HALLAN
BAJO EL AGUA ESQUELETO DE UN MARINERO DE 236 AÑOS
En Puerto Deseado, Santa Cruz
La Nación 1/9/06
Pertenece a un tripulante de unos 25 años, que
viajaba en la corbeta inglesa Swift al hundirse en 1770.
Los huesos de un esqueleto completo del naufragio de la
corbeta inglesa Swift, hundida en 1770 en las costas de
Puerto Deseado, en Santa Cruz, fueron descubiertos por
científicos del Programa de Arqueología
Subacuática del Instituto Nacional de Antropología
y Pensamiento Latinoamericano (Inapl).
Es la primera vez que se encuentran restos humanos bajo
aguas argentinas y durante una investigación arqueológica.
Los análisis realizados hasta ahora indican que
se trataba de un hombre de unos 25 años, que medía
poco menos de 1,70 metros de estatura, era diestro y tenía
una dentadura casi perfecta.

Primer
plano de las costillas y el húmero
derecho
Foto: Gentileza Uriel Sokolowicz |
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Hace
236 años, las potencias marinas España,
Francia e Inglaterra se disputaban el mundo. Así
fue que en 1770 y con destino a Puerto Egmont (base británica
en las islas Malvinas), la Swift emprendió un viaje
de reconocimiento geográfico con un centenar de
tripulantes. Según los documentos históricos,
sus 28 metros de eslora y 8 de manga no pudieron con un
viento fuerte que los llevó hacia la costa.
La nave embistió una roca a 40 metros del litoral
y se hundió. La mayoría logró llegar
a tierra firme, pero murieron el cocinero, cuyo cuerpo
apareció flotando al día siguiente, y dos
infantes de marina. El esqueleto hallado corresponde a
uno de ellos, y la hipótesis de los investigadores
es que murió ahogado porque, quizá, no tuvo
tiempo de abandonar la cámara del capitán,
en la que estaba antes del hundimiento.
El excelente estado de conservación sorprende a
la doctora Dolores Elkin, directora del proyecto e investigadora
del Conicet, y a su colega, el doctor en ciencias naturales
Gustavo Barrientos, a cargo del mayor hallazgo que dio
hasta ahora el estudio de la corbeta desde 1998. "Hay
materiales adheridos a algunos huesos. Parecen ser vestigios
de vestimenta. Esto, más el muy buen estado y el
alto grado de articulación de los huesos, reafirma
la idea de una rápida cobertura del cuerpo con
sedimentos, con muy poco o nulo contenido de oxígeno",
explica Barrientos.
Ricardo Bastida, biólogo marino de la Universidad
de Mar del Plata y especialista en biodeterioro, agrega:
"El sedimento [barro] funciona como una barrera al
aislar los objetos de organismos que lo deterioran, como
la masa de agua y las corrientes. La ría de Puerto
Deseado tiene un gran proceso de sedimentación
y, además, la Swift está rodeada de una
construcción portuaria: todos los objetos enclavados
en el fondo actúan como una trampa de sedimento".
Las bajas temperaturas de las aguas (entre 4 y 11°C)
también aportaron a la protección de los
restos del náufrago. Pero ¿qué nos
puede decir un esqueleto de más de 200 años?
Muchísimo. Se trataba de un hombre de unos 25 años
al momento de morir, de alrededor de 1,67 metros de estatura
y diestro.

Los
arqueólogos del Inapl recuperan los
restos
Foto: Gentileza Uriel Sokolowicz |
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"Todos
poseemos algún grado de asimetría entre
los lados derecho e izquierdo -señala Barrientos-.
En general, los huesos del lado de uso habitual son más
robustos o ligeramente más largos. En este caso,
el lado derecho posee más desarrollo que el izquierdo."
Según Elkin, "la salud de los huesos era buena
[sin evidencias de pérdida de masa ósea]
y similar a la de hombres blancos actuales de su misma
edad".
Barrientos
reconstruyó el cráneo, la única parte
fragmentada del esqueleto, y midió los dientes.
Su estado era bueno, sin pérdida de piezas en vida
y con sólo tres caries pequeñas. Más
adelante, al estudiar la composición química
de los huesos, agregó: "Conoceremos la dieta:
si comía más vegetales o carnes".
Hueso
por hueso

El
doctor Gustavo Barrientos, frente al cráneo
reconstruido Foto: Gentileza Uriel Sokolowicz |
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El hallazgo no fue de un día para el otro. El arqueólogo
Amaru Argüeso, primero, y el codirector del proyecto
Damián Vainstub, después, fueron quienes
dieron con la osamenta. Todo empezó en noviembre
último, al iniciar la última temporada de
trabajos financiada por el municipio de Puerto Deseado.
En su turno de buceo, Argüeso encontró dos
zapatos y notó la cercanía entre ambos.
Vainstub tomó la posta y dio con el mayor logro
de diez temporadas de trabajo y más de 300 piezas
de información (ver recuadro). Huesos del pie,
la tibia, el peroné Todo indicaba que no había
límites para soñar con el resto. Finalmente,
en febrero pudieron decir "misión cumplida"
al recuperar todas la partes del fondo del mar.
"Jamás sentí miedo -dice Vainstub-.
Sí un inmenso respeto y empatía con ese
tripulante que iba en ese barco." Para su compañero,
la sensación es de "un viaje en el tiempo;
ser el descubridor de algo oculto por mucho tiempo".
Elkin considera extraordinario el fruto de esta última
temporada.
A Marcelo Rosas, que en 1982 descubrió la Swift,
y a los buzos, que hace más de 8 años desentrañan
el enigma de la vida a bordo de la corbeta, el cada vez
menos desconocido esqueleto quizá les dé
la mayor satisfacción pronto. Si existen familiares
vivos de los dos tripulantes desaparecidos y si la conservación
del ADN es adecuada, entonces el esqueleto podría
tener nombre y apellido.
Por
Emilse Pizarro
De la Redacción de LA NACION
Más
revelaciones
El
descubrimiento del esqueleto es sólo una de las
revelaciones del trabajo del Inapl. Otras incluyen vasijas,
botellas, un reloj de arena y una horma de zapato. Todos
"hablan": la vajilla hallada en la cámara
del capitán refleja la diferencia de status con
el resto de la tripulación; un vaso con cáscara
de huevo de pingüino indica que la dieta incluía
productos de la región, y una tetera con motivos
chicos revela el intercambio cultural y comercial de la
época y que se mantenía la costumbre inglesa
durante el viaje.
Nota
tomada: de LA
NACION
