ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
N°20
TEMA:
Nuevas dimensiones geopolíticas:
EL
ESPACIO ULTRATERRESTRE Y
EL ESPACIO ELECTROMAGNÉTICO.
AUTOR:
ACADÉMICO
CAPITÁN DE NAVÍO (RE)
Néstor Antonio DOMÍNGUEZ.
Expuesto
en la Sesión Académica Ordinaria Nº48).
Buenos
Aires
26 de junio de 2001.
Nuevas
dimensiones geopolíticas:
EL
ESPACIO ULTRATERRESTRE Y EL ESPACIO ELECTROMAGNÉTICO.
Introducción.
Debo
reconocer antes que nada que no soy un geopolítico.
Es así como ustedes se preguntarán porqué
me atrevo a hablar de geopolítica.
Creo que actualmente tenemos un problema en cuanto a nuestras
posibilidades de adquirir nuevos conocimientos. Este se
basa en el hecho que habitualmente sólo sean los
especialistas los que nos hablen en relación con
sus ideas respecto a sus respectivos objetos de estudio.
Para solucionarlo creo que es imprescindible tener el
máximo posible de visiones interdisciplinarias
de todos los objetos de estudio para volver a dar cierta
consistencia y unidad a la ciencia. Esto debe hacerse
aún a riesgo de quedar descolocado ante situaciones
impredecibles impuestas por cierto desconocimiento en
los temas que se pretenda enfocar desde otras disciplinas.
También son válidas las visiones transdisciplinarias
hechas desde el vacío de conocimiento que circunda
a las “torres de marfil” de los especialistas.
Creo
que es así como se pueden crear nuevos conocimientos
sin apelar a los profundos límites del saber disciplinario
y de aportar a la unidad de la ciencia perdida durante
la modernidad.
De
otra manera la fragmentación del saber nos quitará
la necesaria visión del mundo en el que vivimos.
No me atrevo a pronosticar las consecuencias de tal desacierto.
Es
por lo anterior que me atrevo a afirmar la necesidad de
considerar dos nuevos espacios geopolíticos desde
afuera de la geopolítica tradicional.
Podría haber planteado el tema como una pregunta,
pero prefiero hacerlo con la fuerza que da una afirmación.
De esta manera ustedes podrán enmendar mis errores
a través de réplicas que nos permitan comenzar
a construir o a rechazar con argumentos un espacio pentadimensional
para la geopolítica.
Tengo
la certeza que la geopolítica es de por sí
una interdisciplina que da marco a otras dos interdisciplinas.
Esto es así dado que, tanto la geografía
como la política, son interdisciplinarias por naturaleza.
Al referirse a la geografía el Concise Oxford Dictionary
afirma que es la “Ciencia de la superficie de la
tierra, forma, rasgos físicos, divisiones naturales
y políticas, clima, producciones, población,
etc.”.
Esto muestra, según dos eminentes catedráticos
ingleses, profesores de la Universidad de Londres, S.W.
Wooldridge y W. Gordon East, (1) que: “(...) el
alcance de la geografía es perturbadoramente amplio
y que sus objetos no son claros”. Ellos expresan
además que: “De esto procede la opinión
del profano de que la geografía no es una ciencia
sino una mera aglomeración de ciencias (...)”.
Me parece más adecuada, a los fines de esta exposición,
la definición dada por el Académico Vila
(2) en cuanto a que "la geografía es aquel
dominio del conocimiento en el cual se examinan las características
de los lugares particulares de la Tierra en su conjunto:
la disposición de las cosas y su relación
con el todo y entre ellas". Esta adecuación
a la idea de la Tierra como sistema es lo que hace más
válida a esta definición.
Por otra parte creo que es pertinente la aclaración
que el mismo Académico hace posteriormente respecto
a que: "La geografía condensa los estudios
que sustentan las ciencias físicas, naturales y
humanas; no hay ninguna ciencia que no aproveche, sin
cuyos resultados no podría dar sus frutos".
Esto nos habilita para aplicarle la Teoría General
de los Sistemas (3) en toda su extensión y profundidad.
Por
otra parte, al referirse a la política, Max Weber
(4) señala: “...) su excepcional extensión,
en tanto a que se refiere a toda clase de actividad humana
directiva autónoma”. Esto me exime de argumentar
respecto a que la ciencia política sea interdisciplinaria;
lo es por naturaleza.
Es
así como estimo que la geopolítica, aparte
de ser más interdisciplinaria y perturbadoramente
más amplia que sus dos componentes, admite muchas
miradas desde adentro y desde afuera. Es una gran interdisciplina
que, científica o no, nos brinda la oportunidad
de presentarnos la posibilidad de grandes ampliaciones
a lo largo de un Siglo XXI que hemos comenzado a transitar.
Todo
esto es posible de realizar en una Academia que trata
a su objeto de estudio: el mar, como algo observable desde
las múltiples miradas disciplinarias que le aportan
sus integrantes distribuídos en Secciones que identificamos
con nuestros intereses en la ciencia, la tecnología,
la política, las ciencias jurídicas, la
diplomacia, la economía y la cultura.
Mi
aporte se puede materializar al poner lo tradicional (tridimensional)(5)
frente a lo nuevo (pentadimensional) tratando de buscar
maneras de ensamblarlo y ampliarlo.
Algo de esto intenté en el Cuaderno Talásico
N°22 (página 21) (6) donde mostré la
punta emergente de este tema surgida de una larga y apasionante
historia; la punta de un témpano cuya parte sumergida
trato de mostrar ahora. Allí fuí señalando
como la ciencia y la tecnología nos fue permitiendo
ocupar casi todos los espacios de la superficie de la
Tierra a través de un proceso histórico
en el que no han faltado, ni faltarán, las guerras
entre los aspirantes a ocuparlos y explotarlos según
sus intereses. Agotados esos espacios, brindados por la
tierra, el mar y el aire, surgen políticas, estrategias
y acciones tendientes a adueñarse de dos nuevos
espacios que justifican nuevas formas de aprovechamiento
pacífico y del teatro de operaciones de la guerra:
el espacio ultraterrestre y el espacio electromagnético;
ambos asociables con una consideración global del
planeta Tierra.
