ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
N°17
TEMA:
MIRADA TECNOLÓGICA DEL MUNDO
DESDE EL MAR.
AUTOR:
ACADÉMICO No.18
Academia del Mar.
CAPITÁN
DE NAVÍO (RE)
Néstor Antonio DOMÍNGUEZ.
Expuesto en la Sesión Académica Ordinaria
Nº42
BUENOS AIRES,
26 de septiembre del 2000.
Introducción.
Antes
de comenzar el desarrollo de este tema deseo aclarar que
el mismo no fue elegido por mi; ello hubiera sido muy
presuntuoso de mi parte; lo que ocurrió es que
me fue adjudicado en la suposición que podría
decir algo al respecto. Ello me planteó un desafío
muy especial para no defaudar a los señores Académicos
y me impulsó, durante los últimos meses,
a buscar un punto de vista razonable para tamaña
empresa.
Quizás por rebeldía ante la imposición,
la que debía ser una mirada sincrónica de
la tecnología la he transformado en diacrónica,
he elegido un punto de vista de partida que no esta en
el mar sino en el desierto y he transformado la mirada
en una imagen que ustedes puedan manipular según
sus propios intereses.
Desde luego que, para obtener una "imagen tecnológica
del mundo", que supongo que se espera que sea lo
más amplia y manipulable posible, debemos preguntarnos
primero como fue que accedimos a la tecnología
que nos permitió introducirnos en el mar, en busca
de nuevos horizontes y a través de una milenaria
condición de navegantes.
Dicha imagen, para que sea útil a los variados
fines de los Académicos aqui presentes, debe ser
lo más ecléctica posible y en eso me empeño.
El desplazamiento del hombre hacia lejanos horizontes
con el mínimo esfuerzo posible y aún más
allá de su habitat natural terrestre, requirió
de la imaginación tecnológica del hombre
para agenciarse de prótesis para sus limitadas
capacidades natatorias.
Antes, y para potenciar y prolongar sus desplazamientos
por tierra, una de las primeras realizaciones tecnológicas
del hombre fue el invento de la rueda. Ello, además
de la domesticación de animales, como son los casos
del caballo y el camello, nos permitió desplazarnos
a grandes distancias por zonas prácticamente intransitables
y, en muchos casos, inhabitables para nuestra especie.
El desarrollo de los arneses necesarios y más adecuados
llevó siglos de evolución técnica.
Pero volviendo a ese milenario desplazamiento por el mar
que constituye la navegación marítima debo
expresar que sólo podemos flotar, movernos, controlar
nuestra posición y desplazamiento y realizar distintos
tipos de empresas en un mar, que constituye frecuentemente
un ambiente hostil a la supervivencia del hombre , munidos
de un gran coraje y de las tecnologías adecuadas
para cada una de esas actividades.
Se requiere de una arquitectura naval, de medios de propulsión
que sean artefactos o ingenios, de acciones y medios de
control ordenados por el comando; tarea, esta última,
que requirió del "kubernetes", o piloto
griego de la embarcación. Más de dos mil
quinientos años después, este último
término griego ático dió lugar al
nombre de cibernética para la ciencia del control
que permitió que emergieran las tecnologías
de los servomotores que controlan nuestros timones, nuestras
turbinas de gas o los reactores nucleares que impulsan
nuestras naves, de los llamados pilotos automáticos
y de una innúmera cantidad de artefactos que nos
permiten navegar de la manera en que actualmente lo hacemos.
Nuestros más recientes logros tecnológicos
para navegar por el aire, el espacio ultraterrestre y
el éter (como aeronautas, astronautas y cibernautas)
son similares a los usados para la navegación marítima
y marcan la actualización de una evolución
hacia sucesivos y más amplios horizontes que, históricamente,
nos hemos impuesto alcanzar.
Pero no podría completar este panorama si no me
ocupara también de nuestros avances hacia el microcosmos
y hacia el dominio de la complejidad creada culturalmente
como consecuencia.
En base a lo anterior, y para comprender ampliamente lo
que ello representa para nuestro desarrollo integral como
humanidad, propongo que nos ubiquemos en otro tiempo y
en otro lugar y que, a partir de allí, despleguemos
una mirada diacrónica que nos permita presentar
una imagen del mundo actual como consecuencia de una evolución
histórica en que se mezclan ciertos pensamientos
y ciertas acciones que considero decisivos. Esto debe
ser tan breve como explicativo y comprensivo de la tecnociencia
actual.
Es así como haré una breve recopilación
histórica de la ciencia, la tecnología y
del impulso que permitió al hombre lanzarse hacia
el mar Mediterráneo desde muchos siglos antes de
Cristo y, desde allí, a otros mares y a otros ámbitos,
munido de tecnologías cada vez más complejas.
Desde
un punto de vista básico y conceptual utilizaré
como fundamentales la expresión: lo infinito, que
categoriza a nuestroa avances graduales en ámbitos,
espaciales y del conocimiento, cada vez más amplios
y, casi como consecuencia, los conceptos de innovación
y proliferación aplicados a la tecnología.
Estos conceptos adquieren sentido en un contexto histórico
que surge en la antigüedad, se potencia en la modernidad
e incide dramáticamente en el mundo contemporáneo.
Normalmente las innovaciones tecnológicas tienen
nombre y apellido y una responsabilidad ética por
parte de quienes las generan y las usan. En cambio, las
proliferaciones presentan una trama muy compleja de relaciones,
que muchas veces son secretas y que, de una u otra manera,
se van extendiendo con el tiempo.
Es así como podemos concluir que, desde un punto
de vista ético, las innovaciones tecnológicas
y su proliferación pueden ser buenas o malas, ello
depende de la esencia de la innovación que prolifera
y de la moral de quienens usan puntualmente cada tecnología
una vez que acceden a ella.
Pero para la proliferación, que por su misma naturaleza,
tiende a proyectarnos hacia lo infinito, no se encuentran
fácilmente los responsables, ello cobra un dramatismo
del cual no es fácil sustraerse. Una angustia,
que llamaría "de infinitud", que nos
hace sentir tanto la alegría como el riesgo nietzscheano
de "bailar al borde del abismo".
Las innovaciones y proliferaciones tecnológicas
se produjeron en distintos escenarios históricos
con incidencias cambiantes en el ejercicio de los poderes
políticos, económicos y militares de los
distintos pueblos. Lo que creo poder afirmar es que influyeron
en forma aceleradamente creciente en la dimensión
de tales poderes y que, en el Siglo XX, agregaron un cuarto
poder: el de la información y el conocimiento,
que Daisaku Ikeda llamó "poder débil",
pero que, con el tiempo, vamos comprendiendo que es el
más fuerte de todos los poderes, pues incide en
la toma de decisiones relativas a los otros tres en cuanto
al uso de la tecnología como multiplicadora del
poder.
Por otra parte, y a los fines de esta Academia, diré
que parto de la base que, previamente al momento de la
historia y al lugar elegidos para iniciar los progresos
de la innovación y proliferación tecnológica
relativos al mar, se debe haber producido un largo proceso
de pequeñas incursiones del hombre en el seno del
mar. Estas se operaron con medios muy primitivos de flotabilidad
e impulsión. Así fue como se llegó
al barco propulsado con remos y/o velas que constituirá
el logro tecnológico de partida para nuestro análisis.
La inovación y proliferación de las tecnociencias
antigüas y medievales.
Antes
que nada debemos considerar que en las edades Antigüa
y Medieval la imagen del mundo, que todo lo gobernaba,
era teocéntrica.
Lo anterior incidió en que el ritmo, tanto de los
hechos históricos como tecnológicos, fuera
muy lento. Por otra parte el poder estaba más ligado
a la fuerza física del hombre que a la tecnología.
Durante largo tiempo el uso y abuso de la mano de obra
de los esclavos inhibió la necesidad de aguzar
la inteligencia para sustituirla mediante el uso artefactos
tecnológicos que permitieran aliviar el esfuerzo
físico.
La razón y la fe se entremezclaban en una extraña
y compleja red de pensamientos filosóficos y míticos
que dirigían lo que podría llamarse ciencia
y tecnología en esas épocas.
El hombre, parado sobre sus pies, reconocía tanto
el límite del horizonte como el poder de la naturaleza
y la fascinación del cielo estrellado como ámbito
de los dioses.
Probablemente, y más allá de un cosmos supuestamente
perfecto y ordenado, el primer gran desafío que
tuvieron los hombres ante la infinitud concreta la deben
haber experimentado los árabes frente al desierto.
