ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
Nº 14

Presentado por:

ACADÉMICO CAPITÁN DE NAVÍO (RE)
CARLOS EDUARDO EREÑO

Tema:

CAMBIO AMBIENTAL GLOBAL,
EL RETO DEL SIGLO XXI

Presentación: Agosto de 2004.

Debate: 25/04/00.

Buenos Aires,


Abril de 2000.


1. INTRODUCCIÓN
En 1896, el químico sueco Svante Arrenius se dio cuenta que debido a la revolución industrial estaba aumentando el contenido de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Cuando se queman los combustibles fósiles se libera CO2 junto con otros gases. Por primera vez se reconoce que el hombre tiene la capacidad de provocar un cambio en la composición de los gases de la atmósfera.
Otras actividades esenciales del hombre, como la cría de ganado y el cultivo de arroz, emiten otros gases, como el metano (CH4) el óxido nitroso (N2O) aumentando su concentración natural. Todos estos gases naturales y otros, como el vapor de agua, absorben gran parte de la radiación infrarroja que emite la Tierra, impidiendo que esta energía pase directamente desde la superficie al espacio. El efecto neto de dichos gases es preservar la energía en las capas más bajas de la atmósfera y la superficie, aumentando su temperatura. Esto es en esencia similar al efecto que producen los paneles de vidrio de un invernadero, que permiten transmitir la luz solar hacia el interior y evitan que se escape el calor absorbido. De aquí surge la denominación de “gases de efecto invernadero” (GEI).
Se denomina calentamiento global al aumento potencial de la tem-peratura global de las capas inferiores de la atmósfera y la superficie de la Tierra, resultante del incremento de la concentración de los ga-ses de efecto invernadero.
Existe consenso científico de que desde el período preindustrial anterior a 1850 a la fecha, la temperatura media de la superficie de la Tierra ha aumentado unos 0,5ºC. Por otra parte, el continuo incremento de las emisiones de GEI a lo largo de los próximos 100 años podría producir un calentamiento global estimado entre 1 y 3,5ºC, hacia fines del siglo XXI. Los cambios globales de temperatura involucran modificaciones en el comportamiento de otras variables ambientales, como la precipitación, evaporación, los vientos, la humedad. El conjunto de ellas constituye lo que se denomina “clima”. De aquí que la manifestación directa del calentamiento global sea el cambio climático.
Existen diversas consecuencias derivadas de un potencial calentamiento global o cambio climático. Pueden mencionarse algunos ejemplos:

  • Cambios en los niveles y productividad del mar. Como consecuencia de la expansión térmica de los océanos y el derretimiento de los glaciares y hielos polares, los niveles del mar podrían elevarse inundando costas y regiones insulares bajas.
  • Cambios en el tiempo. Debido a los cambios en los procesos de las nubes y las configuraciones de los vientos, algunos modelos prevén un aumento en la ocurrencia de tiempos severos como tornados o huracanes. Se predice que otras áreas experimentarán sequías, tales como ciertas regiones centrales de los grandes continentes.
  • Cambios en la vegetación. La investigación ya ha demostrado que muchas plantas responden muy favorablemente al incremento de los niveles de CO2. Las hojas de las plantas absorben CO2 durante el proceso de fotosíntesis y liberan O2 y algo de agua. Se desconoce aun cómo afectará esto a la humedad del suelo, específicas zonas forestadas, al calentamiento global, al ciclo del carbono y al ciclo hidrológico.
  • Cambios socioeconómicos. Se cree que mientras algunas regiones muy amplias experimentarán severas sequías, otras más pequeñas serán inundadas. Grandes números de personas pueden ser forzados a migrar. Algunos científicos creen que el incremento de la temperatura global aumentaría drásticamente enfermedades causadas por bacterias, hongos y virus. Las regiones agrícolas pueden desplazarse o decrecer causando hambre.

Resulta por lo tanto obvio que el cambio climático global presenta efectos muy complejos y alarmantes, tal como para despertar la in-quietud en la humanidad en su conjunto.
El cambio climático se plantea en un contexto en el cual existen otros procesos generados por la acción del hombre con un directo impacto en la naturaleza. En una publicación reciente del Programa de las Na-ciones Unidas para el Medio Ambiente (Watson, et. al. 1998) se reco-noce como los grandes temas ambientales de importancia global al cambio climático, la pérdida de la diversidad biológica (biodiversi-dad), el debilitamiento de la capa de ozono estratosférico, la defores-tación y la degradación de las aguas. En gran medida, estos temas son tratados en forma aislada, tanto por las comunidades científicas como los políticos. Esta es una falla, en el sentido de que no se reco-noce que existe una muy fuerte interrelación entre los temas ambien-tales globales y los temas ambientales regionales y locales. Para tra-tar los temas ambientales en una forma más holística, es necesario profundizar en esta relación intertemática y tratarla, tanto desde un punto vista científico y también político con una unidad de criterio. De aquí surge entonces el concepto de cambio ambiental global, o también expresado en forma reducida como cambio global.
Con el fin de no extenderse demasiado en las consideraciones parti-culares de cada uno de los temas ambientales globales mencionados, se dará un mayor énfasis a los aspectos vinculados al cambio climáti-co. En algunas ocasiones, no obstante, se mencionarán acciones más abarcativas, que serán referidas como cambio global.

2. ASPECTOS FÍSICOS
2.1 EL CLIMA Y EL SISTEMA CLIMÁTICO

Para entender el concepto de "clima" es necesario conocer primero lo que significa el "tiempo" meteorológico. El "tiempo" es una descripción indicativa del estado actual de la atmósfera en una región, que incluye las características que afectan el vivir cotidiano: los valores actuales a nivel de la superficie de variables tales como temperatura, humedad relativa, presión, viento, rafagosidad, nubosidad, precipita-ción líquida y sólida. Una presentación más completa del "tiempo" incluye descripciones cuantitativas de las estructuras vertical y hori-zontal de la atmósfera. En un sentido aún más amplio, el "tiempo" es una descripción del estado del sistema climático, el cual se define más abajo.
Es habitual definir el clima de una región como el "tiempo medio" o, con más rigor, como la descripción estadística del tiempo en esa re-gión en términos de la media y la variabilidad de ciertas magnitudes importantes durante períodos de varios decenios (de tres decenios, como lo define la Organización Meteorológica Mundial - OMM). En un sentido amplio, el clima se caracteriza por la descripción estadística del sistema climático entero y no sólo de la atmósfera.
El sistema climático está compuesto principalmente por: a) la atmós-fera, b) los océanos, c) las biósferas terrestre y marina, d) la criósfera (hielo marino, cubierta de nieve estacional, glaciares de montaña y capas de hielo a escala continental), y e) la superficie terrestre (Figura 1). Estos componentes actúan entre sí y, como resultado de esa interacción colectiva, determinan el clima de la superficie de la Tierra.

