gente- reforzadas por la comunicación de alcance mundial de hoy en día y las dramáticas imágenes de televisión, todo apunta a un fundamental cambio en el poder global. Para ser cándido, yo creo que este cambio va a llevar a un futuro en que las instituciones con la mayor influencia serán, por mucho, los negocios”.

Creo importante detenerme en los SM no sólo en cuanto son incuestionables mecanismos de gobierno de la barca global, sino porque a través de ellos se compren de mejor el profundo cambie está experimentando tanto la política internacional como la política interna. Si alguien tenía dudas de su influencia en el timón global hasta hace dos semanas, la reunión de los G8 en Génova acaba de ofrecer una prueba irrefutable del profundo cambio ante el cual nos encontramos. Tanto del Presidente Bush como sus aliados Europeos tuvieron que ceder paso a consideraciones políticas que en la década anterior habían sido preteridas (¿??!) por las económicas. El 3 de enero de este año, Fareed Zakaria, en un artículo publicado en el New York Times, que tituló “De vuelta al futuro: la globalización crece y se torna política”, escribía:

La última era de la globalización, a fines del siglo XIX, fue también rápida y furibunda. También ella mostró el nacimiento de fantásticas nuevas tecnologías. Como la electricidad, que cambió el mundo. Ella también, elevo de la pobreza a millones. Esa era no se realizó a si misma por lo malo económico sino por las malas rivalidades políticas que llevaron a la Primera Guerra Mundial. Hoy, lo económico de la globalización está en buena forma. Lo político no lo está.

Durante los dos días de Génova, los movimientos de protesta, que no fueron de antiglobalización, mostraron claramente que el mundo actual no es pensable como un imperialismo de determinados países, o grupos de países o aún de los EE.UU. Las protestas se dirigieron a los nuevos mecanismos internacionales, como el Grupo de los G8 y no a los Estados. Sus líderes debieron advertir que aún sin una democracia internacional instituida, el pueblo globalizado debía ser oído. Mucho se ha comentado en estos días pasados, en los periódicos de todo el mundo, sobre la diferencia que habrá entre esta última reunión y las que le sigan, con incorporación de otra voces. El 25 de julio, hace menos de una semana, Michael Hardt y Antonio Negri, los autores de Empire, un análisis crítico del mundo globalizado, publicaron en el New York Times un artículo titulado “Las caras nuevas en Génova quieren un mundo diferente”, que vale la pena leer.

Los movimientos sociales constituyen mecanismos de influencia y manejo que no por no estar estructurados, son menos influyentes. Nótese que los movimientos ecologistas han tenido más influencia que la nueva política externa de Bush, frente al tratado de Kyoto, si se piensa en el significado de la reciente reunión de Bonn y de su repercusión en el Senado de los EE.UU. Como mecanismos nacientes, han sido considerados por los autores como la quinta esencial de la capacidad de transitar hacia altos grados de institucionalización. No tienen miembros registrados ni definiciones de perfil de miembros que reclutan. Son inclusivos y no excluyentes: aceptan a quien quiera unirse a ellos. Carecen desde luego de autoridades. Difícilmente comienzan instalando un cuartel general. A veces, ocupan locales distintos en diferentes lugares. El número de miembros, la amplitud de sus temas u objetivos y su ubicación y su extensión territorial en que se asientan y desarrollan son establecidas flexiblemente por lo que en cada momento les parece conveniente a las gentes que involucran. Se aglomeran alrededor de un tema –feminismo, ecología, derechos civiles, discriminación o de varios temas. Por un fenómeno que conocemos por contaminación, sus temas pueden ensancharse, como si un movimiento por la libertad religiosa pasa a ser un movimiento amplio por los derechos civiles. Si uno distingue en los vínculos que legan (¿?) a los actores que interactúan en los internacional entre el tejido económico y el no económico, los SM tienen una gran importancia en éstos últimos. No caben en las categorías tradicionales que tenemos para pensar los actores; estados, naciones o clases. Tienen una nueva manera de ver los problemas, una nueva actitud hacia el tiempo, un nuevo sentido de la historia y de la identidad. Las generaciones de alumnos que hoy analizan los problemas de soberanía involucrados en Malvinas tienen otro concepto, otra percepción de la identidad. La globalización de flujos diversos está generando aceleradamente una identidad global. Los habitantes de cada país se perciben a si mismos como ciudadanos del mundo.

