ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
N°17

TEMA: MIRADA TECNOLÓGICA DEL MUNDO
DESDE EL MAR.


AUTOR:

ACADÉMICO No.18
Academia del Mar.

CAPITÁN DE NAVÍO (RE)
Néstor Antonio DOMÍNGUEZ.

Expuesto en la Sesión Académica Ordinaria Nº42

BUENOS AIRES,


26 de septiembre del 2000.


Introducción.

Antes de comenzar el desarrollo de este tema deseo aclarar que el mismo no fue elegido por mi; ello hubiera sido muy presuntuoso de mi parte; lo que ocurrió es que me fue adjudicado en la suposición que podría decir algo al respecto. Ello me planteó un desafío muy especial para no defaudar a los señores Académicos y me impulsó, durante los últimos meses, a buscar un punto de vista razonable para tamaña empresa.
Quizás por rebeldía ante la imposición, la que debía ser una mirada sincrónica de la tecnología la he transformado en diacrónica, he elegido un punto de vista de partida que no esta en el mar sino en el desierto y he transformado la mirada en una imagen que ustedes puedan manipular según sus propios intereses.
Desde luego que, para obtener una "imagen tecnológica del mundo", que supongo que se espera que sea lo más amplia y manipulable posible, debemos preguntarnos primero como fue que accedimos a la tecnología que nos permitió introducirnos en el mar, en busca de nuevos horizontes y a través de una milenaria condición de navegantes.
Dicha imagen, para que sea útil a los variados fines de los Académicos aqui presentes, debe ser lo más ecléctica posible y en eso me empeño.
El desplazamiento del hombre hacia lejanos horizontes con el mínimo esfuerzo posible y aún más allá de su habitat natural terrestre, requirió de la imaginación tecnológica del hombre para agenciarse de prótesis para sus limitadas capacidades natatorias.
Antes, y para potenciar y prolongar sus desplazamientos por tierra, una de las primeras realizaciones tecnológicas del hombre fue el invento de la rueda. Ello, además de la domesticación de animales, como son los casos del caballo y el camello, nos permitió desplazarnos a grandes distancias por zonas prácticamente intransitables y, en muchos casos, inhabitables para nuestra especie. El desarrollo de los arneses necesarios y más adecuados llevó siglos de evolución técnica.
Pero volviendo a ese milenario desplazamiento por el mar que constituye la navegación marítima debo expresar que sólo podemos flotar, movernos, controlar nuestra posición y desplazamiento y realizar distintos tipos de empresas en un mar, que constituye frecuentemente un ambiente hostil a la supervivencia del hombre , munidos de un gran coraje y de las tecnologías adecuadas para cada una de esas actividades.
Se requiere de una arquitectura naval, de medios de propulsión que sean artefactos o ingenios, de acciones y medios de control ordenados por el comando; tarea, esta última, que requirió del "kubernetes", o piloto griego de la embarcación. Más de dos mil quinientos años después, este último término griego ático dió lugar al nombre de cibernética para la ciencia del control que permitió que emergieran las tecnologías de los servomotores que controlan nuestros timones, nuestras turbinas de gas o los reactores nucleares que impulsan nuestras naves, de los llamados pilotos automáticos y de una innúmera cantidad de artefactos que nos permiten navegar de la manera en que actualmente lo hacemos.
Nuestros más recientes logros tecnológicos para navegar por el aire, el espacio ultraterrestre y el éter (como aeronautas, astronautas y cibernautas) son similares a los usados para la navegación marítima y marcan la actualización de una evolución hacia sucesivos y más amplios horizontes que, históricamente, nos hemos impuesto alcanzar.
Pero no podría completar este panorama si no me ocupara también de nuestros avances hacia el microcosmos y hacia el dominio de la complejidad creada culturalmente como consecuencia.
En base a lo anterior, y para comprender ampliamente lo que ello representa para nuestro desarrollo integral como humanidad, propongo que nos ubiquemos en otro tiempo y en otro lugar y que, a partir de allí, despleguemos una mirada diacrónica que nos permita presentar una imagen del mundo actual como consecuencia de una evolución histórica en que se mezclan ciertos pensamientos y ciertas acciones que considero decisivos. Esto debe ser tan breve como explicativo y comprensivo de la tecnociencia actual.
Es así como haré una breve recopilación histórica de la ciencia, la tecnología y del impulso que permitió al hombre lanzarse hacia el mar Mediterráneo desde muchos siglos antes de Cristo y, desde allí, a otros mares y a otros ámbitos, munido de tecnologías cada vez más complejas.

Desde un punto de vista básico y conceptual utilizaré como fundamentales la expresión: lo infinito, que categoriza a nuestroa avances graduales en ámbitos, espaciales y del conocimiento, cada vez más amplios y, casi como consecuencia, los conceptos de innovación y proliferación aplicados a la tecnología. Estos conceptos adquieren sentido en un contexto histórico que surge en la antigüedad, se potencia en la modernidad e incide dramáticamente en el mundo contemporáneo.
Normalmente las innovaciones tecnológicas tienen nombre y apellido y una responsabilidad ética por parte de quienes las generan y las usan. En cambio, las proliferaciones presentan una trama muy compleja de relaciones, que muchas veces son secretas y que, de una u otra manera, se van extendiendo con el tiempo.
Es así como podemos concluir que, desde un punto de vista ético, las innovaciones tecnológicas y su proliferación pueden ser buenas o malas, ello depende de la esencia de la innovación que prolifera y de la moral de quienens usan puntualmente cada tecnología una vez que acceden a ella.
Pero para la proliferación, que por su misma naturaleza, tiende a proyectarnos hacia lo infinito, no se encuentran fácilmente los responsables, ello cobra un dramatismo del cual no es fácil sustraerse. Una angustia, que llamaría "de infinitud", que nos hace sentir tanto la alegría como el riesgo nietzscheano de "bailar al borde del abismo".
Las innovaciones y proliferaciones tecnológicas se produjeron en distintos escenarios históricos con incidencias cambiantes en el ejercicio de los poderes políticos, económicos y militares de los distintos pueblos. Lo que creo poder afirmar es que influyeron en forma aceleradamente creciente en la dimensión de tales poderes y que, en el Siglo XX, agregaron un cuarto poder: el de la información y el conocimiento, que Daisaku Ikeda llamó "poder débil", pero que, con el tiempo, vamos comprendiendo que es el más fuerte de todos los poderes, pues incide en la toma de decisiones relativas a los otros tres en cuanto al uso de la tecnología como multiplicadora del poder.
Por otra parte, y a los fines de esta Academia, diré que parto de la base que, previamente al momento de la historia y al lugar elegidos para iniciar los progresos de la innovación y proliferación tecnológica relativos al mar, se debe haber producido un largo proceso de pequeñas incursiones del hombre en el seno del mar. Estas se operaron con medios muy primitivos de flotabilidad e impulsión. Así fue como se llegó al barco propulsado con remos y/o velas que constituirá el logro tecnológico de partida para nuestro análisis.
La inovación y proliferación de las tecnociencias antigüas y medievales.