Necesitaban tener referencias para orientarse y las encontraron
en las estrellas. La geometría y la astronomía
tienen que haberles dado pautas para que sus caravanas
atravesaran el desierto con economía de medios
y de energía. Necesitaron de conocimientos de geometría
y astronomía para poder guiarse y llegar a buen
"puerto" luego de su "navegación"
por el desierto. Su "barco" fue el camello.
Lo suyo constituyó la base para que ahora podamos
contemplar el mundo y la tecnología desde el mar.
Por otra parte el comercio, objeto de sus sufridos desplazamientos,
les llevó a la adopción y cultivo de la
aritmética desarrollada en principio en la India
y Caldea.
No les fueron ajenos tanto los desarrollos sistemáticos
de los caldeos en cuanto a la astronomía, la identificación
de las constelaciones y los eclipses como las desviaciones
de la astrología. De ellos conocieron también
los sistemas aritmético duodecimal (de base 12)
y sexagesimal (de base 60) en tanto que el sistema decimal
lo obtuvieron de la India (con el cero incluído).
A toda esa base de conocimiento le agregaron, entre otros
aportes a la ciencia universal, el álgebra (a mediados
del Siglo IX) y la resolución numérica de
ecuaciones de primero, segundo y tercer grado (por el
poeta y matemático árabe Omar Khayyan, a
fines del siglo XI) y, en el ejercicio de su función
de nómades del desierto, llevaron su docencia hacia
el oeste.
El camino de las caravanas que venían de Oriente
tenía un punto neurálgico de convergencia
en la ciudad portuaria de Mileto, ubicada en el extremo
occidental del Asia Menor.
Allí terminaba la infinitud del desierto y comenzaba
la del Mar Mediterráneo que se perdía en
un horizonte que los barcos fenicios, griegos y egipcios
trataban de alcanzar desde mucho tiempo antes que el Siglo
VII antes de Cristo al cual me remito.
El gran paso de los fenicios hacia la inmensidad del Mar
Mediterráneo se venía realizando a través
de la herencia tecnológica árabe y la experiencia
náutica ribereña de muchas centurias.
Se necesitaba coraje y tecnología para enfrentar
el mar en toda su bravura y para navegar tras los escurridizos
horizontes. Tecnologías para flotar (arquitectura
naval de los barcos de remo y vela), moverse (energía
de los remeros que usaban el principio de la palanca para
multiplicar su fuerza y energía eólica para
aprovecharse de un fenómeno natural mediante el
ingenio de diversos tipos de velas), situarse (astronomía
elemental), controlar (experiencia práctica en
el control del barco y su derrota de los pilotos (kubernetes)
y para pescar, comerciar y combatir en y desde el mar.
En Mileto y en el siglo mencionado vivian dos hombres
bastante especiales: Thales y Anaximandro. Sus ideas se
ajustan a los fines de esta exposición pese al
tiempo transcurrido.
Ambos se conocían y buscaban, mediante pacientes
reflexiones filosóficas, un primer principio que
justificara el asombro que los fenómenos naturales
engendraban en sus espíritus. El primero lo adjudicó
al agua el segundo, más abstracto, lo hizo con
lo infinito (lo indefinido, lo indeterminado). Quizás
ambos estuvieran influenciados por la enormidad del thálassa
(referido por los griegos a "nuestro mar", o
sea, el Mediterráneo), que da su denominación
y sentido a los Cuadernos Talásicos de esta Academia
del Mar.
Ese mar que ellos veían ya era, para los ojos de
los árabes y para la imaginación de nuestro
poeta Jorge Luis Borges, "un desierto resplandeciente"
(*).
(*) BORGES, Jorge Luis, Obra poética, El otro,
el mismo, "Otro poema de los dones", El Libro
de Bolsillo, Alianza Editorial, Madrid, 1975, 447 págs.
Se
extendía, como el desierto, mucho más allá
del horizonte. El pasar de la inmensidad del desierto
a la del mar fue para los árabes prolongar su espacio
para la reflexión, la poesía y el combate.
Dichos hombres de Mileto, encuadrables como filósofos
presocráticos, nos legaron además dos instrumentos
fundamentales para la navegación: Thales la capacidad
de multiplicar abstractamente el conocimiento geométrico
mediante la demostración racional (cosa que no
hacían los egipcios) y Anaximandro, aparentemente,
la autoría del primer mapa y la invención
del gnomón para la determinación del pasaje
del Sol por el meridiano terrestre (referencia fundamental
para los marinos de todos los tiempos).
Otros presocráticos, asombrándose como ellos
frente a la naturaleza y buscando el fundamento de los
entes en su totalidad centraron sus inquietudes en distintas
sustancias materiales a partir de las cuales todo procedería:
Heráclito lo hizo en el fuego (como símbolo
de que todo cambia, todo fluye), Anaxímenes en
el aire y, según antigüas creencias populares,
en la tierra junto con alguno de los otros principios.
Heráclito, además, nos introdujo en el pensamiento
digital a través de su teoría de los opuestos.
Luego Empédocles de Agrigento expuso en el siglo
V a. C. la doctrina de los cuatro elementos como constituyentes
de las "raíces de las cosas": el fuego,
el agua, el aire y la tierra.
Pasó más de un siglo hasta que Platón
creara su Academia, y prohibiera el acceso a quienes no
supieran matemáticas, y algo más de tiempo
hasta que Aristóteles creara el Liceo e influyera,
como preceptor, en el joven Alejandro, hijo de Filipo,
rey de Macedonia.
Fue Alejandro Magno el que en el año 334 a.C. cruzó
el Helosponto, desde Europa hacia Asia, y realizó
una campaña militar y cultural que abarcó
el Asia Menor, Siria, Egipto, la Mesopotamia y la India.
Así se difundió la cultura griega creando
un Mundo Helenístico que perduró hasta 30
años después de Cristo. Pese a que Alejandro
murió en el 323 a.C. las enseñanzas de Aristóteles
las transmitió a todo el mundo árabe. Esto,
como veremos, tuvo grandes consecuencias en Occidente.
Para que se comprendan algunas cuestiones que luego plantearé
me permito hacer una disgresión que podríamos
considerar como artística en la expresión
y como metafísica
en la reflexión.
Si recorremos las Galerías Vaticanas, podemos ubicarnos
frente a una de las paredes de las llamadas "Cámaras
de Rafael" y admirar una obra pictórica del
gran artista del Renacimiento Rafael Sanzio: "La
Escuela de Atenas".
Ver la Figura Nº1.
Ella nos representa las imágenes supuestas de los
grandes hombres de la Grecia Antigüa: Sócrates,
Platón, Aristóteles, Jenofonte, Alcibíades,
Demócrito, Thales, Anaximandro, Anaxímenes,
Pitágoras, Heráclito, Diógenes, Epicuro,
Arquímides, y otros. En el centro, y como dispuestos
a descender hacia nosotros por una escalinata, estan los
dos filósofos más influyentes de todos los
tiempos: Platón y Aristóteles. Platón,
discípulo de Sócrates, señala hacia
el cielo; en tanto que Aristóteles, su alumno de
la Academia, extiende su mano hacia la Tierra, en actitud
de señalar su realidad y protegerla. Sus actitudes
son paradigmáticas para quienes hilvanan utopías
y para los que aspiran a analizar y explicar las realidades
científicas y tecnológicas, desde siempre
y hasta ahora.
El profesor y el alumno nos muestran dos posiciones diferentes
frente al cosmos. Como luego veremos no son las únicas
posibles; surgirá luego una tercera alternativa.
Volviendo a la evolución histórica diré
que la mencionada helenización del mundo antigüo
fue producida gracias a la campaña de Alejandro
Magno (que llegó hasta la India) y al denodado
esfuerzo de los árabes por comerciar y adquirir
conocimiento en el Oriente Medio. Estos fueron los factores
desencadenantes para que el conocimiento científico
y tecnológico vigente en la India, Babilonia, Grecia
y Egipto se concentrara en la Biblioteca y el Museo de
Alejandría.
Dicho proceso había encontrado un terreno fértil
en culturas tan antigüas como la persa, la babilónica,
la árabe, la fenicia, la egipcia, etc. y en el
legado de algunos filósofos presocráticos
que, como vimos y desde distintos lugares del mundo griego,
buscaban cual era la sustancia básica que diera
sentido al mundo.
Pero fueron los mismos árabes, en su afán
de conquista, los que incendiaron varias veces esa joya
cultural de la humanidad antigüa. No obstante ello
no se pudo paralizar el esfuerzo humano por el conocimiento.
