VÍCTIMAS
DE LA PESCA IRRESPONSABLE
Juan José Valenzuela, Biólogo Marino de Oceana
“Un
país, una civilización se puede juzgar
por la forma en que trata a sus animales”
Mahatma Gandhi
Muchas
artes de pesca tienen efectos perjudiciales directos
sobre poblaciones de especies que no constituyen recursos
pesqueros, desde las aparentemente inofensivas redes,
en que quedan enmalladas numerosas especies (incluso
grandes cetáceos); el palangre, con efectos directos
sobre poblaciones de tortugas marinas (sólo en
el Mediterráneo existen estimaciones de cerca
de 20.000 tortugas marinas anuales capturadas accidentalmente)
y el arrastre, devastadora modalidad de pesca que atenta
directamente contra un sinnúmero de especies
que son capturadas incidentalmente, como fauna acompañante.
En la Octava Región, por ejemplo, 25 pingüinos
murieron atrapados en las redes de una lancha pesquera,
mientras que otros 5 ejemplares quedaron heridos. Aunque
estas aves no constituyen recursos pesqueros, las operaciones
de pesca tienen una incidencia directa en el estado
de conservación de estos fascinantes ejemplares.
La pesca industrial consume importantes volúmenes
de alimento de los pingüinos, mientras que el uso
de redes ocasiona su detrimento y muerte. Existen además
otras alteraciones del ambiente por acción antrópica
que inciden directamente en las poblaciones de aves
marinas, como son la contaminación con hidrocarburos
de petróleo y las descargas de desechos tóxicos
en los ambientes costeros, estas secuelas quedan de
manifiesto en una sugerente frase popular: esto del
MEDIO ambiente ¿será porque ya destruimos
la mitad?
El bien conocido lobo de mar es otra especie cuyas poblaciones
también pueden ser diezmadas sin constituir un
recurso pesquero. En este caso, la presencia de esta
especie tiene repercusiones directas sobre la actividad
de los pescadores artesanales e industriales, ya que
eventualmente puede romper las redes de la flota artesanal
en procura de los peces capturados, o ingresar a las
redes de las embarcaciones industriales; a su vez, el
lobo común también puede ingerir o morder
los peces retenidos en los anzuelos de los espineles.
Frente a este escenario, pescadores artesanales de la
I y II Regiones, en conjunto con el Servicio Nacional
de Pesca (SERNAPESCA) van a proponer al gobierno que
se implemente la caza de estos mamíferos marinos.
Nos parece que esta medida, lejos de solucionar el problema,
se traduce en una inconciencia ambiental por parte de
la autoridad. Debemos considerar que si los lobos están
predando sobre las capturas de las embarcaciones pesqueras,
es debido al agotamiento de las presas que habitualmente
constituyen parte de su dieta, lo que en definitiva
es una consecuencia de una deficiente política
de administración pesquera. Por otra parte, antes
de la implementación de cualquier programa orientado
a disminuir las poblaciones de lobo común, parece
más prudente en términos ambientales y
de conservación, propiciar la investigación
tendiente a descubrir e implementar dispositivos que
alejen a estos pinnipedios de las flotas pesqueras,
algo similar a los mecanismos utilizados en algunos
centros de cultivo.
Sernapesca debería aprender de iniciativas como
la de la WWF, que organizó un concurso para buscar
soluciones prácticas que permitan pescar de una
manera “inteligente” mediante una mejor
selectividad de la especie objetivo. El resultado de
este concurso fueron originales, prometedoras y viables
propuestas para beneficio de la pesca responsable, como
son el uso de una reja flexible y más liviana
para redes de arrastre que permite a ciertos peces escapar
y la utilización de un “espantapájaros
volador” para alejar a las aves víctimas
de la pesca incidental. El primer lugar se lo adjudicó
el investigador Michael M. Herrmann, con una original
propuesta para evitar que los tiburones sean capturados
accidentalmente en los anzuelos de las pesquerías
comerciales, consistente en el uso de imanes que repelerían
a estos condrictios ya que algunos tiburones son capaces
de detectar campos magnéticos
Enviada
por Oceana