Figura 1 – Componentes del Sistema Climático

Las interacciones entre éstos componentes se producen mediante flu-jos de energía de diversas formas, a saber: intercambios de agua en fase gaseosa, líquida y sólida; flujos de otros gases en trazas radiati-vamente importantes, entre los que figuran el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4); y el ciclo de nutrientes. Lo que mueve el sistema climático es la entrada de energía solar en forma de radiación (conocida como radiación de onda corta), equilibrada por la emisión de energía en forma de radiación infrarroja (conocida como radiación de onda larga o simplemente "calor") hacia el espacio. La energía so-lar es la fuerza conductora más importante de los movimientos de la atmósfera y el océano, de los flujos de calor y agua y de la actividad biológica.
Los componentes del sistema climático inciden en el clima regional y mundial de varias maneras diferentes: a) influyen en la absorción y transmisión de la energía solar y la emisión de energía infrarroja que se devuelve al espacio; b) alteran las propiedades de la superficie y la cantidad y naturaleza de la nubosidad, lo que repercute sobre el cli-ma a nivel regional y mundial; y c) distribuyen el calor horizontal y verticalmente, desde una región hacia otra mediante los movimientos atmosféricos (que se producen en la parte inferior de la atmósfera, denominada tropósfera - de unos diez km de espesor) y las corrientes oceánicas.
En su estado natural, los diversos flujos entre los componentes del sistema climático se encuentran, por lo común, muy cerca del equilibrio exacto cuando se integran a lo largo de períodos de uno a varios decenios. En el equilibrio, los flujos entrantes y salientes de cada uno de los componentes del sistema climático son iguales. Por ejemplo, antes de la revolución industrial, la absorción de dióxido de carbono por fotosíntesis estaba en equilibrio con la liberación efectuada por los seres vivos y la descomposición de materia orgánica, como lo demuestran las concentraciones casi constantes de CO2 en la atmósfera durante varios milenios hasta cerca de 1880.
Ahora bien, de un año a otro se pueden producir desequlibrios de signo fluctuante, debidos a la variabilidad natural del sistema climáti-co (p.ej., años Niño, años Niña, años neutros).
Por otra parte, la humanidad está afectando el desenvolvimiento de los procesos climáticos y, por consiguiente, el equilibrio natural del sistema climático, pues perturba, sin interrupción y a escalas regional y mundial, la composición de la atmósfera de la Tierra y las propiedades de la superficie terrestre.

2.2 PERTURBACIÓN ANTROPOGÉNICA DE LA ATMÓSFERA. GASES DE EFECTO INVERNADERO

La humanidad está alterando la concentración de los gases de inver-nadero y los aerosoles, que influyen en el clima y, a la vez, son influidos por éste.
Las paredes y techo de un invernadero están hechos de materiales que, por un lado, permiten la entrada de la radiación solar (por ello son transparentes), y por otro, absorben parcial o totalmente la ra-diación de onda larga o infrarroja que emiten continuamente los cuerpos que están en el interior del invernadero. La radiación absor-bida es luego reemitida en todas direcciones. Mediante este proceso, parte de la radiación infrarroja o "calor" queda atrapada dentro del invernadero, y el mayor nivel energético resultante se manifiesta mediante un aumento de temperatura. El balance radiativo, es decir, la diferencia entre los flujos de radiación entrante y saliente, está alterado dentro del invernadero, con respecto al balance original o inal-terado respecto al que existe fuera del invernadero.
De manera similar, los GEI reducen la pérdida neta de radiación infrarroja hacia el espacio y tienen poco impacto en la absorción de la ra-diación solar, modificando de este modo el balance radiativo. Esto a su vez hace que la temperatura de la superficie y de la tropósfera sean más altas, lo que se conoce como "efecto invernadero" (Figura 2).

Figura 2 – Efecto invernadero

Existe una componente natural de este efecto, causado por los GEI no generados mediante la actividad antrópica, debido a la cual la su-perficie de la Tierra es mas cálida que lo que sería si toda la radiación infrarroja se perdiera en el espacio exterior; esto permite la vida de plantas, animales y seres humanos, según la conocemos.
Ciertos GEI surgen naturalmente, pero están influenciados directa o indirectamente por las actividades humanas, mientras que otros son totalmente antropogénicos.
Los principales GEI que surgen naturalmente son: vapor de agua (H2O), dióxido de carbono (CO2), ozono (O3), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). Los más importantes grupos de gases de invernadero completamente antropogénicos son: clorofluorocarbonos (CFCs, son los principales responsables del deterioro de la capa de ozono, y eran comúnmente utilizados en refrigeración), hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs) e hidroclorofluorocarbonos (HCFCs) (a todos los cuales se denomina colectivamente halocarbonos), y las sus-tancias totalmente fluorinadas, como el hexafluoruro de azufre (SF6).
El vapor de agua es el mayor contribuyente al efecto invernadero na-tural y es el que está más directamente vinculado al clima y, por con-siguiente, menos directamente controlado por la actividad humana. Esto es así porque la evaporación depende fuertemente de la temperatura de la superficie (que casi no es modificada por la actividad humana, si consideramos grandes extensiones), y porque el vapor de agua atraviesa la atmósfera en ciclos muy rápidos, de una duración por término medio de uno cada ocho o nueve días.
Por el contrario, las concentraciones de los demás gases de invernadero están sujetas a la influencia fuerte y directa de la emisiones asociadas con la quema de combustibles fósiles, algunas actividades forestales y la mayoría de las agrícolas, y la producción y el empleo de diversas sustancias químicas.
Excepto el ozono, todos los GEI directamente influidos por las emisiones humanas están bien mezclados en la atmósfera, de forma tal que su concentración es casi la misma en cualquier parte y es independiente del lugar donde se produce.
El ozono también difiere de los demás GEI porque no se emite direc-tamente hacia la atmósfera, sino que es fabricado en la atmósfera por reacciones fotoquímicas en las que participan otras sustancias, denominadas "precursores" (óxidos de nitrógeno, hidrocarburos, etc.), que sí se emiten directamente.
En lo que respecta a los procesos de eliminación, todos los GEI, ex-cepto el dióxido de carbono, se transforman en buena parte, a través de reacciones químicas o fotoquímicas dentro de la atmósfera. De modo diferente, el dióxido de carbono efectúa ciclos continuos entre varios "reservorios" o depósitos de almacenamiento temporales (at-mósfera, plantas terrestres, suelos, aguas y sedimentos de los océa-nos).
Tanto las fuentes de los GEI naturales como los procesos de elimina-ción de todos los GEI están influenciados por el clima, y por lo tanto se alteran debido a un cambio climático.
Se denominan aerosoles a las partículas diminutas en suspensión en el aire. Éstos revisten gran importancia por su impacto sobre la radia-ción solar, y tienen casi siempre un efecto de enfriamiento. Influyen sobre el clima, sobre todo porque reflejan hacia el espacio una parte de la radiación solar incidente (efecto directo), y regulan, hasta cierto punto, la nubosidad y las propiedades ópticas de las nubes (efecto indirecto). También absorben una cierta cantidad de radiación infra-rroja.
Frente a la magnitud de la emisión de GEI antropogénicos, los aero-soles generados por acción antrópica ocasionan un impacto relativa-mente menor sobre el clima.
Los aerosoles se producen natural y artificialmente; entre los natura-les se encuentran la sal marina, el polvo y las partículas volcánicas, mientras que los artificiales resultan de la quema de biomasa y com-bustibles fósiles, entre otras fuentes.
Algunos aerosoles, como el polvo, se emiten directamente hacia la atmósfera. Pero la mayoría no se emiten directamente sino que se fabrican a partir de la transformación química de los precursores.
Todos los aerosoles troposféricos tienen un tiempo de vida corto en la atmósfera, pues la lluvia los remueve rápidamente, barriéndolos hacia la superficie. Debido a que el régimen de precipitaciones varía mucho de una región a otra, y a que la intensidad de las fuentes de emisión también es muy diferente en distintas regiones, la cantidad de aerosoles en la atmósfera varía mucho entre las diferentes zonas planetarias.
El clima influye en la naturaleza, la cantidad y la distribución de los aerosoles atmosféricos.