Esto lo expresa muy claramente nuestro gran poeta Jorge
Luis Borges en los siguientes versos de su poema "ALEJANDRÍA
640 A.D.":
....................................
"Declaran los infieles que si ardiera,
Ardería la historia. Se equivocan.
Las vigilias humanas engendraron
Los infinitos libros. Si de todos
No quedase uno solo, volverían
A engendrar cada hoja y cada línea,
Cada trabajo y cada amor de Hércules,
Cada lección de cada manuscrito".
.....................................
Podemos
concluir que el conocimiento, más que en los libros,
esta, en potencia, en el cerebro de cada uno de los hombres,
y pasa a estar en acto a través de la adquisición
del conocimiento del mundo gracias a la educación.
Lo mismo podríamos decir de INTERNET si por alguna
razón desapareciera toda la información
que por ella circula gracias al espacio electromagnético
que su funcionamiento requiere.
Todo esto forma parte del espíritu de la humanidad
que fluye a travès del tiempo y que se renueva
y reconstruye permanentemente más allá de
los soportes físicos que se brinden a la información
y su flujo.
Si bien fueron los árabes los que en el primer
siglo de la Hégira (o migración de los pueblos
por ellos constituídos y unificados por Mahoma)
los que incendiaron la biblioteca, gran parte del conocimiento
allí contenido lo llevaron a la península
Ibérica en sus cerebros y en los libros griegos
que ellos habían traducido a su idioma para enriquecer
sus bibliotecas y las de los países a los que lograron
acceder mediante sus conquistas.
Es por lo anterior que nada debe extrañarnos que
españoles y portugueses se lanzaran a la conquista
del "gran desierto brillante" que constituye
el Océano Atlántico, la conquista de gran
parte de África y Asia y el descubrimiento, conquista
y colonización de América. Lo hicieron munidos
del espíritu árabe y de las ciencias y las
tecnologías que ellos les infundieron durante los
7 siglos anteriores.
Es así como podemos concluir que los grandes descubrimientos
de los españoles y los portugueses fueron posibles
gracias a los conocimientos científicos y tecnológicos
transferidos a ellos por los árabes y el impulso
hacia la conquista de "lo infinito" que les
venía desde Oriente.
Esto ocurrió por cierta influencia previa de los
fenicios y, sobre todo, a partir del cruce en son de conquista
de los árabes, por el actualmente llamado Estrecho
de Gibraltar, en el año 711 y hasta la reconquista
operada en 1492, año en que Cristóbal Colón
descubrió América y en que, según
algunos historiadores, comenzó la Edad Moderna.
Fue así como se unieron la isla constituída
por Europa, África y Asia con la otra isla que
es América y se plasmó un efecto intercultural
que aún sigue produciendo consecuencias en toda
la humanidad.
Por otra parte los navegantes portugueses Bartolomé
Dias y Vasco da Gama, entre 1487 y 1499 habían
emprendido el camino inverso por las costas occidentales
de África para llegar a la India.
Los
sarracenos también fueron los responsables de la
reinserción del pensamiento aristotélico
en Occidente (a través de dicha península
y de la influencia que Constantinopla tuvo en Occidente)
cuando, hacia fines de la Edad Media, se fueron creando
las primeras universidades.
En principio ellos llegaron más al norte de la
península Ibérica, pasaron los Pirineos
para ser derrotados por Julián Martel en Poitiers.
Se replegaron sobre sus pasos y se quedaron al sur de
esa cadena montañosa.
La influencia aristotélica por ellos potenciada
dió lugar a que, hacia fines de la Edad Media,
se comenzara a vivir un proceso cultural, intelectual
y religioso que dió origen al Renacimiento, el
Humanismo y la Reforma en el seno de algunas sociedades
y, en particular, en las universidades.
Podemos concluir, como corolario de esta etapa, que los
árabes establecieron dos contactos interculturales
de enorme valor científico y tecnológico:
primero el de ellos con el saber griego y luego el de
su saber con los occidentales.
La
innovación y proliferación de las tecnociencias
modernas.
El
gradual acceso del hombre a la modernidad fue cambiando
de igual manera la imagen teocéntrica del mundo
en otra antropocéntrica.
Si vamos a la consideración de los hechos concretos
fue ya en la Edad Moderna que Sebastián Elcano
se constituyó en el "primer globalizador"
que completó, con algunos miembros de la expedición
de Hernando de Magallanes, un viaje alrededor de la Tierra
por el único medio que entonces (Siglo XVI) lo
permitía: el mar.
La ciencia y la tecnología que permitió
tales hazañas era muy primitiva y podemos decir
que volvió enriquecida a sus lugares de origen
luego de dar la vuelta al mundo.
La invención de la imprenta por Juan Gütemberg
(1397-1468) dio lugar a que el conocimiento saliera de
los monasterios, a que Aristóteles volviera a influir
masivamente en Occidente y a que se produjera una participación
creciente de la sociedad en la información científica
y tecnológica producida por los científicos
e inventores innovadores.
La cosmovisión aristotélica es organicista
y jerárquica y fue compatibilizada con la teodicea
cristiana a través de la gestión de Santo
Tomás de Aquino y otros filósofos de la
Iglesia.
Luego se produjo la Revolución Científica
del siglo XVII en que el pensamiento correspondiente obedeció
a la concepción del universo como un sistema compuesto
exclusivamente de cuerpos y corpúsculos que interactuaban
y se movían de acuerdo con las leyes de la mecánica.
Este mecanicismo respondió fundamentalmente a las
concepciones del mundo de Galileo Galilei (1564-1642)
y René Descartes (1596-1650) que fueron, respectivamente,
el primer gran científico y el primer gran pensador
modernos.
El proceso por ellos desatado, en lo que a esta contribución
interesa, y se manifestó en una aceleración
de la creación tecnocientífica que condujo
en primera instancia a la Primera Revolución Industrial
durante la modernidad.
La concepción fue mecanicista hasta que nació
el electromagnetismo a comienzos del Siglo XIX. Los campos
electromagnéticos no son de naturaleza mecánica,
carecen de masa y, por consiguiente, escapan a las leyes
de la mecánica. Lo mecánico y lo electromagnético
convivieron en el cuerpo de los generadores y motores
eléctricos.
Tomadas las innovaciones más importantes detalladas
por Lewis Munford (*) en forma cuantitativa y por siglos
a partir del Siglo X vemos que su graficación nos
señala una curva muy parecida a una parábola.
Esto puede ser tomado como una "aceleración
de la innovación tecnológica" (ver
la Figura Nº 2) y ello tiene incidencias indisimulables
en la sociedad que vivimos actualmente dado que dicha
aceleración se potencia con una transferencia cada
vez más rápida de dichas innovaciones al
mercado. Las innovaciones en los procedimientos de industrialización
y comercialización proyectan el fenómeno
a nivel global.
Los efectos políticos, sociales, económicos
y militares que ello viene produciendo tienen que ver
con el poder y con una transferencia del mismo hacia países
que, como Francia e Inglaterra, habían operado
la conquista y colonización de lo que ahora son
EE.UU. de Noteamérica y Canadá.
Simultáneamente España, Portugal y los países
latinoamericanos, desde México hasta la Argentina,
pasando por Brasil, permanecieron culturalmente casi sumidos
en la Edad Media y el subdesarrollo. Esto fue así
porque no siguieron el proceso de modernización
científico-tecnológico operado en el norte
con la dedicación que debieron habido dispensarle.
Nuestra tradición científica y tecnológica
es pobrísima en comparación con cualquier
otra nación occidental desarrollada. La ciencia
y la tecnología han sido las cenicientas del mundo
íberoamericano y esto no se debe a falta de talento
(en su seno se han gestado las vidas de cinco Premios
Nobel en ciencias, dos españoles y tres argentinos)
sino a un problema cultural que no reconoce a los poseedores
de todo pensamiento original.
___________________________________________________________
(*)
MUMFORD, Lewis, Técnica y Civilización,
Alianza Editorial S.A., Madrid, 1971, pág. 460
a 473.
Nuestra ciencia y tecnología se han desarrollado
en forma asistemática, con lentitud y con imitación
de lo extranjero.
Esto ha marcado, histórica y fácticamente,
diferencias de poder político, económico,
militar e informacional que ahora son difíciles
de superar. La llamada "brecha tecnológica"
se fue incrementando junto con las diferencias de poder.