Ambos espacios son ocupados para un uso pacífico
que tiene que ver con casi todas las actividades humanas
y también dan lugar a dos nuevos tipos de guerra:
la guerra espacial (ó Guerra de las Galaxias),
afortunadamente no producida aún, y la guerra electrónica
o guerra de la información (I-War), vigente en
los últimos conflictos (no sólo militares).
Lo mismo ha ocurrido con los otros tres espacios geopolíticos;
el problema no esta en ellos sino en el hombre.
Análisis.
De
esta manera la polis griega, que inspiró a Aristóteles
para escribir su Política (7), y luego a un Fustel
de Coulanges, que en su libro: La ciudad antigüa
(8) nos habla también de la "polis" romana,
ha venido creciendo a lo largo de la historia. Ella ha
devenido en el feudo medieval para servir de base al Estado
nacional moderno en el ocaso del feudalismo.
Las ahora crecientes relaciones internacionales nos marcan
el camino hacia una "Aldea Global", que Marshall
Mac Luhan concibió tan sólo desde el punto
de vista de las comunicaciones de masas cosa que, más
que nada, nos señala la existencia del tan mentado
proceso de globalización.
Me
pregunto entonces sobre la posibilidad de convivencia
e identificación política, de los habitantes
de una “aldea” de tales dimensiones, si no
hubiera manera para que se comuniquen entre sí.
Surge así la posibilidad que nos han brindado Faraday,
Maxwell y Guillermo Marconi para una telecomunicación
que, usando el espectro electromagnético, en general,
y los satélites de telecomunicaciones, en particular,
nos permite aspirar al desideratum de las telecomunicaciones.
Este puede enunciarse así:
es
la posibilidad de que cualquier habitante de la Tierra,
ubicado en cualquier lugar de ella, pueda telecomunicarse
con cualquier otro habitante de la misma, en cualquier
momento y en tiempo casi real.
Me
pregunto también sobre la ubicación de la
aldea y la manera de apreciarla en su conjunto y desde
afuera, con la visión científica e interdisciplinaria
que nos brinda la geografía al considerarla como
objeto de estudio.
La respuesta viene de la mano del espacio ultraterrestre,
de las acciones ya realizadas de la Era Espacial y de
las posibilidades que nos brindan los satélites
artificiales de observación de la Tierra.
A
estos efectos el espacio ultraterrestre interesa, además,
como un ámbito en que los satélites de observación
señalados pueden captar o retransmitir información
sobre lo que pasa a los humanos en cualquier lugar de
la Tierra en que se encuentren y lo que sucede con el
Sistema Tierra (particularmente con la Bioesfera).
Desde este punto de vista es un medio para que la información
se obtenga y se distribuya casi sin trabas físicas,
en general, y geográficas, en particular.
Por otra parte, el espacio electromagnético es
un espacio de frecuencias (un enorme ancho de banda) en
que ondas electromagnéticas moduladas de distintas
maneras pueden transladar la información a cualquier
lugar de la Tierra en que se halle un ser humano capaz
de recibirla e interpretarla a través del uso de
un receptor y de su conocimiento.
Esto es fundamental para la sociedad de la información
y el conocimiento, que todos nosotros integramos y que
no existiría como tal sin las teorías de
Faraday y Maxwell y las prácticas de Marconi.
Es
importante tener en claro que sin los adelantos científicos
y tecnológicos modernos muchas consideraciones
geopolíticas, políticas y geográficas
actuales carecerían de sentido. Esto es así
dado que el mundo en que vivimos esta transido por la
evolución tecnocientífica y poblado de artefactos
de los que depende nuestra vida civilizada. No podemos
comprenderlo en plenitud prescindiendo de cierta consideración
de algunos aspectos de la ciencia y la tecnología
que, lamentablemente, son prácticamente desconocidos
en muchos ámbitos de decisión política
y legal.
Su incidencia social y política se demuestra cuando,
repentinamente, falta un servicio de base tecnológica
por un desperfecto de difícil solución (me
refiero, por ejemplo, a los apagones de New York y Buenos
Aires).
La
posibilidad de transitar largas distancias en cortos tiempos,
superando las dificultades geográficas, no es propia
del hombre sino de las posibilidades que le ha brindado,
en forma crecientemente acelerada, la tecnología.
Esto es lo que ha potenciado la comunicación en
todo sentido y lo que nos plantea la problemática
de una "Aldea Global" surgida del fuego de Prometeo
y de la tarea cultural del hombre a través de los
siglos. La influencia de este proceso en la sociedad afecta,
tan decisiva como silenciosamente, los poderes tradicionales
(político, económico y militar) a nivel
global.
Todo
esto conduce a que los Estados Nacionales busquen concretar
acuerdos regionales para acrecentar esos poderes como
lo hicieron los señores feudales antes del advenimiento
de los mismos. También, con mayor o menor convicción,
se comprometen en tratados internacionales que apuntan
a resolver cuestiones transnacionales (o supranacionales)
que debe resolver la humanidad.
Se trata de una humanidad que crece tanto en población
como en hábitos de consumo, que tiene cierta preocupación
por el futuro y su seguridad y que debe velar por su supervivencia
como un imperativo biológico.
Vemos
pues que esos asuntos trasnacionales tienen que ver con
la Tierra como sistema y con la humanidad como especie
viva.
Los hombres estamos atrapados dentro de ese sistema y
dentro de los múltiples subsistemas políticos,
económicos, culturales y biológicos que
en su seno hemos creado y, también, destruido.
En
esta malla de relaciones de poder la libertad individual
se me aparece como una utopía necesaria para seguir
viviendo, como una especie de “ficción útil”,
usando una síntesis conceptual de Frederick Nietzsche.
El
control del conocimiento y de la información que
permita resolver el problema que se plantea la humanidad
como especie y en consideración del Sistema Tierra
como su habitat en una visión diacrónica,
prospectiva, del futuro, no se resuelve si no consideramos
la existencia del Poder de la Información (*).
Esto lo tienen claro los biólogos que nos hablan
de las necesidades de materia, energía e información
de todo organismo vivo que quiera subsistir en un entorno
(9).