2.3 EL EFECTO INVERNADERO Y SUS CONSECUENCIAS
Las actividades humanas, cada vez más demandantes de recursos de todo tipo, han comenzado a comprometer al recurso Clima en la es-cala global. Como ya ha sido expresado, está comprobado que estas actividades están aumentando la concentración de los gases que in-tensifican el efecto invernadero de la atmósfera.
Una parte significativa (entre el 25 y 45%) del dióxido de carbono introducido por el hombre en la atmósfera ha sido absorbida por el océano. Es importante conocer el rol del océano en la regulación del contenido de CO2 atmosférico en las próximas décadas. Los mecanismos mediante los cuales se produce la absorción no son bien co-nocidos. Sin embargo, es posible identificar al menos la utilización por parte del fitoplancton y otros componentes del ciclo del carbono inor-gánico oceánico, así como la redistribución y almacenamiento del carbono a través de las corrientes oceánicas.
La temperatura del planeta se ha incrementado en el último siglo cer-ca de 0,5°C, existiendo un creciente consenso científico de que al menos buena parte de este aumento es atribuible al efecto inverna-dero de origen antropogénico. Si el ritmo de crecimiento de las emisiones continúa sin ningún tipo de limitación, se estima que para el año 2025 la temperatura media del planeta se incrementaría en 1°C y para fines del próximo siglo en aproximadamente unos 3°C. Los in-crementos de la temperatura no serán homogéneos sobre el planeta, pudiendo ser bastante mayores en algunas regiones. Como conse-cuencia de ello, todo el sistema climático se vería alterado, modificándose las precipitaciones medias en muchas regiones.
A largo plazo, la Tierra debe liberar al espacio igual cantidad de ener-gía que la recibida por radiación solar (30% de ésta se refleja al es-pacio exterior y 70% se absorbe) para mantener la temperatura. An-te la acción antrópica sostenida desde el comienzo de la era industrial y el consiguiente efecto invernadero, el sistema climático debe re-adaptarse al excedente de energía. Cabe acotar que un 2% de ener-gía en exceso equivale al consumo y quema de 3 millones de toneladas de petróleo por minuto.
De los gases de efecto invernadero, el CO2 es el responsable del 60% del efecto invernadero inducido, el CH4 del 20% (tiene un poder de calentamiento 30 a 60 veces mayor que el CO2, aunque tiene un tiempo de vida media corto en comparación con los otros gases) y N2O, CFC, HFC, PFC, HCFC, SF6 del 20%. Desde 1850 a la fecha el incremento del CO2 ha sido de un 30%, mientras que el del N2O de un 15%.
Según cálculos del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, (IPCC, 1995) las emisiones de CO2 se duplicarán hacia fines del Siglo XXI con lo cual se puede esperar que:

  • la temperatura media subirá entre 1°C y 3,5°C;
  • el nivel del mar subirá entre 15 y 95 cm (la península Antártica sería una isla!);
  • los glaciares de montaña desaparecerán (los patagónicos serán los más persistentes);
  • se agudizarán los fenómenos climáticos extremos y las pestes. Pa-ra recordar sólo algunos de los casos ocurridos en los últimos dos años, mencionemos el huracán Mitch, que ha azotado a Centroa-mérica, y el fenómeno de El Niño 1997-1998 (el más intenso en 150 años), el cual ha propiciado, por una parte, los incendios favo-recidos por las sequías, que causaron estragos en Indonesia y la región amazónica, y, por otra, las devastadoras inundaciones en la Argentina y China;
  • la "corriente en chorro" (que regula el clima del planeta) se des-plazará hacia el Sur;
  • variará la agricultura mundial. Las mesetas heladas de Canadá y Siberia se descongelarán, con lo cual habrá nuevas tierras de cul-tivo. Argentina y Estados Unidos deberán cambiar las característi-cas genéticas de la producción. China y Europa también deberán hacerlo debido al irregular patrón de lluvias. Australia seguirá más o menos como ahora;
  • habrá un desfasaje de las zonas climáticas, corriéndose entre 150 - 550 km hacia los polos.

Un cambio climático global de la magnitud y velocidad previstas podría provocar alteraciones importantes en la biósfera conduciendo a migraciones y extinciones de numerosas especies y a un aumento significativo del nivel del mar. Estos cambios afectarían también a las actividades humanas en general y muy particularmente a las que son críticamente dependientes del clima, como las agropecuarias y la generación de hidroelectricidad. El clima de la Argentina ha mostrado una gran susceptibilidad a los cambios globales de la circulación at-mosférica en el pasado reciente, siendo incluso muy posible que el mismo ya esté siendo afectado por el fenómeno del calentamiento global. En consecuencia, dada la estructura productiva del país, los estudios sobre esta problemática adquieren un claro valor estratégico.

3. EL DESPERTAR INTERNACIONAL

Mucho tiempo le ha llevado a la humanidad comenzar a darse cuenta del alcance y escala de los cambios ambientales. Una de las impor-tantes razones de esta falla es que los ecosistemas funcionan y no hay servicios que pagar. Debido a que no hay un “precio” por el aire que respiramos, se considera que es un bien gratuito. Debido a que los servicios de los ecosistemas no son comerciados en el mercado, no existe un mecanismo de mercado en condiciones de alertar a la sociedad de su estado de rápida declinación. El inmenso costo ecológico y para la salud humana de liberar contaminantes en el medio ambiente general no está contemplado ni en los balances de las em-presas ni en los presupuestos de los gobiernos. Es por eso que en in-glés se lo suele denominar “externalities”, cuya traducción literal sería “externalidades”, o elementos externos. Solo en años recientes algunas organizaciones han comenzado a considerar en sus balances las pérdidas del ecosistema y de la salud humana en un esfuerzo por brindar un cuadro más realista del estado económico de nuestras so-ciedades.
Las comunidades científica, ambiental y política han comenzado a re-conocer la seriedad de los temas ambientales globales como el cam-bio climático, el debilitamiento de la capa de ozono, la pérdida de diversidad biológica, la desertificación y la degradación de la tierra, el uso no sustentable de los recursos forestales, la degradación del agua dulce y los recursos marinos, y la acumulación de contaminantes orgánicos persistentes.
En la siguiente tabla se listan las principales conferencias y acuerdos internacionales sobre temas del medio ambiente global:

1972 Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano
1982 Ley del Mar
1985 Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono
1987 Protocolo de Montreal sobre substancias que reducen la Capa de Ozono (posteriormente reforzado por una serie de enmiendas)
1992

Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo:

  • Agenda 21 y Declaración de Río
  • Convención sobre la Diversidad Biológica
  • Convención sobre el Cambio Climático
  • Declaración de Principios sobre Manejos Forestales, Conservación y Desarrollo Sustentable
1994 Convención de Naciones Unidas para el Combate de la Desertificación
1995 Programa Global de Acción para la Protección del Medio Ambiente Marino de las Actividades Basadas en Tierra
1997 Protocolo de Kioto sobre Gases Invernadero
1997 Convención de Naciones Unidas sobre la Ley de los Usos No Navegacionales en Aguas Internacionales
1998 Convención sobre el Procedimiento de Consentimiento Previamente Informado (PIC) para Ciertos Productos Químicos y Pesticidas Peligrosos en el Comercio Internacional