El eje de la proliferación tecnológica este-oeste
se fue inclinando y marcando crecientes condicionamientos
políticos, estratégicos, económicos
y militares para su recepción en los países
del sur.
En cuanto a lo específicamente marítimo
los increíbles adelantos tecnológicos de
la modernidad (sucedidos en los países ubicados
al norte de los Pirineos a partir del descubrimiento de
América por Cristóbal Colón) fueron
perfeccionando las funciones de flotar, mover, ubicar
y controlar para poder pescar, comerciar y combatir en
el mar. No obstante, durante un largo tiempo los barcos
de vela de los españoles que, por ser su país
el primer poder marítimo de Europa, mantuvieron
el primer puesto en las artes de la navegación
y de la construcción naval. El siglo XVII fue para
los españoles y los holandeses pero ya el siglo
XVIII pertenece a los ingleses y franceses.
Todo terminó centrándose en una competencia
por la velocidad de desplazamiento en el mar. Esta era
la que garantizaba la seguridad y la ventaja en la guerra
pero, además, en los tiempos de paz, representaba
ahorros de tiempo en las travesías y la posibilidad
de transportar más cargas para los fletadores.
Los negreros buscaban velocidad, los piratas exigían
velocidad y los comerciantes necesitaban velocidad. En
esa competencia los barcos de vela y madera tuvieron que
competir con los de vapor y acero. En 1890 todavía
había una disputa sostenida entre los nuevos hijos
del mecanicismo y los bellos Clippers construídos
desde 1850 en adelante. En el 1900 la gran mayoría
de los barcos era de vapor y los de vela se continuaron
usando para entrenamiento e instrucción de los
marinos.
El buque que utiliza la fuerza mecánica no es producto
de una evolución sino que es revolucionario, es
hijo de la Primera Revolución Industrial de la
modernidad. Todo el pasado de belleza y armonía
cayó; el alma del barco pasó desde las velas
a la sala de máquinas. Poco a poco los oficiales,
tanto de máquinas como del puente, se fueron transformando
en hombres de ciencia y técnicos especializados
en las disciplinas tecnocientíficas modernas.
Esto marcó dos cambios fundamentales en lo naval
y en lo marítimo.
El primero, como vimos, fue tecnológico, dado que
se pasó de aprovechar el errático viento
para la propulsión de los barcos a la autopropulsión.
Ello significó lo que he llamado como Tercera Revolución
Tecnológica Naval (*) y (**), según una
interpretación kuhneana de la evolución
tecnológica del buque de guerra, y teniendo en
cuenta las revoluciones previas del remo y de la vela.
El segundo tiene que ver con el poder marítimo,
dado que, luego de tal revolución, España
y Portugal, que no habían participado de la Primera
Revolución Industrial, cedieron tal poder a los
que la prohijaron, o sea, básicamente Inglaterra.
Pero el interés por la ciencia y la tecnología
fue creciendo en los nuevos poseedores del poder y ello
evolucionó hasta que el mismo mar, sus fondos,
sus costas y su contenido viviente se fueron constituyendo
en objetos de estudio para la ciencia moderna.
La tecnología fue generando medios especiales e
instrumentos para sustentar tales investigaciones.
El mar adquirió una tercera dimensión para
el empeño combativo y científico de los
hombres con el submarino de Fulton y el batiscafo de Jacques
Cocteau, respectivamente. Esto último llevó
al empleo de nuevas tecnologías aplicables a las
funciones de navegar en inmersión por una inmensidad
tridimensional casi totalmente desconocida. Se incursionó
en un mundo que actualmente consideramos como muy parecido
al que nos brinda el espacio ultraterrestre en condiciones
de ingravidez. Un astronauta y su indumentaria se parece
a un buzo y hay un cierto paralelismo entre las innovaciones
médicas a las que sus actividades conducen. Uno
y otro son hombres en medios extraños y peligrosos.
El año 1900 antes señalado, no sólo
marca el fin de un siglo y el comienzo de otro, sino que
la puerta de entrada a una etapa tecnocientífica
moderna tardía que tiene un sentido muy especial
para la historia de la humanidad y que, por haberla vivido
en gran parte nos comunica la percepción de que
algo tan importante como una revolución cultural
de la humanidad actual esta en ciernes.
____________________________________________________________
(*) DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, SATÉLITES,
Vta. Etapa Tecnológica Naval y su incidencia en
la Guerra de Malvinas,
Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1990,
página 70.
(**)
Ver el cuadro sobre las Revoluciones Tecnológicas
Navales, reproducido del libro anterior, en la Figura
Nº3 de este Cuaderno Talásico.
____________________________________________________________
La innovación y proliferación de
las tecnociencias contemporáneas o de la modernidad
tardía.
Desde
comienzos del Siglo XX toda la experiencia antes obtenida
para navegar por el mar fué volcada a la conquista
de un nuevo espacio tridimensional e inmenso: el espacio
que ocupa el aire, que inquietaba a Anaxímenes,
que ahora denominamos atmósfera y que, a nivel
nacional, reconocemos como "espacio aéreo".
Ahora en vez de flotar había que sustentarse y
la arquitectura naval debía hacer lugar a la ingeniería
aeronáutica, el moverse en el aire requirió
del viento y, en la mayoría de los casos, de medios
de autopropulsión (hélices, turbinas, reactores,
etc.), la cuestión de situarse requierió
de una tercera dimensión (la altura), que se sumó
a la posición geográfica (longitud y latitud),
para poder realizar la aeronavegación.
Por otra parte, el paradigma mecánico debió
coexistir con la física de los campos y el universo
pasó a ser concebido como un gigantesco campo electromagnético
y gravitatorio sembrado de cuerpos físicos.
Es así como el electromagnetismo fue empleado primeramente
para el diseño de motores y generadores eléctricos
hasta que, medio siglo después, nació la
técnica de las ondas electromagnéticas y,
después, la electrónica.
Algo parecido pasó con la ingeniería nuclear
hacia mediados del siglo XX.
Todo esto condujo a la sociedad humana a las llamadas
Era Tecnotrónica, Atómica y Espacial para
ingresar actualmente en la que podríamos llamar
Era de la Biotecnología.
Por otra parte el Siglo XX marcó, desde sus inicios,
una sensación de incertidumbre necesitada de información
y de control.
La teoría de la información nos dice que
el nivel incertidumbre queda reducido a la mitad cuando
disponemos de un bit de información y la cantidad
de información necesaria se define en función
de la cantidad de bits que permiten aliviar dicha incertidumbre.
Ahora, a comienzos del siglo XXI, es tan enorme la cantidad
de los bits que inciden en nuestras vidas como la incertidumbre
que nos aqueja. Sólo un gran conocimiento capaz
de darles sentido puede aliviar nuestra sensación
de ignorancia y es ello lo que impulsa a grandes cantidades
de personas a sumergirse en el mundo virtual de INTERNET
para tratar de encontrar alivio en una cibernáutica
en la que el "kubernetes" muchas veces esta
ausente. Es así como el "ciberespacio"
puede contener a mucha gente perdida en un desierto de
información inútil.
Muchos de ellos se creen "seres digitales" en
un mundo creado u organizado en forma analógica.
Los pensamientos de Heráclito, y luego de Platón,
parecen haber influido tanto en el pasaje de la computación
analógica a la digital como a la simplificación
propia del llamado árbol de la decisión
(*).
Por otra parte, y desde un punto de vista político-estratégico,
advertimos que el eje este-oeste de proliferación
de la ciencia y la tecnología durante la antigüedad
ya se ha transformado en un eje norte-sur en que las proliferaciones
estan altamente cuestionadas por razones del poder y se
ha establecido un nuevo eje oeste-este, vigente en el
Hemisferio Norte, en que Oriente se ha constituído
(principalmente a través de Japón, China,
India, Paquistán y Corea del Norte) en un poder
amenazante que usa tecnología originada en Occidente.
Esto nos ha sido claramente explicado por el Académico
Ortiz de Rosas en su anterior exposición en esta
Academia y en su cuaderno Talásico.
Además estos ejes norte-norte y norte-sur plantean
cuestiones estratégicas que mucho tienen que ver
con el futuro de la humanidad.
El término proliferación, que en el primer
eje considerado nos resultó indicativo de un progreso
de Occidente nutrido por el antigüo Oriente, se ha
tornado en algo preocupante y aparentemente imparable
en que los "perturbadores" o "Estados rebeldes
o inquietantes" orientales (según las menciones
del Académico Ortiz de Rozas) amenazan a los miembros
del Nuevo Orden occidental con sus propias armas.