Antes que nada debemos considerar que en las edades Antigüa y Medieval la imagen del mundo, que todo lo gobernaba, era teocéntrica.
Lo anterior incidió en que el ritmo, tanto de los hechos históricos como tecnológicos, fuera muy lento. Por otra parte el poder estaba más ligado a la fuerza física del hombre que a la tecnología. Durante largo tiempo el uso y abuso de la mano de obra de los esclavos inhibió la necesidad de aguzar la inteligencia para sustituirla mediante el uso artefactos tecnológicos que permitieran aliviar el esfuerzo físico.
La razón y la fe se entremezclaban en una extraña y compleja red de pensamientos filosóficos y míticos que dirigían lo que podría llamarse ciencia y tecnología en esas épocas.
El hombre, parado sobre sus pies, reconocía tanto el límite del horizonte como el poder de la naturaleza y la fascinación del cielo estrellado como ámbito de los dioses.
Probablemente, y más allá de un cosmos supuestamente perfecto y ordenado, el primer gran desafío que tuvieron los hombres ante la infinitud concreta la deben haber experimentado los árabes frente al desierto. Necesitaban tener referencias para orientarse y las encontraron en las estrellas. La geometría y la astronomía tienen que haberles dado pautas para que sus caravanas atravesaran el desierto con economía de medios y de energía. Necesitaron de conocimientos de geometría y astronomía para poder guiarse y llegar a buen "puerto" luego de su "navegación" por el desierto. Su "barco" fue el camello. Lo suyo constituyó la base para que ahora podamos contemplar el mundo y la tecnología desde el mar.
Por otra parte el comercio, objeto de sus sufridos desplazamientos, les llevó a la adopción y cultivo de la aritmética desarrollada en principio en la India y Caldea.
No les fueron ajenos tanto los desarrollos sistemáticos de los caldeos en cuanto a la astronomía, la identificación de las constelaciones y los eclipses como las desviaciones de la astrología. De ellos conocieron también los sistemas aritmético duodecimal (de base 12) y sexagesimal (de base 60) en tanto que el sistema decimal lo obtuvieron de la India (con el cero incluído).
A toda esa base de conocimiento le agregaron, entre otros aportes a la ciencia universal, el álgebra (a mediados del Siglo IX) y la resolución numérica de ecuaciones de primero, segundo y tercer grado (por el poeta y matemático árabe Omar Khayyan, a fines del siglo XI) y, en el ejercicio de su función de nómades del desierto, llevaron su docencia hacia el oeste.
El camino de las caravanas que venían de Oriente tenía un punto neurálgico de convergencia en la ciudad portuaria de Mileto, ubicada en el extremo occidental del Asia Menor.
Allí terminaba la infinitud del desierto y comenzaba la del Mar Mediterráneo que se perdía en un horizonte que los barcos fenicios, griegos y egipcios trataban de alcanzar desde mucho tiempo antes que el Siglo VII antes de Cristo al cual me remito.
El gran paso de los fenicios hacia la inmensidad del Mar Mediterráneo se venía realizando a través de la herencia tecnológica árabe y la experiencia náutica ribereña de muchas centurias.
Se necesitaba coraje y tecnología para enfrentar el mar en toda su bravura y para navegar tras los escurridizos horizontes. Tecnologías para flotar (arquitectura naval de los barcos de remo y vela), moverse (energía de los remeros que usaban el principio de la palanca para multiplicar su fuerza y energía eólica para aprovecharse de un fenómeno natural mediante el ingenio de diversos tipos de velas), situarse (astronomía elemental), controlar (experiencia práctica en el control del barco y su derrota de los pilotos (kubernetes) y para pescar, comerciar y combatir en y desde el mar.
En Mileto y en el siglo mencionado vivian dos hombres bastante especiales: Thales y Anaximandro. Sus ideas se ajustan a los fines de esta exposición pese al tiempo transcurrido.
Ambos se conocían y buscaban, mediante pacientes reflexiones filosóficas, un primer principio que justificara el asombro que los fenómenos naturales engendraban en sus espíritus. El primero lo adjudicó al agua el segundo, más abstracto, lo hizo con lo infinito (lo indefinido, lo indeterminado). Quizás ambos estuvieran influenciados por la enormidad del thálassa (referido por los griegos a "nuestro mar", o sea, el Mediterráneo), que da su denominación y sentido a los Cuadernos Talásicos de esta Academia del Mar.
Ese mar que ellos veían ya era, para los ojos de los árabes y para la imaginación de nuestro poeta Jorge Luis Borges, "un desierto resplandeciente" (*).


(*) BORGES, Jorge Luis, Obra poética, El otro, el mismo, "Otro poema de los dones", El Libro de Bolsillo, Alianza Editorial, Madrid, 1975, 447 págs.

Se extendía, como el desierto, mucho más allá del horizonte. El pasar de la inmensidad del desierto a la del mar fue para los árabes prolongar su espacio para la reflexión, la poesía y el combate.
Dichos hombres de Mileto, encuadrables como filósofos presocráticos, nos legaron además dos instrumentos fundamentales para la navegación: Thales la capacidad de multiplicar abstractamente el conocimiento geométrico mediante la demostración racional (cosa que no hacían los egipcios) y Anaximandro, aparentemente, la autoría del primer mapa y la invención del gnomón para la determinación del pasaje del Sol por el meridiano terrestre (referencia fundamental para los marinos de todos los tiempos).
Otros presocráticos, asombrándose como ellos frente a la naturaleza y buscando el fundamento de los entes en su totalidad centraron sus inquietudes en distintas sustancias materiales a partir de las cuales todo procedería: Heráclito lo hizo en el fuego (como símbolo de que todo cambia, todo fluye), Anaxímenes en el aire y, según antigüas creencias populares, en la tierra junto con alguno de los otros principios. Heráclito, además, nos introdujo en el pensamiento digital a través de su teoría de los opuestos.
Luego Empédocles de Agrigento expuso en el siglo V a. C. la doctrina de los cuatro elementos como constituyentes de las "raíces de las cosas": el fuego, el agua, el aire y la tierra.
Pasó más de un siglo hasta que Platón creara su Academia, y prohibiera el acceso a quienes no supieran matemáticas, y algo más de tiempo hasta que Aristóteles creara el Liceo e influyera, como preceptor, en el joven Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia.
Fue Alejandro Magno el que en el año 334 a.C. cruzó el Helosponto, desde Europa hacia Asia, y realizó una campaña militar y cultural que abarcó el Asia Menor, Siria, Egipto, la Mesopotamia y la India. Así se difundió la cultura griega creando un Mundo Helenístico que perduró hasta 30 años después de Cristo. Pese a que Alejandro murió en el 323 a.C. las enseñanzas de Aristóteles las transmitió a todo el mundo árabe. Esto, como veremos, tuvo grandes consecuencias en Occidente.
Para que se comprendan algunas cuestiones que luego plantearé me permito hacer una disgresión que podríamos considerar como artística en la expresión y como metafísica
en la reflexión.
Si recorremos las Galerías Vaticanas, podemos ubicarnos frente a una de las paredes de las llamadas "Cámaras de Rafael" y admirar una obra pictórica del gran artista del Renacimiento Rafael Sanzio: "La Escuela de Atenas".
Ver la Figura Nº1.
Ella nos representa las imágenes supuestas de los grandes hombres de la Grecia Antigüa: Sócrates, Platón, Aristóteles, Jenofonte, Alcibíades, Demócrito, Thales, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Diógenes, Epicuro, Arquímides, y otros. En el centro, y como dispuestos a descender hacia nosotros por una escalinata, estan los dos filósofos más influyentes de todos los tiempos: Platón y Aristóteles. Platón, discípulo de Sócrates, señala hacia el cielo; en tanto que Aristóteles, su alumno de la Academia, extiende su mano hacia la Tierra, en actitud de señalar su realidad y protegerla. Sus actitudes son paradigmáticas para quienes hilvanan utopías y para los que aspiran a analizar y explicar las realidades científicas y tecnológicas, desde siempre y hasta ahora.
El profesor y el alumno nos muestran dos posiciones diferentes frente al cosmos. Como luego veremos no son las únicas posibles; surgirá luego una tercera alternativa.
Volviendo a la evolución histórica diré que la mencionada helenización del mundo antigüo fue producida gracias a la campaña de Alejandro Magno (que llegó hasta la India) y al denodado esfuerzo de los árabes por comerciar y adquirir conocimiento en el Oriente Medio. Estos fueron los factores desencadenantes para que el conocimiento científico y tecnológico vigente en la India, Babilonia, Grecia y Egipto se concentrara en la Biblioteca y el Museo de Alejandría.
Dicho proceso había encontrado un terreno fértil en culturas tan antigüas como la persa, la babilónica, la árabe, la fenicia, la egipcia, etc. y en el legado de algunos filósofos presocráticos que, como vimos y desde distintos lugares del mundo griego, buscaban cual era la sustancia básica que diera sentido al mundo.
Pero fueron los mismos árabes, en su afán de conquista, los que incendiaron varias veces esa joya cultural de la humanidad antigüa. No obstante ello no se pudo paralizar el esfuerzo humano por el conocimiento. Esto lo expresa muy claramente nuestro gran poeta Jorge Luis Borges en los siguientes versos de su poema "ALEJANDRÍA 640 A.D.":
....................................
"Declaran los infieles que si ardiera,
Ardería la historia. Se equivocan.
Las vigilias humanas engendraron
Los infinitos libros. Si de todos
No quedase uno solo, volverían
A engendrar cada hoja y cada línea,
Cada trabajo y cada amor de Hércules,
Cada lección de cada manuscrito".
.....................................