Lamentablemente, se debe reconocer que aunque algún progreso se ha producido en el control de la calidad de las aguas y el aire en unos pocos lugares, los avances en la protección del medio ambiente glo-bal desde la Cumbre de la Tierra en Río han sido limitados. Las con-centraciones atmosféricas de GEI han continuado aumentando a alre-dedor de 1% anual; los bosques y humedales están desapareciendo a una taza de 0,5% anual. Las aguas dulces continúan degradándose. El mayor logro es haber suspendido el incremento de las concentra-ciones atmosféricas de un número de sustancias debilitadoras de la capa de ozono, e incluso algunas han decrecido como resultado de la Convención de Viena para Proteger la Capa de Ozono y el asociado Protocolo de Montreal.
Durante las décadas de 1970 y 1980, fue creciendo en los foros in-ternacionales la toma de conciencia sobre la problemática ambiental. Se vio claramente que las formas de producción de bienes y servicios que se fueron desarrollando a partir de la era industrial, así como los estilos de vida que se venían imponiendo en la llamada "sociedad de consumo", estaban impactando negativamente sobre los recursos na-turales y el medio ambiente en general. Se comenzó entonces a ges-tar la idea de una forma de desarrollo económico que fuera sustenta-ble, en el sentido de que no condujera a desestabilizaciones de los sistemas naturales o sociales.
En 1987, la Comisión Mundial de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo, conocida como "Comisión Brundtland", concluyó que "el desarrollo sustentable... satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para satisfacer sus necesidades".
Ante la necesidad de conocer mejor los cambios que se estaban pro-duciendo en el sistema climático global, las Naciones Unidas crearon, en 1988, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, cons-tituido por reconocidos expertos y científicos provenientes de todas las regiones del planeta. Está dirigido por dos agencias especializa-das, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA). El Panel, co-nocido como IPCC según sus siglas en inglés, produjo informes claves sobre el estado y evolución del sistema climático, y acerca de los im-pactos producidos sobre éste por las actividades humanas. Sus suce-sivos informes fueron publicados en 1990, 1992, 1995, 1997 y 1998. En ellos se alerta sobre el aumento de la temperatura de la superficie terrestre y la elevación del nivel del mar que ya han comenzado como consecuencia de la emisión antropogénica de GEI, la cual es significa-tiva y aumenta constantemente desde el comienzo de la era indus-trial.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) surgió como respuesta al incremento de la evidencia cien-tífica sobre la posibilidad de un cambio climático global, derivado del aumento sustancial - causado por la actividad humana - en la con-centración atmosférica de gases de efecto invernadero (GEI). Los es-tatutos de la CMNUCC fueron aprobados el 9 de mayo de 1992 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, por el comité intergu-bernamental creado a esos fines. Fueron puestos a la firma de los países miembros en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Me-dio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro en junio de 1992, denominada "Eco 92" y también conocida como "Cumbre de la Tierra" (ya que comprendió a las Convenciones sobre cambio climáti-co y sobre diversidad biológica).
La CMNUCC entró en vigor el 21 de marzo de 1994, una vez cumpli-do el proceso de ratificación por cincuenta de los países miembros (o "Partes de la Convención").
En ella se reconoce a un grupo de países como los que más han con-tribuido a la emisón de GEI, a quienes se ha dado en llamar "respon-sables históricos" del calentamiento global. Este grupo de países compone el Anexo I de la Convención, y está formado por los miem-bros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) o "países desarrollados", y los ex - integrantes del blo-que soviético, denominados "países en transición a una economía de mercado". Los miembros de la OCDE conforman además el Anexo II de la Convención.
Uno de sus principios es repartir la carga de la lucha contra el cambio climático. Este punto es importante. La atmósfera es un recurso co-mún que forma parte del “patrimonio de la humanidad”, y el tratado vela para que todo sacrificio realizado para proteger dicho recurso sea compartido de manera equitativa entre los países, de conformi-dad con sus “responsabilidades comunes pero diferenciadas, sus ca-pacidades respectivas, así como sus condiciones sociales y económi-cas”. Ello significa, al menos así lo esperan los Estados Partes, que las acciones que en definitiva deban emprenderse, serán compartidas por un número suficiente de participantes para que los sacrificios val-gan la pena. Es más fácil sacrificarse por una causa común cuando se está seguro de que todos colaboran.
Mediante la CMNUCC los países del Anexo I se habían comprometido formal y voluntariamente a reducir sus emisiones de GEI a los niveles del año 1990 cuando llegara el año 2000, así como a ayudar financie-ra y técnicamente a los países en desarrollo para adoptar tecnologías "limpias" en materia energética e industrial. Asimismo, todos los paí-ses se comprometieron a formular y gestionar planes nacionales so-bre mitigación del cambio climático, así como a realizar y presentar a la Convención inventarios periódicos actualizados de sus fuentes de emisiones antropogénicas y de sus sumideros (mecanismos de remo-ción de GEI de la atmósfera).
Por otra parte, la Convención creó la "Conferencia de las Partes" (COP) como el órgano supremo de la Convención, que debe tomar las decisiones necesarias para promover la efectiva implementación de aquélla y el logro de sus objetivos.
Posteriormente, se han efectuado sucesivas reuniones de las Partes de la Convención: COP1 (Berlín, 1995), COP2 (Ginebra, 1996), COP3 (Kioto, 1997), COP4 (Buenos Aires, 1998) y COP5 (Bonn, 1999).
Transcurrido cierto tiempo desde la Cumbre de la Tierra, se hizo evi-dente que la mayoría de los países del Anexo I no habían hecho es-fuerzos significativos (ni progresos sustanciales) para cumplir con sus compromisos voluntarios. Por otra parte, aumentaba la evidencia científica de la existencia de un cambio climático global en marcha.
La COP1 se realizó en este marco de circunstancias. Como conclusión de este encuentro surgió el llamado "Mandato de Berlín", por el cual los 120 países reunidos se comprometían a definir, en los dos años siguientes, límites específicos cuantificados de las emisiones de GEI.
Asimismo, mediante la Decisión 5 de esta COP1, se definieron las "Actividades Implementadas Conjuntamente" (AIC). Éstas consisten en proyectos específicos de mitigación de GEI (ya sea por reducción de fuentes emisoras o por aumento, mejoramiento o preservación de sumideros), realizadas en forma conjunta por al menos dos países miembros de la Convención. Se ha puesto en marcha una "fase pilo-to" de las AIC, que finalizó el 31 de diciembre de 1999. Los proyectos AIC deben cumplir con los requisitos siguientes:

  • Deben ser compatibles con las prioridades y estrategias nacionales ambientales y de desarrollo, y contribuir en forma costoefectiva a la obtención de beneficios ambientales.
  • Deben contar con la aprobación o aceptación previa de los gobier-nos de los países involucrados.
  • Deben conducir a beneficios ambientales de largo plazo relaciona-dos con el cambio climático, mensurables, y que no se habrían producido en ausencia del proyecto en cuestión.
  • El apoyo económico a estos proyectos debe ser adicional a las obligaciones financieras de las Partes integrantes del Anexo II de la Convención.
  • Durante la fase piloto los proyectos no generarán créditos de emi-sión de GEI a los países involucrados. No está acordado aún cómo se computarán y otorgarán dichos créditos luego de la fase piloto.