El origen de esta nueva problemática, de origen
tecnocientífico y repercusión política,
diplomática, económica, militar y mediática,
se centra fundamentalmente en lo ocurrido luego de la
Primera Revolución Industrial y, particularmente,
durante el Siglo XX y sus interesantes, sofisticadas e
inquietantes nuevas revoluciones.
Si se hubieran reunido los científicos más
encumbrados del mundo a fines del Siglo XIX para hacer
un pronóstico de lo que sucedería con la
ciencia y la tecnología durante el Siglo XX no
hubieran hablado de electrónica, física
nuclear, ciencia espacial, astronáutica, aviación,
aeronáutica, televisión, telecomunicaciones
por ondas hertzianas, biotecnología, genoma humano,
guerra submarina, química, biológica y nuclear,
etc.
___________________________________________________________
(*) NEGROPONTE, Nicholas, Ser digital, Editorial Atlántida,
Buenos Aires, 1995, 246 págs.
___________________________________________________________
Pero
todo ello ocurrió y nos ha proyectado hacia un
proceso de globalización y universalización
por un lado (con rumbo hacia lo infinitamente grande)
y hacia otro proceso en que nos inmiscuimos en las entrañas
de la molécula, el átomo y la célula
viva (con rumbo hacia lo intinitamente pequeño).
La complejidad del mundo así creado ha requerido
de la computación, de la telemática, de
la cibernética, de la electrónica, y de
las ciencias de la información en general, para
resolver problemas relativos a lo que se nos hace infinitamente
complejo.
Todo ese proceso se ha reflejado en la tecnología
de los medios navales a través de las 4ta. y 5ta.
Revoluciones Tecnológicas Navales que podemos apreciar
en la Figura Nº3.
Ello ha llevado, a mi entender a un cambio de paradigmas
que ha dejado de lado el tradicional paradigma de la velocidad
como algo fundamental para la actividad naval.
Lo que viene ocurriendo en general en materia de ciencia
y tecnología hecha un manto de incertidumbre sobre
lo que puede llegar a ocurrir durante el Siglo XXI que
ya ha comenzado. No podemos creer que existan mentes humanas
capaces de predecir lo que nos depara un futuro que acelera
su marcha hacia nosotros y que parece que no pudiéramos
controlar; esto es así pese al culto por el control
que venimos ejercitando.
Es en estas circunstancias que el to ápeiron de
Anaximandro adquiere un nuevo valor. Él lo consideraba
como un principio fundamental de la Naturaleza y nosotros,
luego de tanto hurgar por ella, para usarla en nuestro
beneficio, nos preguntamos si no hemos entrado en un callejón
sin salida al llegar a la conclusión que que la
doble faz del mundo físico: la de la macrofísica
y la de la microfísica, nos ha sumido en una complejidad
del conocimiento tan inabarcable que nos infunde temor
por sus posibles usos futuros.
Lo más probable es que ese principio fundamental
nos este negado por su propia infinitud y que no nos quede
otra actitud que la más modesta de aceptar nuestra
ignorancia y finitud.
Dentro de la actitud señalada se hace imprescindible
un reencuentro del hombre con la naturaleza para evitar
su propia autodestrucción. Los problemas ecológicos
y ambientales que vienen señalando los científicos
son lo suficientemente graves como para modificar muchas
conductas dispendiosas del presente y también las
utopías ligadas con la posibilidad de que todos
los habitantes de la Tierra pueden alcanzar la calidad
de vida que ya tienen los países desarrollados.
Nuestro habitat natural no permite que dichos excesos
se prolonguen y amplien sin límite.
Una
mirada al posible panorama futuro.
Probablemente
el robot "Surveyor", ubicado por EE.UU. en Marte
como parte de una misión espacial, nos permita
marcar un punto de encuentro entre el pensamiento griego
y el nuestro contemporáneo. Le hemos hecho recorrer
millones de kilómetros en una increible misión
hacia el "to ápeiron" de Anaximandro,
lo hemos telecontrolado mediante un "kubernetes"
a distancia, le hemos hecho buscar la sustancia dadora
de vida el "agua" de Tales y para impulsarlo
nos hemos valido tanto del "fuego" de Heráclito
como de su teoría de los opuestos (al emplear masivamente
la digitalización de las señales) y su vocación
por el "cambio", o sea, la innovación".
Lo que ellos han considerado básico, fundamental,
lo sigue siendo para nosotros. Pero debo observar que
en los dos mil quinientos años que han pasado ha
surgido una grave diferencia cultural. Ellos trataban
de comprender los fenómenos naturales, nosotros
intentamos dominarlos.
Eso es lógico porque ellos estaban más cerca
de lo natural, nosotros hemos tomado distancia. Me pregunto:
¿Cuál es el límite para nuestro afan
de dominio?. Creo que hay una sola respuesta: el impuesto
por la misma naturaleza.
El Académico Ereño nos ha hablado del Cambio
Global que el uso de muchas tecnologías viene produciendo
en nuestro habitat natural: la Tierra. Las investigaciones
que dicho cambio provoca permitirán desentrañar
la respuesta de una naturaleza agredida más allá
de su gran tolerancia.
Para neutralizar los aspectos negativos de tal cambio
se habla de tecnología, economía y desarrollo
sustentables o sostenibles. Creo que el proceso de neutralización
debe ser más profundo y es por ello que he escrito
un libro (*) sobre lo que he llamado "pensamiento
sustentable" que, por supuesto, no puede ser el moderno,
que es el que creó el problema.
A mi entender el cambio involucra a la humanidad desarrollada
en una Cuarta Revolución Cultural que se manifiesta
en el pasaje de una imagen del mundo moderna antropocéntrica
a otra biocéntrica que nos permita contemplar no
sólo nuestra vida sino que, además, todas
las formas de vida no humanas como prerequisitos de nuestra
supervivencia.
__________________________________________________________
(*) DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, Hacia un
pensamiento ecológicamente sustentable, 1ra, edición,
Instituto de Publicaciones Navales, 1996, Buenos Aires,
262 págs.
__________________________________________________________
Dicho
pensamiento debe basarse en una macroética, que
contemple un nuevo obrar humano respecto a la naturaleza
y una ética de la responsabilidad en relación
con las futuras generaciones, y en una macroestética
capaz de asimilar nuestro habitat como una gran obra de
arte. El enfoque a emplear debe ser sistémico y
el objeto de estudio: el Sistema Tierra.
Debemos tener claro que el panorama futuro esta en nuestras
manos, que, al decir del poeta francés Paul Valery,
"el futuro ya no es lo que solía ser",
y que tenemos una responsabilidad intergeneracional para
construir dicho futuro a partir de este aqui y este ahora.
En épocas ligadas a la problemática del
espacio ultraterrestre el "aqui" es la Tierra
y el "ahora" nos hace pensar en un "tiempo
fractal" en que es difícil definir la unidad
de un tiempo que se nos hace cada vez más corto
ante la aceleración de la historia.
Análisis de las cuestiones fundamentales.
En
base a lo anterior aparecen algunas cuestiones que merecen
ser tenidas en cuenta para evaluar la incidencia actual
y futura de la tecnología en el devenir de la humanidad:
1)
Lo infinito (to apeiron) existe tanto para una primera
mirada hacia el mar, hacia el aire o hacia las estrellas
como hacia el conocimiento.
Hablamos de los horizontes como de algo lejano pero que
nos produce una atracción irresistible por alcanzarlo.
Al ir hacia todas las infinitudes a las que me he referido
tenemos siempre esa misma intencionalidad. En el caso
particular de los que podemos llamar "horizontes
del conocimiento" el filósofo alemán
Edmund Husserl nos habló de la intencionalidad
de horizonte al desarrollar su fenomenología del
conocimiento.
Es así que, si Rafael Sanzio debiera volver a pintar
su cuadro actualmente, debiera ubicar un tercer personaje
en el centro de la escena, entre Platón y Aristóteles,
y señalando el horizonte. El cerebro de tal personaje
debiera estar organizado según un enfoque sistémico
del mundo como el de Ludwig Von Bertalanffy (*) y estar
convencido que los mejores medios para alcanzar tales
horizontes los brinda la tecnociencia actual.
__________________________________________________________
VON BERTALANFFY, Ludwig, Teoría general de los
sistemas, Sexta reimpresión de la Primera Edición
en español, Fondo de Cultura Económica,
México, 1987, 311 págs.
