ACADEMIA DEL MAR
CUADERNO TALÁSICO
Nº 25

Presentado por:

Académico de Número 27

Dr. Mario Cámpora

Tema:

“Tendencias de la vida internacional.”

Presentación: Mayo de 2002
Expuesto y debatido en la Sesión Plenaria Ordinaria Nº 56 de :

26/05/02
Buenos Aires


TENDENCIAS DE LA VIDA INTERNACIONAL

Por Mario Cámpora

1. El impacto de las nuevas tecnologías

El dominio que el hombre ha alcanzado del planeta Tierra constituye un hecho transformador y esencial de la vida internacional que culmina en las últimas décadas del siglo XX.

Las nuevas tecnologías facilitan el acceso humano a todos los ámbitos terrestres: sean los polos, el fondo de los mares, los espacios subterráneos, el espacio aéreo y ultraterrestre, las junglas. Ellas dan al hombre un dominio creciente e integral sobre la Tierra. Además ha tenido lugar un achicamiento del Planeta merced a las tecnologías aplicadas a los transportes y comunicaciones. Las tecnologías son también una fuente de poder de proyección mundial para aquellas grandes potencias que las poseen y facilitan a los países en general una presencia y acción más allá de sus fronteras que acentúa la interdependencia entre ellas y crea la necesidad de una cooperación para ordenar esa presencia en los espacios terrestres compartidos de aire y mar.

2. La agenda global

Las nuevas condiciones internacionales anteriormente subrayadas, han dado lugar a una serie de cuestiones que afectan a todos los pueblos y países. La primer cuestión es el medio ambiente cuya proyección interesa a todos por igual pues la Tierra es el hogar común de la humanidad y su deterioro, en consecuencia, perjudica a todos.

La segunda cuestión es la no proliferación de armas estratégicas a cuyo alcance global y capacidad destructiva no escapa ningún lugar del mapa; su difusión encierra la amenaza de un cuadro apocalíptico.

En tercer lugar, la cuestión del terrorismo indiscriminadamente realizado por grupos disidentes violentos que se conectan y asocian internacionalmente para alcanzar con recíproco apoyo sus respectivos objetivos.

Parte muy importante de la Agenda Global es la cooperación entre países para ordenar las actividades que los Estados llevan a cabo más allá de sus fronteras. Esa cooperación resulta indispensable en muy diversos campos, v.g. transporte marítimo y aéreo, acuerdos sanitarios, cooperación postal, ordenamiento y usos del espectro de las telecomunicaciones, regulación y promoción de las relaciones económicas y comerciales, etc. Sin las organizaciones especializadas y acuerdos que regulan esas actividades, la vida internacional sería un verdadero caos.

3. El equívoco de la globalización

Las nuevas condiciones internacionales han creado un altísimo grado de interdependencia que mundializa intereses entre todos los países. Dicha situación que trató de ilustrarse con el concepto de la Agenda Global, ha sido utilizada para desarrollar la ideología de la globalización con un alcance desmesurado al extremo de cuestionar la subsistencia de los Estados nacionales. Es así que se da por obsoleto hasta el concepto de soberanía.

La globalización, como es obvio, implicaría la absorción de los Estados Nacionales. Pero más que el reflejo de una situación objetiva y absoluta, la globalización es en realidad la expresión de una política. Esto se constata en la actividad económica al observar el diferente grado de circulación que tienen los capitales con relación a los bienes, servicios y personas. La desregulación en el movimiento de capitales contrasta con las limitaciones en la circulación de bienes, servicios y personas como resultado de políticas proteccionistas o migratorias. O sea que la circulación de capitales con alcance global tiene lugar con el impulso de una voluntad política que así lo quiere, mientras que esa voluntad no existe de igual modo para bienes, servicios y personas.

La globalización no es, por lo menos hasta ahora, un hecho de la vida internacional de carácter totalizador. Muy lejos de ello, el sistema internacional continúa siendo en términos generales un sistema internacional de Estados en el que cada uno conserva el ejercicio de los atributos de una soberanía que ciertamente está acotada por las nuevas condiciones internacionales.