____________________________________________________________
(*)
Estimo que el Poder de la Información contiene
al llamado Cuarto Poder, que tan sólo administra
y manipula la información periodística a
través de los medios masivos de información.
Este poder es revolucionario, existe y crece con fuerza
propia e influye en los tres poderes tradicionales de
manera decisiva para constituir, según la visión
del filósofo alemán Jürgen Habermas,
una verdadera “colonización del mundo de
la vida”. Esto lo comprobamos a diario sentados
ante la pantalla de nuestro televisor o de nuestra computadora,
leyendo el diario con ansiedad o escuchando la radio en
nuestro automóvil o el teléfono celular
en cualquier parte que nos encontremos.
En base a lo anterior creo que no podemos negar que todo
ello esta casi absolutamente ligado al aprovechamiento
que hace el hombre de las tecnologías de la información,
a través del uso, directo o indirecto, del espacio
ultraterrestre y el espacio electromagnético, de
la manera en que me he referido.
____________________________________________________________
Si
construímos un triángulo que tenga en sus
vértices los tres poderes tradicionales (político,
económico y militar) me atrevo a ubicar al Poder
de la Información en el baricentro del mismo porque
estimo que se trata de un poder que influye decisivamente
sobre los otros tres y de manera revolucionaria (ver la
Figura N° 1). Digo revolucionaria porque esta claramente
reconocida su influencia en el Poder Militar a través
de la llamada Revolución de los Asuntos Militares,
esta menos reconocida su influencia en el Poder Económico
a través de lo que podríamos denominar como
Revolución de los Asuntos Económicos y menos
reconocida aún su influencia en el Poder Político
a través de lo que podría denominarse como
Revolución de los Asuntos Políticos.
Estas dos últimas revoluciones no son tan evidentes
porque no tienen la espectacularidad que la Revolución
de los Asuntos Militares le confirió a la Guerra
del Golfo Pérsico y que he señalado en un
artículo (8). Ellas forman parte de una realidad
cotidiana a la que nos hemos venido acostumbrando a lo
largo de nuestras vidas y que ya forma parte de nuestras
angustias y deseos.
Desarrollo.
Si
todo esto es realmente así, tan geográfico
como político, debemos estar preparados para comprender
cómo se adquiere conocimiento e información,
cómo se lo controla y distribuye y cuáles
son los “cuellos de botella” que tienen que
ver con estos nuevos espacios geopolíticos.
Aunque
mi discurso presente algunas ineludibles cuestiones técnicas,
que espero puedan ser comprendidas por quienes no han
cultivado las “ciencias duras”, debo aclarar
que estoy hablando fundamentalmente de política
y de geografía. De una política que tuvo
su “Big-Bang” en la Polis griega, y que ahora
va adquiriendo dimensión global de una manera que
parece ineludible, y de una geografía que dibuja
la Tierra como un todo concatenado en un sistema, que
es subsistema del universo. Un universo que pudo haber
surgido de un "Big-Bang" en un tiempo no determinado
aún.
Hablo
también de una humanidad que, necesariamente, intercambia
materia, energía e información con su habitat
para subsistir como organismo vivo y que debe tratar de
adaptarse a los nuevos ambientes sensoriales autoimpuestos
por las nuevas tecnologías. "Somos todos robots
si estamos envueltos de manera no crítica en nuestras
nuevas tecnologías" expresó el profeta
y filósofo de la "comunicación de masas"
Marshall Mac Luhan (*)(11).
Las
ciencias, las tecnologías y las técnicas,
“duras” y “blandas”, adquieren
sentido cuando sirven al hombre y a la sociedad reales
y no se constituyen como un bien en sí mismas.
Ellas no pueden ser marginadas por quienes se ven en la
posibilidad de administrar alguno de los cuatro poderes
que, aunque no lo admitan, gozan de gran parte de su poder
gracias a ellas. No me puedo imaginar lo que pasaría
con los cuatro poderes antes señalados si, abruptamente,
prescindiéramos de los beneficios que nos brinda
la actual evolución de la ciencia y la tecnología.
Siempre,
como muy bien nos lo recordó José Ortega
y Gasset (12), es necesario pasar de las ideas expresadas
en palabras a las cosas de la realidad expresadas en hechos.
El camino para hacerlo esta señalado por la transferencia
vertical del conocimiento que hacen las ciencias y las
tecnologías y el horizontal que hacen las técnicas
que modifican de hecho la realidad humana y natural. Si
como trabajadores de esta empresa queremos modificar nuestro
entorno para vivir mejor, ése es el camino. No
hay otro.
____________________________________________________________
(*)
MAC LUHAN Marshall, FIORE Quentin y ANGEL, Jerome (coordinador),
Guerra y paz en la Aldea Global, Ediciones Martínez
RCCA S.A., Barcelona, 1971, pág. 26.
____________________________________________________________
En
nuestro país, y creo que en Latinoamérica,
estamos cansados de discursos y palabras huérfanos
de ejecución en la realidad.
Como bien lo ha expresado verbalmente en una reunión
que compartimos mi colega espacial chileno, el politólogo
doctor Ulises Faúndez: "Las ideas son como
loa paracaidas, si no se abren no sirven". Yo le
agregaría que si no se ejecutan son como paracaidas
llevados por el viento hacia la nada.
Las
dimensiones que usa el Poder de la Información
o Poder Débil, no son las de la tierra, el mar
y el aire. Eso sí, las recorre, montado en el éter
y a 300.000 kilómetros por segundo.
a)
Desarrollo en la dimensión del espacio ultraterrestre.
Podemos
decir que las tres dimensiones tradicionales de la geopolítica
constituyen fuentes de conocimiento e información
sobre la tierra, el mar y el aire a través de la
investigación de campo y aérea.
El
desarrollo de la dimensión espacial ultraterrestre
y de las tecnologías de la información permite
ahora conformar Sistemas de Información Geográfica
(SIG´s) que tienen por objetivo establecer una investigación
de campo y una telemática, espacial y aérea,
de la Tierra que se concreta en la Geomática o
sea la obtención, procesamiento, análisis
e interpretación de los datos sobre el Sistema
Tierra, obtenidos por todos los medios disponibles y con
el fin de concretar nuestra visión de ese dinamismo
tan particular que lo afecta, que afectamos y que nos
afecta sin que podamos controlarlo.