Podemos concluir que el conocimiento, más que en los libros,
esta, en potencia, en el cerebro de cada uno de los hombres, y pasa a estar en acto a través de la adquisición del conocimiento del mundo gracias a la educación.
Lo mismo podríamos decir de INTERNET si por alguna razón desapareciera toda la información que por ella circula gracias al espacio electromagnético que su funcionamiento requiere.
Todo esto forma parte del espíritu de la humanidad que fluye a travès del tiempo y que se renueva y reconstruye permanentemente más allá de los soportes físicos que se brinden a la información y su flujo.
Si bien fueron los árabes los que en el primer siglo de la Hégira (o migración de los pueblos por ellos constituídos y unificados por Mahoma) los que incendiaron la biblioteca, gran parte del conocimiento allí contenido lo llevaron a la península Ibérica en sus cerebros y en los libros griegos que ellos habían traducido a su idioma para enriquecer sus bibliotecas y las de los países a los que lograron acceder mediante sus conquistas.
Es por lo anterior que nada debe extrañarnos que españoles y portugueses se lanzaran a la conquista del "gran desierto brillante" que constituye el Océano Atlántico, la conquista de gran parte de África y Asia y el descubrimiento, conquista y colonización de América. Lo hicieron munidos del espíritu árabe y de las ciencias y las tecnologías que ellos les infundieron durante los 7 siglos anteriores.
Es así como podemos concluir que los grandes descubrimientos de los españoles y los portugueses fueron posibles gracias a los conocimientos científicos y tecnológicos transferidos a ellos por los árabes y el impulso hacia la conquista de "lo infinito" que les venía desde Oriente.
Esto ocurrió por cierta influencia previa de los fenicios y, sobre todo, a partir del cruce en son de conquista de los árabes, por el actualmente llamado Estrecho de Gibraltar, en el año 711 y hasta la reconquista operada en 1492, año en que Cristóbal Colón descubrió América y en que, según algunos historiadores, comenzó la Edad Moderna.
Fue así como se unieron la isla constituída por Europa, África y Asia con la otra isla que es América y se plasmó un efecto intercultural que aún sigue produciendo consecuencias en toda la humanidad.
Por otra parte los navegantes portugueses Bartolomé Dias y Vasco da Gama, entre 1487 y 1499 habían emprendido el camino inverso por las costas occidentales de África para llegar a la India.

Los sarracenos también fueron los responsables de la reinserción del pensamiento aristotélico en Occidente (a través de dicha península y de la influencia que Constantinopla tuvo en Occidente) cuando, hacia fines de la Edad Media, se fueron creando las primeras universidades.
En principio ellos llegaron más al norte de la península Ibérica, pasaron los Pirineos para ser derrotados por Julián Martel en Poitiers. Se replegaron sobre sus pasos y se quedaron al sur de esa cadena montañosa.
La influencia aristotélica por ellos potenciada dió lugar a que, hacia fines de la Edad Media, se comenzara a vivir un proceso cultural, intelectual y religioso que dió origen al Renacimiento, el Humanismo y la Reforma en el seno de algunas sociedades y, en particular, en las universidades.
Podemos concluir, como corolario de esta etapa, que los árabes establecieron dos contactos interculturales de enorme valor científico y tecnológico: primero el de ellos con el saber griego y luego el de su saber con los occidentales.

La innovación y proliferación de las tecnociencias modernas.

El gradual acceso del hombre a la modernidad fue cambiando de igual manera la imagen teocéntrica del mundo en otra antropocéntrica.
Si vamos a la consideración de los hechos concretos fue ya en la Edad Moderna que Sebastián Elcano se constituyó en el "primer globalizador" que completó, con algunos miembros de la expedición de Hernando de Magallanes, un viaje alrededor de la Tierra por el único medio que entonces (Siglo XVI) lo permitía: el mar.
La ciencia y la tecnología que permitió tales hazañas era muy primitiva y podemos decir que volvió enriquecida a sus lugares de origen luego de dar la vuelta al mundo.
La invención de la imprenta por Juan Gütemberg (1397-1468) dio lugar a que el conocimiento saliera de los monasterios, a que Aristóteles volviera a influir masivamente en Occidente y a que se produjera una participación creciente de la sociedad en la información científica y tecnológica producida por los científicos e inventores innovadores.
La cosmovisión aristotélica es organicista y jerárquica y fue compatibilizada con la teodicea cristiana a través de la gestión de Santo Tomás de Aquino y otros filósofos de la Iglesia.
Luego se produjo la Revolución Científica del siglo XVII en que el pensamiento correspondiente obedeció a la concepción del universo como un sistema compuesto exclusivamente de cuerpos y corpúsculos que interactuaban y se movían de acuerdo con las leyes de la mecánica.
Este mecanicismo respondió fundamentalmente a las concepciones del mundo de Galileo Galilei (1564-1642) y René Descartes (1596-1650) que fueron, respectivamente, el primer gran científico y el primer gran pensador modernos.
El proceso por ellos desatado, en lo que a esta contribución interesa, y se manifestó en una aceleración de la creación tecnocientífica que condujo en primera instancia a la Primera Revolución Industrial durante la modernidad.
La concepción fue mecanicista hasta que nació el electromagnetismo a comienzos del Siglo XIX. Los campos electromagnéticos no son de naturaleza mecánica, carecen de masa y, por consiguiente, escapan a las leyes de la mecánica. Lo mecánico y lo electromagnético convivieron en el cuerpo de los generadores y motores eléctricos.
Tomadas las innovaciones más importantes detalladas por Lewis Munford (*) en forma cuantitativa y por siglos a partir del Siglo X vemos que su graficación nos señala una curva muy parecida a una parábola. Esto puede ser tomado como una "aceleración de la innovación tecnológica" (ver la Figura Nº 2) y ello tiene incidencias indisimulables en la sociedad que vivimos actualmente dado que dicha aceleración se potencia con una transferencia cada vez más rápida de dichas innovaciones al mercado. Las innovaciones en los procedimientos de industrialización y comercialización proyectan el fenómeno a nivel global.
Los efectos políticos, sociales, económicos y militares que ello viene produciendo tienen que ver con el poder y con una transferencia del mismo hacia países que, como Francia e Inglaterra, habían operado la conquista y colonización de lo que ahora son EE.UU. de Noteamérica y Canadá.
Simultáneamente España, Portugal y los países latinoamericanos, desde México hasta la Argentina, pasando por Brasil, permanecieron culturalmente casi sumidos en la Edad Media y el subdesarrollo. Esto fue así porque no siguieron el proceso de modernización científico-tecnológico operado en el norte con la dedicación que debieron habido dispensarle.
Nuestra tradición científica y tecnológica es pobrísima en comparación con cualquier otra nación occidental desarrollada. La ciencia y la tecnología han sido las cenicientas del mundo íberoamericano y esto no se debe a falta de talento (en su seno se han gestado las vidas de cinco Premios Nobel en ciencias, dos españoles y tres argentinos) sino a un problema cultural que no reconoce a los poseedores de todo pensamiento original.
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(*) MUMFORD, Lewis, Técnica y Civilización, Alianza Editorial S.A., Madrid, 1971, pág. 460 a 473.
Nuestra ciencia y tecnología se han desarrollado en forma asistemática, con lentitud y con imitación de lo extranjero.
Esto ha marcado, histórica y fácticamente, diferencias de poder político, económico, militar e informacional que ahora son difíciles de superar. La llamada "brecha tecnológica" se fue incrementando junto con las diferencias de poder.
El eje de la proliferación tecnológica este-oeste se fue inclinando y marcando crecientes condicionamientos políticos, estratégicos, económicos y militares para su recepción en los países del sur.
En cuanto a lo específicamente marítimo los increíbles adelantos tecnológicos de la modernidad (sucedidos en los países ubicados al norte de los Pirineos a partir del descubrimiento de América por Cristóbal Colón) fueron perfeccionando las funciones de flotar, mover, ubicar y controlar para poder pescar, comerciar y combatir en el mar. No obstante, durante un largo tiempo los barcos de vela de los españoles que, por ser su país el primer poder marítimo de Europa, mantuvieron el primer puesto en las artes de la navegación y de la construcción naval. El siglo XVII fue para los españoles y los holandeses pero ya el siglo XVIII pertenece a los ingleses y franceses.
Todo terminó centrándose en una competencia por la velocidad de desplazamiento en el mar. Esta era la que garantizaba la seguridad y la ventaja en la guerra pero, además, en los tiempos de paz, representaba ahorros de tiempo en las travesías y la posibilidad de transportar más cargas para los fletadores.
Los negreros buscaban velocidad, los piratas exigían velocidad y los comerciantes necesitaban velocidad. En esa competencia los barcos de vela y madera tuvieron que competir con los de vapor y acero. En 1890 todavía había una disputa sostenida entre los nuevos hijos del mecanicismo y los bellos Clippers construídos desde 1850 en adelante. En el 1900 la gran mayoría de los barcos era de vapor y los de vela se continuaron usando para entrenamiento e instrucción de los marinos.
El buque que utiliza la fuerza mecánica no es producto de una evolución sino que es revolucionario, es hijo de la Primera Revolución Industrial de la modernidad. Todo el pasado de belleza y armonía cayó; el alma del barco pasó desde las velas a la sala de máquinas. Poco a poco los oficiales, tanto de máquinas como del puente, se fueron transformando en hombres de ciencia y técnicos especializados en las disciplinas tecnocientíficas modernas.
Esto marcó dos cambios fundamentales en lo naval y en lo marítimo.
El primero, como vimos, fue tecnológico, dado que se pasó de aprovechar el errático viento para la propulsión de los barcos a la autopropulsión. Ello significó lo que he llamado como Tercera Revolución Tecnológica Naval (*) y (**), según una interpretación kuhneana de la evolución tecnológica del buque de guerra, y teniendo en cuenta las revoluciones previas del remo y de la vela.
El segundo tiene que ver con el poder marítimo, dado que, luego de tal revolución, España y Portugal, que no habían participado de la Primera Revolución Industrial, cedieron tal poder a los que la prohijaron, o sea, básicamente Inglaterra.
Pero el interés por la ciencia y la tecnología fue creciendo en los nuevos poseedores del poder y ello evolucionó hasta que el mismo mar, sus fondos, sus costas y su contenido viviente se fueron constituyendo en objetos de estudio para la ciencia moderna.
La tecnología fue generando medios especiales e instrumentos para sustentar tales investigaciones.
El mar adquirió una tercera dimensión para el empeño combativo y científico de los hombres con el submarino de Fulton y el batiscafo de Jacques Cocteau, respectivamente. Esto último llevó al empleo de nuevas tecnologías aplicables a las funciones de navegar en inmersión por una inmensidad tridimensional casi totalmente desconocida. Se incursionó en un mundo que actualmente consideramos como muy parecido al que nos brinda el espacio ultraterrestre en condiciones de ingravidez. Un astronauta y su indumentaria se parece a un buzo y hay un cierto paralelismo entre las innovaciones médicas a las que sus actividades conducen. Uno y otro son hombres en medios extraños y peligrosos.
El año 1900 antes señalado, no sólo marca el fin de un siglo y el comienzo de otro, sino que la puerta de entrada a una etapa tecnocientífica moderna tardía que tiene un sentido muy especial para la historia de la humanidad y que, por haberla vivido en gran parte nos comunica la percepción de que algo tan importante como una revolución cultural de la humanidad actual esta en ciernes.
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(*) DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, SATÉLITES, Vta. Etapa Tecnológica Naval y su incidencia en la Guerra de Malvinas,
Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1990, página 70.

