ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
Nº 14
Presentado
por:
ACADÉMICO
CAPITÁN DE NAVÍO (RE)
CARLOS EDUARDO EREÑO
Tema:
CAMBIO
AMBIENTAL GLOBAL,
EL RETO DEL SIGLO XXI
Presentación:
Agosto de 2004.
Debate: 25/04/00.
Buenos
Aires,
Abril de 2000.
1.
INTRODUCCIÓN
En 1896, el químico sueco Svante Arrenius se dio
cuenta que debido a la revolución industrial estaba
aumentando el contenido de dióxido de carbono (CO2)
en la atmósfera. Cuando se queman los combustibles
fósiles se libera CO2 junto con otros gases. Por
primera vez se reconoce que el hombre tiene la capacidad
de provocar un cambio en la composición de los
gases de la atmósfera.
Otras actividades esenciales del hombre, como la cría
de ganado y el cultivo de arroz, emiten otros gases, como
el metano (CH4) el óxido nitroso (N2O) aumentando
su concentración natural. Todos estos gases naturales
y otros, como el vapor de agua, absorben gran parte de
la radiación infrarroja que emite la Tierra, impidiendo
que esta energía pase directamente desde la superficie
al espacio. El efecto neto de dichos gases es preservar
la energía en las capas más bajas de la
atmósfera y la superficie, aumentando su temperatura.
Esto es en esencia similar al efecto que producen los
paneles de vidrio de un invernadero, que permiten transmitir
la luz solar hacia el interior y evitan que se escape
el calor absorbido. De aquí surge la denominación
de “gases de efecto invernadero” (GEI).
Se denomina calentamiento global al aumento potencial
de la tem-peratura global de las capas inferiores de la
atmósfera y la superficie de la Tierra, resultante
del incremento de la concentración de los ga-ses
de efecto invernadero.
Existe consenso científico de que desde el período
preindustrial anterior a 1850 a la fecha, la temperatura
media de la superficie de la Tierra ha aumentado unos
0,5ºC. Por otra parte, el continuo incremento de
las emisiones de GEI a lo largo de los próximos
100 años podría producir un calentamiento
global estimado entre 1 y 3,5ºC, hacia fines del
siglo XXI. Los cambios globales de temperatura involucran
modificaciones en el comportamiento de otras variables
ambientales, como la precipitación, evaporación,
los vientos, la humedad. El conjunto de ellas constituye
lo que se denomina “clima”. De aquí
que la manifestación directa del calentamiento
global sea el cambio climático.
Existen diversas consecuencias derivadas de un potencial
calentamiento global o cambio climático. Pueden
mencionarse algunos ejemplos:
- Cambios
en los niveles y productividad del mar. Como consecuencia
de la expansión térmica de los océanos
y el derretimiento de los glaciares y hielos polares,
los niveles del mar podrían elevarse inundando
costas y regiones insulares bajas.
- Cambios en el tiempo. Debido a los cambios en los
procesos de las nubes y las configuraciones de los
vientos, algunos modelos prevén un aumento
en la ocurrencia de tiempos severos como tornados
o huracanes. Se predice que otras áreas experimentarán
sequías, tales como ciertas regiones centrales
de los grandes continentes.
- Cambios en la vegetación. La investigación
ya ha demostrado que muchas plantas responden muy
favorablemente al incremento de los niveles de CO2.
Las hojas de las plantas absorben CO2 durante el proceso
de fotosíntesis y liberan O2 y algo de agua.
Se desconoce aun cómo afectará esto
a la humedad del suelo, específicas zonas forestadas,
al calentamiento global, al ciclo del carbono y al
ciclo hidrológico.
- Cambios socioeconómicos. Se cree que mientras
algunas regiones muy amplias experimentarán
severas sequías, otras más pequeñas
serán inundadas. Grandes números de
personas pueden ser forzados a migrar. Algunos científicos
creen que el incremento de la temperatura global aumentaría
drásticamente enfermedades causadas por bacterias,
hongos y virus. Las regiones agrícolas pueden
desplazarse o decrecer causando hambre.
Resulta
por lo tanto obvio que el cambio climático global
presenta efectos muy complejos y alarmantes, tal como
para despertar la in-quietud en la humanidad en su conjunto.
El cambio climático se plantea en un contexto en
el cual existen otros procesos generados por la acción
del hombre con un directo impacto en la naturaleza. En
una publicación reciente del Programa de las Na-ciones
Unidas para el Medio Ambiente (Watson, et. al. 1998) se
reco-noce como los grandes temas ambientales de importancia
global al cambio climático, la pérdida de
la diversidad biológica (biodiversi-dad), el debilitamiento
de la capa de ozono estratosférico, la defores-tación
y la degradación de las aguas. En gran medida,
estos temas son tratados en forma aislada, tanto por las
comunidades científicas como los políticos.
Esta es una falla, en el sentido de que no se reco-noce
que existe una muy fuerte interrelación entre los
temas ambien-tales globales y los temas ambientales regionales
y locales. Para tra-tar los temas ambientales en una forma
más holística, es necesario profundizar
en esta relación intertemática y tratarla,
tanto desde un punto vista científico y también
político con una unidad de criterio. De aquí
surge entonces el concepto de cambio ambiental global,
o también expresado en forma reducida como cambio
global.
Con el fin de no extenderse demasiado en las consideraciones
parti-culares de cada uno de los temas ambientales globales
mencionados, se dará un mayor énfasis a
los aspectos vinculados al cambio climáti-co. En
algunas ocasiones, no obstante, se mencionarán
acciones más abarcativas, que serán referidas
como cambio global.
2.
ASPECTOS FÍSICOS
2.1 EL CLIMA Y EL SISTEMA CLIMÁTICO
Para entender el concepto de "clima" es necesario
conocer primero lo que significa el "tiempo"
meteorológico. El "tiempo" es una descripción
indicativa del estado actual de la atmósfera en
una región, que incluye las características
que afectan el vivir cotidiano: los valores actuales a
nivel de la superficie de variables tales como temperatura,
humedad relativa, presión, viento, rafagosidad,
nubosidad, precipita-ción líquida y sólida.
Una presentación más completa del "tiempo"
incluye descripciones cuantitativas de las estructuras
vertical y hori-zontal de la atmósfera. En un sentido
aún más amplio, el "tiempo" es
una descripción del estado del sistema climático,
el cual se define más abajo.
Es habitual definir el clima de una región como
el "tiempo medio" o, con más rigor, como
la descripción estadística del tiempo en
esa re-gión en términos de la media y la
variabilidad de ciertas magnitudes importantes durante
períodos de varios decenios (de tres decenios,
como lo define la Organización Meteorológica
Mundial - OMM). En un sentido amplio, el clima se caracteriza
por la descripción estadística del sistema
climático entero y no sólo de la atmósfera.
El sistema climático está compuesto principalmente
por: a) la atmós-fera, b) los océanos, c)
las biósferas terrestre y marina, d) la criósfera
(hielo marino, cubierta de nieve estacional, glaciares
de montaña y capas de hielo a escala continental),
y e) la superficie terrestre (Figura 1). Estos componentes
actúan entre sí y, como resultado de esa
interacción colectiva, determinan el clima de la
superficie de la Tierra.
Figura
1 – Componentes del Sistema Climático
Las
interacciones entre éstos componentes se producen
mediante flu-jos de energía de diversas formas,
a saber: intercambios de agua en fase gaseosa, líquida
y sólida; flujos de otros gases en trazas radiati-vamente
importantes, entre los que figuran el dióxido de
carbono (CO2) y el metano (CH4); y el ciclo de nutrientes.
Lo que mueve el sistema climático es la entrada
de energía solar en forma de radiación (conocida
como radiación de onda corta), equilibrada por
la emisión de energía en forma de radiación
infrarroja (conocida como radiación de onda larga
o simplemente "calor") hacia el espacio. La
energía so-lar es la fuerza conductora más
importante de los movimientos de la atmósfera y
el océano, de los flujos de calor y agua y de la
actividad biológica.
Los componentes del sistema climático inciden en
el clima regional y mundial de varias maneras diferentes:
a) influyen en la absorción y transmisión
de la energía solar y la emisión de energía
infrarroja que se devuelve al espacio; b) alteran las
propiedades de la superficie y la cantidad y naturaleza
de la nubosidad, lo que repercute sobre el cli-ma a nivel
regional y mundial; y c) distribuyen el calor horizontal
y verticalmente, desde una región hacia otra mediante
los movimientos atmosféricos (que se producen en
la parte inferior de la atmósfera, denominada tropósfera
- de unos diez km de espesor) y las corrientes oceánicas.