Los medios para hacerlo, más allá de los
que se vienen generando para la investigación de
campo y aérea (y que podemos considerar como tradicionales),
son sensores activos (radar) y pasivos (radiómetros)
que constituyen una parte constitutiva (como carga útil)
de los satélites artificiales de observación
de la Tierra. Los datos obtenidos son transmitidos desde
el satélite a estaciones terrenas de recepción,
como lo es nuestra Estación Terrena Córdoba
de la CONAE (Falda del Carmen), dónde son parcialmente
procesados y incluídos en un Ciclo de Información
Espacial Completo (como el que preve nuestro Plan Espacial
Nacional (1994) para que, a través del uso de medios
de telecomunicación (que pueden ser también
satelitales), se distribuyan entre distintos usuarios
del mundo para que terminen su procesamiento, según
sus propios requerimientos, y procedan al análisis
e interpretación de la información obtenida
en imágenes (que, a diferencia de las fotografías,
tienen naturaleza electrónica).
Entre los sensores pasivos también se encuentran
los que poseen los satélites fotográficos
de baja, media y alta resolución. Su información
es complementaria a la anterior.
Esta es una nueva manera de encarar la geografía,
que se suma a la tradicional, y que, como consecuencia,
genera un enriquecimiento mutuo.
El
uso de esta nueva posibilidad de hacer geografía
es integrador y tiene derivaciones políticas, económicas
y militares antes impensadas y que ahora son decididamente
revolucionarias.
Esto,
a mi entender, puede ser elaborado por una geopolítica
que trate, además de todo lo que ya viene considerando,
las cuestiones de toda la geografía “vista
desde afuera” (desde el espacio ultraterrestre),
con una mirada omniabarcante y con todas las posibilidades
que viene brindando la creciente ocupación del
“espacio electromagnético” y con las
intencionalidades político-estratégicas
que vienen demostrando los llamados “países
espaciales”.
La
“vista desde afuera”, que he destacado, excede
ampliamente la de la visión humana tanto en la
resolución espacial obtenida (distinción
entre objetos próximos) como en una resolución
espectral que también excede las posibilidades
del espectro visible para incursionar en otros espacios
del espectro electromagnético. Es así como
podemos hablar de imágenes infrarrojas (térmicas),
de microondas (radar), ultravioletas, etc. que nos dan
una visión de la Tierra que nada tiene que ver
con las que usualmente ha venido usando la geografía
y que podemos considerar como “no vista hasta ahora”
dado que para ello usamos otros “ojos” que,
por supuesto, son artificiales. Para concretarlo en algo
visible al ojo humano se usan “falsos colores”
según una convención (ver mosaico de imágenes
agregado como Figura N° 2). Entre los colores de las
imágenes que configuran este cruadro de la vida
en la Tierra visto desde el espacio se puede apreciar
el patrimonio de vida que tenemos los sudamericanos y
lo que es una importante contribución a la llamada
Geografía de la Biosfera. Su interpretación
prospectiva configura una responsabilidad a asumir desde
ahora y, en nuestro caso en particular, respecto a la
Amazonia, la Patagonia y el Mar Argentino como espacios
descuidados y de riesgo.
Tenemos
pues un espacio ultraterrestre que constituye un sistema
del que el Sistema Tierra es un subsistema, que nos permite,
a través de satélites artificiales de la
Tierra inyectados en él, tener perspectivas y prospectivas
geográficas globales como nunca tuvimos anteriormente.
Esto
es así dado que, histórica y espacialmente,
hemos construído y constituído la geografía
desde lo particular hacia lo global y que ahora nos damos
cuenta de que hay nuevas maneras de ampliar y validar
el conocimiento geográfico tradicional desde lo
global hacia lo particular (a través de un progresivo
avance en la resolución geométrica, temporal
y espectral de las imágenes).
La dimensión que permite esto es para mí
la cuarta dimensión geopolítica y es a lo
largo de ella que actúa la política espacial
de los Estados espaciales y de la Unión Europea,
que, para competir en este campo tiene una agencia espacial
regional (Agencia Espacial Europea).
Lo que he descrito anteriormente repercute de manera especial
en el ejercicio del poder y esto es muy tenido en cuenta
por los gobiernos que, por tener acceso autónomo
al espacio ultraterrestre, gozan de lo que genéricamente
se expresa como poder espacial. Un poder ejercido de manera
sutil y casi misteriosa para los legos.
Esta
dimensión añadida tiene que ver con la aérea
por contigüedad, como ocurre entre la tierra y el
mar, pero con la diferencia que no se ha trazado un límite
entre lo aéreo y lo espacial. Esto es así
debido a los intereses prevalecientes en los países
espaciales.
Físicamente
el espacio aéreo se define porque hay aire en él
y, gracias a ello es que los aviones pueden volar. La
práctica de hacerlo es la aeronáutica. El
derecho para hacerlo es establecido por el derecho aeronáutico.
En
cambio, en el espacio ultraterrestre no hay aire y es
por ello que los satélites artificiales y las sondas
espaciales orbitan y describen trayectorias respectivamente.
La práctica de hacerlo es la astronáutica
(para EE.UU.) o la cosmonáutica (para Rusia y la
ex-URSS). El derecho para hacerlo es establecido por el
derecho espacial.
Por
otra parte, y legalmente, hay soberanía de los
Estados subyacentes al espacio aéreo mientras que
en el espacio ultraterrestre no la hay, dado que se lo
considera como Patrimonio Común de la Humanidad.
Es
así como creo que sería conveniente diferenciar
el derecho aeronáutico del espacial como dos áreas
diferentes pero afines del saber legal. Esto no ocurre
y, como vimos, hay buenas razones del poder ejercido por
las potencias espaciales para que no sea así.
Correlativamente debemos hacernos preguntas respecto a
la asincronía entre el derecho sobre lo terrestre
respecto al concerniente a lo marítimo: ¿cuánto
tiempo de depredación y piratería en el
mar se ha tomado la humanidad para llegar a concretar
la Convención de los Derechos del Mar?; ¿No
fue necesario, previamente, que se tomara conciencia de
los intereses marítimos y de la finitud de los
recursos del mar?...