(**) Ver el cuadro sobre las Revoluciones Tecnológicas Navales, reproducido del libro anterior, en la Figura Nº3 de este Cuaderno Talásico.
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La innovación y proliferación de las tecnociencias contemporáneas o de la modernidad tardía.

Desde comienzos del Siglo XX toda la experiencia antes obtenida para navegar por el mar fué volcada a la conquista de un nuevo espacio tridimensional e inmenso: el espacio que ocupa el aire, que inquietaba a Anaxímenes, que ahora denominamos atmósfera y que, a nivel nacional, reconocemos como "espacio aéreo".
Ahora en vez de flotar había que sustentarse y la arquitectura naval debía hacer lugar a la ingeniería aeronáutica, el moverse en el aire requirió del viento y, en la mayoría de los casos, de medios de autopropulsión (hélices, turbinas, reactores, etc.), la cuestión de situarse requierió de una tercera dimensión (la altura), que se sumó a la posición geográfica (longitud y latitud), para poder realizar la aeronavegación.
Por otra parte, el paradigma mecánico debió coexistir con la física de los campos y el universo pasó a ser concebido como un gigantesco campo electromagnético y gravitatorio sembrado de cuerpos físicos.
Es así como el electromagnetismo fue empleado primeramente para el diseño de motores y generadores eléctricos hasta que, medio siglo después, nació la técnica de las ondas electromagnéticas y, después, la electrónica.
Algo parecido pasó con la ingeniería nuclear hacia mediados del siglo XX.
Todo esto condujo a la sociedad humana a las llamadas Era Tecnotrónica, Atómica y Espacial para ingresar actualmente en la que podríamos llamar Era de la Biotecnología.
Por otra parte el Siglo XX marcó, desde sus inicios, una sensación de incertidumbre necesitada de información y de control.
La teoría de la información nos dice que el nivel incertidumbre queda reducido a la mitad cuando disponemos de un bit de información y la cantidad de información necesaria se define en función de la cantidad de bits que permiten aliviar dicha incertidumbre.
Ahora, a comienzos del siglo XXI, es tan enorme la cantidad de los bits que inciden en nuestras vidas como la incertidumbre que nos aqueja. Sólo un gran conocimiento capaz de darles sentido puede aliviar nuestra sensación de ignorancia y es ello lo que impulsa a grandes cantidades de personas a sumergirse en el mundo virtual de INTERNET para tratar de encontrar alivio en una cibernáutica en la que el "kubernetes" muchas veces esta ausente. Es así como el "ciberespacio" puede contener a mucha gente perdida en un desierto de información inútil.
Muchos de ellos se creen "seres digitales" en un mundo creado u organizado en forma analógica. Los pensamientos de Heráclito, y luego de Platón, parecen haber influido tanto en el pasaje de la computación analógica a la digital como a la simplificación propia del llamado árbol de la decisión (*).
Por otra parte, y desde un punto de vista político-estratégico, advertimos que el eje este-oeste de proliferación de la ciencia y la tecnología durante la antigüedad ya se ha transformado en un eje norte-sur en que las proliferaciones estan altamente cuestionadas por razones del poder y se ha establecido un nuevo eje oeste-este, vigente en el Hemisferio Norte, en que Oriente se ha constituído (principalmente a través de Japón, China, India, Paquistán y Corea del Norte) en un poder amenazante que usa tecnología originada en Occidente.
Esto nos ha sido claramente explicado por el Académico Ortiz de Rosas en su anterior exposición en esta Academia y en su cuaderno Talásico.
Además estos ejes norte-norte y norte-sur plantean cuestiones estratégicas que mucho tienen que ver con el futuro de la humanidad.
El término proliferación, que en el primer eje considerado nos resultó indicativo de un progreso de Occidente nutrido por el antigüo Oriente, se ha tornado en algo preocupante y aparentemente imparable en que los "perturbadores" o "Estados rebeldes o inquietantes" orientales (según las menciones del Académico Ortiz de Rozas) amenazan a los miembros del Nuevo Orden occidental con sus propias armas.
El origen de esta nueva problemática, de origen tecnocientífico y repercusión política, diplomática, económica, militar y mediática, se centra fundamentalmente en lo ocurrido luego de la Primera Revolución Industrial y, particularmente, durante el Siglo XX y sus interesantes, sofisticadas e inquietantes nuevas revoluciones.
Si se hubieran reunido los científicos más encumbrados del mundo a fines del Siglo XIX para hacer un pronóstico de lo que sucedería con la ciencia y la tecnología durante el Siglo XX no hubieran hablado de electrónica, física nuclear, ciencia espacial, astronáutica, aviación, aeronáutica, televisión, telecomunicaciones por ondas hertzianas, biotecnología, genoma humano, guerra submarina, química, biológica y nuclear, etc.
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(*) NEGROPONTE, Nicholas, Ser digital, Editorial Atlántida,
Buenos Aires, 1995, 246 págs.
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Pero todo ello ocurrió y nos ha proyectado hacia un proceso de globalización y universalización por un lado (con rumbo hacia lo infinitamente grande) y hacia otro proceso en que nos inmiscuimos en las entrañas de la molécula, el átomo y la célula viva (con rumbo hacia lo intinitamente pequeño). La complejidad del mundo así creado ha requerido de la computación, de la telemática, de la cibernética, de la electrónica, y de las ciencias de la información en general, para resolver problemas relativos a lo que se nos hace infinitamente complejo.
Todo ese proceso se ha reflejado en la tecnología de los medios navales a través de las 4ta. y 5ta. Revoluciones Tecnológicas Navales que podemos apreciar en la Figura Nº3.
Ello ha llevado, a mi entender a un cambio de paradigmas que ha dejado de lado el tradicional paradigma de la velocidad como algo fundamental para la actividad naval.
Lo que viene ocurriendo en general en materia de ciencia y tecnología hecha un manto de incertidumbre sobre lo que puede llegar a ocurrir durante el Siglo XXI que ya ha comenzado. No podemos creer que existan mentes humanas capaces de predecir lo que nos depara un futuro que acelera su marcha hacia nosotros y que parece que no pudiéramos controlar; esto es así pese al culto por el control que venimos ejercitando.
Es en estas circunstancias que el to ápeiron de Anaximandro adquiere un nuevo valor. Él lo consideraba como un principio fundamental de la Naturaleza y nosotros, luego de tanto hurgar por ella, para usarla en nuestro beneficio, nos preguntamos si no hemos entrado en un callejón sin salida al llegar a la conclusión que que la doble faz del mundo físico: la de la macrofísica y la de la microfísica, nos ha sumido en una complejidad del conocimiento tan inabarcable que nos infunde temor por sus posibles usos futuros.
Lo más probable es que ese principio fundamental nos este negado por su propia infinitud y que no nos quede otra actitud que la más modesta de aceptar nuestra ignorancia y finitud.
Dentro de la actitud señalada se hace imprescindible un reencuentro del hombre con la naturaleza para evitar su propia autodestrucción. Los problemas ecológicos y ambientales que vienen señalando los científicos son lo suficientemente graves como para modificar muchas conductas dispendiosas del presente y también las utopías ligadas con la posibilidad de que todos los habitantes de la Tierra pueden alcanzar la calidad de vida que ya tienen los países desarrollados. Nuestro habitat natural no permite que dichos excesos se prolonguen y amplien sin límite.

