LOS
ARRECIFES ROCOSOS EN PATAGONIA: UN ECOSISTEMA RELEGADO
Los
arrecifes se encuentran entre los sistemas más
complejos de los ambientes marinos. Si bien sustentan
actividades recreativas y comerciales como el buceo y
la pesca deportiva de altura, submarina y artesanal, existe
poca información y atención en cuanto a
su conservación.
(INFOCIVICA,
22 de diciembre de 2006).- Desde el año 2001, los
biólogos David Galván, Alejo Irigoyen y
Leonardo Venerus del Centro Nacional Patagónico
(CONICET), liderados por la investigadora Ana Parma, y
con el apoyo de la Liz Claiborne del Art Ortenberg Foundation,
Wildlife Conservation Society, la Agencia Nacional de
Promoción Científica y Tecnológica
y la Fundación Patagonia Natural están dedicados
al estudio de la biología y ecología de
los peces que habitan los arrecifes rocosos norpatagónicos,
y del impacto de las actividades humanas desarrolladas
sobre los mismos. El objetivo general del proyecto es
establecer bases científicas para el manejo sustentable
de los sistemas de arrecifes rocosos.
“Los arrecifes se encuentran entre los sistemas
más complejos de los ambientes marinos y han recibido
considerable atención en las regiones tropicales
por la belleza y colorido de sus habitantes. En nuestra
Patagonia también existen arrecifes, algunos de
los cuales son conocidos localmente como “salmoneras”.
Estos sitios están compuestos por rocas sobre las
que vive una diversidad muy grande de organismos”
explican los biólogos, y agregan “estas rocas,
de origen sedimentario o volcánico, presentan cuevas
y grietas que son utilizadas por peces, pulpos y otros
invertebrados como refugio. Además existen arrecifes
artificiales generados por el hundimiento de distintas
estructuras como barcos, carrocerías, etc”.
Los biólogos especifican que “los peces de
arrecife desarrollan estrategias de vida particulares,
ya que están adaptados a vivir en refugios y se
diferencian claramente de aquellos que habitan fondos
de arena o de los que viven nadando en la columna de agua.
En general se caracterizan por permanecer en un mismo
sitio por períodos prolongados, y por desarrollar
estrategias reproductivas complejas (que incluyen cortejo
y/o cuidados parentales) y comportamientos territoriales”.
Los arrecifes rocosos norpatagónicos son habitados
por un ensamble o conjunto particular de peces, que incluye
a unas pocas especies, siendo las más comunes el
mero (Acanthistius brasilianus), el salmón de mar
(Pseudopercis semifasciata), el turco (Pinguipes brasilianus),
el escrófalo (Sebastes oculatus) y el sargo (Diplodus
argenteus).
“A lo largo del litoral del Chubut las salmoneras
sustentan actividades recreativas y comerciales como el
buceo, y la pesca deportiva de altura, submarina y artesanal.
Buzos y pescadores de todo el país e incluso extranjeros
desarrollan estas actividades principalmente durante los
meses estivales” relatan los biólogos, y
aclaran “hoy en día, la ciudad de Puerto
Madryn es considerada la Capital Nacional del Buceo, y
el golfo Nuevo ofrece una variedad de arrecifes naturales
y artificiales que son utilizados como parques submarinos.
Desde mediados de los años cincuenta, el interés
deportivo por estas especies (principalmente el salmón
de mar y el mero, las que tienen mayor tamaño y
peso) condujo a la organización de numerosas competencias
de pesca de altura y submarina sobre arrecifes en la costa
patagónica. Actualmente se realiza en Camarones
la Fiesta Nacional del Salmón de Mar, que año
a año reúne a una treintena de embarcaciones
de todo el país, siendo éste el principal
evento turístico de ese municipio”.
A pesar de la importancia económica y cultural
que tienen los arrecifes rocosos en la región,
no existen pautas claras de uso para estos ambientes,
y la explotación de las especies que conforman
el ensamble carece de una regulación acorde a sus
características biológicas y ecológicas.
“Sólo existe una disposición de la
Dirección General de Intereses Marítimos
y Pesca Continental (actual Secretaría de Pesca),
que regula la pesca recreativa marítima para la
Reserva Natural de Uso Integral Península Valdés
y para el Parque Marino Golfo San José (disposición
214/94)” afirman Galvan, Irigoyen y Venerus, detallando
que “dicha norma fija un límite diario en
peso para la captura de peces por pescador, pero no especifica
el número máximo de ejemplares por especie
ni establece límites a las tallas de los ejemplares
que pueden ser capturados. Esta normativa resulta claramente
insuficiente y tampoco existen controles efectivos por
parte de las autoridades de aplicación. Fuera del
área señalada no existe ningún tipo
de reglamentación para el ejercicio de estas actividades”.
Los biólogos destacaron “la estrecha asociación
de los peces con los arrecifes y la limitada movilidad
de los mismos, sumado al crecimiento lento y a la elevada
longevidad de algunas especies del ensamble (el salmón
de mar alcanza los 30 años de edad y el mero puede
superar ampliamente los 50 años) hace que este
sistema sea muy vulnerable a la pesca, pudiendo producirse
agotamientos a la escala local de las salmoneras”
y explican “tanto la abundancia como las tallas
de las especies capturadas pueden disminuir marcadamente
en los parajes de pesca más populares, dependiendo
de la intensidad con que hayan sido pescados. Los lugareños
son conscientes de ello, lo que los hace cuidar con recelo
y mantener en secreto la localización de los arrecifes.
No obstante, este saber popular se contrapone a una percepción
errónea de que los recursos del mar son ilimitados,
y de que los artes de pesca selectivos como los artes
con anzuelo o el arpón no generan impacto alguno
sobre el ecosistema. Por otra parte, el desarrollo de
embarcaciones y motores cada vez más potentes y
la masificación de instrumentos de navegación
como el GPS (Global Positioning System) y la ecosonda
facilitan la localización y la detección
de las salmoneras, aún de aquellas que hasta hace
unos años resultaban inaccesibles”.
En síntesis, los arrecifes rocosos y el ensamble
de peces que albergan constituyen un sistema sensible
que debe ser monitoreado y conservado sobre la base de
pautas claras de uso, que deben considerar tanto las peculiaridades
biológicas y ecológicas de las especies
como los tipos de actividades desarrolladas.
Para
mayor información o para realizar consultas pueden
dirigirse por correo electrónico. David E. Galván,
Alejo J. Irigoyen y Leonardo A. Venerus, Centro Nacional
Patagónico (CENPAT – CONICET), Blvd. Brown
s/n (U9120ACV) Puerto Madryn, Chubut. Tel.: (02965) 45-1024
/ 0401 / 1301 Int. 331. Fax: (02965) 45-1543. E-mails:
galvan@cenpat.edu.ar, alejo@cenpat.edu.ar, leo@cenpat.edu.ar.
Nota
tomada: de Conicet
08/01/2007