En su estado natural, los diversos flujos entre los componentes
del sistema climático se encuentran, por lo común,
muy cerca del equilibrio exacto cuando se integran a lo
largo de períodos de uno a varios decenios. En
el equilibrio, los flujos entrantes y salientes de cada
uno de los componentes del sistema climático son
iguales. Por ejemplo, antes de la revolución industrial,
la absorción de dióxido de carbono por fotosíntesis
estaba en equilibrio con la liberación efectuada
por los seres vivos y la descomposición de materia
orgánica, como lo demuestran las concentraciones
casi constantes de CO2 en la atmósfera durante
varios milenios hasta cerca de 1880.
Ahora bien, de un año a otro se pueden producir
desequlibrios de signo fluctuante, debidos a la variabilidad
natural del sistema climáti-co (p.ej., años
Niño, años Niña, años neutros).
Por otra parte, la humanidad está afectando el
desenvolvimiento de los procesos climáticos y,
por consiguiente, el equilibrio natural del sistema climático,
pues perturba, sin interrupción y a escalas regional
y mundial, la composición de la atmósfera
de la Tierra y las propiedades de la superficie terrestre.
2.2
PERTURBACIÓN ANTROPOGÉNICA DE LA ATMÓSFERA.
GASES DE EFECTO INVERNADERO
La
humanidad está alterando la concentración
de los gases de inver-nadero y los aerosoles, que influyen
en el clima y, a la vez, son influidos por éste.
Las paredes y techo de un invernadero están hechos
de materiales que, por un lado, permiten la entrada de
la radiación solar (por ello son transparentes),
y por otro, absorben parcial o totalmente la ra-diación
de onda larga o infrarroja que emiten continuamente los
cuerpos que están en el interior del invernadero.
La radiación absor-bida es luego reemitida en todas
direcciones. Mediante este proceso, parte de la radiación
infrarroja o "calor" queda atrapada dentro del
invernadero, y el mayor nivel energético resultante
se manifiesta mediante un aumento de temperatura. El balance
radiativo, es decir, la diferencia entre los flujos de
radiación entrante y saliente, está alterado
dentro del invernadero, con respecto al balance original
o inal-terado respecto al que existe fuera del invernadero.
De manera similar, los GEI reducen la pérdida neta
de radiación infrarroja hacia el espacio y tienen
poco impacto en la absorción de la ra-diación
solar, modificando de este modo el balance radiativo.
Esto a su vez hace que la temperatura de la superficie
y de la tropósfera sean más altas, lo que
se conoce como "efecto invernadero" (Figura
2).
Figura
2 – Efecto invernadero
Existe
una componente natural de este efecto, causado por los
GEI no generados mediante la actividad antrópica,
debido a la cual la su-perficie de la Tierra es mas cálida
que lo que sería si toda la radiación infrarroja
se perdiera en el espacio exterior; esto permite la vida
de plantas, animales y seres humanos, según la
conocemos.
Ciertos GEI surgen naturalmente, pero están influenciados
directa o indirectamente por las actividades humanas,
mientras que otros son totalmente antropogénicos.
Los principales GEI que surgen naturalmente son: vapor
de agua (H2O), dióxido de carbono (CO2), ozono
(O3), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). Los más
importantes grupos de gases de invernadero completamente
antropogénicos son: clorofluorocarbonos (CFCs,
son los principales responsables del deterioro de la capa
de ozono, y eran comúnmente utilizados en refrigeración),
hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs) e
hidroclorofluorocarbonos (HCFCs) (a todos los cuales se
denomina colectivamente halocarbonos), y las sus-tancias
totalmente fluorinadas, como el hexafluoruro de azufre
(SF6).
El vapor de agua es el mayor contribuyente al efecto invernadero
na-tural y es el que está más directamente
vinculado al clima y, por con-siguiente, menos directamente
controlado por la actividad humana. Esto es así
porque la evaporación depende fuertemente de la
temperatura de la superficie (que casi no es modificada
por la actividad humana, si consideramos grandes extensiones),
y porque el vapor de agua atraviesa la atmósfera
en ciclos muy rápidos, de una duración por
término medio de uno cada ocho o nueve días.
Por el contrario, las concentraciones de los demás
gases de invernadero están sujetas a la influencia
fuerte y directa de la emisiones asociadas con la quema
de combustibles fósiles, algunas actividades forestales
y la mayoría de las agrícolas, y la producción
y el empleo de diversas sustancias químicas.
Excepto el ozono, todos los GEI directamente influidos
por las emisiones humanas están bien mezclados
en la atmósfera, de forma tal que su concentración
es casi la misma en cualquier parte y es independiente
del lugar donde se produce.
El ozono también difiere de los demás GEI
porque no se emite direc-tamente hacia la atmósfera,
sino que es fabricado en la atmósfera por reacciones
fotoquímicas en las que participan otras sustancias,
denominadas "precursores" (óxidos de
nitrógeno, hidrocarburos, etc.), que sí
se emiten directamente.
En lo que respecta a los procesos de eliminación,
todos los GEI, ex-cepto el dióxido de carbono,
se transforman en buena parte, a través de reacciones
químicas o fotoquímicas dentro de la atmósfera.
De modo diferente, el dióxido de carbono efectúa
ciclos continuos entre varios "reservorios"
o depósitos de almacenamiento temporales (at-mósfera,
plantas terrestres, suelos, aguas y sedimentos de los
océa-nos).
Tanto las fuentes de los GEI naturales como los procesos
de elimina-ción de todos los GEI están influenciados
por el clima, y por lo tanto se alteran debido a un cambio
climático.
Se denominan aerosoles a las partículas diminutas
en suspensión en el aire. Éstos revisten
gran importancia por su impacto sobre la radia-ción
solar, y tienen casi siempre un efecto de enfriamiento.
Influyen sobre el clima, sobre todo porque reflejan hacia
el espacio una parte de la radiación solar incidente
(efecto directo), y regulan, hasta cierto punto, la nubosidad
y las propiedades ópticas de las nubes (efecto
indirecto). También absorben una cierta cantidad
de radiación infra-rroja.
Frente a la magnitud de la emisión de GEI antropogénicos,
los aero-soles generados por acción antrópica
ocasionan un impacto relativa-mente menor sobre el clima.
Los aerosoles se producen natural y artificialmente; entre
los natura-les se encuentran la sal marina, el polvo y
las partículas volcánicas, mientras que
los artificiales resultan de la quema de biomasa y com-bustibles
fósiles, entre otras fuentes.
Algunos aerosoles, como el polvo, se emiten directamente
hacia la atmósfera. Pero la mayoría no se
emiten directamente sino que se fabrican a partir de la
transformación química de los precursores.
Todos los aerosoles troposféricos tienen un tiempo
de vida corto en la atmósfera, pues la lluvia los
remueve rápidamente, barriéndolos hacia
la superficie. Debido a que el régimen de precipitaciones
varía mucho de una región a otra, y a que
la intensidad de las fuentes de emisión también
es muy diferente en distintas regiones, la cantidad de
aerosoles en la atmósfera varía mucho entre
las diferentes zonas planetarias.
El clima influye en la naturaleza, la cantidad y la distribución
de los aerosoles atmosféricos.
2.3
EL EFECTO INVERNADERO Y SUS CONSECUENCIAS
Las actividades humanas, cada vez más demandantes
de recursos de todo tipo, han comenzado a comprometer
al recurso Clima en la es-cala global. Como ya ha sido
expresado, está comprobado que estas actividades
están aumentando la concentración de los
gases que in-tensifican el efecto invernadero de la atmósfera.
Una parte significativa (entre el 25 y 45%) del dióxido
de carbono introducido por el hombre en la atmósfera
ha sido absorbida por el océano. Es importante
conocer el rol del océano en la regulación
del contenido de CO2 atmosférico en las próximas
décadas. Los mecanismos mediante los cuales se
produce la absorción no son bien co-nocidos. Sin
embargo, es posible identificar al menos la utilización
por parte del fitoplancton y otros componentes del ciclo
del carbono inor-gánico oceánico, así
como la redistribución y almacenamiento del carbono
a través de las corrientes oceánicas.