Una mirada al posible panorama futuro.

Probablemente el robot "Surveyor", ubicado por EE.UU. en Marte como parte de una misión espacial, nos permita marcar un punto de encuentro entre el pensamiento griego y el nuestro contemporáneo. Le hemos hecho recorrer millones de kilómetros en una increible misión hacia el "to ápeiron" de Anaximandro, lo hemos telecontrolado mediante un "kubernetes" a distancia, le hemos hecho buscar la sustancia dadora de vida el "agua" de Tales y para impulsarlo nos hemos valido tanto del "fuego" de Heráclito como de su teoría de los opuestos (al emplear masivamente la digitalización de las señales) y su vocación por el "cambio", o sea, la innovación". Lo que ellos han considerado básico, fundamental, lo sigue siendo para nosotros. Pero debo observar que en los dos mil quinientos años que han pasado ha surgido una grave diferencia cultural. Ellos trataban de comprender los fenómenos naturales, nosotros intentamos dominarlos.
Eso es lógico porque ellos estaban más cerca de lo natural, nosotros hemos tomado distancia. Me pregunto: ¿Cuál es el límite para nuestro afan de dominio?. Creo que hay una sola respuesta: el impuesto por la misma naturaleza.
El Académico Ereño nos ha hablado del Cambio Global que el uso de muchas tecnologías viene produciendo en nuestro habitat natural: la Tierra. Las investigaciones que dicho cambio provoca permitirán desentrañar la respuesta de una naturaleza agredida más allá de su gran tolerancia.
Para neutralizar los aspectos negativos de tal cambio se habla de tecnología, economía y desarrollo sustentables o sostenibles. Creo que el proceso de neutralización debe ser más profundo y es por ello que he escrito un libro (*) sobre lo que he llamado "pensamiento sustentable" que, por supuesto, no puede ser el moderno, que es el que creó el problema.
A mi entender el cambio involucra a la humanidad desarrollada en una Cuarta Revolución Cultural que se manifiesta en el pasaje de una imagen del mundo moderna antropocéntrica a otra biocéntrica que nos permita contemplar no sólo nuestra vida sino que, además, todas las formas de vida no humanas como prerequisitos de nuestra supervivencia.
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(*) DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio, Hacia un pensamiento ecológicamente sustentable, 1ra, edición, Instituto de Publicaciones Navales, 1996, Buenos Aires, 262 págs.
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Dicho pensamiento debe basarse en una macroética, que contemple un nuevo obrar humano respecto a la naturaleza y una ética de la responsabilidad en relación con las futuras generaciones, y en una macroestética capaz de asimilar nuestro habitat como una gran obra de arte. El enfoque a emplear debe ser sistémico y el objeto de estudio: el Sistema Tierra.
Debemos tener claro que el panorama futuro esta en nuestras manos, que, al decir del poeta francés Paul Valery, "el futuro ya no es lo que solía ser", y que tenemos una responsabilidad intergeneracional para construir dicho futuro a partir de este aqui y este ahora.
En épocas ligadas a la problemática del espacio ultraterrestre el "aqui" es la Tierra y el "ahora" nos hace pensar en un "tiempo fractal" en que es difícil definir la unidad de un tiempo que se nos hace cada vez más corto ante la aceleración de la historia.

Análisis de las cuestiones fundamentales.

En base a lo anterior aparecen algunas cuestiones que merecen ser tenidas en cuenta para evaluar la incidencia actual y futura de la tecnología en el devenir de la humanidad:

1) Lo infinito (to apeiron) existe tanto para una primera mirada hacia el mar, hacia el aire o hacia las estrellas como hacia el conocimiento.
Hablamos de los horizontes como de algo lejano pero que nos produce una atracción irresistible por alcanzarlo. Al ir hacia todas las infinitudes a las que me he referido tenemos siempre esa misma intencionalidad. En el caso particular de los que podemos llamar "horizontes del conocimiento" el filósofo alemán Edmund Husserl nos habló de la intencionalidad de horizonte al desarrollar su fenomenología del conocimiento.
Es así que, si Rafael Sanzio debiera volver a pintar su cuadro actualmente, debiera ubicar un tercer personaje en el centro de la escena, entre Platón y Aristóteles, y señalando el horizonte. El cerebro de tal personaje debiera estar organizado según un enfoque sistémico del mundo como el de Ludwig Von Bertalanffy (*) y estar convencido que los mejores medios para alcanzar tales horizontes los brinda la tecnociencia actual.
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VON BERTALANFFY, Ludwig, Teoría general de los sistemas, Sexta reimpresión de la Primera Edición en español, Fondo de Cultura Económica, México, 1987, 311 págs.
Indudablemente que pienso que si Rafael Sanzio viviera ahora hubiera pintado la imagen de Husserl y que la obra podría mantener la denominación de "La Escuela de Atenas"; esto sería así porque creo que debemos admitir que, en todas las Academias actuales, seguimos disfrutando del legado griego clásico.