Diferenciar los intereses aéreos de los espaciales,
para los países menos conocedores de la problemática
va a llevar un tiempo.
A
mi entender el llamado aeroespacio no existe más
que como una palabra compuesta que pretende unir lo que
es física y jurídicamente distinto. El que
legalmente no se haya establecido un límite (como
se lo ha hecho entre el mar y la tierra) no da pié
a conferir existencia a algo carente de sentido práctico
y legal. Si bien podemos decir que los transbordadores
operan en el “aeroespacio” lo hacen como aviones
en el espacio aéreo y como satélites en
el espacio ultraterrestre y bajo distintas legislaciones.
Lo mismo ocurre con los vehículos anfibios, que
son barcos en el mar y vehículos terrestres en
tierra, y lo son bajo distintas jurisdicciones. No obstante
a nadie se le ha ocurrido hablar de un espacio “mar-terra”
,o de una denominación parecida, para designarlo.
Siguiendo
con el enfoque geopolítico que pretendo sustentar
desde afuera de la geopolítica, creo que podemos
afirmar que, dada la importancia geográfica que
tiene la información surgida de la observación
de la Tierra brindada por los satélites artificiales
destinados a tal fin (como lo son los satélites
argentinos SAC-C y el SAC-A, y lo serán los futuros
SAOCOM) y las consecuencias políticas, económicas
y militares de disponer o no de dicha información,
cabe adicionar una cuarta dimensión geopolítica.
En
general pienso que no podemos negar una dimensión
geopolítica a la incursión espacial del
hombre que, una vez que hubo ocupado casi todos los ámbitos
de los espacios terrestres, marinos y aéreos, se
ha lanzado al espacio que rodea a la Tierra para obtener
una visión global de sí mismo como humanidad,
en cuanto a su obra cultural, y de la naturaleza que lo
rodea y sustenta, como habitat. Ello nos muestra que la
interfase naturaleza-cultura constituye algo crítico
para el futuro ecológico y ambiental del único
planeta conocido y accesible como sustentador de la vida.
Todo
lo anterior da lugar a disputas que, por suerte, no se
han concretado en la temida Guerra de las Galaxias en
épocas de la presidencia de EE.UU. en manos de
Ronald Reagan, que estuvieron en un compas de espera a
partir de las conversaciones, realizadas durante el mes
de junio del año pasado entre los presidentes Bill
Clinton (EE.UU) y Vladimir Putin (Rusia), sobre un escudo
antimisiles común y su reciente reiniciación
a través de la ratificación de este emprendimiento
por el Presidente Bush el 1° de mayo de 2001 en la
Universidad Nacional de Defensa de EE.UU.
Estas
disputas, y otras de la más variada índole,
tienen lugar en las reuniones internacionales sobre el
uso del espacio exterior. Ellas tienen lugar desde hace
varias décadas, buscan conciliar intereses entre
los países espaciales e imponen limitaciones de
dichos países a los que no han logrado acceso autónomo
al espacio exterior.
Es por todo lo anterior que sostengo que esto presenta
connotaciones de orden político, económico,
militar e informacional, o sea que se trata de una suerte
de poder geopolítico que se ejerce de manera globalizante.
b)
Desarrollo en la dimensión del espacio electromagnético.
El
espectro electromagnético, que brinda el espacio
necesario para las telecomunicaciones radioeléctricas
y electroópticas, es un recurso escaso no renovable,
con incidencia directa en el accionar político,
en el actividad de las fuerzas armadas, tanto en la guerra
como en la paz, y en el producto bruto interno y la competitividad
de los bienes y servicios de los países. Su uso
imprime ritmo, amplitud geográfica y precisión
a todas esas actividades.
Abre también la posibilidad de realización
de todo lo señalado en a), dado que el uso de los
satélites artificiales depende en gran medida de
las telecomunicaciones.
Es el espacio electromagnético el que, en gran
medida, da sustento a la enorme red de telecomunicación
que envuelve al planeta. Su aporte al proceso de globalización
es decisivo, dado que permite el tiempo casi real en los
enlaces entre puntos ubicados en cualquier parte del planeta.
Podemos decir, además, que las actuales posibilidades
técnicas de interconectividad abren crecientes
posibilidades de interoperabilidad entre los agentes de
los poderes políticos, económicos y militares
de los Estados y de sus aliados en estos tres aspectos
del poder.
Para todo esto es necesario recurrir fundamentalmente
al espacio de frecuencias que brinda el espectro electromagnético.
Y digo fundamentalmente porque debemos admitir que hay
otras telecomunicaciones que no usan este espectro, como
las subácuas, por ejemplo.
La
red de telecomunicaciones se sustenta fundamentalmente
en la idea de llegar al desideratum antes anunciado pero,
aunque no se pueda afirmar haberlo logrado, debemos admitir
el enorme peso que la misma tiene en la toma de decisiones
e implementación de medidas políticas, económicas
y militares en base a la información que brinda.
Esta es la clave de su poder y en ello tienen mucho que
ver los medios satelitales y las redes de sustento terrestre,
marítimo y aéreo que cierran una apretada
malla como para que el Poder de la Información
tenga plena vigencia actual y global.
Las
ondas electromagnéticas (radioeléctricas,
visibles, infrarrojas, radar, etc.) son moduladas de diferentes
maneras para que puedan transladar la información
por distintos medios hacia todos los rincones de la superficie
del planeta; incluyendo cierta capacidad de penetración,
tanto de dicha superficie como del espacio ultraterrestre
hacia los confines del universo.
Estas
posibilidades de telecomunicación de información
independientemente de la posición geográfica
del emisor y del receptor son las que brindan el citado
poder al hombre y, por lo tanto, son básicamente
políticas y, a nuestros efectos, de nivel global
(Aldea Global). Como vimos revolucionan la política,
la economía y la milicia. Ellas transparentan los
límites que hasta ahora imponía la geografía
para la comunicación.