La temperatura del planeta se ha incrementado en el último
siglo cer-ca de 0,5°C, existiendo un creciente consenso
científico de que al menos buena parte de este
aumento es atribuible al efecto inverna-dero de origen
antropogénico. Si el ritmo de crecimiento de las
emisiones continúa sin ningún tipo de limitación,
se estima que para el año 2025 la temperatura media
del planeta se incrementaría en 1°C y para
fines del próximo siglo en aproximadamente unos
3°C. Los in-crementos de la temperatura no serán
homogéneos sobre el planeta, pudiendo ser bastante
mayores en algunas regiones. Como conse-cuencia de ello,
todo el sistema climático se vería alterado,
modificándose las precipitaciones medias en muchas
regiones.
A largo plazo, la Tierra debe liberar al espacio igual
cantidad de ener-gía que la recibida por radiación
solar (30% de ésta se refleja al es-pacio exterior
y 70% se absorbe) para mantener la temperatura. An-te
la acción antrópica sostenida desde el comienzo
de la era industrial y el consiguiente efecto invernadero,
el sistema climático debe re-adaptarse al excedente
de energía. Cabe acotar que un 2% de ener-gía
en exceso equivale al consumo y quema de 3 millones de
toneladas de petróleo por minuto.
De los gases de efecto invernadero, el CO2 es el responsable
del 60% del efecto invernadero inducido, el CH4 del 20%
(tiene un poder de calentamiento 30 a 60 veces mayor que
el CO2, aunque tiene un tiempo de vida media corto en
comparación con los otros gases) y N2O, CFC, HFC,
PFC, HCFC, SF6 del 20%. Desde 1850 a la fecha el incremento
del CO2 ha sido de un 30%, mientras que el del N2O de
un 15%.
Según cálculos del Panel Intergubernamental
de Expertos en Cambio Climático, (IPCC, 1995) las
emisiones de CO2 se duplicarán hacia fines del
Siglo XXI con lo cual se puede esperar que:
- la temperatura media subirá entre 1°C y
3,5°C;
- el
nivel del mar subirá entre 15 y 95 cm (la península
Antártica sería una isla!);
- los glaciares de montaña desaparecerán
(los patagónicos serán los más
persistentes);
- se agudizarán los fenómenos climáticos
extremos y las pestes. Pa-ra recordar sólo
algunos de los casos ocurridos en los últimos
dos años, mencionemos el huracán Mitch,
que ha azotado a Centroa-mérica, y el fenómeno
de El Niño 1997-1998 (el más intenso
en 150 años), el cual ha propiciado, por una
parte, los incendios favo-recidos por las sequías,
que causaron estragos en Indonesia y la región
amazónica, y, por otra, las devastadoras inundaciones
en la Argentina y China;
- la
"corriente en chorro" (que regula el clima
del planeta) se des-plazará hacia el Sur;
- variará la agricultura mundial. Las mesetas
heladas de Canadá y Siberia se descongelarán,
con lo cual habrá nuevas tierras de cul-tivo.
Argentina y Estados Unidos deberán cambiar
las característi-cas genéticas de la
producción. China y Europa también deberán
hacerlo debido al irregular patrón de lluvias.
Australia seguirá más o menos como ahora;
- habrá un desfasaje de las zonas climáticas,
corriéndose entre 150 - 550 km hacia los polos.
Un
cambio climático global de la magnitud y velocidad
previstas podría provocar alteraciones importantes
en la biósfera conduciendo a migraciones y extinciones
de numerosas especies y a un aumento significativo del
nivel del mar. Estos cambios afectarían también
a las actividades humanas en general y muy particularmente
a las que son críticamente dependientes del clima,
como las agropecuarias y la generación de hidroelectricidad.
El clima de la Argentina ha mostrado una gran susceptibilidad
a los cambios globales de la circulación at-mosférica
en el pasado reciente, siendo incluso muy posible que
el mismo ya esté siendo afectado por el fenómeno
del calentamiento global. En consecuencia, dada la estructura
productiva del país, los estudios sobre esta problemática
adquieren un claro valor estratégico.
3.
EL DESPERTAR INTERNACIONAL
Mucho
tiempo le ha llevado a la humanidad comenzar a darse cuenta
del alcance y escala de los cambios ambientales. Una de
las impor-tantes razones de esta falla es que los ecosistemas
funcionan y no hay servicios que pagar. Debido a que no
hay un “precio” por el aire que respiramos,
se considera que es un bien gratuito. Debido a que los
servicios de los ecosistemas no son comerciados en el
mercado, no existe un mecanismo de mercado en condiciones
de alertar a la sociedad de su estado de rápida
declinación. El inmenso costo ecológico
y para la salud humana de liberar contaminantes en el
medio ambiente general no está contemplado ni en
los balances de las em-presas ni en los presupuestos de
los gobiernos. Es por eso que en in-glés se lo
suele denominar “externalities”, cuya traducción
literal sería “externalidades”, o elementos
externos. Solo en años recientes algunas organizaciones
han comenzado a considerar en sus balances las pérdidas
del ecosistema y de la salud humana en un esfuerzo por
brindar un cuadro más realista del estado económico
de nuestras so-ciedades.
Las comunidades científica, ambiental y política
han comenzado a re-conocer la seriedad de los temas ambientales
globales como el cam-bio climático, el debilitamiento
de la capa de ozono, la pérdida de diversidad biológica,
la desertificación y la degradación de la
tierra, el uso no sustentable de los recursos forestales,
la degradación del agua dulce y los recursos marinos,
y la acumulación de contaminantes orgánicos
persistentes.
En la siguiente tabla se listan las principales conferencias
y acuerdos internacionales sobre temas del medio ambiente
global:
| 1972 |
Conferencia
de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano |
| 1982 |
Ley
del Mar |
| 1985 |
Convención
de Viena para la Protección de la Capa de
Ozono |
| 1987 |
Protocolo
de Montreal sobre substancias que reducen la Capa
de Ozono (posteriormente reforzado por una serie
de enmiendas) |
| 1992 |
Conferencia
de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo:
- Agenda
21 y Declaración de Río
- Convención
sobre la Diversidad Biológica
- Convención
sobre el Cambio Climático
- Declaración
de Principios sobre Manejos Forestales, Conservación
y Desarrollo Sustentable
|
| 1994 |
Convención
de Naciones Unidas para el Combate de la Desertificación |
| 1995 |
Programa
Global de Acción para la Protección
del Medio Ambiente Marino de las Actividades Basadas
en Tierra |
| 1997 |
Protocolo
de Kioto sobre Gases Invernadero |
| 1997 |
Convención
de Naciones Unidas sobre la Ley de los Usos No Navegacionales
en Aguas Internacionales |
| 1998 |
Convención
sobre el Procedimiento de Consentimiento Previamente
Informado (PIC) para Ciertos Productos Químicos
y Pesticidas Peligrosos en el Comercio Internacional |
Lamentablemente, se debe reconocer que aunque algún
progreso se ha producido en el control de la calidad de
las aguas y el aire en unos pocos lugares, los avances
en la protección del medio ambiente glo-bal desde
la Cumbre de la Tierra en Río han sido limitados.
Las con-centraciones atmosféricas de GEI han continuado
aumentando a alre-dedor de 1% anual; los bosques y humedales
están desapareciendo a una taza de 0,5% anual.
Las aguas dulces continúan degradándose.
El mayor logro es haber suspendido el incremento de las
concentra-ciones atmosféricas de un número
de sustancias debilitadoras de la capa de ozono, e incluso
algunas han decrecido como resultado de la Convención
de Viena para Proteger la Capa de Ozono y el asociado
Protocolo de Montreal.
Durante las décadas de 1970 y 1980, fue creciendo
en los foros in-ternacionales la toma de conciencia sobre
la problemática ambiental. Se vio claramente que
las formas de producción de bienes y servicios
que se fueron desarrollando a partir de la era industrial,
así como los estilos de vida que se venían
imponiendo en la llamada "sociedad de consumo",
estaban impactando negativamente sobre los recursos na-turales
y el medio ambiente en general. Se comenzó entonces
a ges-tar la idea de una forma de desarrollo económico
que fuera sustenta-ble, en el sentido de que no condujera
a desestabilizaciones de los sistemas naturales o sociales.
En 1987, la Comisión Mundial de las Naciones Unidas
sobre Ambiente y Desarrollo, conocida como "Comisión
Brundtland", concluyó que "el desarrollo
sustentable... satisface las necesidades del presente
sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para
satisfacer sus necesidades".
