EFICIENCIA Y DESAFÍOS PARA EL CULTIVO DEL SALMÓN
Alejandro Buschmann, biólogo marino asesor de Oceana

Recientemente han salido a la luz pública versiones encontradas sobre la eficiencia del uso de alimentos aplicados al cultivo de salmones. Por ser un organismo carnívoro, el salmón es alimentado, entre otros ingredientes, con harina y aceite de pescado. En Chile la producción de estos dos productos ha venido disminuyendo en los últimos 10 años y por ello surgen voces preocupadas por un uso eficiente de este recurso de alto interés para varios usuarios, tal y como indica el aumento de su precio. Para sobrellevar esta situación y además reducir los costos de producción, se están introduciendo cambios en la composición del alimento, sustituyendo la harina y aceite de pescado, por materia de origen vegetal y animal.
Sin embargo, ciertos aspectos de estos sustitutos también deben ser analizados, como el uso de organismos transgénicos (probablemente harina de soya), el uso de desechos de animales terrestres, etc. Aunque estos factores, y otros tantos, han sido analizados y discutidos reiteradamente en distintas partes del mundo, en Chile aún no disponemos de trabajos científicos realizados en este sentido. Como consecuencia, surgen controversias y discusiones sobre un tema del que aún no existe investigación concreta para informar responsablemente a la opinión pública, vacíos que debieran ser resueltos a la brevedad por el Estado de Chile.
Las demanda por el uso de la harina y aceites de pescado para el alimento de salmones sigue vigente. Lo complejo del tema es la incorporación de aceites para lograr alimentos energéticamente más ricos y que permiten acelerar el crecimiento de los peces en cultivo. Esta mayor demanda cambió la condición del aceite como subproducto, y la llevó a ser la principal materia prima del alimento, dado que el aceite, en comparación con la harina, requiere de una mayor proporción de biomasa de pescado para su elaboración.
Existen estudios que demuestran este punto y que han sido implícitamente reconocidos en el reciente informe de SalmonChile, donde se menciona que sus índices de conversión suben desde 2 a más de 4 (se produce un kilo de salmón por cuatro de alimento), cuando se calculan en base a aceite. Se debe consignar que hay una tendencia a disminuir la cantidad de aceites de pescado y sustituirlos por aceites vegetales, pero queda por ver hasta qué punto es factible llevar adelante esta empresa sin cambiar la calidad del pescado producido. Una vez más, esta discusión no conducirá a nada mientras los cálculos se realicen en base a datos no validados técnicamente, lo que sólo será resuelto cuando exista información pública transparente y comprobable.
El sector salmonero no puede endosar el problema de la sustentabilidad de los recursos pesqueros sólo al Estado, tampoco puede ignorar que evidentemente, esta actividad ejerce presiones sobre la pesca, puesto que si bien hay otros usuarios de harina y aceite de pescado, la demanda de la acuicultura sigue aumentando, especialmente en lo que respecta a los aceites. Por todo esto, urge que se determine de forma clara y abierta cuál es el futuro real del uso de los recursos marinos destinados a la producción. Además, la transformación de un salmón desde su forma natural como carnívoro a un pez esencialmente herbívoro, es un paso que todavía no parece posible pese a los avances científicos y que puede conllevar una serie de problemas asociados.
Es imprescindible que Chile, como principal país acuícola occidental, adquiera mayor nivel de conocimiento sobre los efectos que esta actividad está ejerciendo en nuestros ecosistemas costeros. Esto no significa en absoluto oponerse al desarrollo económico, tal como muchas veces se hace creer a la opinión pública, amenazando soslayadamente a los trabajadores con la posibilidad de perder sus puestos de trabajo. Por el contrario, una visión eficaz del cambio sobre los ecosistemas permite prevenir situaciones irreversibles y complejas, adelantar soluciones y tener una actividad productiva sustentable en el tiempo.

Nota enviada especialmente por Alejandro Buschmann, biólogo marino asesor de Oceana

 
Ultima actualización: 08/08/2006