Los estudios sobre soberanía lo destacan:

Camillasi escribe: Repensando la soberanía en un mundo contraido y fragmentado en Walker y Mendalovicz ed. Discutiendo la soberanía y redefiniendo la comunidad política (Boulder. L. Rinner, 1990).

En ocasiones, los S M se constituyen en organizaciones temporales, que atraviesan las fronteras de los Estados y procuran su objetivo, para disolverse tras obtenerlo, como en el caso de Sindicato para el Boycott a Nestlé, que vivió siete años hasta que la empresa accedió a los reclamos de los sindicatos.

Con el tiempo, algunos movimientos sociales requieren cierta organización, pero son, en general, reacios a cualquier estructura jerárquica. Desde afuera de ellos, otros actores pueden reconocer un líder del movimiento, pero este se resiste a aceptarlo. Sus integrantes tienen vocación de participación activa y no les basta con expresar su opinión o emitir su voto en asambleas FALTA ALGO tradiciones. Esto se ve claro, en lo interno, en la estructura de los actores colectivos denominados movimientos estudiantiles.

Muchos de los SM son hoy verdaderas organizaciones institucionalizadas que se denominan con la sigla TSMOs. Janie Letherman, Jhon Pegnuco y Jackie Smith hablan de un “juego de tres niveles de transformación global (Paper presentado en el Annual Meeting de la Internacional Studies Association, Wa., march 1994.

Detengámonos ahora en el fenómeno de las ciudades transformadas en actores globales.

Mencioné antes los acuerdos de cooperación para el desarrollo celebrados en 1988 por Lyón, Milán, Barcelona y Sttugardt y los comentarios que había provocado su éxito.

Hoy se calcula que existen casi una veintena de ciudades, pertenecientes a distintos Estados, que en su caco urbano concentran más de 20.000.000 de habitantes.

Han atraído grandes inversiones y disfrutan de una prosperidad que las conduce a la búsqueda de mayor autonomía. Algunos autores sostiene que en un futuro cercano la identidad de la mayor parte de la gente será la de su ciudad y no la de su país. (Saskia Sassen; The Global City Princeton University Press, N. York 1991 y Earl H. Fry y assoc. "”he Global activities of de Noth American Municipal Gobernments"” Ptrovo, Utah, Brigham Young University, 1989).

Drodziak, que ya he citado, habla de una nueva “Liga Hanseática” integrada por prósperas ciudades-estados. Ya en 193 completar fecha quienes leemos Foreign Affairs, habíamos notado los desarrollos de Kenichi Ohmae en The rise of de region states, T. 72, pg. 78. Hay bastante escrito sobre la influencia del cambio de identidad en la estructura global e incluso sobre la preocupación por la eventual aparición de una especie de city apartheid (Petrilla Ricardo, Toronto Star, 9 de agosto de 1992).

Con estas ciudades nacen mecanismos que son regionales en su objetivo. No están pactados, dispuestos o creados. Son, como se ha dicho, “delineados por la hábil e invisible mano de los mercados globales en busca de bienes y servicios” (Ohmae, op. Cit. Pg. 78/79).

Es necesario tener presente, que los estados naciones están enfocados hacia lo doméstico, mientras las ciudades estados o la regiones estados, se encuentran inmersas en la economía global.

Puede ser exagerada la expectativa de que estas ciudades acumulen más poder que los estados, pero constituirán un importante mecanismo de conducción global en el siglo XXI. Y podrán ser socias u oponentes de los estados en cuyas fronteras están instaladas. (Rosenau J. op. Cit. Global Governance V. 1 Nº 1, pg. 27).