Ante la necesidad de conocer mejor los cambios que se
estaban pro-duciendo en el sistema climático global,
las Naciones Unidas crearon, en 1988, el Panel Intergubernamental
sobre Cambio Climático, cons-tituido por reconocidos
expertos y científicos provenientes de todas las
regiones del planeta. Está dirigido por dos agencias
especializa-das, la Organización Meteorológica
Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas sobre
el Medio Ambiente (PNUMA). El Panel, co-nocido como IPCC
según sus siglas en inglés, produjo informes
claves sobre el estado y evolución del sistema
climático, y acerca de los im-pactos producidos
sobre éste por las actividades humanas. Sus suce-sivos
informes fueron publicados en 1990, 1992, 1995, 1997 y
1998. En ellos se alerta sobre el aumento de la temperatura
de la superficie terrestre y la elevación del nivel
del mar que ya han comenzado como consecuencia de la emisión
antropogénica de GEI, la cual es significa-tiva
y aumenta constantemente desde el comienzo de la era indus-trial.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
Cambio Climático (CMNUCC) surgió como respuesta
al incremento de la evidencia cien-tífica sobre
la posibilidad de un cambio climático global, derivado
del aumento sustancial - causado por la actividad humana
- en la con-centración atmosférica de gases
de efecto invernadero (GEI). Los es-tatutos de la CMNUCC
fueron aprobados el 9 de mayo de 1992 en la sede de las
Naciones Unidas en Nueva York, por el comité intergu-bernamental
creado a esos fines. Fueron puestos a la firma de los
países miembros en la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Me-dio Ambiente y Desarrollo, celebrada en
Río de Janeiro en junio de 1992, denominada "Eco
92" y también conocida como "Cumbre de
la Tierra" (ya que comprendió a las Convenciones
sobre cambio climáti-co y sobre diversidad biológica).
La CMNUCC entró en vigor el 21 de marzo de 1994,
una vez cumpli-do el proceso de ratificación por
cincuenta de los países miembros (o "Partes
de la Convención").
En ella se reconoce a un grupo de países como los
que más han con-tribuido a la emisón de
GEI, a quienes se ha dado en llamar "respon-sables
históricos" del calentamiento global. Este
grupo de países compone el Anexo I de la Convención,
y está formado por los miem-bros de la OCDE (Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económicos)
o "países desarrollados", y los ex -
integrantes del blo-que soviético, denominados
"países en transición a una economía
de mercado". Los miembros de la OCDE conforman además
el Anexo II de la Convención.
Uno de sus principios es repartir la carga de la lucha
contra el cambio climático. Este punto es importante.
La atmósfera es un recurso co-mún que forma
parte del “patrimonio de la humanidad”, y
el tratado vela para que todo sacrificio realizado para
proteger dicho recurso sea compartido de manera equitativa
entre los países, de conformi-dad con sus “responsabilidades
comunes pero diferenciadas, sus ca-pacidades respectivas,
así como sus condiciones sociales y económi-cas”.
Ello significa, al menos así lo esperan los Estados
Partes, que las acciones que en definitiva deban emprenderse,
serán compartidas por un número suficiente
de participantes para que los sacrificios val-gan la pena.
Es más fácil sacrificarse por una causa
común cuando se está seguro de que todos
colaboran.
Mediante la CMNUCC los países del Anexo I se habían
comprometido formal y voluntariamente a reducir sus emisiones
de GEI a los niveles del año 1990 cuando llegara
el año 2000, así como a ayudar financie-ra
y técnicamente a los países en desarrollo
para adoptar tecnologías "limpias" en
materia energética e industrial. Asimismo, todos
los paí-ses se comprometieron a formular y gestionar
planes nacionales so-bre mitigación del cambio
climático, así como a realizar y presentar
a la Convención inventarios periódicos actualizados
de sus fuentes de emisiones antropogénicas y de
sus sumideros (mecanismos de remo-ción de GEI de
la atmósfera).
Por otra parte, la Convención creó la "Conferencia
de las Partes" (COP) como el órgano supremo
de la Convención, que debe tomar las decisiones
necesarias para promover la efectiva implementación
de aquélla y el logro de sus objetivos.
Posteriormente, se han efectuado sucesivas reuniones de
las Partes de la Convención: COP1 (Berlín,
1995), COP2 (Ginebra, 1996), COP3 (Kioto, 1997), COP4
(Buenos Aires, 1998) y COP5 (Bonn, 1999).
Transcurrido cierto tiempo desde la Cumbre de la Tierra,
se hizo evi-dente que la mayoría de los países
del Anexo I no habían hecho es-fuerzos significativos
(ni progresos sustanciales) para cumplir con sus compromisos
voluntarios. Por otra parte, aumentaba la evidencia científica
de la existencia de un cambio climático global
en marcha.
La COP1 se realizó en este marco de circunstancias.
Como conclusión de este encuentro surgió
el llamado "Mandato de Berlín", por el
cual los 120 países reunidos se comprometían
a definir, en los dos años siguientes, límites
específicos cuantificados de las emisiones de GEI.
Asimismo, mediante la Decisión 5 de esta COP1,
se definieron las "Actividades Implementadas Conjuntamente"
(AIC). Éstas consisten en proyectos específicos
de mitigación de GEI (ya sea por reducción
de fuentes emisoras o por aumento, mejoramiento o preservación
de sumideros), realizadas en forma conjunta por al menos
dos países miembros de la Convención. Se
ha puesto en marcha una "fase pilo-to" de las
AIC, que finalizó el 31 de diciembre de 1999. Los
proyectos AIC deben cumplir con los requisitos siguientes:
- Deben ser compatibles con las prioridades y estrategias
nacionales ambientales y de desarrollo, y contribuir
en forma costoefectiva a la obtención de beneficios
ambientales.
- Deben contar con la aprobación o aceptación
previa de los gobier-nos de los países involucrados.
- Deben conducir a beneficios ambientales de largo plazo
relaciona-dos con el cambio climático, mensurables,
y que no se habrían producido en ausencia del
proyecto en cuestión.
- El apoyo económico a estos proyectos debe ser
adicional a las obligaciones financieras de las Partes
integrantes del Anexo II de la Convención.
- Durante la fase piloto los proyectos no generarán
créditos de emi-sión de GEI a los países
involucrados. No está acordado aún cómo
se computarán y otorgarán dichos créditos
luego de la fase piloto.
Desde
su implementación, casi un centenar de proyectos
AIC se han desarrollado en todo el mundo con una distribución
por regiones muy desigual, mostrando una participación
muy pobre de América Latina, y casi nula de África.
La mayor parte de ellos se han realizado en Eu-ropa del
este, en los "países en transición
a una economía de merca-do".
Al año siguiente, en la COP2, las Partes emitieron
una declaración so-bre lo actuado en virtud del
Mandato de Berlín.
En diciembre de 1997, como corolario de la Tercera Reunión
de las Partes (COP 3), se aprobó el llamado Protocolo
de Kioto, el cual se abrió a la firma de las Partes
el 16 de marzo de 1998. Además de ser firmado,
necesita ser ratificado por cierto número mínimo
de Partes (55, las cuales además deben representar
al menos el 55% de la emisión total mundial de
GEI) para entrar en vigencia. No tiene, por lo tanto,
fecha cierta de puesta en vigor. En él, los países
desarrolla-dos y economías en transición,
agrupados en el Anexo B (casi igual al Anexo I de la Convención),
se comprometen a reducir o limitar sus niveles de emisión
de GEI (medidos en términos de carbono equiva-lente)
en porcentajes específicos para cada país,
con respecto a los respectivos niveles existentes en 1990;
la suma de esos esfuerzos individuales equivale a una
reducción media neta de un 5,2%. Las limitaciones
comprometidas por cada país figuran también
en el Anexo B y deberán ser alcanzadas, en promedio
temporal, durante el período de compromiso del
año 2008 al 2012.
El Anexo A contiene la lista de los seis gases de invernadero
incluídos en el acuerdo: CO2 (dióxido de
carbono), CH4 (metano), N2O (óxido de nitrógeno),
HFCs (hidroflúorocarbonos), PFCs (perflúorocarbonos),
y SF6 (hexafluoruro de azufre). El Anexo A incluye asimismo
una lista de sectores económicos en donde las reducciones
deberán efectuarse, y las fuentes y procesos de
emisión de GEI más importantes en cada uno
de dichos sectores.