Indudablemente que pienso que si Rafael Sanzio viviera
ahora hubiera pintado la imagen de Husserl y que la obra
podría mantener la denominación de "La
Escuela de Atenas"; esto sería así
porque creo que debemos admitir que, en todas las Academias
actuales, seguimos disfrutando del legado griego clásico.
2)Desde
un punto de vista físico, y para ver más
lejos en el mar, los marinos hemos subido al "nido
de cuervos", a aviones, a helicópteros y ahora
usamos satélites artificiales de la Tierra para
abarcar horizontes más lejanos. Estos últimos
pueden abarcar ya casi la mitad de la superficie de la
Tierra.
Pero, en el plano del conocimiento, la elevación
tiene un sentido distinto, más estricto y abarcativo,
la altura alcanzada tiene que ver con la sabiduría
y con las capacidades y esfuerzos, desplegados durante
largo tiempo, para adquirirla.
En todos los casos llegar más alto tiene sus compensaciones.
El gran apoyo para lograrlo esta en la tecnología
y esta, a su vez, se genera gracias a la intencionalidad
de horizonte que tienen la filosofía y la ciencia
por acumular más sabiduría y conocimiento.
3)"La
mirada tecnológica del mundo desde el mar"
es ahora posible porque hubo una tecnología previa
que nos permitió abandonar nuestro habitat natural
en la tierra, flotar y movernos en el mar en condiciones
de control. Ver el mundo desde el mar nos exige elevarnos,
con el doble sentido que le hemos dado a esta palabra,
y sólo así podemos apreciar el efecto multiplicador
que nuestra primigenia intención de alcanzar horizontes
nos ha legado. Esto sigue teniendo un gran valor aún
en épocas en que los horizontes de los árabes
y de los viejos marinos nos quedan chicos.
Pero también, siguiendo el dedo de Aristóteles,
nos hemos sumergido en el mar para descifrar, munidos
de tecnologías muy sofisticadas, todo lo que él
encierra. Como lo expresé, los submarinos se asemejan
a naves espaciales y los buzos a los astronautas a la
manera que, utópicamente, Julio Verne imaginó
en el siglo XIX. Lo concreto es que sus utopías
se vieron ampliamente realizadas en el siglo XX.
4)La
palabra utopía proviene de una expresión
del griego ático (ou-tópos) que quiere decir
"no-lugar" ó "lugar que no existe".
Para los griegos, podemos pensar, la Luna y el fondo del
mar no eran lugares propios para que el hombre estuviera
en ellos.
El haber llegado a ellos, en muy buena medida constituye
la realización de sendas utopías. Todo ello,
y mucho más, se logró gracias a la tecnología
del Siglo XX.
Si nos remitimos, en particular, a lo que pasó
el 21 de julio de 1969 (a las 2 horas y 56 minutos de
Greenwich) cuando el astronauta Neil Armstrong puso un
pié en la Luna, recordamos que dijo: "Este
es un paso muy pequeño para un hombre, pero un
salto gigante para la humanidad" (*).
Y podemos pensar que al hacerlo estaba cerrando el movimiento
de unir el dedo da Aristóteles, el gran realista,
con el de Platón, el gran utopista. Se estaba cumpliendo
la utopía de Julio Verne gracias a un inmenso avance
tecnológico de la humanidad en el término
de un siglo.
¿Podemos imaginar una utopía mayor que la
que el hombre pise la Luna?, ¿no es nuestro lugar
natural la Tierra, y en la superficie de ella, la tierra
firme?....
El mismo cuadro de Rafael es utópico y ucrónico
dado que coloca en un mismo lugar sabios que no estuvieron
juntos y que pensaron en distintas épocas. De todas
maneras su concepción artística y cultural
es profundamente válida.
Dado lo anterior nos preguntamos sobre si estamos ante
el fin de las utopías o si realmente las utopías
son necesarias para que el arte y la tecnología
las haga posibles.
5)A
esta altura de mi exposición debo pensar que Anaximandro
tenía razón. Su "to ápeiron"
nos ha señalado horizontes físicos y del
conocimiento tras los cuales vamos navegando; siempre
se nos escapan y aparecen grandes creadores que corrigen
nuestros rumbos y nos permiten avanzar. Lo hacemos munidos
de la ciencia y la tecnología y cada avance plantea
tanto nuevas cuestiones a la filosofía, la política,
la estrategia, la geopolítica, la diplomacia, el
derecho y la misma ciencia y tecnología como nuevos
horizontes para seguir avanzando.
Cuando estas cuestiones llegan al hombre común
vemos que, en la medida que se educa adecuadamente y se
actualiza cada vez con más intensidad, se siente
ciudadano de un mundo que se expande y complica.
Es por lo anterior que debo concluir que la metafísica
nos ha servido como generadora de utopías y muchas
veces esas utopías han estado muy cerca de ser
cumplidas gracias a la ciencia y la tecnología.
___________________________________________________________
(*) ARMSTRONG, Neil, COLLINS, Michael y ALDRIN jr., Edwin,
Los primeros en la Luna, Editor Luis de Caralt, Barce-
lona, 1970, 547 págs, página 359.
____________________________________________________
La
utopía de abandonar la tierra y lanzarnos hacia
un mar indefinido, tras lo infinito (to ápeiron)
oculto más allá del horizonte, ha sido realizada
gracias a las ciencias y las tecnologías que nos
permitieron flotar, navegar y llegar a nuevas tierras
en la época de los descubrimientos. Ello nos permitió
unir las grandes islas continentales y la infinidad de
islas de todo tipo y tamaño y a sus habitantes
en un esfuerzo que conduce a la unión de la humanidad
a través de la utopía de la comprensión
intercultural mutua y la práctica de un sano universalismo.
Nuestro avance hacia otras utopías de lo infinitamente
grande nos condujo sucesivamente hacia el aire (a fines
del siglo XVIII), hacia el éter (a comienzos del
siglo XX) y hacia el espacio ultraterrestre (a mediados
del siglo XX) y, probablemente, hacia el origen de la
vida en el Siglo XXI.
El sendero marcado por las ciencias y tecnologías
que nos señalaron el camino del mar y la posibilidad
de navegar por él, ha servido también para
navegar por el aire, éter y el espacio ultraterrestre.
Todo ello ha servido también para perfeccionar
los desplazamientos terrestres que los árabes del
desierto comenzaron a dominar.
6)Todo
esto nos ha permitido comenzar a considerar a la Tierra
como un gran sistema altamente interrelacionado, que aún
esconde muchos secretos y que nos sirve, como ningún
lugar en el cosmos, de habitat para vivir en armonía
con la naturaleza.
Entiendo que la consideración geopolítica
que ella merece es pentadimensional porque, como las pagodas
de los japoneses, nuestra Tierra tiene 5 estratos que
afectan lo que en ella sucede: el terrestre, el marítimo,
el aéreo, el ultraterrestre que "mira"
hacia él y el electromagnético que usa el
éter para la transmisión de la información
y el conocimiento, hacia cualquier lugar de la Tierra
y del espacio ultraterrestre, con la velocidad de la luz.
Estos espacios no son independientes, se producen fenómenos
naturales y antrópicos que manifiestan acciones
desde unos hacia otros y, en particular, son las ondas
electromagnéticas las que los transitan y los ligan
de una manera más fecunda. Dichas ondas no son
sólo las visibles sino que las que, con frecuencias
inferiores y superiores a las percibidas por los seres
humanos, dan lugar a situaciones que sólo son puestas
de manifiesto por instrumentos generados por la tecnología.
Pero todo es parte de una realidad que nos trasciende
y que debemos estar en condición de respetar más
que de utilizar.
Es
así como el cielo estrellado que vemos coexiste
con otro superpuesto que es analizado por la astronomía
no visible, y que es tan real como el otro, y que los
cuerpos que son objeto de nuestros sentidos estan constituídos
por átomos que tampoco vemos pero que forman parte
de una realidad microfísica, también percibible
mediante instrumentos generados por la tecnología,
que es real, que nos influye y que se liga claramente
con ondas electromagnéticas vinculadas con la mecánica
cuántica.
Llegados a este punto podemos considerar que el "fuego"
que los griegos presocráticos idealizaban en el
espíritu humano (robado a los dioses por Prometeo)
o usaban realmente para fines más prosaicos es
el que nos ha dado la energía moral y física
que nos permite la navegación por estos espacios
infinitos y pentadimensionales. Y, acompañando
a Heráclito, podemos asegurar como nunca que todo
cambia y se transforma de manera impredecible.