No ha de creerse que las cuatro ciudades europeas a que me he estado refiriendo sean un momento aislado. Nuestro propio país registra interacciones internacionales de estados provinciales y ciudades. Pero antes de concluir, permítaseme hacer referencia a la manera en que este fenómeno aparece, sobre todo en la arena política, en los EE.UU., lo cual ocurre hace años. En la literatura que lo menciona, es bien conocido como el caso de la Ley Burma. Sobre él un reciente trabajo de Terrence Guay, profesor de la Universidad de Syracuse, ha sido publicado en octubre del año pasado en PSQ Political Science Quartely, Vol. 115, Nº 3.

He aquí los antecedentes: en 1988, una Junta Militar tomó el poder en Burma, cuyo nombre actual es Myanmar, después de una represión al movimiento democrático en la que fueron muertos centenares de personas. Dos años después, el gobierno, con lo que se conoció como la State Law and Order Restoration Council, (SLORC), anuló una reelección que había ganado la liga nacional para la democracia. Aung San Suu Kyi, líder del partido, y premio Nobel de la Paz, fue hecho prisionero y permaneció preso hasta 1995. Además el SLORC era universalmente acusado de ser el mayor traficante de opio, cuyas utilidades aplicaba para fomentar el crecimiento económico. Desde luego, jamás se cumplieron las promesas de que así burma sería el Quinto Tigre Asiático. Numerosas compañías americanas, incluso una norteamericana, UNOCAL y TEXACO, que compartían la explotación petrolera con a francesa TOTAL. Párrafo en el que faltan muchas cosas

EEYUU era el cuarto inversor extranjero después de Gran Bretaña, Singapur y Tailandia, seguido en quinto lugar por Francia. Ya en la década del ochenta, el gobernador Michael Dukakis, posteriormente candidato a Presidente de la República, había promovido legislación antiapartheid, respecto de Sudáfrica. Pero nunca había podido poder obtener la sanción de una ley y sólo había emitido órdenes del Poder ejecutivo. Al principio de los noventa, la presión de los lobbies democráticos promovió una legislación que fue aprobada en 1996. Ciertos sectores demócratas que apoyaban la ley no habían podido obtener seguridad del gobernador William WELD de que la promulgaría. Sin embargo, la ley fue aprobada, y el gobernador no la vetó, pero que tienen contenido y origen internacional y no meramente interno. La ley de 1996, que dio en llamarse Burma Law, disponía compras selectivas, le daban (orden?) a todas las agencias gubernamentales o cuasi gubernamentales, como la Portal Authority, Turnpike Authority, etc. hacer negocios con compañías que operaban en Burma. Los decretos de Kukakis no habían llegado a destinatarios tan amplios. Como consecuencia de ello, muchas grandes compañías como Apple Computers, Eastman Kodak, Hewlett Packard and Philips Electronics, levantaron sus operaciones en Myanmar. Los que no lo hicieron quedaron en la lista negra, incluyendo los japoneses Mitsubishi y Toyota, y a Caterpillar, Mobil, Siemens, Unilever. En 1997, cuarenta y ocho compañías americanas y 208 extranjeras tenían prohibido hacer negocios con el estado de Massachusetts. Esta actitud de un gobierno estatal tomando injerencia en las relaciones internacionales que la constitución americana, igual que la nuestra, pone en manos del poder ejecutivo, se fue expandiendo, y en marzo 2000, involucraba a California, Vermont, y Washington. Y un gran número de localidades. La lista completa y sus actualizaciones titulada “Watch List” de sanciones estatales y locales, puede ser consultada libremente en el site de USAEngage (www.usaengage.org/new/status.html). Puede verse también información sobre este tema en www.freburmacoalition.org, un grupo de organizaciones que a través del mundo trabajan por la libertad y la democracia en Burma. La legislación local de estados y ciudades americanas, trajo reacciones externas e internas, pero no del Estado Federal. TODO ESTE PÁRRAFO ESTÁ POCO CLARO