2)Desde un punto de vista físico, y para ver más lejos en el mar, los marinos hemos subido al "nido de cuervos", a aviones, a helicópteros y ahora usamos satélites artificiales de la Tierra para abarcar horizontes más lejanos. Estos últimos pueden abarcar ya casi la mitad de la superficie de la Tierra.
Pero, en el plano del conocimiento, la elevación tiene un sentido distinto, más estricto y abarcativo, la altura alcanzada tiene que ver con la sabiduría y con las capacidades y esfuerzos, desplegados durante largo tiempo, para adquirirla.
En todos los casos llegar más alto tiene sus compensaciones. El gran apoyo para lograrlo esta en la tecnología y esta, a su vez, se genera gracias a la intencionalidad de horizonte que tienen la filosofía y la ciencia por acumular más sabiduría y conocimiento.

3)"La mirada tecnológica del mundo desde el mar" es ahora posible porque hubo una tecnología previa que nos permitió abandonar nuestro habitat natural en la tierra, flotar y movernos en el mar en condiciones de control. Ver el mundo desde el mar nos exige elevarnos, con el doble sentido que le hemos dado a esta palabra, y sólo así podemos apreciar el efecto multiplicador que nuestra primigenia intención de alcanzar horizontes nos ha legado. Esto sigue teniendo un gran valor aún en épocas en que los horizontes de los árabes y de los viejos marinos nos quedan chicos.
Pero también, siguiendo el dedo de Aristóteles, nos hemos sumergido en el mar para descifrar, munidos de tecnologías muy sofisticadas, todo lo que él encierra. Como lo expresé, los submarinos se asemejan a naves espaciales y los buzos a los astronautas a la manera que, utópicamente, Julio Verne imaginó en el siglo XIX. Lo concreto es que sus utopías se vieron ampliamente realizadas en el siglo XX.

4)La palabra utopía proviene de una expresión del griego ático (ou-tópos) que quiere decir "no-lugar" ó "lugar que no existe". Para los griegos, podemos pensar, la Luna y el fondo del mar no eran lugares propios para que el hombre estuviera en ellos.
El haber llegado a ellos, en muy buena medida constituye la realización de sendas utopías. Todo ello, y mucho más, se logró gracias a la tecnología del Siglo XX.
Si nos remitimos, en particular, a lo que pasó el 21 de julio de 1969 (a las 2 horas y 56 minutos de Greenwich) cuando el astronauta Neil Armstrong puso un pié en la Luna, recordamos que dijo: "Este es un paso muy pequeño para un hombre, pero un salto gigante para la humanidad" (*).
Y podemos pensar que al hacerlo estaba cerrando el movimiento de unir el dedo da Aristóteles, el gran realista, con el de Platón, el gran utopista. Se estaba cumpliendo la utopía de Julio Verne gracias a un inmenso avance tecnológico de la humanidad en el término de un siglo.
¿Podemos imaginar una utopía mayor que la que el hombre pise la Luna?, ¿no es nuestro lugar natural la Tierra, y en la superficie de ella, la tierra firme?....
El mismo cuadro de Rafael es utópico y ucrónico dado que coloca en un mismo lugar sabios que no estuvieron juntos y que pensaron en distintas épocas. De todas maneras su concepción artística y cultural es profundamente válida.
Dado lo anterior nos preguntamos sobre si estamos ante el fin de las utopías o si realmente las utopías son necesarias para que el arte y la tecnología las haga posibles.

5)A esta altura de mi exposición debo pensar que Anaximandro tenía razón. Su "to ápeiron" nos ha señalado horizontes físicos y del conocimiento tras los cuales vamos navegando; siempre se nos escapan y aparecen grandes creadores que corrigen nuestros rumbos y nos permiten avanzar. Lo hacemos munidos de la ciencia y la tecnología y cada avance plantea tanto nuevas cuestiones a la filosofía, la política, la estrategia, la geopolítica, la diplomacia, el derecho y la misma ciencia y tecnología como nuevos horizontes para seguir avanzando.
Cuando estas cuestiones llegan al hombre común vemos que, en la medida que se educa adecuadamente y se actualiza cada vez con más intensidad, se siente ciudadano de un mundo que se expande y complica.
Es por lo anterior que debo concluir que la metafísica nos ha servido como generadora de utopías y muchas veces esas utopías han estado muy cerca de ser cumplidas gracias a la ciencia y la tecnología.
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(*) ARMSTRONG, Neil, COLLINS, Michael y ALDRIN jr., Edwin,
Los primeros en la Luna, Editor Luis de Caralt, Barce-
lona, 1970, 547 págs, página 359.

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La utopía de abandonar la tierra y lanzarnos hacia un mar indefinido, tras lo infinito (to ápeiron) oculto más allá del horizonte, ha sido realizada gracias a las ciencias y las tecnologías que nos permitieron flotar, navegar y llegar a nuevas tierras en la época de los descubrimientos. Ello nos permitió unir las grandes islas continentales y la infinidad de islas de todo tipo y tamaño y a sus habitantes en un esfuerzo que conduce a la unión de la humanidad a través de la utopía de la comprensión intercultural mutua y la práctica de un sano universalismo.
Nuestro avance hacia otras utopías de lo infinitamente grande nos condujo sucesivamente hacia el aire (a fines del siglo XVIII), hacia el éter (a comienzos del siglo XX) y hacia el espacio ultraterrestre (a mediados del siglo XX) y, probablemente, hacia el origen de la vida en el Siglo XXI.
El sendero marcado por las ciencias y tecnologías que nos señalaron el camino del mar y la posibilidad de navegar por él, ha servido también para navegar por el aire, éter y el espacio ultraterrestre.
Todo ello ha servido también para perfeccionar los desplazamientos terrestres que los árabes del desierto comenzaron a dominar.

6)Todo esto nos ha permitido comenzar a considerar a la Tierra como un gran sistema altamente interrelacionado, que aún esconde muchos secretos y que nos sirve, como ningún lugar en el cosmos, de habitat para vivir en armonía con la naturaleza.
Entiendo que la consideración geopolítica que ella merece es pentadimensional porque, como las pagodas de los japoneses, nuestra Tierra tiene 5 estratos que afectan lo que en ella sucede: el terrestre, el marítimo, el aéreo, el ultraterrestre que "mira" hacia él y el electromagnético que usa el éter para la transmisión de la información y el conocimiento, hacia cualquier lugar de la Tierra y del espacio ultraterrestre, con la velocidad de la luz.
Estos espacios no son independientes, se producen fenómenos naturales y antrópicos que manifiestan acciones desde unos hacia otros y, en particular, son las ondas electromagnéticas las que los transitan y los ligan de una manera más fecunda. Dichas ondas no son sólo las visibles sino que las que, con frecuencias inferiores y superiores a las percibidas por los seres humanos, dan lugar a situaciones que sólo son puestas de manifiesto por instrumentos generados por la tecnología. Pero todo es parte de una realidad que nos trasciende y que debemos estar en condición de respetar más que de utilizar.