Además, se establecen en el Protocolo ciertos mecanismos
tendientes a flexibilizar las exigencias de mitigación
de GEI y, por lo tanto, facili-tar el cumplimiento de
los compromisos asumidos.
El Artículo 3 establece que las Partes incluidas
en el Anexo I podrán alcanzar las respectivas reducciones
comprometidas, en forma indivi-dual o conjunta (contabilizando
sus emisiones antropógenas agrega-das). Esta modalidad
es conocida como "mecanismo burbuja". Los países
miembros de la Unión Europea han manifestado su
intención de acogerse a este Artículo.
En el Artículo 6 se establece que toda Parte incluida
en el Anexo I po-drá transferir a cualquiera otra
de esas Partes, o adquirir de ella, las unidades de reducción
de emisiones resultantes de proyectos enca-minados a reducir
las emisiones antropogénicas por las fuentes o
in-crementar la absorción antropogénica
por los sumideros de los GEI en cualquier sector de la
economía. Esta modalidad es conocida como "implementación
conjunta" (IC).
El Artículo 17 establece que las Partes incluidas
en el Anexo B podrán participar en operaciones
de comercio de los derechos de emisión a los efectos
de cumplir sus compromisos. Las operaciones de este tipo
serán suplementarias a las medidas nacionales que
se adopten para cumplir los compromisos. Esta modalidad
es conocida como "comer-cio de emisiones" (CE).
En el Artículo 12 se crea el denominado "mecanismo
para un desarro-llo limpio" (MDL), cuyo propósito
es ayudar a las Partes no incluidas en el Anexo I a lograr
un desarrollo sostenible y contribuir al objetivo último
de la Convención, así como ayudar a las
Partes incluidas en el Anexo I a dar cumplimiento sus
compromisos cuantificados. En el marco de este mecanismo:
- Las Partes no incluidas en el Anexo I se beneficiarán
de las activi-dades de proyectos que tengan por resultado
reducciones certifi-cadas de las emisiones; y
- Las
Partes incluidas en el Anexo I podrán utilizar
las reducciones certificadas de emisiones, resultantes
de esas actividades de pro-yectos, para contribuir
al cumplimiento de una parte de sus com-promisos.
El
mecanismo para un desarrollo limpio estará sujeto
a la autoridad y la dirección de la Conferencia
de las Partes. En los proyectos de re-ducción de
GEI podrán participar instituciones públicas
o privadas de países en vías de desarrollo,
conjuntamente con entidades de países del Anexo
I.
4.
LA ARGENTINA Y EL CAMBIO GLOBAL
4.1 PROBLEMÁTICA DEL CAMBIO CLIMÁTICO
Las
consecuencias de eventuales cambios climáticos
son especial-mente críticas en los países
en vías de desarrollo (PVD), teniendo en cuenta
que el grado de vulnerabilidad a los fenómenos
posibles, se relaciona estratégicamente con la
capacidad de los grupos sociales para absorber, amortiguar
o mitigar los efectos de estos cambios, lo que está
mediatizado por la posibilidad de contar con tecnología,
in-fraestructura y medios idóneos.
En la Argentina, esto es doblemente cierto, ya que su
economía se basa en la producción primaria,
que es altamente sensible al clima. Además, la
especialización actual se encamina hacia el procesamiento
de recursos naturales (típicamente "commodities"
industriales).
Por otra parte, la contribución de la Argentina
a la emisión total pla-netaria de GEI es ínfima.
Su contribución per cápita (1,5 ton. de
car-bono equivalente anuales por habitante) es, asimismo,
inferior a las de los países desarrollados, aunque
actualmente se sitúa levemente por encima del promedio
mundial. A modo de ejemplo, citemos la emisión
en el país de mayor consumo energético per
cápita, Estados Unidos: 7 ton. de carbono equivalente
anuales por habitante.
Si bien los países industrializados son los responsables
históricos del cambio acaecido en la composición
atmosférica, nuestro país no pue-de quedar
ajeno a los esfuerzos de mitigación, y ha dado
muestras de su voluntad de cooperar en este tema.
El problema a nivel nacional puede dividirse en cuatro
temas:
a)
conocimiento del cambio climático global, y de
sus impactos sobre el clima regional;
b) conocimiento de la vulnerabilidad al cambio climático
regional, en las distintas subregiones de nuestro territorio,
de: los ecosistemas, los asentamientos humanos, y las
actividades económicas;
c) desarrollo de estrategias de adaptación de los
sistemas enumera-dos en el punto anterior;
d) estrategias de mitigación de GEI.
4.2
ESTUDIOS Y ESTADO DEL CONOCIMIENTO EN NUESTRO PAIS
La
Argentina es una de las regiones del mundo que ha presentado
mayores variaciones climáticas en el siglo XX.
Durante el mismo se registró un significativo aumento
de la temperatura de superficie en la Patagonia e islas
del Atlántico sur. Al norte de los 40°S las
tenden-cias positivas de temperatura fueron menores y
sólo perceptibles a partir de los últimos
40 años. En contraste, allí se registró
un impor-tante aumento de la precipitación durante
las décadas del 60 y 70.
En el núcleo productivo de la Pampa Húmeda,
el incremento fue su-perior en un 30% a los valores observados
durante la década del 50. Como consecuencia, se
produjo una expansión de la frontera agrope-cuaria
hacia el oeste, ganándose para la actividad agrícola
alrededor de 100.000 kilómetros cuadrados. Este
cambio produjo un enorme impacto positivo en las economías
regionales de la zona semiárida desde La Pampa
hasta Santiago del Estero.
No se puede descartar que dicho cambio esté asociado
al simultáneo calentamiento de las altas latitudes
del Hemisferio Sur, ni que éste sea a su vez una
consecuencia del aumento del efecto invernadero. En los
últimos años, el subsiguiente calentamiento
de las latitudes medias del Hemisferio Sur parece haber
comenzado a revertir las tendencias positivas de la precipitación
por lo que resulta necesario profundizar el estudio sobre
las causas de las variaciones climáticas con el
objeto de desarrollar estrategias de adaptación
a probables condiciones menos favorables en un futuro
mediano plazo.
La mayor parte de los estudios fueron realizados por el
Proyecto ARG/95/G31, coordinado por la Secretaría
de Ciencia y Tecnología con la financiación
del Fondo Mundial del Medio Ambiente (GEF). Los resultados
de tres estudios de vulnerabilidad a eventuales cambios
climáticos, a saber: sobre la producción
agrícola en la región pam-peana, sobre la
zona costera atlántica, y sobre los oasis del centro-oeste,
muestran la gravedad del problema en lo referente a nuestro
territorio.
Producción agrícola en la región
pampeana. En este estudio se evaluó el impacto
de diferentes escenarios climáticos (hipotéticos),
sobre la producción de cultivos anuales (trigo,
maíz, girasol y soja) y forrajeras en la región
pampeana. Los escenarios climáticos se obtu-vieron
mediante variaciones de temperatura y precipitación,
conside-rando dos concentraciones atmosféricas
de CO2. La producción de los cultivos se evaluó
con modelos matemáticos que simulan el desarrollo
y crecimiento de las especies ante variaciones del ambiente.
Los es-cenarios climáticos elegidos representan
condiciones futuras posibles, de acuerdo con los resultados
(diferentes entre sí) de tres modelos de circulación
general de la atmósfera desarrollados en centros
de inves-tigación de Alemania, Reino Unido y Estados
Unidos. Dichos resulta-dos muestran que, como consecuencia
del calentamiento global, pue-den producirse cambios importantes
en los regímenes térmico e hídrico
de diferentes subregiones de nuestro país. Al igual
que para las otras actividades, la vulnerabilidad del
sector agropecuario difiere según el escenario
climático que se utilice. Dichos escenarios son
habitualmente generados mediante modelos matemáticos
que simu-lan el clima global, encontrándose las
mayores discrepancias entre modelos en la predicción
de la precipitación en las diferentes regiones
del planeta; esto es así porque los modelos de
simulación climática son todavía
inseguros para la predicción de las características
regio-nales de esta variable. Sin embargo, debido a la
extensión de nuestra área productiva, a
la diversidad de granos que se cultivan y al incre-mento
pronosticado en la concentración de dióxido
de carbono, la producción nacional de granos no
sería seriamente dañada. Por otro lado,
la capacidad productiva de los suelos se vería
más afectada por el sistema de labranza que por
los cambios proyectados en el clima.
