BALLENAS VS GAVIOTAS
Sonido de mar, gaviotas y como telón de fondo,
la imagen de una ballena franca jugando con su cría
en las aguas patagónicas del Oceano Atlántico.
El paisaje a simple vista parece idílico, pero
no siempre lo es.....
Así comienza a la nota que Cecilia Draghi publicó
en la Sección Biomundo de la Revista
Neo de Editorial Perfil en el mes de enero. Su introducción
es muy cierta, y la nota continúa así:
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Las relaciones a veces pueden complicarse. Y más
desde que estas aves aprendieron a alimentarse de la
piel y grasa de estos gigantes cetáceos. En este
sentido, la Argentina muestra un escenario preocupante.
“No hay otro sitio en el mundo donde se registren
ataques de gaviotas cocineras a ballenas con la intensidad
y frecuencia de Península Valdes. Si bien hubo
casos aislados en Brasil y más recientemente
en Sudáfrica, el nivel de acoso de aquí
es unico”, define el biólogo Mariano Sironi,
director científico del Instituto de Conservación
de Ballenas (ICB). Las aguas protegidas de la zona cercana
a Puerto Madryn son una especie de maternidad para las
ballenas francas. Las hembras nadan miles de kilómetros
para dar a luz a sus ballenatos en esta zona, donde
los “bebés” pueden crecer -lactancia
mediante-, unos dos a tres metros de largo en los tres
primeros meses de vida. De adultas, estas ballenas alcanzan
hasta 16 metros de longitud. A pesar de estas imponentes
dimensiones, poco es lo que pueden hacer ante un ataque
aéreo: tan solo huir del picotazo. Pero esto
tiene su costo.
“Ante la amenaza, las ballenas aumentan su velocidad
de natación y disminuyen su tiempo de descanso.
Así pasan un cuarto del día en estado
de disturbio provocado por las gaviotas. Esto incrementa
su gasto de energía en un período crítico
de su ciclo vital y en una zona donde el alimento es
escaso. Las crías son las más afectadas,
y esto puede alterar su supervivencia si los ataques
impiden a los ballenatos descansar y amamantarse normalmente
para fortalecerse y crecer antes de su primera migración”,
describe Sironi.
Las periodista, continúa describiendo la gravedad
del problema con más testimonios de Mariano Sironi
y Victoria Rowntree, directora del Programa Ballena
Franca Austral.... y finaliza explorando posibles soluciones.

Foto:
Diego Taboada |
Cuando se pregunta la razón de la proliferación
de las gaviotas, las miradas apuntan al ser humano.
“Durante las décadas de los 80 y 90, las
gaviotas cocineras (Larus dominicanus) incrementaron
sus poblaciones, producto de la disponibilidad de alimento
en los basurales urbanos y pesqueros en la ciudad de
Puerto Madryn y alrededores”, dice Diego Taboada,
director del ICB. Precisamente allí está
la solución.” La primera de las acciones
urgentes es optimizar el manejo de los basurales a cielo
abierto y, no menos importante, es la necesidad de disminuir
el volumen de descarte pesquero que se genera en la
industria pesquera”, subraya. Algunas medidas
se han tomado, pero el peligro sobrevuela.
Cecilia Draghi a través de esta nota de divulgación
científica, colabora dando a conocer esta grave
amenaza que enfrentan las ballenas francas en Península
Valdés. Hoy nos preocupa gravemente la posible
reasunción de la cacería comercial de
ballenas, pero los ataques de las gaviotas no son un
problema menor y requiere de atención urgente
por parte de los tomadores de decisiones. Las ballenas
son un importante generador de recursos por la industria
del avistaje, y además merecen una mejor calidad
de vida en su área de cría. Hoy en la
mayoría de los casos los turistas observan animales
sufriendo los intensos ataques que reciben y lo que
es peor, estos ataques podrian afectar el estado de
salud de las ballenas, e incluso alejarlas de las costas
chubutenses. Es por esto que el momento de tomar acciones
concretas es ahora.
Aprovecho la oportunidad que me da esta nota, para hacer
un pedido público para que las acciones que se
estén realizando se agilizen y que todos los
organismos de gobierno responsables aunen sus esfuerzos
en forma coordinada para dar un alivio a nuestras tan
queridas ballenas.
Roxana Schteinbarg
Coordinadora General ICB.
Nota
tomada de: El
Instituto de Conservación de Ballenas