Es así como el cielo estrellado que vemos coexiste con otro superpuesto que es analizado por la astronomía no visible, y que es tan real como el otro, y que los cuerpos que son objeto de nuestros sentidos estan constituídos por átomos que tampoco vemos pero que forman parte de una realidad microfísica, también percibible mediante instrumentos generados por la tecnología, que es real, que nos influye y que se liga claramente con ondas electromagnéticas vinculadas con la mecánica cuántica.
Llegados a este punto podemos considerar que el "fuego" que los griegos presocráticos idealizaban en el espíritu humano (robado a los dioses por Prometeo) o usaban realmente para fines más prosaicos es el que nos ha dado la energía moral y física que nos permite la navegación por estos espacios infinitos y pentadimensionales. Y, acompañando a Heráclito, podemos asegurar como nunca que todo cambia y se transforma de manera impredecible.
Los tres espacios tradicionales de la geopolítica se refieren a tres cosas: la tierra, el mar y el aire. Se comenzó a hablar de "geopolítica" cuando la tecnología permitió que los seres humanos inmersos en ellas constituyeran una comunidad más o menos interrelacionada.
Al adicionar los dos espacios que propongo dicha interrelación se potenció hasta permitir un enfoque sistémico y casi sincrónico de los hechos ocurridos en los cinco espacios. La Polis se transformó en la Aldea Global, los hechos ocurridos en cualquier lugar del mundo repercuten en el resto en forma casi instantánea y esto sólo puede ser analizado política y estratégicamente a través de una mayor comprensión de la evolución tecnológica y de los nuevos poderes que esta va confiriendo al hombre y a los Estados.
Los horizontes que nos muestran los espacios terrestres, marítimos, aéreos, ultraterrestres y del conocimiento se nos escapan permanentemente. Nuestras navegaciones como árabes del desierto, gauchos de la pampa, marinos de ultramar, aviadores, astronautas y cibernautas han tendido a lo infinito (al to ápeiron) en una búsqueda incesante por lo imposible. La tecnología nos ha ayudado grandemente pero siempre es insuficiente.
Los sucesivos horizontes han marcado, marcan y marcarán líneas indelebles y abiertas en un espíritu humano ansioso de infinitud,
Las sucesivas "navegaciones", por los cinco espacios que considero como geopolíticos, son las que permiten una proliferación que va mucho más allá de lo tecnológico para abarcar lo político, lo social, lo cultural, lo económico, lo ambiental y lo biológico influyendo decisivamente en un desarrollo integral de la humanidad hacia un futuro impedecible. Este es el que entiendo como verdadero sentido del tan mentado proceso de globalización.
No obstante dicho proceso encuentra una verdadera valla en lo relativo a la pluralidad cultural del mundo, y creo que así debe ser. Las culturas particulares deben resistirse a la aculturación y comulgar con un universalismo cultural que permita el esfuerzo transcultural a partir de una cultura propia fuertemente asimilada.

7) La proliferación de la tecnología siempre ha presentado una ambivalencia en cuanto a su uso pacífico y bélico.
La experiencia nos muestra una tendencia hacia su difusión global e intereses nacionales centrados en su uso dual, tanto para la paz como para la guerra
Hemos visto que hasta mediados del siglo pasado no hubo mayores vallas para tal dispersión y que ello dependió de cuestiones económicas, militares y culturales en cuanto a la posibilidad de su asimilación.
También tuvieron gran influencia en la proliferación las posibilidades reales de comunicación.
Luego de mediados del siglo pasado, con las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, se produjo un cambio que ahora se manifiesta en tratados internacionales que tratan de limitar la proliferación de las tecnociencias sensibles a partir de los países que ya las tienen y no quieren deshacerse de ellas por su poder estratégico disuasivo y efectivo.
Todo esto nos presenta nuevas bondades y amenazas en un contexto comunicacional que favorece la proliferación que se pretende frenar. Podemos suponer que, en no mucho tiempo, ciertos países con intencionalidades agresivas podrán emplearlas si ya las tienen o se agenciarán de ellas por cualquier medio. Esto nos lleva a una necesaria consideración de carácter ético.
Así como Aristóteles escribió una ética para un Nicómaco que estaba grandemente limitado por la Polis, Hans Jonas nos habla del principio de responsabilidad ante las futuras generaciones a través de un "ensayo de una ética para la civilización tecnológica" (*), Karl Otto Apel nos habla de "la solución de conflictos en la era atómica como problema de una ética de la responsabilidad" (**).
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(*) JONAS, Hans, El principio de responsabilidad. Ensayo de
una ética para la civilización tecnológica, Editorial Herder, Barcelona, 1995, 398 págs.
(**)APEL, Karl-Otto, Una ética de la responsabilidad en la era de la ciencia, editorial Almagesto, Colección Mínima, Buenos Aires, 1992, 50 págs.
Por otra parte Jürgen Habermas lo hace en relación con una ética del discurso aplicada a la acción comunicativa.
Las visiones de estos filósofos son prospectivas y englobantes de lo humano. Es así como, ante su nuevo asombro y temor ante la tecnología, la filosofía renace luego de que viera la luz, hace 2.600 años, gracias al asombro y al temor ante la naturaleza.
Las nuevas éticas, las filosofías de la ciencia y de la tecnología y la antropología filosófica dan cuenta de ello.
Por otra parte deseo puntualizar que durante el siglo XX la nuevas ciencias y tecnologías tratan de develar las utopías que nos motivan para incursionar en lo infinitamente pequeño del átomo y la celula viva y en lo infinitamente complejo del conocimiento y la información que nos implota. Esto es motivo de otras visiones que no se realizan desde el mar.

8) Puesto el hombre ante las tres infinitudes que señalo no puede dejar de sentir lo que podríamos llamar como "una angustia de infinitud" el simple hecho de encararlas demuestra la decisión y la fuerza espiritual que anima a los científicos y tecnólogos que han construido el mundo moderno en que vivimos. Creo que estamos lejos de reconocerle sus aportes, ellos no son simples creadores de "nuevos medios" sino que constructores de un nuevo mundo que todavía es vivible y disfrutable para muchos gracias a ellos.
Dicha falta de reconocimiento muestra un punto crítico en la sociedad íberoamericana, en general, y la sociedad argentina, en particular.

9) Volviendo al tema concreto de esta exposición debo decir que, de todas maneras, la mirada científica y tecnológica que ensayo no puede ser realizada desde el mar, se necesita un punto más elevado y omniabarcante de la realidad de la Tierra y de la humanidad en épocas en que la tecnociencia nos ha creado tanto grandes soluciones como problemas. El instrumento a usar es el "macroscopio" que no existe, como diría Descartes, en la realidad de las cosas extensas sino que en la de las pensadas. Fue creado por otro francés: Joël de Rosnay (*).
Su uso puede brindarnos la mirada macrocientífica del Sistema Tierra y del Universo como objetos de estudio pero no podemos realizarlas adecuadamente si no le damos las connotaciones filosóficas de las miradas macroestética y macroética que aquí no he tratado pero que forman parte de mi libro: Hacia un pensamiento ecológicamente sustentable.
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(*) DE ROSNAY, Joël, El Macroscopio, Hacia una visión global, Editorial AC, Madrid, España, 1977, 289 págs.
Conclusiones.

En general estimo que no se puede concebir un futuro posible para la humanidad si no recreamos un nuevo asombro que nos devuelva a la filosofía a través de la admiración y buena administración de nuestras increíbles realizaciones científicas y tecnológicas contemporáneas. La tecnociencia debe volver a subordinarse a la filosofía a través de la ética y la antropología filosófica.

En particular saco las siguientes conclusiones:

1) El enfoque sistémico del pensamiento, el conocimiento y la realidad física parece el más adecuado para comprender la incidencia de la tecnología en el mundo contemporáneo;

2) El plantearnos nuestra actitud frente al mundo como un ansia permanente de alcanzar "lo infinito", materializado en la idea de sucesivos "horizontes", brinda una imagen de la tecnología como dadora de instrumentos para tal fin;

3) Dicha actitud fue tomada primitivamente por los árabes y luego por los marinos de profesión. Ello significó que los unos y los otros se inclinaran por la reflexión, la poesía, la ciencia y la tecnología. Luego, los "navegantes de inmensidades" en general, vienen experimentando impulsos similares;

4) Tanto el arte como la tecnología tratan de plasmar utopías en realidades. Algunas realizaciones tecnológicas concretas, cimentadas en enfoques sistémicos orientados al dominio de la indeterminación, nos han llevado a incursionar en ámbitos que estan fuera de nuestro lugar (u-topos). Las utopías no son accesibles, se materializan en horizontes que nunca alcanzamos, pero que ejercen un irresistible atractivo que nos induce a navegar hacia ellos. Esto es así aunque sabemos que los caminos hacia lo infinitamente grande, pequeño y complejo son tan interminables como nuestro acercamiento a la verdad del mundo y de la vida;