Desde su implementación, casi un centenar de proyectos AIC se han desarrollado en todo el mundo con una distribución por regiones muy desigual, mostrando una participación muy pobre de América Latina, y casi nula de África. La mayor parte de ellos se han realizado en Eu-ropa del este, en los "países en transición a una economía de merca-do".
Al año siguiente, en la COP2, las Partes emitieron una declaración so-bre lo actuado en virtud del Mandato de Berlín.
En diciembre de 1997, como corolario de la Tercera Reunión de las Partes (COP 3), se aprobó el llamado Protocolo de Kioto, el cual se abrió a la firma de las Partes el 16 de marzo de 1998. Además de ser firmado, necesita ser ratificado por cierto número mínimo de Partes (55, las cuales además deben representar al menos el 55% de la emisión total mundial de GEI) para entrar en vigencia. No tiene, por lo tanto, fecha cierta de puesta en vigor. En él, los países desarrolla-dos y economías en transición, agrupados en el Anexo B (casi igual al Anexo I de la Convención), se comprometen a reducir o limitar sus niveles de emisión de GEI (medidos en términos de carbono equiva-lente) en porcentajes específicos para cada país, con respecto a los respectivos niveles existentes en 1990; la suma de esos esfuerzos individuales equivale a una reducción media neta de un 5,2%. Las limitaciones comprometidas por cada país figuran también en el Anexo B y deberán ser alcanzadas, en promedio temporal, durante el período de compromiso del año 2008 al 2012.
El Anexo A contiene la lista de los seis gases de invernadero incluídos en el acuerdo: CO2 (dióxido de carbono), CH4 (metano), N2O (óxido de nitrógeno), HFCs (hidroflúorocarbonos), PFCs (perflúorocarbonos), y SF6 (hexafluoruro de azufre). El Anexo A incluye asimismo una lista de sectores económicos en donde las reducciones deberán efectuarse, y las fuentes y procesos de emisión de GEI más importantes en cada uno de dichos sectores.
Además, se establecen en el Protocolo ciertos mecanismos tendientes a flexibilizar las exigencias de mitigación de GEI y, por lo tanto, facili-tar el cumplimiento de los compromisos asumidos.
El Artículo 3 establece que las Partes incluidas en el Anexo I podrán alcanzar las respectivas reducciones comprometidas, en forma indivi-dual o conjunta (contabilizando sus emisiones antropógenas agrega-das). Esta modalidad es conocida como "mecanismo burbuja". Los países miembros de la Unión Europea han manifestado su intención de acogerse a este Artículo.
En el Artículo 6 se establece que toda Parte incluida en el Anexo I po-drá transferir a cualquiera otra de esas Partes, o adquirir de ella, las unidades de reducción de emisiones resultantes de proyectos enca-minados a reducir las emisiones antropogénicas por las fuentes o in-crementar la absorción antropogénica por los sumideros de los GEI en cualquier sector de la economía. Esta modalidad es conocida como "implementación conjunta" (IC).
El Artículo 17 establece que las Partes incluidas en el Anexo B podrán participar en operaciones de comercio de los derechos de emisión a los efectos de cumplir sus compromisos. Las operaciones de este tipo serán suplementarias a las medidas nacionales que se adopten para cumplir los compromisos. Esta modalidad es conocida como "comer-cio de emisiones" (CE).
En el Artículo 12 se crea el denominado "mecanismo para un desarro-llo limpio" (MDL), cuyo propósito es ayudar a las Partes no incluidas en el Anexo I a lograr un desarrollo sostenible y contribuir al objetivo último de la Convención, así como ayudar a las Partes incluidas en el Anexo I a dar cumplimiento sus compromisos cuantificados. En el marco de este mecanismo:

  • Las Partes no incluidas en el Anexo I se beneficiarán de las activi-dades de proyectos que tengan por resultado reducciones certifi-cadas de las emisiones; y
  • Las Partes incluidas en el Anexo I podrán utilizar las reducciones certificadas de emisiones, resultantes de esas actividades de pro-yectos, para contribuir al cumplimiento de una parte de sus com-promisos.

El mecanismo para un desarrollo limpio estará sujeto a la autoridad y la dirección de la Conferencia de las Partes. En los proyectos de re-ducción de GEI podrán participar instituciones públicas o privadas de países en vías de desarrollo, conjuntamente con entidades de países del Anexo I.

4. LA ARGENTINA Y EL CAMBIO GLOBAL
4.1 PROBLEMÁTICA DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Las consecuencias de eventuales cambios climáticos son especial-mente críticas en los países en vías de desarrollo (PVD), teniendo en cuenta que el grado de vulnerabilidad a los fenómenos posibles, se relaciona estratégicamente con la capacidad de los grupos sociales para absorber, amortiguar o mitigar los efectos de estos cambios, lo que está mediatizado por la posibilidad de contar con tecnología, in-fraestructura y medios idóneos.
En la Argentina, esto es doblemente cierto, ya que su economía se basa en la producción primaria, que es altamente sensible al clima. Además, la especialización actual se encamina hacia el procesamiento de recursos naturales (típicamente "commodities" industriales).
Por otra parte, la contribución de la Argentina a la emisión total pla-netaria de GEI es ínfima. Su contribución per cápita (1,5 ton. de car-bono equivalente anuales por habitante) es, asimismo, inferior a las de los países desarrollados, aunque actualmente se sitúa levemente por encima del promedio mundial. A modo de ejemplo, citemos la emisión en el país de mayor consumo energético per cápita, Estados Unidos: 7 ton. de carbono equivalente anuales por habitante.
Si bien los países industrializados son los responsables históricos del cambio acaecido en la composición atmosférica, nuestro país no pue-de quedar ajeno a los esfuerzos de mitigación, y ha dado muestras de su voluntad de cooperar en este tema.
El problema a nivel nacional puede dividirse en cuatro temas:

a) conocimiento del cambio climático global, y de sus impactos sobre el clima regional;
b) conocimiento de la vulnerabilidad al cambio climático regional, en las distintas subregiones de nuestro territorio, de: los ecosistemas, los asentamientos humanos, y las actividades económicas;
c) desarrollo de estrategias de adaptación de los sistemas enumera-dos en el punto anterior;
d) estrategias de mitigación de GEI.

4.2 ESTUDIOS Y ESTADO DEL CONOCIMIENTO EN NUESTRO PAIS

La Argentina es una de las regiones del mundo que ha presentado mayores variaciones climáticas en el siglo XX. Durante el mismo se registró un significativo aumento de la temperatura de superficie en la Patagonia e islas del Atlántico sur. Al norte de los 40°S las tenden-cias positivas de temperatura fueron menores y sólo perceptibles a partir de los últimos 40 años. En contraste, allí se registró un impor-tante aumento de la precipitación durante las décadas del 60 y 70.
En el núcleo productivo de la Pampa Húmeda, el incremento fue su-perior en un 30% a los valores observados durante la década del 50. Como consecuencia, se produjo una expansión de la frontera agrope-cuaria hacia el oeste, ganándose para la actividad agrícola alrededor de 100.000 kilómetros cuadrados. Este cambio produjo un enorme impacto positivo en las economías regionales de la zona semiárida desde La Pampa hasta Santiago del Estero.
No se puede descartar que dicho cambio esté asociado al simultáneo calentamiento de las altas latitudes del Hemisferio Sur, ni que éste sea a su vez una consecuencia del aumento del efecto invernadero. En los últimos años, el subsiguiente calentamiento de las latitudes medias del Hemisferio Sur parece haber comenzado a revertir las tendencias positivas de la precipitación por lo que resulta necesario profundizar el estudio sobre las causas de las variaciones climáticas con el objeto de desarrollar estrategias de adaptación a probables condiciones menos favorables en un futuro mediano plazo.
La mayor parte de los estudios fueron realizados por el Proyecto ARG/95/G31, coordinado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología con la financiación del Fondo Mundial del Medio Ambiente (GEF). Los resultados de tres estudios de vulnerabilidad a eventuales cambios climáticos, a saber: sobre la producción agrícola en la región pam-peana, sobre la zona costera atlántica, y sobre los oasis del centro-oeste, muestran la gravedad del problema en lo referente a nuestro territorio.
Producción agrícola en la región pampeana. En este estudio se evaluó el impacto de diferentes escenarios climáticos (hipotéticos), sobre la producción de cultivos anuales (trigo, maíz, girasol y soja) y forrajeras en la región pampeana. Los escenarios climáticos se obtu-vieron mediante variaciones de temperatura y precipitación, conside-rando dos concentraciones atmosféricas de CO2. La producción de los cultivos se evaluó con modelos matemáticos que simulan el desarrollo y crecimiento de las especies ante variaciones del ambiente. Los es-cenarios climáticos elegidos representan condiciones futuras posibles, de acuerdo con los resultados (diferentes entre sí) de tres modelos de circulación general de la atmósfera desarrollados en centros de inves-tigación de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. Dichos resulta-dos muestran que, como consecuencia del calentamiento global, pue-den producirse cambios importantes en los regímenes térmico e hídrico de diferentes subregiones de nuestro país. Al igual que para las otras actividades, la vulnerabilidad del sector agropecuario difiere según el escenario climático que se utilice. Dichos escenarios son habitualmente generados mediante modelos matemáticos que simu-lan el clima global, encontrándose las mayores discrepancias entre modelos en la predicción de la precipitación en las diferentes regiones del planeta; esto es así porque los modelos de simulación climática son todavía inseguros para la predicción de las características regio-nales de esta variable. Sin embargo, debido a la extensión de nuestra área productiva, a la diversidad de granos que se cultivan y al incre-mento pronosticado en la concentración de dióxido de carbono, la producción nacional de granos no sería seriamente dañada. Por otro lado, la capacidad productiva de los suelos se vería más afectada por el sistema de labranza que por los cambios proyectados en el clima.
No obstante, considerando el cambio reciente en los sistemas de pro-ducción (incremento en el uso de insumos y reducción de las técnicas de labranza) que podrían alterar el balance de gases con efecto in-vernadero (CO2 y N2O) sería oportuno evaluar la vulnerabilidad de estos sistemas, así como las posibles estrategias de adaptación para la frontera agrícola.