Los tres espacios tradicionales de la geopolítica
se refieren a tres cosas: la tierra, el mar y el aire.
Se comenzó a hablar de "geopolítica"
cuando la tecnología permitió que los seres
humanos inmersos en ellas constituyeran una comunidad
más o menos interrelacionada.
Al adicionar los dos espacios que propongo dicha interrelación
se potenció hasta permitir un enfoque sistémico
y casi sincrónico de los hechos ocurridos en los
cinco espacios. La Polis se transformó en la Aldea
Global, los hechos ocurridos en cualquier lugar del mundo
repercuten en el resto en forma casi instantánea
y esto sólo puede ser analizado política
y estratégicamente a través de una mayor
comprensión de la evolución tecnológica
y de los nuevos poderes que esta va confiriendo al hombre
y a los Estados.
Los horizontes que nos muestran los espacios terrestres,
marítimos, aéreos, ultraterrestres y del
conocimiento se nos escapan permanentemente. Nuestras
navegaciones como árabes del desierto, gauchos
de la pampa, marinos de ultramar, aviadores, astronautas
y cibernautas han tendido a lo infinito (al to ápeiron)
en una búsqueda incesante por lo imposible. La
tecnología nos ha ayudado grandemente pero siempre
es insuficiente.
Los sucesivos horizontes han marcado, marcan y marcarán
líneas indelebles y abiertas en un espíritu
humano ansioso de infinitud,
Las sucesivas "navegaciones", por los cinco
espacios que considero como geopolíticos, son las
que permiten una proliferación que va mucho más
allá de lo tecnológico para abarcar lo político,
lo social, lo cultural, lo económico, lo ambiental
y lo biológico influyendo decisivamente en un desarrollo
integral de la humanidad hacia un futuro impedecible.
Este es el que entiendo como verdadero sentido del tan
mentado proceso de globalización.
No obstante dicho proceso encuentra una verdadera valla
en lo relativo a la pluralidad cultural del mundo, y creo
que así debe ser. Las culturas particulares deben
resistirse a la aculturación y comulgar con un
universalismo cultural que permita el esfuerzo transcultural
a partir de una cultura propia fuertemente asimilada.
7)
La proliferación de la tecnología siempre
ha presentado una ambivalencia en cuanto a su uso pacífico
y bélico.
La experiencia nos muestra una tendencia hacia su difusión
global e intereses nacionales centrados en su uso dual,
tanto para la paz como para la guerra
Hemos visto que hasta mediados del siglo pasado no hubo
mayores vallas para tal dispersión y que ello dependió
de cuestiones económicas, militares y culturales
en cuanto a la posibilidad de su asimilación.
También tuvieron gran influencia en la proliferación
las posibilidades reales de comunicación.
Luego de mediados del siglo pasado, con las explosiones
atómicas de Hiroshima y Nagasaki, se produjo un
cambio que ahora se manifiesta en tratados internacionales
que tratan de limitar la proliferación de las tecnociencias
sensibles a partir de los países que ya las tienen
y no quieren deshacerse de ellas por su poder estratégico
disuasivo y efectivo.
Todo esto nos presenta nuevas bondades y amenazas en un
contexto comunicacional que favorece la proliferación
que se pretende frenar. Podemos suponer que, en no mucho
tiempo, ciertos países con intencionalidades agresivas
podrán emplearlas si ya las tienen o se agenciarán
de ellas por cualquier medio. Esto nos lleva a una necesaria
consideración de carácter ético.
Así como Aristóteles escribió una
ética para un Nicómaco que estaba grandemente
limitado por la Polis, Hans Jonas nos habla del principio
de responsabilidad ante las futuras generaciones a través
de un "ensayo de una ética para la civilización
tecnológica" (*), Karl Otto Apel nos habla
de "la solución de conflictos en la era atómica
como problema de una ética de la responsabilidad"
(**).
___________________________________________________________
(*) JONAS, Hans, El principio de responsabilidad. Ensayo
de
una ética para la civilización tecnológica,
Editorial Herder, Barcelona, 1995, 398 págs.
(**)APEL, Karl-Otto, Una ética de la responsabilidad
en la era de la ciencia, editorial Almagesto, Colección
Mínima, Buenos Aires, 1992, 50 págs.
Por otra parte Jürgen Habermas lo hace en relación
con una ética del discurso aplicada a la acción
comunicativa.
Las visiones de estos filósofos son prospectivas
y englobantes de lo humano. Es así como, ante su
nuevo asombro y temor ante la tecnología, la filosofía
renace luego de que viera la luz, hace 2.600 años,
gracias al asombro y al temor ante la naturaleza.
Las nuevas éticas, las filosofías de la
ciencia y de la tecnología y la antropología
filosófica dan cuenta de ello.
Por otra parte deseo puntualizar que durante el siglo
XX la nuevas ciencias y tecnologías tratan de develar
las utopías que nos motivan para incursionar en
lo infinitamente pequeño del átomo y la
celula viva y en lo infinitamente complejo del conocimiento
y la información que nos implota. Esto es motivo
de otras visiones que no se realizan desde el mar.
8)
Puesto el hombre ante las tres infinitudes que señalo
no puede dejar de sentir lo que podríamos llamar
como "una angustia de infinitud" el simple hecho
de encararlas demuestra la decisión y la fuerza
espiritual que anima a los científicos y tecnólogos
que han construido el mundo moderno en que vivimos. Creo
que estamos lejos de reconocerle sus aportes, ellos no
son simples creadores de "nuevos medios" sino
que constructores de un nuevo mundo que todavía
es vivible y disfrutable para muchos gracias a ellos.
Dicha falta de reconocimiento muestra un punto crítico
en la sociedad íberoamericana, en general, y la
sociedad argentina, en particular.
9) Volviendo al tema concreto de esta exposición
debo decir que, de todas maneras, la mirada científica
y tecnológica que ensayo no puede ser realizada
desde el mar, se necesita un punto más elevado
y omniabarcante de la realidad de la Tierra y de la humanidad
en épocas en que la tecnociencia nos ha creado
tanto grandes soluciones como problemas. El instrumento
a usar es el "macroscopio" que no existe, como
diría Descartes, en la realidad de las cosas extensas
sino que en la de las pensadas. Fue creado por otro francés:
Joël de Rosnay (*).
Su uso puede brindarnos la mirada macrocientífica
del Sistema Tierra y del Universo como objetos de estudio
pero no podemos realizarlas adecuadamente si no le damos
las connotaciones filosóficas de las miradas macroestética
y macroética que aquí no he tratado pero
que forman parte de mi libro: Hacia un pensamiento ecológicamente
sustentable.
__________________________________________________________
(*) DE ROSNAY, Joël, El Macroscopio, Hacia una visión
global, Editorial AC, Madrid, España, 1977, 289
págs.
Conclusiones.
En
general estimo que no se puede concebir un futuro posible
para la humanidad si no recreamos un nuevo asombro que
nos devuelva a la filosofía a través de
la admiración y buena administración de
nuestras increíbles realizaciones científicas
y tecnológicas contemporáneas. La tecnociencia
debe volver a subordinarse a la filosofía a través
de la ética y la antropología filosófica.