En lo que interesa en particular a esta Academia, permiten
que los marinos se comuniquen, detecten la posición
de otros barcos, sean auxiliados o presten auxilio oportuno
en caso de naufragio, regulen y administren el tráfico
multimodal de contenedores, reconozcan situaciones meteorológicas
peligrosas, reciban los Avisos a los Navegantes, detecten
la presencia de témpanos, reciban las señales
horarias para sincronización de su actividad, etc.
en el mar y en tiempo real.
Todo esto requiere tener el equipamiento adecuado al sistema
a emplear, la posibilidad de poder disponer de un espacio
de frecuencias (ancho de banda) asignado en el espectro
electromagnético y cumplir con el Reglamento de
Radiocomunicaciones.
Es
así como pienso que el agregar una quinta dimensión
electromagnética a la geopolítica, mediante
el uso que esta hace del espacio electromagnético,
permite considerar aspectos hasta ahora un poco olvidados
por esta interdisciplina.
Por
este espacio, y en tiempos de paz, hay disputas en la
Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT),
estas se centran en el Reglamento de Radiocomunicaciones
y en otras pautas de derecho internacional.
Por otra parte, como lo hemos dicho, hay guerras que se
libran en este espacio, como la Guerra de la Información
(I-WAR), que encuentran antecedentes en las contramedidas
y contra-contramedidas electrónicas y el espionaje
electrónico usados durante la Segunda Guerra Mundial.
Todo esto es muy parecido a lo que ocurre en las disputas
territoriales, por el mar y los espacios aéreos,
que interesan a la geopolítica tradicional, y en
las disputas por el espacio ultraterrestre comentadas
en el punto anterior.
Alguien
podrá decir que el espacio electromagnético
es un “medio” y no una dimensión de
la geopolítica. Con ese sentido también
podríamos decir que las otras cuatro dimensiones
anteriormente consideradas brindan espacios para desplazarse
y podríamos hablar de medios terrestres, marítimos,
aéreos y espaciales y de su naturaleza tecnológica.
Una consideración geopolítica que vaya más
allá de las tres dimensiones tradicionalmente “habitadas”
por el hombre permite considerar que el espacio ultraterrestre
viene siendo “habitado” por el hombre desde
hace varias décadas y que el espacio electromagnético,
aunque no es “habitado”, es manipulado por
él de una manera más sofisticada y menos
evidente. Él esta allí de manera virtual,
pero esta, como si fuera real, como, por ejemplo, lo vemos
y escuchamos por una televisión que nos muestra
una visión recortada de una realidad que siempre
tratamos de integrar.
Todo esto tiene consecuencias políticas, económicas
y militares que no pueden escapar de una concepción
pentadimensional de la geopolítica, como la que
propongo a esta Academia. Lo hago plenamente conciente
de mi ignorancia sobre la geopolítica tradicional
y con la convicción de poder hacer un aporte positivo
al conocimiento desde otra formación disciplinaria.
Abriendo ideas que pueden encontra múltiples interpretaciones
a partir de vuestros conocimientos.
Lo que propongo creo que va mucho más allá
de una consideración meramente científica,
tecnológica o técnica de estos aspectos.
No lo expreso con soberbia sino con convicción
y cierta audacia intelectual.
Elección
de definición para una geopolítica pentadimensional.
Entre
las cincuenta definiciones de geopolítica que nos
brinda el Académico Contraalmirante Fraga en su
libro: Visión geopolítica de la Argentina
(13) "Título III: 50 definiciones de Geopolítica",
pienso que la que más se adecua a esta concepción
de “geopolítica pentadimensional” que
propongo a esta Academia es la número 50 (pág.
32), que expresa que la geopolítica es el:
“Arte
de utilizar el medio físico en la política
mundial”
Ella fue acuñada por el profesor norteamericano
Quincy Wright.
Como
primer aspecto de mi análisis, sobre la aplicabilidad
de esta definición a la temática aqui desarrollada,
estimo que el espacio ultraterrestre y el “éter”
(que, aunque no se haya comprobado su existencia, sería
el que utilizan las ondas electromagnéticas para
propagarse) son “medios físicos”.
Otro
aspecto sería el de apreciar si el uso de estos
dos nuevos espacios puede considerarse como “artístico”.
No me cabe duda que hay pocos ámbitos fuera de
los propuestos donde se haya usado, y se pueda usar, la
imaginación creadora con mayor ímpetu, vastedad
y asiduidad. Desde Julio Verne, pasando por Werner Von
Braun y siguiendo hasta nuestros días, no podemos
dejar de maravillarnos por la inventiva humana desarrollada
para el empleo del espacio exterior. También desde
Maxwell, pasando por Guillermo Marconi y hasta nuestra
época del LASER y la fibra óptica, creo
que los usos dados a las ondas electromagnéticas
son absolutamente creativos.
Un
último aspecto de este análisis tiene que
ver con las repercusiones políticas de tales usos.
Creo que en estos años ya no podemos negar la influencia
de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI)(14)
del presidente de EE.UU. Ronald Reagan y de los medios
masivos de telecomunicación en una caída
del Muro de Berlin y un Fin de la Guerra Fría que
sorprendieron a los estrategas de todo el mundo (quizás
por menospreciar la influencia de las nuevas tecnologías
en los acontecimientos políticos).
Conclusiones.
La
tierra, el mar y el aire son, y han sido, los medios tradicionales
que ha empleado el hombre para obtener la materia, la
energía y el intercambio de información,
o comunicación, con el entorno que necesita para
vivir.
La comunicación requirió, y requiere, de
inventos tales como la rueda, el barco y el avión
para cubrir superficies, ganar distancias y acortar tiempos
para sus actividades vitales.
Es difícil decir como contribuyó cada invento
a sustentar el poder del hombre sobre el otro hombre y
“lo otro” (la naturaleza), pero la historia
humana y natural nos enseñan bastante al respecto.
El
espacio ultraterrestre y el electromagnético se
han constituído en nuevos medios para obtener,
como mínimo, telecomunicación entre los
hombres y con la naturaleza terrestre.
Sus caracteres fundamentales son la globalidad, trascendiendo
los límites geográficos, y la velocidad,
que llega al límite universal de velocidad, que
es el de la luz, en particular, y de las ondas electromagnéticas,
en general. Ello ha requerido de inventos más sofisticados
y costosos. La incidencia que estos nuevos medios tienen
en el poder del hombre es mucho más difícil
de evaluar que la conferible a los medios tradicionales.
