ÉRASE
UNA VEZ LA MERLUZA
Juan José Valenzuela, Biólogo Marino de
Oceana
Diversas organizaciones del gremio artesanal que se encuentran
movilizadas a lo largo de Chile, están solicitando
a la Subsecretaría de Pesca extender la veda de
merluza común para la pesca industrial (que terminó
este 21 de septiembre) y mantener la figura de pesca de
investigación para las embarcaciones de menos de
12 metros de eslora, como una manera de revertir la profunda
depredación que ha sufrido este recurso, como consecuencia
de la voraz actividad de la embarcaciones industriales.
La flota industrial utiliza la llamada pesca de arrastre,
un sistema muy poco selectivo que consiste en tender y
desplazar gigantescas redes que arrasan el fondo marino.
Habitualmente, muchos ejemplares jóvenes de bajo
calibre de merluza común son retenidos en las operaciones
de pesca , lo que favorece el descarte de estos individuos,
es decir que luego de ser pescados y subidos a bordo,
su escaso valor comercial hace necesario devolverlos muertos
al mar, sin que hayan alcanzado a reproducirse y contribuido
a la renovación del recurso. Lo mismo ocurre con
un sinnúmero de especies asociadas a los fondos
marinos, que también son víctimas de la
pesca de arrastre, aún cuando no sean especies
objetivo del barco pesquero. Por ello, la solicitud de
extender la veda a la actividad industrial durante el
período de desove asegura el éxito del evento
reproductivo, factor fundamental en la dinámica
de la pesquería y la renovación del recurso
para esta actividad extractiva.
Si en un mes de restricción se ha observado un
ostensible incremento de las capturas, podemos asumir
que la veda efectivamente ha tenido un efecto positivo
en la biomasa del recurso, si consideramos la captura
por unidad de esfuerzo como un indicador de las abundancias
relativas del recurso . Por otra parte, la inusual figura
de “pesca de investigación”, que se
ha utilizado como resquicio legal para beneficiar al sector
artesanal, ha favorecido en varios ocasiones anteriores
a los pescadores industriales, por lo que no existen argumentos
válidos de parte de este subsector para oponerse
a estos permisos excepcionales. Además, la persistencia
de las operaciones de las embarcaciones menores posibilita
la actividad económica en numerosas caletas, donde
la merluza común constituye el principal o el único
recurso pesquero.
Finalmente, es responsabilidad del Gobierno buscar medidas
mitigadoras o actividades productivas alternativas para
los tripulantes industriales y operarios de plantas de
proceso para que puedan trabajar durante la restricción.
De todos modos resulta más viable buscar oportunidades
laborales para un pequeño numero de personas asociadas
a la actividad pesquera industrial, que a una cantidad
mucho mayor de pescadores artesanales cuya vida entera
se ha dedicado a la extracción de merluza, como
una actividad que se arrastra desde muchas generaciones
y que por lo tanto involucra derechos históricos
de explotación, derechos que en ningún caso
han sido reconocidos por la autoridad al momento de definir
la distribución de las cuotas de captura del recurso,
correspondiente a dos tercios para el sector industrial,
y un tercio para los pescadores artesanales, en circunstancias
que este último sector, explica el 80 por ciento
de los empleos que genera la actividad pesquera en nuestro
país, y que el fruto de su esfuerzo va a parar
a la mesa de la población .
Nota tomada: de OCEANA
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