Zona Costera Atlántica. La vulnerabilidad al ascenso del nivel del mar sería sólo importante en la Bahía de Samborombón y en las islas de la costa bonaerense entre Bahía Blanca y la desembocadura del río Colorado. Un problema de ardua investigación lo constituyen las con-secuencias negativas que originaría este aumento en el drenaje de la ya problemática cuenca del Salado. Es necesario estudiar además cual sería el impacto en la costa del Río de la Plata y en el delta del Paraná en situaciones de tormentas, dada la importante concentra-ción de actividades humanas que se realizan en esos lugares.
Región de los Oasis del Centro-Oeste. Este estudio pone en evi-dencia la necesidad de conocer mejor la variabilidad climática y el cambio climático en la región, a fin de morigerar los posibles impac-tos negativos. Se sabe que la ocurrencia de eventos "El Niño" y "La Niña" (que son fases opuestas de un mismo fenómeno de variabilidad climática) incide marcadamente sobre las nevadas en la Cordillera. Bajo el fenómeno "El Niño" las nevadas invernales son generalmente copiosas, mientras que en un año "Niña" sucede lo contrario. Ahora bien, el cambio climático global parecería estar modificando la fre-cuencia y/o intensidad de esos eventos, así como aumentando la evapotranspiración. A su vez, la disponibilidad de agua en los ríos cordilleranos, que posibilitan el desarrollo de los Oasis del Centro-Oeste, depende de la fusión de la nieve acumulada en la Cordillera, y es esencial en la vida económica de éstos, basada en producciones frutihortícolas bajo regadío.
Las conclusiones de estos estudios hacen hincapié en la necesidad de profundizar las investigaciones.

4.3 LA ARGENTINA Y LA CONVENCIÓN SOBRE CAMBIO CLI-MÁTICO
La Argentina ha firmado la CMNUCC el 12 de junio de 1992 (a pocos días de su puesta a la firma), y la ha ratificado por el Honorable Con-greso de la Nación el 11 de marzo de 1994. El Protocolo de Kioto fue firmado por nuestro país el 16 de marzo de 1998 (en el primer día de apertura de firmas), y su ratificación cuenta con media sanción del Honorable Senado de la Nación.
La relación de nuestro país con la Convención es canalizada a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Cul-to (Dirección General de Asuntos Ambientales). Por otra parte, la ex Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable (actual Se-cretaría de Desarrollo Sustentable y Política Ambiental del Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente), ha sido el órgano que en-tiende en la formulación de políticas en materia de cambio climático relacionadas con la Convención. La Secretaría de Ciencia y Tecnología (actual Secretaría para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Pro-ductiva) cumple el rol de organismo coordinador de los aspectos cien-tíficos y tecnológicos derivados de la Convención.
Nuestro país, como parte firmante de la CMNUCC, se obligó a elevar a la misma, en forma periódica, un inventario nacional de sus emisio-nes antropogénicas por fuentes y remociones por sumideros, de ga-ses de efecto invernadero. Los estudios necesarios para este fin fue-ron coordinados por la Secretaría de Ciencia y Tecnología (Comisión Nacional para el Cambio Global) y financiados parcialmente por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por Global Environment Facility) en el marco del Proyecto ARG/95/G31. Dentro del marco de este proyecto se generó la Primera Comunicación Nacional a la Con-vención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. La misma incluye un inventario de fuentes y sumideros de GEI.
Entre los años 1998 y 1999 la Cancillería coordinó el proyecto "Estu-dio argentino sobre mecanismos de flexibilización en el contexto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto". Dicho proyecto contó con la asistencia del Banco Mundial y el Gobierno de Canadá. Para realizar el seguimiento de este proyecto se constituyó un comité técnico interministerial.

Por Decreto Nacional 822/98 se crea en el ámbito de la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable la OFICINA ARGENTINA DE IMPLEMENTACION CONJUNTA (O.A.I.C.). Esta Oficina tiene por objeto llevar a cabo en forma más eficiente las acciones vinculadas a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, apoyando las actividades a desarrollarse por medio de los mecanis-mos previstos a tal fin por el Protocolo de Kioto.

4.4 COMPROMISO ARGENTINO ANTE LA CONVENCIÓN DE CAMBIO CLIMÁTICO
La Argentina tuvo un papel relevante en la COP4, ya que fue país se-de de la misma. Pero este papel destacado no se limitó a los aspectos formales, ya que la Delegación Argentina adoptó una posición política de vanguardia, centrada en la iniciativa de que los países en desarro-llo puedan adoptar compromisos voluntarios de mitigación de GEI, lo cual ha constituido uno de los objetivos principales de la política del gobierno nacional en la materia (durante la gestión del Presidente Menem). Otro de los objetivos perseguidos y manifestados en la Con-ferencia, ha sido el de lograr la posibilidad de participación en los me-canismos del Protocolo de Kioto que actualmente están vedados a los países en desarrollo.
En su discurso ante este foro internacional, nuestro Presidente anun-ció el compromiso argentino de establecer metas de reducción de la tasa de crecimiento de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) para el período 2008-2012 y de buscar una nueva vía para su inserción dentro de la Convención. La definición de estas metas, a presentar ante la COP V, impone un enorme esfuerzo científico y tec-nológico al que se ha abocado parte del potencial científico y acadé-mico, así como diversas instituciones privadas. La coordinación de toda esta actividad ha sido llevada a cabo desde la Secretaría de Re-cursos Naturales y Desarrollo Sustentable, con la colaboración de re-presentantes de los diversos organismos nacionales competentes.
Dentro del marco de las actividades para la definición de la meta, se hizo necesaria la actualización de los inventarios de GEI de 1990 y 1994 y la elaboración de un nuevo inventario para el año 1997. Se tuvo también que realizar las proyecciones de emisiones hasta el año 2012 suponiendo la ausencia de medidas o políticas conducentes a la reducción de estas emisiones y utilizando diferentes hipótesis sobre la evolución económica y el avance tecnológico. Se establecieron dife-rentes escenarios de mitigación, con el fin de analizar los impactos en la reducción de las emisiones, así como sus costos y beneficios. Fi-nalmente, con la participación de diferentes sectores oficiales, ONG´s, organizaciones empresarias y expertos sectoriales, se elabo-raron las alternativas para la propuesta argentina sobre emisión de GEI para el período 2008-2012.
A continuación se reproduce la posición argentina expresada ante la Quinta Conferencia de las Partes de la CMNUCC, en la ciudad de Bonn, Alemania, en octubre de 1999:
“De acuerdo con los objetivos de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre le Cambio Climático, la República Argentina, teniendo en cuenta sus responsabilidades diferenciadas, su derecho al desarro-llo socioeconómico sustentable y las características propias de su es-tructura productiva y de generación de emisiones, y no siendo parte del Anexo B del Protocolo de Kioto, se compromete voluntariamente a no exceder en sus emisiones antropogénicas de gases de efecto in-vernadero una cantidad definida como meta de emisiones”.
“El período de compromiso será el comprendido entre el año 2008 y 2012. La meta comprometida se aplicará al promedio anual de las emisiones de este período”.
“Esta meta será igual al producto de 151,5 por la raíz cuadrada del Producto Bruto Interno promedio de los cinco años del período de compromiso”.
“El Producto Bruto Interno será el calculado a precios de mercado, expresado en pesos de 1993, según las estadísticas de cuentas na-cionales de la República Argentina”.
“Las emisiones de gases de efecto invernadero se considerarán agre-gadas y expresadas en toneladas métricas de carbono equivalente de acuerdo a los expresado en el artículo 5 del Protocolo de Kioto. En el contexto de este compromiso se entiende por gases de efecto inver-nadero a aquellos incluidos en el Anexo A de dicho Protocolo”.
“Las emisiones serán las de los sectores y categorías de fuentes des-criptos en el Anexo A del mencionado Protocolo más las variaciones netas de las emisiones por las fuentes y la absorción por los sumide-ros, de las actividades humanas directamente relacionadas con el uso de la tierra y la silvicultura. Se entiende por silvicultura, en este con-texto, la forestación, la reforestación y la deforestación”.
“Las emisiones y capturas de gases de efecto invernadero serán cal-culadas de acuerdo con la metodología adoptada por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”.
“El presente compromiso se tornará efectivo, una vez que la Conven-ción Marco de Naciones Unidas sobe el Cambio Climático haya acep-tado el derecho de la República Argentina a participar en los meca-nismos establecidos en los artículos 4º, 6º y 17º del Protocolo de Kio-to y el mismo haya entrado en vigencia”.