No obstante, considerando el cambio reciente en los sistemas
de pro-ducción (incremento en el uso de insumos
y reducción de las técnicas de labranza)
que podrían alterar el balance de gases con efecto
in-vernadero (CO2 y N2O) sería oportuno evaluar
la vulnerabilidad de estos sistemas, así como las
posibles estrategias de adaptación para la frontera
agrícola.
Zona
Costera Atlántica. La vulnerabilidad al
ascenso del nivel del mar sería sólo importante
en la Bahía de Samborombón y en las islas
de la costa bonaerense entre Bahía Blanca y la
desembocadura del río Colorado. Un problema de
ardua investigación lo constituyen las con-secuencias
negativas que originaría este aumento en el drenaje
de la ya problemática cuenca del Salado. Es necesario
estudiar además cual sería el impacto en
la costa del Río de la Plata y en el delta del
Paraná en situaciones de tormentas, dada la importante
concentra-ción de actividades humanas que se realizan
en esos lugares.
Región de los Oasis del Centro-Oeste.
Este estudio pone en evi-dencia la necesidad de conocer
mejor la variabilidad climática y el cambio climático
en la región, a fin de morigerar los posibles impac-tos
negativos. Se sabe que la ocurrencia de eventos "El
Niño" y "La Niña" (que son
fases opuestas de un mismo fenómeno de variabilidad
climática) incide marcadamente sobre las nevadas
en la Cordillera. Bajo el fenómeno "El Niño"
las nevadas invernales son generalmente copiosas, mientras
que en un año "Niña" sucede lo
contrario. Ahora bien, el cambio climático global
parecería estar modificando la fre-cuencia y/o
intensidad de esos eventos, así como aumentando
la evapotranspiración. A su vez, la disponibilidad
de agua en los ríos cordilleranos, que posibilitan
el desarrollo de los Oasis del Centro-Oeste, depende de
la fusión de la nieve acumulada en la Cordillera,
y es esencial en la vida económica de éstos,
basada en producciones frutihortícolas bajo regadío.
Las conclusiones de estos estudios hacen hincapié
en la necesidad de profundizar las investigaciones.
4.3
LA ARGENTINA Y LA CONVENCIÓN SOBRE CAMBIO CLI-MÁTICO
La Argentina ha firmado la CMNUCC el 12 de junio de 1992
(a pocos días de su puesta a la firma), y la ha
ratificado por el Honorable Con-greso de la Nación
el 11 de marzo de 1994. El Protocolo de Kioto fue firmado
por nuestro país el 16 de marzo de 1998 (en el
primer día de apertura de firmas), y su ratificación
cuenta con media sanción del Honorable Senado de
la Nación.
La relación de nuestro país con la Convención
es canalizada a través del Ministerio de Relaciones
Exteriores, Comercio Internacional y Cul-to (Dirección
General de Asuntos Ambientales). Por otra parte, la ex
Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable
(actual Se-cretaría de Desarrollo Sustentable y
Política Ambiental del Ministerio de Desarrollo
Social y Medio Ambiente), ha sido el órgano que
en-tiende en la formulación de políticas
en materia de cambio climático relacionadas con
la Convención. La Secretaría de Ciencia
y Tecnología (actual Secretaría para la
Tecnología, la Ciencia y la Innovación Pro-ductiva)
cumple el rol de organismo coordinador de los aspectos
cien-tíficos y tecnológicos derivados de
la Convención.
Nuestro país, como parte firmante de la CMNUCC,
se obligó a elevar a la misma, en forma periódica,
un inventario nacional de sus emisio-nes antropogénicas
por fuentes y remociones por sumideros, de ga-ses de efecto
invernadero. Los estudios necesarios para este fin fue-ron
coordinados por la Secretaría de Ciencia y Tecnología
(Comisión Nacional para el Cambio Global) y financiados
parcialmente por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente
(GEF por Global Environment Facility) en el marco del
Proyecto ARG/95/G31. Dentro del marco de este proyecto
se generó la Primera Comunicación Nacional
a la Con-vención Marco de las Naciones Unidas sobre
Cambio Climático. La misma incluye un inventario
de fuentes y sumideros de GEI.
Entre los años 1998 y 1999 la Cancillería
coordinó el proyecto "Estu-dio argentino sobre
mecanismos de flexibilización en el contexto de
la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
Cambio Climático y el Protocolo de Kioto".
Dicho proyecto contó con la asistencia del Banco
Mundial y el Gobierno de Canadá. Para realizar
el seguimiento de este proyecto se constituyó un
comité técnico interministerial.
Por
Decreto Nacional 822/98 se crea en el ámbito de
la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo
Sustentable la OFICINA ARGENTINA DE IMPLEMENTACION CONJUNTA
(O.A.I.C.). Esta Oficina tiene por objeto llevar a cabo
en forma más eficiente las acciones vinculadas
a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
Cambio Climático, apoyando las actividades a desarrollarse
por medio de los mecanis-mos previstos a tal fin por el
Protocolo de Kioto.
4.4
COMPROMISO ARGENTINO ANTE LA CONVENCIÓN DE CAMBIO
CLIMÁTICO
La Argentina tuvo un papel relevante en la COP4, ya que
fue país se-de de la misma. Pero este papel destacado
no se limitó a los aspectos formales, ya que la
Delegación Argentina adoptó una posición
política de vanguardia, centrada en la iniciativa
de que los países en desarro-llo puedan adoptar
compromisos voluntarios de mitigación de GEI, lo
cual ha constituido uno de los objetivos principales de
la política del gobierno nacional en la materia
(durante la gestión del Presidente Menem). Otro
de los objetivos perseguidos y manifestados en la Con-ferencia,
ha sido el de lograr la posibilidad de participación
en los me-canismos del Protocolo de Kioto que actualmente
están vedados a los países en desarrollo.
En su discurso ante este foro internacional, nuestro Presidente
anun-ció el compromiso argentino de establecer
metas de reducción de la tasa de crecimiento de
las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) para el
período 2008-2012 y de buscar una nueva vía
para su inserción dentro de la Convención.
La definición de estas metas, a presentar ante
la COP V, impone un enorme esfuerzo científico
y tec-nológico al que se ha abocado parte del potencial
científico y acadé-mico, así como
diversas instituciones privadas. La coordinación
de toda esta actividad ha sido llevada a cabo desde la
Secretaría de Re-cursos Naturales y Desarrollo
Sustentable, con la colaboración de re-presentantes
de los diversos organismos nacionales competentes.
Dentro del marco de las actividades para la definición
de la meta, se hizo necesaria la actualización
de los inventarios de GEI de 1990 y 1994 y la elaboración
de un nuevo inventario para el año 1997. Se tuvo
también que realizar las proyecciones de emisiones
hasta el año 2012 suponiendo la ausencia de medidas
o políticas conducentes a la reducción de
estas emisiones y utilizando diferentes hipótesis
sobre la evolución económica y el avance
tecnológico. Se establecieron dife-rentes escenarios
de mitigación, con el fin de analizar los impactos
en la reducción de las emisiones, así como
sus costos y beneficios. Fi-nalmente, con la participación
de diferentes sectores oficiales, ONG´s, organizaciones
empresarias y expertos sectoriales, se elabo-raron las
alternativas para la propuesta argentina sobre emisión
de GEI para el período 2008-2012.
A continuación se reproduce la posición
argentina expresada ante la Quinta Conferencia de las
Partes de la CMNUCC, en la ciudad de Bonn, Alemania, en
octubre de 1999:
“De acuerdo con los objetivos de la Convención
Marco de Naciones Unidas sobre le Cambio Climático,
la República Argentina, teniendo en cuenta sus
responsabilidades diferenciadas, su derecho al desarro-llo
socioeconómico sustentable y las características
propias de su es-tructura productiva y de generación
de emisiones, y no siendo parte del Anexo B del Protocolo
de Kioto, se compromete voluntariamente a no exceder en
sus emisiones antropogénicas de gases de efecto
in-vernadero una cantidad definida como meta de emisiones”.
“El período de compromiso será el
comprendido entre el año 2008 y 2012. La meta comprometida
se aplicará al promedio anual de las emisiones
de este período”.
“Esta meta será igual al producto de 151,5
por la raíz cuadrada del Producto Bruto Interno
promedio de los cinco años del período de
compromiso”.
“El Producto Bruto Interno será el calculado
a precios de mercado, expresado en pesos de 1993, según
las estadísticas de cuentas na-cionales de la República
Argentina”.