Se
habla de un poder fuerte tradicional (político,
económico y militar) y de un poder débil
(15)(de la información); pero esto es equívoco
desde el punto de vista que este último es el que,
en realidad, influye netamente sobre los otros poderes
y tiene un invalorable poder propio.
Es un hecho que la disponibilidad de información
ocupa un lugar privilegiado en la apetencia de los decisores
políticos, económicos, militares y mediáticos
de la actualidad.
Históricamente
creo que debemos apreciar que la Revolución Industrial
potenció enormemente los medios de comunicación
terrestre, marina y aérea (esta última,
ya en el siglo XX) sorteándose con el tiempo muchas
dificultades geográficas para instalar las vías
para tales comunicaciones.
Pero
las dos dimensiones adicionales que propongo estan más
relacionadas con el inicio de las Eras Tecnotrónica
(16) (comienzos del siglo XX) y Espacial (mediados del
mismo siglo). Su efecto no es tan evidente dado que lo
que fundamentalmente producen es la interoperación,
potenciación y ampliación de otras actividades.
Normalmente
los satélites artificiales no pueden ser vistos
con facilidad y las ondas electromagnéticas tampoco
son visibles (salvo las que específicamente lo
son para el ojo humano). En gran medida somos “ciegos”
para la mayoría de las ondas electromagnéticas
que inciden sobre nuestra vida actual y necesitamos de
la mediación de aparatos (cuyo funcionamiento normalmente
desconocemos) para poder extraer de ellos la información
útil para nuestras actividades.
Tanto
los satélites artificiales de la Tierra como las
ondas electromagnéticas coherentes nos sirven para
portar información y ha sido su uso el que ahora
nos permite hablar de una sociedad de la información
y del conocimiento que, con el tiempo, puede llegar a
incluir a toda la humanidad (si no es así no es
por la tecnología disponible, sino que por limitaciones
económicas y culturales de los distintos países
e individuos).
Podemos imaginar que la red de telecomunicaciones que
se ramifica en la Tierra y su entorno es como una prolongación
de nuestro sistema nervioso que encuentra neuronas artificiales
en los satélites artificiales que hemos ubicado
en órbita alrededor de la Tierra. Ellas son las
que nos suministran nuevas sensaciones a nivel global
y las que nos permiten una nueva relación con nuestra
condición humana a través de un espacio
electromagnético que se superpone y penetra al
antigüo espacio natural. Esto fue lo que dió
lugar a las visiones macroéticas, macroestéticas
y macrocientíficas que pretendí mostrar
en la portada y contenido de mi último libro (17)
Todo esto es lo que da viabilidad y sentido a la "Aldea
Global" de Mac Luhan, que tiene por lugar geográfico
y político a toda la Tierra.
La
expansión global de las relaciones que esto conlleva
requiere de nuevas formas de pensamiento político,
estratégico y geopolítico. Se trascienden
las fronteras nacionales y los tres ámbitos propios
de la Bioesfera para reflexionar sobre la humanidad y
la Tierra en su conjunto. Se la considera como un sistema
altamente interrelacionado y como punto de partida de
una aventura espacial que toma a los astronautas como
“enviados de la humanidad” (Tratado sobre
los principios que deben regir las actividades de los
Estados en la exploración y utilización
del espacio ultraterrestre. Incluso la Luna y otros cuerpos
celestes” (1967) artículo 5°). Es así
como los astronautas incursionan por ámbitos que
ya han estado y estarán fuera de la geopolítica
en la medida que ellos se vayan desvinculado de la geografía
y la política terrestres.
Dado
que el espectro electromagnético es considerado,
al igual que el espacio ultraterrestre, como Patrimonio
Común de la Humanidad, el acceso a ambos debiera
ser posible en igualdad de condiciones. Esto no se cumple
dado que la realidad es muy diferente en su contenido
a las expresiones de igualdad entre los Estados frente
al derecho internacional (tan utópica como la igualdad
de los hombres frente a la ley). Esa realidad tiene caracteres
tecnocientíficos que marcan su acceso a través
de la disposición de conocimiento, información,
capacidad técnica y artefactos. Las negaciones
y diferencias reales para tal acceso permiten calificar
como utópica la "comunidad de patrimonio"
grandielocuentemente enunciada, pero no cumplida en los
hechos.
En
cuanto al espectro electromagnético rige una ley
no escrita que dice: primero llegado, primero servido.
Cuando alguien se sirve de un ancho de banda espectral
en determinadas condiciones técnicas, de ubicación
y tiempo y usando con determinados recursos tecnológicos,
otro no puede hacerlo. Lo mismo ocurre con el espacio
ultraterrestre en relación con las posibilidades
de acceso mediante la inyección en órbita
de satélites usando lanzadores adecuados para ello.
Quienes disponen de la tecnología de los lanzadores
traban su proliferación a través del Régimen
de No Proliferación Misilística.
Es así como surge actualmente una diferencia apreciable
entre estos espacios y los tradicionales. En estos últimos
la soberanía, luego de muchísimos conflictos
(en los que también predominó el uso de
la tecnología más avanzada), esta casi totalmente
delimitada y es de derecho. En cambio, en los espacios
que, como el ultraterrestre y el electromagnético,
son considerados como de Patrimonio Común de la
Humanidad, la soberanía es de hecho (como inicialmente
también ocurrió con la tierra, el mar y
el aire).
Ahora, como siempre, se trata de estar allí como
verdadoros descubridores, conquistadores y colonizadores
de los nuevos espacios. Para esto se requiere del conocimiento,
la voluntad política y los recursos tecnológicos
adecuados para sustentar de hecho una posición
y estar en condiciones de discutir las cuestiones de derecho
a partir de lo ya poseído. Se trata de una nueva
etapa histórica de los descubrimientos por lo menos
tan valiosa como la de los siglos XV a XIX.
Pero aqui y ahora el tema ya no radica en poseer más
o menos espacios físicos sino en tener capacidad
de obtener, procesar y telecomunicar información
de y desde esos espacios para una adecuada decisión
política, económica y militar en relación
con su aprovechamiento y preservación.