4.5 COMISIÓN NACIONAL PARA EL CAMBIO GLOBAL
Por Decreto Nº 2156 del 15 de octubre de 1991, el Presidente de la Nación instituyó la Comisión Nacional para el Cambio Global (CNCG) en jurisdicción de la Secretaría de Ciencia y Tecnología. Su misión es: “entender en todo lo inherente a la coordinación, evaluación y gene-ración de nuevas actividades científico-tecnológicas nacionales, rela-cionadas con el control y vigilancia del Cambio Global en el país”.
Esta comisión, de carácter interministerial, reúne a la comunidad científica argentina y a los organismos nacionales que entienden en el apoyo y formulación de políticas que hacen a la investigación del Cambio Global. Se cuentan entre sus miembros el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Susten-table, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Servicio de Hidrografía Naval (SHN), el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Instituto Antártico Argentino (IAA).
Desde su creación ha apoyado y fomentado varios programas nacio-nales e internacionales, la organización de diversas reuniones científi-cas relacionadas con el cambio global, coordinando la acción de di-versos sectores científicos y tecnológicos. Dentro del marco de la CNCG se ha desarrollado el Proyecto de Estudio del Cambio Climático en la Argentina, financiado por el Fondo para el Medioambiente Mun-dial y que condujo a la Primera Comunicación Nacional sobre el Cam-bio Climático, presentada a la Convención Marco de las Naciones Uni-das sobre el Cambio Climático. Intervinieron en este proyecto 60 in-vestigadores de 20 Instituciones del Sector Público, Universidades Nacionales y Organizaciones No Gubernamentales.
A través de la Comisión se ha canalizando la interacción de la Argen-tina con el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI) participando en las distintas instancias de su desarrollo. En junio de 1998, se suscribió un acuerdo entre la Agencia Nacional para la Promoción Científica y Tecnológica de la República Argentina y el IAI, mediante el cual se prevé la financiación conjunta de proyectos de investigación relativos al Cambio Global. A partir de este acuerdo, la Argentina ha pasado a ser el primer país de América que, luego de los Estados Unidos, compromete fondos efectivos en proyectos inter-nacionales de investigación del cambio global, dentro del IAI.
La Comisión ha organizando una biblioteca central de cambio global, que incorpora las publicaciones existentes sobre esta temática en dis-tintos organismos nacionales e instituciones científicas y educativas relacionadas. El sistema tiene su asiento en la biblioteca del Ministe-rio de Economía y se ha previsto la consulta y obtención de informa-ción desde cualquiera de las organizaciones participantes.
Existe una página Web en la Secretaría de Ciencia y Tecnología, don-de se informan los programas, investigadores e instituciones argenti-nas comprometidas en la investigación del cambio global.
Con motivo de la reestructuración de la actual Secretaría para la Tec-nología, la Ciencia y la Innovación Productiva, se está realizando un estudio con el fin de adecuar las funciones y composición de esta Comisión a la luz de la experiencia recogida desde su creación.

4.6 PARTICIPACIÓN ARGENTINA EN PROGRAMAS INTERNA-CIONALES VINCULADOS AL CAMBIO GLOBAL
Existen numerosas iniciativas internacionales surgidas en la década de 1990 relacionadas con la investigación científica y/o el desarrollo tecnológico vinculado al Cambio Global.

Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI)
El IAI surge de una invitación del gobierno de los Estados Unidos de América a las naciones del continente a reunirse en julio de 1991 pa-ra proponer la creación de un Instituto Interamericano. Su objetivo es aunar los esfuerzos para desarrollar la capacidad de entender el im-pacto integrado de los cambios globales en el medio ambiente regio-nal y continental de América y fomentar la investigación cooperativa y el intercambio de información relativa al cambio global. La Argenti-na fue uno de los 13 países de América, Partes Fundadoras, que el 13 de mayo de 1992 suscribieron el Acuerdo de Creación del IAI, en Montevideo, Uruguay. El acuerdo del IAI fue ratificado por nuestro país en marzo de 1993 y depositado en la Organización de Estados Americanos en febrero de 1994. En setiembre de 1994 tuvo lugar en México la Primera Reunión de la Conferencia de las Partes, dando comienzo formal a las actividades del Instituto.
El IAI ha proporcionado financiación para mejorar el estado actual de los conocimientos científicos del cambio global por medio de tres pro-gramas: el Programa Científico Inicial (ISP) el Programa de Subsidios Iniciales de Investigación (SG) y el Programa de Redes de Investiga-ción Cooperativas (CRN) . Todos los programas son internaciona-les, con participación de 3 o más países. Los investigadores argenti-nos han formado parte de 21 de los 39 proyectos internacionales fi-nanciados por el programa ISP y de 8 de la totalidad de 37 proyectos financiados en el programa SG y 8 de los 14 proyectos CRN. El finan-ciamiento total de estos programas, que ascendió a cerca de $ 15,4 millones, ha sido proporcionado mayormente por la Fundación Nacio-nal de las Ciencias (NSF) de los Estados Unidos. Además de los pro-gramas mencionados, la Argentina ha recibido del IAI equipamiento y software, dentro de un programa financiado por el Fondo para el Me-dio Ambiente Mundial (GEF), publicaciones, becas y pasantías y apo-yo para el desarrollo de talleres, conferencias y seminarios
El IAI tiene una estructura de cuatro órganos permanentes: la Confe-rencia de las Partes (CoP) constituida por los países miembro, el Con-sejo Ejecutivo (EC) constituido por nueve miembros elegidos por la CoP, un Comité Asesor Científico (SAC) principal órgano asesor cientí-fico del Instituto, constituido por 10 miembros y la Dirección Ejecuti-va, órgano administrativo del Instituto. La Argentina ocupa un cargo en el Consejo Ejecutivo desde la creación del IAI y su representante ocupó la Vicepresidencia Segunda en los años 1997 y 1998 y desde setiembre de 1998, la Presidencia de este órgano.