En
particular saco las siguientes conclusiones:
1)
El enfoque sistémico del pensamiento, el conocimiento
y la realidad física parece el más adecuado
para comprender la incidencia de la tecnología
en el mundo contemporáneo;
2)
El plantearnos nuestra actitud frente al mundo como un
ansia permanente de alcanzar "lo infinito",
materializado en la idea de sucesivos "horizontes",
brinda una imagen de la tecnología como dadora
de instrumentos para tal fin;
3)
Dicha actitud fue tomada primitivamente por los árabes
y luego por los marinos de profesión. Ello significó
que los unos y los otros se inclinaran por la reflexión,
la poesía, la ciencia y la tecnología. Luego,
los "navegantes de inmensidades" en general,
vienen experimentando impulsos similares;
4)
Tanto el arte como la tecnología tratan de plasmar
utopías en realidades. Algunas realizaciones tecnológicas
concretas, cimentadas en enfoques sistémicos orientados
al dominio de la indeterminación, nos han llevado
a incursionar en ámbitos que estan fuera de nuestro
lugar (u-topos). Las utopías no son accesibles,
se materializan en horizontes que nunca alcanzamos, pero
que ejercen un irresistible atractivo que nos induce a
navegar hacia ellos. Esto es así aunque sabemos
que los caminos hacia lo infinitamente grande, pequeño
y complejo son tan interminables como nuestro acercamiento
a la verdad del mundo y de la vida;
5)
Nuestro lugar es el que pisan nuestros pies, la tierra
firme. Las realizaciones tecnológicas que la humanidad
viene realizando nos permiten salir de ese lugar empleando
medios artificiales como la rueda y hasta navegar por
el mar, el aire, el espacio ultraterrestre y el espacio
electromagnético. Al hacerlo estamos realizando
utopías o acciones fuera de lugar;
6)
Partiendo de la circunnavegación de la Tierra por
la expedición de Magallanes a la consideración
de la Tierra como un sistema dentro del cual la humanidad
viene superponiendo otro sistema fuertemente interrelacionado
a través del llamado proceso de globalización;
creo que debemos considerar que todas las "navegaciones"
señaladas tienen que ver con la Tierra, su geografía
y la humanidad que la habita y que se realizan en cinco
espacios geopolíticos: la tierra, el mar, el aire,
el espacio ultraterrestre (en la medida que se lo use
para interrelaciones con la Tierra o entre puntos terrestres)
y el espacio electromagnético (como espacio de
las frecuencias usado para la difusión de la información
y el conocimiento). La ocupación y tránsito
por estos espacios tiene que ver con los juegos del poder
dentro de una gran aldea llamada "Aldea Global",
que geográficamente ocupa toda la Tierra y, por
lo tanto, es de naturaleza geopolítica;
7)
La solución legal y fáctica de los problemas
éticos que el uso de las nuevas tecnologías,
sensibles al hombre y la sociedad, provocan es determinante
para que exista un futuro posible para la humanidad;
8)
La tecnología que prolifera hacia espacios crecientes
en dimensión (hacia el "To ápeiron"),
que se ha introducido en la intimidad del átomo
y de la cálula viva y que innova aceleradamente
requiere conocimiento y produce información a un
ritmo y cantidad que nos supera ampliamente. Ni siquiera
la prótesis brindada por las tecnologías
de la información parece alcanzarnos en nuestro
afán cibernáutico. Nos manejamos entre un
mundo real y otro virtual sin saber donde estan los límites,
y nos invade algo que yo llamaría "angustia
de infinitud" ante un futuro incierto. Esto constituye,
a mi entender, la peor nueva amenaza que sufrimos: la
ignorancia.
Para neutralizar dicha amenaza lo mejor que puede hacer
una sociedad es recurrir a los filósofos, científicos
y tecnólogos para requerirles respuestas. Para
ello primero debe valorarlos y luego escucharlos con mucha
atención. Nuestr sociedad no lo hace;
9)
La imagen del mundo pretendida debe ser omniabarcante
y el instrumento científico para verla es el macroscopio
de Joel de Rosnay.
En cuanto a una reflexión sobre ello, relacionada
con una macrociencia, macroética y macroestética,
como lo he señalado anteriormente, he escrito un
libro sobre el tema y sería muy extenso referirme
ahora a su contenido.
Tan sólo diré que en el mismo propongo que
lo sustentable, en cuanto al medio ambiente y la ecología,
no sólo sea el desarrollo, la economía y
la tecnología sino que, fundamentalmente, el pensamiento.
Y lo afirmo porque ha sido el pensamiento moderno el que
nos llevó a los problemas ecológicos y medioambientales
actuales. Como consecuencia la solución requiere
un gran cambio en el pensamiento que ya no tendrá
un referente en el hombre mismo como centro del mundo
y que, por lo tanto, no puede ser llamado posmoderno.
Involucra una nueva visión del mundo nutrida en
las experiencias históricas del siglo XX, en el
que el hombre ha llegado a correr el riesgo de eliminarse
a si mismo.
10)
Pienso que la figura de Platón es la que mejor
representa el pensamiento antigüo y medieval basado
en utopías, la modernidad es representable por
Aristóteles en su vuelta a Occidente y lo contemporáneo
y futuro por el grupo de filósofos que ahora sustenta
un enfoque sistémico del mundo. Indudablemente
que esto responde a la presunción de existencia
de un orden de carácter cósmico del cual
participan las máquinas concebidas por la tecnología.
Queremos creer que esto es así por nuestra necesidad
básica de seguridad, pero guardo mis dudas al respecto.
11)
Es tan singular nuestra época que, como lo expresa
el poeta francés Paul Valery: "El futuro ya
no es lo que solía ser". En base a lo que
hemos desarrollado, pienso que el presente y el pasado
tampoco. Lo que pasa es que el mundo no es de una vez
y para siempres, él es siendo y que aún
no hemos encontrado la clave para gobernarlo. La ciencia
y la tecnología pueden contribuir muy poco al respecto.
12)
Los navegantes de inmensidades, sean beduinos, gauchos,
marinos, aviadores, astronautas o cibernautas intentan
partir el horizonte para contemplar nuevos horizontes
en un avance sin fin por los espacios y el conocimiento,
buscan lo infinito y la verdad sabiendo que nunca podrán
atraparlos.
La soledad frente a lo inmenso e ignorado incita no sólo
al descubirmiento y al conocimiento, sino que también
a la poesía y la reflexión.
El eterno deambular de dichos navegantes ahonda en la
línea del tiempo dejando en su estela lo que ya
no es y tratando de ver lo que será, en una tarea
de descubrimiento y desocultamiento que pulsa entre la
iluminación del día, en la creación
y la innovación, y el negro de la noche, en el
abandono o refutación de un paradigma artístico
o científico.
Quiero
hacer una reflexión final sobre la tecnología
en general. Los buscadores de horizontes, los navegantes
de inmensidades, saben muy bien lo que le deben a la tecnología,
saben que si ella les falla pueden perder el horizonte
y, a veces, la vida. Quienes nos hallamos entre personas
y objetos, en un mundo de la vida más estrecho
y alejado de lo natural, muchas veces desconocemos esa
deuda.
He llegado a este edificio y he subido hasta este piso
usando un viejo ascensor movido por un motor eléctrico
que pone en acción múltiples mecanismos
que me ahorraron un esfuerzo, me he sentado en esta silla
y frente a esta mesa elaboradas por un carpintero que
conocía las técnicas de la carpintería
según una vieja tradición y el uso de máquinas-
herramientas, estoy rodeado de libros impresos gracias
a un procedimiento ideado por Juan Guttemberg hace varios
siglos, puedo leer estos escritos gracias a la luz eléctrica
y a unos lentes que obedecen a la ciencia óptica
y a la tecnología para la construcción de
lentes, etc. Estoy rodeado y asistido por la tecnología
de una manera que me cuesta precisar. Soy conciente de
estar vivo gracias a la técnica médica y
farmacológica. Esto en lo individual. En lo social
cabría reflexionar sobre el apagón de Buenos
Aires o el de Nueva York en relación con una sola
tecnología que nos sirve: la eléctrica ¿y
todas las demás?; ¿que pasaría si
abruptamente nos viéramos privados de su protección
y servicios?...
En lo que hace al mar y a esta Academia creo que en el
futuro no sería exagerado poner a la entrada de
nuestra sede, parafraseando a Platón: "No
puede entrar a esta Academia quien no comprenda y valore
a la ciencia y la tecnología". Estamos en
el mar y navegamos hacia sus inalcanzables horizontes
gracias a la ciencia y la tecnología, como buscando
una verdad que se nos escapa...
Para finalizar quiero expresar que para todo esto la tecnología
nos brinda instrumentos que nos lanzan aceleradamente
sobre nuevas utopías. Este afan insaciable parece
ir reconociendo límites y es tarea de los filósofos,
políticos, juristas, diplomáticos, geopolíticos,
sociólogos, antropólogos y de los creadores
y científicos en general, avisorar y establecer
tales límites dentro de una cultura que permita
que salgamos del centro del mundo. El estar ahí
constituye una carga de responsabilidad demasiado pesada
como para que podamos seguir soportándola.
También
creo que debo pedir disculpas por mi estilo afirmativo.
El mismo obedece a una manera de pensar, escribir y decir
que puede aparecer como pedante y autoritaria.
Si quienes me escuchan pudieran hurgar en mi interior,
descubrirían las terribles dudas que sacuden los
castillos de naipes que trabajosamente construyo. Un sólo
soplo de vuestras ideas basta para derrumbarlos; pero,
mientras tanto, prefiero sentirme fuerte y apoyado en
tales estructuras y aprender de los derrumbes que, como
incansable navegante de inmensidades, tantas veces he
tenido que soportar.