4. El sistema internacional de Estados

La cuestión cuya respuesta certifica la vigencia de este sistema es la siguiente: ¿dónde reside el poder? Es evidente que el poder continúa residiendo en el Estado; no obstante, cuando la reflexión se adentra en los intersticios de los mecanismos y factores que lo conforman, se llega a conclusiones complejas.

El poder en sus diversas manifestaciones —política, económica, cultural, militar, etc.— puede incluir actores distintos como son las ONG y las empresas multinacionales con un rol y protagonismo evidente, pero es indudable que la manifestación prístina del poder, que es el poder militar, solamente reside en el Estado.

La comunidad internacional hoy está integrada por Estados de muy diversa dimensión: desde mini-estados a superpotencias. Tal diversidad ha generado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial sucesivas formas de concentración y distribución de poder con la bipolaridad, la unipolaridad y la multipolaridad, hasta presentarse la actual situación que bien ha sido caracterizada como de hibridez.

Al reconocer a los EE.UU. su rol central con la potestad de impedir todo aquello que no comparten, se observa también que tal potestad no alcanza para hacer todo aquello que les plazca frente a grandes potencias que arañan el status de superpotencias.

La unipolaridad y la multipolaridad simultáneamente manifeiestas confunden el actual escenario.

Cada Estado grande, mediano o pequeño posee su propia naturaleza que lo diferencia y hace distinto. De esta singularidad nace el interés nacional, concepto relativo a la protección y desarrollo del patrimonio de la Nación tanto en su aspecto material: tierra, mar y aire, como espiritual: historia, cultura, religión.

El interés nacional motiva el comportamiento de los Estados en el escenario internacional y su defensa se ve menguada en aquellos países que adhieren a una visión del mundo globalizada en la que se subsume el interés nacional.


5. El orden mundial

En cada oportunidad histórica en que finaliza un conflicto de magnitud, las potencias vencedoras toman a su cargo la misión de dictar las normas que han de regular la vida internacional. Tal fue la situación luego de las guerras napoleónicas con el Congreso de Viena, así como después de la Primera y Segunda Guerra Mundial con la Sociedad de las Naciones y las Naciones Unidas, respectivamente.

El fin incruento de la Guerra Fría con la implosión de la Unión Soviética nuevamente repitió aquel escenario y dio a las potencias victoriosas de las democracias capitalistas la oportunidad y responsabilidad de establecer un nuevo orden mundial basado, tal como repetidamente lo anunciaron EE.UU. y los otros países del G7, en un conjunto de valores de alto significado. Dichos valores fueron la solución pacífica de controversia, la democracia y el respeto de los derechos humanos, la economía de mercado y la protección del medio ambiente.

Ha transcurrido más de una década de vigencia de este nuevo orden mundial y resulta evidente el limitado cumplimiento de aquellos valores.

6. La política exterior y las nuevas condiciones internacionales

Para elaborar la política exterior es necesario disponer de dos elementos. Uno es la identificación de los intereses nacionales; el otro es una visión correcta del mundo. Estas dos coordenadas requieren de ponderación adecuada ya que exagerar la ejecución de un interés nacional contrariando las condiciones internacionales hace que el mismo sea inviable, así como sobredimensionar el condicionamiento internacional lleva al abandono o frustración del interés nacional.

La visión del mundo constituye hoy un tema particularmente controvertido. Se presenta una disyuntiva ante la percepción en mayor o menos grado de la globalización o mundialización de la vida internacional.

Una literatura profusa da como advenido un mundo globalizado en lo político y económico que dista de haberse alcanzado. Por ello desatender el interés nacional en aras de una globalización incompleta y futura constituye un renunciamiento anticipado difícil de justificar que puede ser fuente de serios perjuicios nacionales.

Toda política exterior nacional se piensa y ejecuta en función del interés defendido. A mayor visión globalizadora, habrá una menor atención del interés nacional, y sin interés nacional que defender, la política exterior pierde razón de ser.

Buenos Aires, 28 de mayo de 2002

 

 
Ultima actualización: 15/04/2009