International Research Institute for Climate Prediction (IRI)
El IRI es una institución creada bajo un acuerdo entre la Office of Global Programs de la National Oceanic and Atmospheric Administra-tion (NOAA/OGP) de los Estados Unidos, la Universidad de Colum-bia/Lamont-Doherty Earth Observatory, y el Instituto Oceanográfico Scripps de la Universidad de California, San Diego. La misión del IRI es desarrollar y evaluar pronósticos climáticos estacionales, y fomen-tar la aplicación de dichos pronósticos para el beneficio de las socie-dades. El aumento de la variabilidad del clima es uno de los fenóme-nos asociados al cambio climático, por lo tanto el estudio de las va-riaciones del clima y su predicción es un elemento de competencia e interés de la Comisión Nacional para el Cambio Global. Por tal motivo, en agosto de 1998 se suscribió en Buenos Aires una carta de inten-ción entre la Secretaría de Ciencia y Tecnología y el IRI en la que ambas instituciones se comprometen a aunar esfuerzos para profun-dizar el desarrollo de aplicaciones prácticas del pronóstico climático estacional en el cono sur de América del Sur.

Programa de investigación sobre Climate Variability and Pre-diction for the 21st Century (CLIVAR)
El programa CLIVAR forma parte del Programa Mundial de Investiga-ción del Clima (WCRP – World Climate Research Programe) y está orientado fundamentalmente a la investigación científica. Su principal objetivo es examinar y mejorar la predictabilidad de la variabilidad y los cambios del clima como beneficio potencial para la economía y la sociedad en su conjunto. La Argentina fue invitada a participar de la Conferencia Internacional de CLIVAR, realizada en París, Francia en diciembre de 1998. En esta oportunidad se presentó un informe de las actividades de investigación de la variabilidad del clima en la Ar-gentina.

Programa de estudio de la Variabilidad del Sistema Monzónico Americano (VAMOS)

El programa VAMOS es un Subprograma del Programa CLIVAR apli-cado a América. Durante la última década se ha documentado la exis-tencia de dos sistemas monzónicos en América (Norte y Sur) con una decisiva influencia en la variabilidad de las precipitaciones de verano en amplias regiones de este continente. En marzo de 1999 se realizó en Buenos Aires la reunión anual del Panel del Programa VAMOS, con participación de más de 40 científicos de Argentina, Estados Unidos, y otros países de América del Sur, Centro América y el Caribe.

Pan-American Climate Information System (PACIS)

Iniciado en 1998 como reunión de un grupo de expertos de predicción climática y manejo de riesgos con el fin de avanzar en el desarrollo de un sistema de aplicación de la información de pronósticos climáti-cos estacionales e interanuales, con el fin de reducir los impactos so-cioeconómicos relativos de las fluctuaciones climáticas de corto plazo y explotar los beneficios ofrecidos por estos.
En marzo de 1999 se organizó en la Argentina el “Design Meeting for a Pilot Climate Information and Application System for Decision-Making in Southeast South America”. Participaron en la organización y financiación de esta reunión las siguientes organizaciones interna-cionales: NOAA, IRI (international Research Institute for climate pre-diction), USAID (US Agency for International Development) y la Se-cretaría de Ciencia y Tecnología de nuestro país. Tomaron parte de este encuentro 35 investigadores científicos y administradores de or-ganismos vinculados a la ciencia de Argentina, Brasil, Colombia, Es-tados Unidos de América, Perú, Paraguay y Uruguay. Se mantiene vinculo con esta iniciativa con el fin de desarrollar proyectos pilotos regionales para la aplicación de predicciones climáticas.

Programa para la Predicción del Clima y la Agricultura (CLI-MAG – Climate Prediction and Agriculture)
En la sede de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y coaus-piciado por el International Geosphere-Biosphere Program (IGBP) el International Human Dimensions of Global Change Program (IHDP) y el World Cimate Research Program (WCRP) en setiembre de 1999 se lanzó el Programa Internacional sobre Predicción del Clima y la Agri-cultura (CLIMAG). Como resultado de las discusiones se estableció la necesidad de realizar un conjunto de tres estudios piloto de aplicacio-nes de la predicción climática a la agricultura en África, Asia y Améri-ca Latina. Reconocido el estado de avance de iniciativas similares, el correspondiente a América Latina se llevará a cabo en la región del Sudeste de América del Sur, con importante participación de institu-ciones de la Argentina (INTA y la Universidad de Buenos Aires).

5. EL CAMBIO GLOBAL COMO DESAFIO DEL SIGLO XXI

En los párrafos precedentes se ha puesto en evidencia que el cambio ambiental global representa un serio riesgo para la humanidad. Para hacer frente a este problema provocado por el hombre, los seres humanos tendrán que pensar en términos de décadas, e incluso siglos. La tarea recién comienza y muchos de los efectos del cambio global no se manifestarán sino al cabo de dos o tres generaciones. En el futuro cada vez más se oirá hablar de este problema y se deberá aprender a convivir con él.
Los instrumentos internacionales existen, los estados han reconocido el problema y solo resta decidir cómo adecuar los actuales modelos de desarrollo en una dirección sustentable.
Aunque mucho se ha ganado en el conocimiento científico de las con-secuencias potenciales de los cambios inducidos por el hombre al medio ambiente global, es difícil pronosticar la oportunidad, la localización y el costo detallado de las implicaciones de dichos cambios. Sin embargo, es importante reconocer que pese a la incertidumbre la más realista información indica que la mayoría de los cambios am-bientales no pueden ser revertidos rápidamente, debido a la larga es-cala temporal asociada con los procesos químicos, físicos y ecológicos subyacentes. Por otra parte, la natural inercia en la toma de decisio-nes políticas de largo plazo tiende a retardar nuestra habilidad para responder rápidamente a los cambios.
El gran desafío consiste en identificar mecanismos prudentes, costo-efectivos para lograr mitigar los efectos adversos de los cambios ge-nerados por el hombre y que puedan contribuir a un futuro más sus-tentable. Debido a que aun existe cierta incertidumbre científica sobre el calentamiento global y la elevación del nivel del mar, por ejemplo, una nación puede ser reacia a realizar inversiones para mo-dificar o adecuar la infraestructura costera existente frente a un daño potencial futuro con un costo significativo actual. Sin embargo, la ubicación de nuevas infraestructuras evitando exponerlas a una futura elevación del nivel del mar, muy probablemente no adicione costos y seguramente reportará un gran beneficio de retorno si los niveles del mar efectivamente se elevan. Las sociedades podrán ser incapaces de producir el rápido recambio de equipamientos, tecnologías o prácticas para responder completamente a las cuestiones ambientales emergentes, pero pueden comenzar a realizar inversiones y tomar decisiones que avancen en su capacidad futura de enfrentar a dichos cambios.
“A fin de proteger el medio ambiente los Estados deberían adoptar un enfoque preventivo de acuerdo a sus capacidades. Cuando existen amenazas de daños serios o irreversibles, la carencia de la total justi-ficación científica no debe usarse como razón para posponer las me-didas costoefectivas para prevenir la degradación del medio ambien-te” (Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, 1992).
¿Cómo establecer un equilibrio armonioso con las condiciones ambientales actuales que, ante todo, hacen posible nuestra vida? Hasta ahora, la humanidad se ha desentendido de este problema en su propio detrimento. A partir de ahora se trata de un desafío al que probablemente tendremos que hacer frente mientras exista la especie humana sobre la Tierra, es el desafío del Siglo XXI.

6. BIBLIOGRAFÍA

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Ultima actualización: 15/04/2009