Interesan aqui los fenómenos globales que, cada
vez con mayor fuerza, incidirán sobre las problemáticas
regionales y nacionales y, porque no decirlo, de la humanidad
en su conjunto.
En los espacios ultraterrestre y electromagnético
se manifiestan las interacciones humanas de la misma manera
que ocurre en los terrestres, marítimos y aéreos.
También se manifiesta una interación con
estos tres últimos al incidir, la información
que manejan, decididamente en la acción política,
económica y militar del hombre en su relación
humana y natural. Su aprovechamiento surgió a través
del impulso cultural de la ciencia y la tecnología
y su efecto sobre el hombre y sobre la naturaleza terrestre,
marina y aérea. Este también es decididamente
cultural.
Considero como importante que la geopolítica admita
a estos dos espacios en su seno. De esta manera adquirirá
su máxima expresión, tanto geográfica
como política.
Esto no debe hacerse para interpretar las políticas
de dominio global de una superpotencia que tan sólo
tendrá vigencia temporal en la historia. Sí
debe hacerse para comprender el proceso de globalización
en todos sus aspectos y para afirmar una política
de la humanidad respecto a su habitat, para asegurar su
supervivencia a través de una aceptación
de las limitaciones naturales y la potenciación
de las relaciones interculturales conducentes a una convergencia
de los pueblos sobre los ideales importantes, necesariamente
comunes e intemporales.
Todos
estos aspectos, de espacios tan vastos como los que pretendo
incluir dentro del ámbito de la geopolítica,
constituyen tan sólo una pequeña parte de
una problemática que debemos asimilar para poder
comprender con amplitud muchos de los hechos que se vienen
produciendo en el plano de las relaciones internacionales
y que afectan ya nuestra problemática interna con
este incipiente juego dialéctico entre “globalizantes”
y “globalizados” y "proliferantes"
y "no proliferantes" y las viejas relaciones
dialécticas entre “armados” y “desarmados
en desarme” (18) y "naturaleza y cultura".
Como en todas las relaciones dialécticas lo uno
se define por la negación de lo otro, pero es preciso
decidir de que lado se esta para mantener una insoslayable
identidad frente al mundo.
BUENOS AIRES, 26 de junio de 2001.
Firmado.
Néstor Antonio Domínguez
Capitán de Navío (RE)
Académico de Número.
Bibliografía.
(1)
WOOLDRIDGE, S.W. y GORDON EAST, W., Sentido y propósito
de la geografía, Editorial Nova, Buenos Aires,
1957, 197 págs., pág. 15.
(2)
VILA, Fernando, "Contribución de la geodesia
y la geofísica a la geografía", Academia
Nacional de Geografía, Publicación Especial
Nº 15, Buenos Aires, 2000, pág. 13.
(3)
DIFRIERI, Horacio Antonio, "Teoría General
de los Sistemas", Instituto de Geografía "R.
Ardissone", Serie de Cuadernos Nro. 14, Facultad
de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires,
Buenos Aires, 1983.
(4)
WEBER, Max, Política y ciencia, Editorial Leviatan,
Buenos Aires, 1989, pág.8, 142 págs.
(5)
DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, "Geopolítica
y estrategia en la era de la información y del
espacio ultraterrestre. El caso específico del
mar", Revista de la Escuela Nacional de Inteligencia,
Segundo trimestre de 1998, Volumen VII, Nº2, pág.
179.
(6)
DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, “Cuaderno
Talásico N°22: "Mirada tecnológica
del mundo desde el mar", presentado en la Sesión
Plenaria Ordinaria Nº42 de la Academia del Mar, el
26 de septiembre del año 2000, 30 págs.
(7)
ARISTÓTELES, La Política, versión
castellana de Nicolás Estévanez, Casa Editorial
Garnier Hermanos, Paris, 1920, 381 págs.
(8)
DE COULANGES, Fustel, Ciudad Antigüa,traducción
del francés de Carlos A. Martin, Ediciones Peisa,
Colección Inmortales de la Literatura, Lima, 1980,
441 págs.
(9)
WAGENBERG, Jorge y AGUSTÍ, Jordi, El progreso,
¿Un concepto acabado o emergente?, Colección
Metatemas 52, Libros para Pensar la Ciencia, Tusquets
Editores, Barcelona, 1998, 339 págs.
(10)DOMÍNGUEZ,
Néstor Antonio, "Tormenta "espacial"
en el desierto", Revista de la Escuela Nacional de
Inteligencia, 1er. cuatrimestre de 1993, Volumen II, Nº1,
p.67.
(11)MAC
LUHAN Marshall, FIORE Quentin y ANGEL, Jerome (coordinador),
Guerra y paz en la Aldea Global, Ediciones Martínez
RCCA S.A., Barcelona, 1971, 199 págs.
(12)ORTEGA
y GASSET, José, Obras Completas, Tomo II, "Carta
a un joven argentino que estudia filosofía",
Cuarta Edición, Editorial Revista de Occidente,
Madrid, 748 págs., página 348.
(13)FRAGA, Jorge A., Visión Geopolítica
de la Argentina, Instituto de Publicaciones Navales, Colección
Estrategia, Buenos Aires, 1994, 250 págs., pág.
26.
(14)
DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, SATELITES, Tomo
II: Más allá de la tecnología y de
la guerra, Edición del Instituto de Publicaciones
Navales, Buenos Aires, 1991, 526 páginas.
(15)
IKEDA, Daisaku, "La época del softpower y
de la filosofía de la motivación interna
para el desarrollo de una nueva relación entre
el Japón y los Estados Unidos", discurso pronunciado
en la Escuela de Ciencias Políticas "John
F. Kennedy" de la Universidad de Harvard" el
28 de septiembre de 1991.
(16) BRZEZINSKI, Zbigniew, La Era Tecnotrónica
(Between two ages), 2da. edición, Editorial Paidos,
Buenos Aires, 1979.
(17)
DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, Hacia un pensamiento
ecológicamente sustentable, Edición del
Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1996,
262 pàgs.
(18)
CARASALES, Julio César, El desarme de los desarmados,
Argentina y el Tratado de No Proliferación de Armas
Nucleares, Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1994, 360
págs.