“Las emisiones de gases de efecto invernadero se
considerarán agre-gadas y expresadas en toneladas
métricas de carbono equivalente de acuerdo a los
expresado en el artículo 5 del Protocolo de Kioto.
En el contexto de este compromiso se entiende por gases
de efecto inver-nadero a aquellos incluidos en el Anexo
A de dicho Protocolo”.
“Las emisiones serán las de los sectores
y categorías de fuentes des-criptos en el Anexo
A del mencionado Protocolo más las variaciones
netas de las emisiones por las fuentes y la absorción
por los sumide-ros, de las actividades humanas directamente
relacionadas con el uso de la tierra y la silvicultura.
Se entiende por silvicultura, en este con-texto, la forestación,
la reforestación y la deforestación”.
“Las emisiones y capturas de gases de efecto invernadero
serán cal-culadas de acuerdo con la metodología
adoptada por la Convención Marco de Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático”.
“El presente compromiso se tornará efectivo,
una vez que la Conven-ción Marco de Naciones Unidas
sobe el Cambio Climático haya acep-tado el derecho
de la República Argentina a participar en los meca-nismos
establecidos en los artículos 4º, 6º
y 17º del Protocolo de Kio-to y el mismo haya entrado
en vigencia”.
4.5
COMISIÓN NACIONAL PARA EL CAMBIO GLOBAL
Por Decreto Nº 2156 del 15 de octubre de 1991, el
Presidente de la Nación instituyó la Comisión
Nacional para el Cambio Global (CNCG) en jurisdicción
de la Secretaría de Ciencia y Tecnología.
Su misión es: “entender en todo lo inherente
a la coordinación, evaluación y gene-ración
de nuevas actividades científico-tecnológicas
nacionales, rela-cionadas con el control y vigilancia
del Cambio Global en el país”.
Esta comisión, de carácter interministerial,
reúne a la comunidad científica argentina
y a los organismos nacionales que entienden en el apoyo
y formulación de políticas que hacen a la
investigación del Cambio Global. Se cuentan entre
sus miembros el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas
y Técnicas (CONICET), el Ministerio de Economía
y Obras y Servicios Públicos, el Ministerio de
Relaciones Exteriores, la Secretaría de Recursos
Naturales y Desarrollo Susten-table, el Instituto Nacional
de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Comisión
Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Servicio
de Hidrografía Naval (SHN), el Servicio Meteorológico
Nacional (SMN) y el Instituto Antártico Argentino
(IAA).
Desde su creación ha apoyado y fomentado varios
programas nacio-nales e internacionales, la organización
de diversas reuniones científi-cas relacionadas
con el cambio global, coordinando la acción de
di-versos sectores científicos y tecnológicos.
Dentro del marco de la CNCG se ha desarrollado el Proyecto
de Estudio del Cambio Climático en la Argentina,
financiado por el Fondo para el Medioambiente Mun-dial
y que condujo a la Primera Comunicación Nacional
sobre el Cam-bio Climático, presentada a la Convención
Marco de las Naciones Uni-das sobre el Cambio Climático.
Intervinieron en este proyecto 60 in-vestigadores de 20
Instituciones del Sector Público, Universidades
Nacionales y Organizaciones No Gubernamentales.
A través de la Comisión se ha canalizando
la interacción de la Argen-tina con el Instituto
Interamericano para la Investigación del Cambio
Global (IAI) participando en las distintas instancias
de su desarrollo. En junio de 1998, se suscribió
un acuerdo entre la Agencia Nacional para la Promoción
Científica y Tecnológica de la República
Argentina y el IAI, mediante el cual se prevé la
financiación conjunta de proyectos de investigación
relativos al Cambio Global. A partir de este acuerdo,
la Argentina ha pasado a ser el primer país de
América que, luego de los Estados Unidos, compromete
fondos efectivos en proyectos inter-nacionales de investigación
del cambio global, dentro del IAI.
La Comisión ha organizando una biblioteca central
de cambio global, que incorpora las publicaciones existentes
sobre esta temática en dis-tintos organismos nacionales
e instituciones científicas y educativas relacionadas.
El sistema tiene su asiento en la biblioteca del Ministe-rio
de Economía y se ha previsto la consulta y obtención
de informa-ción desde cualquiera de las organizaciones
participantes.
Existe una página Web en la Secretaría de
Ciencia y Tecnología, don-de se informan los programas,
investigadores e instituciones argenti-nas comprometidas
en la investigación del cambio global.
Con motivo de la reestructuración de la actual
Secretaría para la Tec-nología, la Ciencia
y la Innovación Productiva, se está realizando
un estudio con el fin de adecuar las funciones y composición
de esta Comisión a la luz de la experiencia recogida
desde su creación.
4.6
PARTICIPACIÓN ARGENTINA EN PROGRAMAS INTERNA-CIONALES
VINCULADOS AL CAMBIO GLOBAL
Existen numerosas iniciativas internacionales surgidas
en la década de 1990 relacionadas con la investigación
científica y/o el desarrollo tecnológico
vinculado al Cambio Global.
Instituto
Interamericano para la Investigación del Cambio
Global (IAI)
El IAI surge de una invitación del gobierno de
los Estados Unidos de América a las naciones del
continente a reunirse en julio de 1991 pa-ra proponer
la creación de un Instituto Interamericano. Su
objetivo es aunar los esfuerzos para desarrollar la capacidad
de entender el im-pacto integrado de los cambios globales
en el medio ambiente regio-nal y continental de América
y fomentar la investigación cooperativa y el intercambio
de información relativa al cambio global. La Argenti-na
fue uno de los 13 países de América, Partes
Fundadoras, que el 13 de mayo de 1992 suscribieron el
Acuerdo de Creación del IAI, en Montevideo, Uruguay.
El acuerdo del IAI fue ratificado por nuestro país
en marzo de 1993 y depositado en la Organización
de Estados Americanos en febrero de 1994. En setiembre
de 1994 tuvo lugar en México la Primera Reunión
de la Conferencia de las Partes, dando comienzo formal
a las actividades del Instituto.
El IAI ha proporcionado financiación para mejorar
el estado actual de los conocimientos científicos
del cambio global por medio de tres pro-gramas: el Programa
Científico Inicial (ISP) el Programa de Subsidios
Iniciales de Investigación (SG) y el Programa de
Redes de Investiga-ción Cooperativas (CRN) . Todos
los programas son internaciona-les, con participación
de 3 o más países. Los investigadores argenti-nos
han formado parte de 21 de los 39 proyectos internacionales
fi-nanciados por el programa ISP y de 8 de la totalidad
de 37 proyectos financiados en el programa SG y 8 de los
14 proyectos CRN. El finan-ciamiento total de estos programas,
que ascendió a cerca de $ 15,4 millones, ha sido
proporcionado mayormente por la Fundación Nacio-nal
de las Ciencias (NSF) de los Estados Unidos. Además
de los pro-gramas mencionados, la Argentina ha recibido
del IAI equipamiento y software, dentro de un programa
financiado por el Fondo para el Me-dio Ambiente Mundial
(GEF), publicaciones, becas y pasantías y apo-yo
para el desarrollo de talleres, conferencias y seminarios
El IAI tiene una estructura de cuatro órganos permanentes:
la Confe-rencia de las Partes (CoP) constituida por los
países miembro, el Con-sejo Ejecutivo (EC) constituido
por nueve miembros elegidos por la CoP, un Comité
Asesor Científico (SAC) principal órgano
asesor cientí-fico del Instituto, constituido por
10 miembros y la Dirección Ejecuti-va, órgano
administrativo del Instituto. La Argentina ocupa un cargo
en el Consejo Ejecutivo desde la creación del IAI
y su representante ocupó la Vicepresidencia Segunda
en los años 1997 y 1998 y desde setiembre de 1998,
la Presidencia de este órgano.
International
Research Institute for Climate Prediction (IRI)
El IRI es una institución creada bajo un acuerdo
entre la Office of Global Programs de la National Oceanic
and Atmospheric Administra-tion (NOAA/OGP) de los Estados
Unidos, la Universidad de Colum-bia/Lamont-Doherty Earth
Observatory, y el Instituto Oceanográfico Scripps
de la Universidad de California, San Diego. La misión
del IRI es desarrollar y evaluar pronósticos climáticos
estacionales, y fomen-tar la aplicación de dichos
pronósticos para el beneficio de las socie-dades.