En 1988, una organización empresaria que agrupa 550 compañías trasnacionales (NFTC) inició una demanda federal de anulación de la ley de Massachusetts. Finalmente la Corte no hizo lugar a los argumentos de la demanda, pero declaró que los Estados no podían dictar leyes de ese tipo si el Estado Federal había tomado acciones en igual sentido o con el mismo objetivo previamente. La demanda privada fue apoyada por la CE que pidió a la Corte ser oída, por el Estado japonés y por la World Trade Organization. El Estado japonés llegó a provocar una reacción de todos los representantes al Congreso Nacional del Estado de Massachusetts que con términos muy duros recordaron que no era apropiado para Japón tratar de intervenir en los asuntos internos de Massachusetts. Las reuniones que en el State House de Massachusetts se realizaron en febrero de 1998, incluían oficiales de la UE, diplomáticos británicos, el Cónsul inglés en Boston y oficiales del Depto. De Estado. El WTO inició procedimientos contra el Estado americano por esta legislación y lo suspendió posteriormente. Los comentaristas dijeron entonces que no se quiso atrapar al gobierno federal en una trampa entre los gobiernos estatales y sus socios internacionales. Hay que resumir que entre los años transcurridos entre el ’96 y el 2000, el Estado de NY y la ciudad de NY dictaron legislación del mismo tipo, orientada hacia la obtención objetivos políticos internacionales. La ciudad de NY (NYC) es el 4to. Presupuesto americano después del Federal, de California y del Estado de NY. Fue NYC la que obtuvo la decisión de los bancos y aseguradores suizos de reconocer reclamos de las víctimas del Holocausto, resolviendo no operar más con ellos si así no ocurría. Los últimos años, las compañías Pepsi, Heineken, Levi Strauss y Walt Disney salieron en Burma. A fines de 1997, un total de 13 compañías también se retiraron con los mismos argumentos. Nueva legislación hay hoy en trámite orientada a países importantes como Indonesia, Nigeria y China. Piensen que tanto Gillette como Raytheon tienen operaciones importantes en Indochina. Berkeley tomó medidas, originariamente contra Burma. Y al hacerlo contra Nigeria, se encontró sin aprovisionamiento de nafta de ninguna gran compañía petrolera. Por lo cual, se dirigió hacia la British Petroleum. Estos datos muestran que los estados cuidan de no afectar sus propios intereses, pero no se detienen en sus objetivos internacionales. Es más, Berkeley hizo una excepción para Motorola, porque depende de esa compañía para sus sistemas de comunicaciones. Entretanto, el gobierno federal, durante la presidencia de Clinton, obtuvo una ley que lo autorizaba a aplicar sanciones contra Burma si esta insistía en su violación a los derechos a sus habitantes. Seis meses después, Clinton ejerció esas facultades lo que posibilitó el fallo de la Corte, al que antes aludí, dictado en junio del año 2000.
En EE.UU., se ha generado una montaña de literatura –libros y artículos- sobre este tema. En uno de sus capítulos, no el menos importante, trata el problema de las facultades de los gobiernos locales en la estructura federal delpaís. No es ese mi tema, pero debo mencionar que la tendencia de la Suprema Corte americana ha sido, en todas las áreas, la de enfatizar el federalismo. Los que tengan interés en el tema encontrarán seguramente el mejor resumen del material disponible en las 240 páginas del vol. 574, correspondiendo a marzo 2001, de los anales de la American Academy of Political and Social Science. Su título es, por cierto, sugestivo:

El federalismo de la Corte Suprema, real o imaginado?

Prometí efectuar con Uds. Análisis que proveyeran un marco conceptual para quien quiere pensar cualquiera de los múltiples temas que incluye la problemática de la globalización.

He aquí mis conclusiones.

 

 
Ultima actualización: 15/04/2009