5) Nuestro lugar es el que pisan nuestros pies, la tierra firme. Las realizaciones tecnológicas que la humanidad viene realizando nos permiten salir de ese lugar empleando medios artificiales como la rueda y hasta navegar por el mar, el aire, el espacio ultraterrestre y el espacio electromagnético. Al hacerlo estamos realizando utopías o acciones fuera de lugar;

6) Partiendo de la circunnavegación de la Tierra por la expedición de Magallanes a la consideración de la Tierra como un sistema dentro del cual la humanidad viene superponiendo otro sistema fuertemente interrelacionado a través del llamado proceso de globalización; creo que debemos considerar que todas las "navegaciones" señaladas tienen que ver con la Tierra, su geografía y la humanidad que la habita y que se realizan en cinco espacios geopolíticos: la tierra, el mar, el aire, el espacio ultraterrestre (en la medida que se lo use para interrelaciones con la Tierra o entre puntos terrestres) y el espacio electromagnético (como espacio de las frecuencias usado para la difusión de la información y el conocimiento). La ocupación y tránsito por estos espacios tiene que ver con los juegos del poder dentro de una gran aldea llamada "Aldea Global", que geográficamente ocupa toda la Tierra y, por lo tanto, es de naturaleza geopolítica;

7) La solución legal y fáctica de los problemas éticos que el uso de las nuevas tecnologías, sensibles al hombre y la sociedad, provocan es determinante para que exista un futuro posible para la humanidad;

8) La tecnología que prolifera hacia espacios crecientes en dimensión (hacia el "To ápeiron"), que se ha introducido en la intimidad del átomo y de la cálula viva y que innova aceleradamente requiere conocimiento y produce información a un ritmo y cantidad que nos supera ampliamente. Ni siquiera la prótesis brindada por las tecnologías de la información parece alcanzarnos en nuestro afán cibernáutico. Nos manejamos entre un mundo real y otro virtual sin saber donde estan los límites, y nos invade algo que yo llamaría "angustia de infinitud" ante un futuro incierto. Esto constituye, a mi entender, la peor nueva amenaza que sufrimos: la ignorancia.
Para neutralizar dicha amenaza lo mejor que puede hacer una sociedad es recurrir a los filósofos, científicos y tecnólogos para requerirles respuestas. Para ello primero debe valorarlos y luego escucharlos con mucha atención. Nuestr sociedad no lo hace;

9) La imagen del mundo pretendida debe ser omniabarcante y el instrumento científico para verla es el macroscopio de Joel de Rosnay.
En cuanto a una reflexión sobre ello, relacionada con una macrociencia, macroética y macroestética, como lo he señalado anteriormente, he escrito un libro sobre el tema y sería muy extenso referirme ahora a su contenido.
Tan sólo diré que en el mismo propongo que lo sustentable, en cuanto al medio ambiente y la ecología, no sólo sea el desarrollo, la economía y la tecnología sino que, fundamentalmente, el pensamiento. Y lo afirmo porque ha sido el pensamiento moderno el que nos llevó a los problemas ecológicos y medioambientales actuales. Como consecuencia la solución requiere un gran cambio en el pensamiento que ya no tendrá un referente en el hombre mismo como centro del mundo y que, por lo tanto, no puede ser llamado posmoderno. Involucra una nueva visión del mundo nutrida en las experiencias históricas del siglo XX, en el que el hombre ha llegado a correr el riesgo de eliminarse a si mismo.

10) Pienso que la figura de Platón es la que mejor representa el pensamiento antigüo y medieval basado en utopías, la modernidad es representable por Aristóteles en su vuelta a Occidente y lo contemporáneo y futuro por el grupo de filósofos que ahora sustenta un enfoque sistémico del mundo. Indudablemente que esto responde a la presunción de existencia de un orden de carácter cósmico del cual participan las máquinas concebidas por la tecnología. Queremos creer que esto es así por nuestra necesidad básica de seguridad, pero guardo mis dudas al respecto.

11) Es tan singular nuestra época que, como lo expresa el poeta francés Paul Valery: "El futuro ya no es lo que solía ser". En base a lo que hemos desarrollado, pienso que el presente y el pasado tampoco. Lo que pasa es que el mundo no es de una vez y para siempres, él es siendo y que aún no hemos encontrado la clave para gobernarlo. La ciencia y la tecnología pueden contribuir muy poco al respecto.

12) Los navegantes de inmensidades, sean beduinos, gauchos, marinos, aviadores, astronautas o cibernautas intentan partir el horizonte para contemplar nuevos horizontes en un avance sin fin por los espacios y el conocimiento, buscan lo infinito y la verdad sabiendo que nunca podrán atraparlos.
La soledad frente a lo inmenso e ignorado incita no sólo al descubirmiento y al conocimiento, sino que también a la poesía y la reflexión.
El eterno deambular de dichos navegantes ahonda en la línea del tiempo dejando en su estela lo que ya no es y tratando de ver lo que será, en una tarea de descubrimiento y desocultamiento que pulsa entre la iluminación del día, en la creación y la innovación, y el negro de la noche, en el abandono o refutación de un paradigma artístico o científico.

Quiero hacer una reflexión final sobre la tecnología en general. Los buscadores de horizontes, los navegantes de inmensidades, saben muy bien lo que le deben a la tecnología, saben que si ella les falla pueden perder el horizonte y, a veces, la vida. Quienes nos hallamos entre personas y objetos, en un mundo de la vida más estrecho y alejado de lo natural, muchas veces desconocemos esa deuda.
He llegado a este edificio y he subido hasta este piso usando un viejo ascensor movido por un motor eléctrico que pone en acción múltiples mecanismos que me ahorraron un esfuerzo, me he sentado en esta silla y frente a esta mesa elaboradas por un carpintero que conocía las técnicas de la carpintería según una vieja tradición y el uso de máquinas- herramientas, estoy rodeado de libros impresos gracias a un procedimiento ideado por Juan Guttemberg hace varios siglos, puedo leer estos escritos gracias a la luz eléctrica y a unos lentes que obedecen a la ciencia óptica y a la tecnología para la construcción de lentes, etc. Estoy rodeado y asistido por la tecnología de una manera que me cuesta precisar. Soy conciente de estar vivo gracias a la técnica médica y farmacológica. Esto en lo individual. En lo social cabría reflexionar sobre el apagón de Buenos Aires o el de Nueva York en relación con una sola tecnología que nos sirve: la eléctrica ¿y todas las demás?; ¿que pasaría si abruptamente nos viéramos privados de su protección y servicios?...
En lo que hace al mar y a esta Academia creo que en el futuro no sería exagerado poner a la entrada de nuestra sede, parafraseando a Platón: "No puede entrar a esta Academia quien no comprenda y valore a la ciencia y la tecnología". Estamos en el mar y navegamos hacia sus inalcanzables horizontes gracias a la ciencia y la tecnología, como buscando una verdad que se nos escapa...
Para finalizar quiero expresar que para todo esto la tecnología nos brinda instrumentos que nos lanzan aceleradamente sobre nuevas utopías. Este afan insaciable parece ir reconociendo límites y es tarea de los filósofos, políticos, juristas, diplomáticos, geopolíticos, sociólogos, antropólogos y de los creadores y científicos en general, avisorar y establecer tales límites dentro de una cultura que permita que salgamos del centro del mundo. El estar ahí constituye una carga de responsabilidad demasiado pesada como para que podamos seguir soportándola.

También creo que debo pedir disculpas por mi estilo afirmativo. El mismo obedece a una manera de pensar, escribir y decir que puede aparecer como pedante y autoritaria.
Si quienes me escuchan pudieran hurgar en mi interior, descubrirían las terribles dudas que sacuden los castillos de naipes que trabajosamente construyo. Un sólo soplo de vuestras ideas basta para derrumbarlos; pero, mientras tanto, prefiero sentirme fuerte y apoyado en tales estructuras y aprender de los derrumbes que, como incansable navegante de inmensidades, tantas veces he tenido que soportar.

 

 
Ultima actualización: 15/04/2009