El aumento de la variabilidad del clima es uno de los
fenóme-nos asociados al cambio climático,
por lo tanto el estudio de las va-riaciones del clima
y su predicción es un elemento de competencia e
interés de la Comisión Nacional para el
Cambio Global. Por tal motivo, en agosto de 1998 se suscribió
en Buenos Aires una carta de inten-ción entre la
Secretaría de Ciencia y Tecnología y el
IRI en la que ambas instituciones se comprometen a aunar
esfuerzos para profun-dizar el desarrollo de aplicaciones
prácticas del pronóstico climático
estacional en el cono sur de América del Sur.
Programa
de investigación sobre Climate Variability and
Pre-diction for the 21st Century (CLIVAR)
El programa CLIVAR forma parte del Programa Mundial
de Investiga-ción del Clima (WCRP – World
Climate Research Programe) y está orientado fundamentalmente
a la investigación científica. Su principal
objetivo es examinar y mejorar la predictabilidad de la
variabilidad y los cambios del clima como beneficio potencial
para la economía y la sociedad en su conjunto.
La Argentina fue invitada a participar de la Conferencia
Internacional de CLIVAR, realizada en París, Francia
en diciembre de 1998. En esta oportunidad se presentó
un informe de las actividades de investigación
de la variabilidad del clima en la Ar-gentina.
Programa
de estudio de la Variabilidad del Sistema Monzónico
Americano (VAMOS)
El
programa VAMOS es un Subprograma del Programa CLIVAR apli-cado
a América. Durante la última década
se ha documentado la exis-tencia de dos sistemas monzónicos
en América (Norte y Sur) con una decisiva influencia
en la variabilidad de las precipitaciones de verano en
amplias regiones de este continente. En marzo de 1999
se realizó en Buenos Aires la reunión anual
del Panel del Programa VAMOS, con participación
de más de 40 científicos de Argentina, Estados
Unidos, y otros países de América del Sur,
Centro América y el Caribe.
Pan-American
Climate Information System (PACIS)
Iniciado
en 1998 como reunión de un grupo de expertos de
predicción climática y manejo de riesgos
con el fin de avanzar en el desarrollo de un sistema de
aplicación de la información de pronósticos
climáti-cos estacionales e interanuales, con el
fin de reducir los impactos so-cioeconómicos relativos
de las fluctuaciones climáticas de corto plazo
y explotar los beneficios ofrecidos por estos.
En marzo de 1999 se organizó en la Argentina el
“Design Meeting for a Pilot Climate Information
and Application System for Decision-Making in Southeast
South America”. Participaron en la organización
y financiación de esta reunión las siguientes
organizaciones interna-cionales: NOAA, IRI (international
Research Institute for climate pre-diction), USAID (US
Agency for International Development) y la Se-cretaría
de Ciencia y Tecnología de nuestro país.
Tomaron parte de este encuentro 35 investigadores científicos
y administradores de or-ganismos vinculados a la ciencia
de Argentina, Brasil, Colombia, Es-tados Unidos de América,
Perú, Paraguay y Uruguay. Se mantiene vinculo con
esta iniciativa con el fin de desarrollar proyectos pilotos
regionales para la aplicación de predicciones climáticas.
Programa
para la Predicción del Clima y la Agricultura (CLI-MAG
– Climate Prediction and Agriculture)
En la sede de la Organización Meteorológica
Mundial (OMM) y coaus-piciado por el International Geosphere-Biosphere
Program (IGBP) el International Human Dimensions of Global
Change Program (IHDP) y el World Cimate Research Program
(WCRP) en setiembre de 1999 se lanzó el Programa
Internacional sobre Predicción del Clima y la Agri-cultura
(CLIMAG). Como resultado de las discusiones se estableció
la necesidad de realizar un conjunto de tres estudios
piloto de aplicacio-nes de la predicción climática
a la agricultura en África, Asia y Améri-ca
Latina. Reconocido el estado de avance de iniciativas
similares, el correspondiente a América Latina
se llevará a cabo en la región del Sudeste
de América del Sur, con importante participación
de institu-ciones de la Argentina (INTA y la Universidad
de Buenos Aires).
5.
EL CAMBIO GLOBAL COMO DESAFIO DEL SIGLO XXI
En
los párrafos precedentes se ha puesto en evidencia
que el cambio ambiental global representa un serio riesgo
para la humanidad. Para hacer frente a este problema provocado
por el hombre, los seres humanos tendrán que pensar
en términos de décadas, e incluso siglos.
La tarea recién comienza y muchos de los efectos
del cambio global no se manifestarán sino al cabo
de dos o tres generaciones. En el futuro cada vez más
se oirá hablar de este problema y se deberá
aprender a convivir con él.
Los instrumentos internacionales existen, los estados
han reconocido el problema y solo resta decidir cómo
adecuar los actuales modelos de desarrollo en una dirección
sustentable.
Aunque mucho se ha ganado en el conocimiento científico
de las con-secuencias potenciales de los cambios inducidos
por el hombre al medio ambiente global, es difícil
pronosticar la oportunidad, la localización y el
costo detallado de las implicaciones de dichos cambios.
Sin embargo, es importante reconocer que pese a la incertidumbre
la más realista información indica que la
mayoría de los cambios am-bientales no pueden ser
revertidos rápidamente, debido a la larga es-cala
temporal asociada con los procesos químicos, físicos
y ecológicos subyacentes. Por otra parte, la natural
inercia en la toma de decisio-nes políticas de
largo plazo tiende a retardar nuestra habilidad para responder
rápidamente a los cambios.
El gran desafío consiste en identificar mecanismos
prudentes, costo-efectivos para lograr mitigar los efectos
adversos de los cambios ge-nerados por el hombre y que
puedan contribuir a un futuro más sus-tentable.
Debido a que aun existe cierta incertidumbre científica
sobre el calentamiento global y la elevación del
nivel del mar, por ejemplo, una nación puede ser
reacia a realizar inversiones para mo-dificar o adecuar
la infraestructura costera existente frente a un daño
potencial futuro con un costo significativo actual. Sin
embargo, la ubicación de nuevas infraestructuras
evitando exponerlas a una futura elevación del
nivel del mar, muy probablemente no adicione costos y
seguramente reportará un gran beneficio de retorno
si los niveles del mar efectivamente se elevan. Las sociedades
podrán ser incapaces de producir el rápido
recambio de equipamientos, tecnologías o prácticas
para responder completamente a las cuestiones ambientales
emergentes, pero pueden comenzar a realizar inversiones
y tomar decisiones que avancen en su capacidad futura
de enfrentar a dichos cambios.
“A fin de proteger el medio ambiente los Estados
deberían adoptar un enfoque preventivo de acuerdo
a sus capacidades. Cuando existen amenazas de daños
serios o irreversibles, la carencia de la total justi-ficación
científica no debe usarse como razón para
posponer las me-didas costoefectivas para prevenir la
degradación del medio ambien-te” (Declaración
de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, 1992).
¿Cómo establecer un equilibrio armonioso
con las condiciones ambientales actuales que, ante todo,
hacen posible nuestra vida? Hasta ahora, la humanidad
se ha desentendido de este problema en su propio detrimento.
A partir de ahora se trata de un desafío al que
probablemente tendremos que hacer frente mientras exista
la especie humana sobre la Tierra, es el desafío
del Siglo XXI.
6. BIBLIOGRAFÍA
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Change 1995, A Report of the Intergovernmental Panel on
Climate Change
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Proyecto ARG/95/G31.
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Invernadero, Proyecto ARG/95/G31.
PNUD-SECYT (1998): Vulnerabilidad y Mitigación
relacionada con el Impacto del Cambio Global sobre la
Producción Agrícola, Proyecto ARG/95/G31.
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de la Costa Ar-gentina al Ascenso al Nivel del Mar, Proyecto
ARG/95/G31.
PNUD-SECYT (1998): Vulnerabilidad de los Oasis Comprendidos
entre 29º y 36º S ante Condiciones más
Secas en los Andes Altos, Proyecto ARG/95/G31.
PNUMA (1996): Tecnologías, políticas y medidas
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de expertos sobre cambio climático (IPCC)
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simples utiliza-dos en el segundo informe de evaluación
del IPCC. Grupo Inter-gubernamental de expertos sobre
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R.H. Moss (1998): “Protecting Our Planet Securing
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U.S. National Aeronautics and Space Administration, The
World Bank.
