TIBURONES: DEPREDADORES DEPREDADOS
Por
Marcel Claude*
El
año pasado, Chile exportó 53 toneladas de
aletas de tiburón, lo que equivale a la muerte de
unos 4 mil 500 escualos en todo el territorio. Además
de la extrema crueldad de esta práctica, que consiste
en mutilar las aletas y cola de los tiburones vivos, para
luego ser arrojados en alta mar.

Un
japonés sostiene una aleta de tiburón
sometida a un proceso de secado y curado, antes de
ser llevada a los mercados de afrodisíacos. |
Hace
unos días se celebró el Día Mundial
de los Océanos, donde se llamó la atención
sobre la compleja situación actual de los ecosistemas
marinos y de algunas especies en particular. Una de ellas,
que si bien no despierta mucho cariño por los seres
humanos son los tiburones, ya que durante muchos años
han sido catalogados como los asesinos de los océanos.
Reputación que se acrecentó debido al protagonismo
en el cine, donde se les mitificó como bestias devoradoras
de hombres. Sin embargo, con el tiempo, la ciencia ha revelado
aspectos de su vida, principalmente de su reproducción,
comportamiento y hábitos alimenticios, que demuestran
que la mayoría de las especies pertenecientes a este
grupo no son de mayor riesgo para el ser humano.
Las investigaciones han revelado que la gran mayoría
de los tiburones son longevos, de crecimiento lento, con
madurez sexual tardía y con poca descendencia al
final de un largo período de gestación. Por
lo tanto, una captura indiscriminada y en aumento puede
ser crítica en la conservación de estas especies.
Además se ha demostrado que los tiburones cumplen
un papel importante en el ecosistema oceánico manteniendo
el equilibrio ecológico y situándose en la
cúspide de la pirámide alimenticia. Y al actuar
como carroñeros de animales muertos o moribundos
ayudan a eliminar los restos e impiden la propagación
de enfermedades. Pero este equilibrio podría estar
en peligro, ya que el “Plan de Acción Internacional
de la FAO para los tiburones” ha reconocido su vulnerabilidad
ante la pesca comercial, con lo que se pueden plantear impactos
perjudiciales a largo plazo o incluso la posible extinción
de algunas especies marinas.
El año pasado, Chile exportó 53 toneladas
de aletas de tiburón, lo que equivale a la muerte
de unos 4 mil 500 escualos en todo el territorio. Además
de la extrema crueldad de esta práctica, que consiste
en mutilar las aletas y cola de los tiburones vivos, para
luego ser arrojados en alta mar. A esto se suma que la exportación
de aletas es un negocio sumamente lucrativo que sólo
en 2004 representó 2 millones y medio de dólares
para las pesqueras chilenas.
Según datos aportados por Oceana, el kilo de aleta
de tiburón puede alcanzar los 15 mil pesos chilenos
en el mercado internacional, en cambio, el resto de su carne
ronda apenas los 300 pesos por kilo, esto explica por qué
los pesqueros prefieren mutilarlos y devolverlos vivos al
mar para que mueran por desangramiento. Desde el año
1997 a la fecha, se han exportado mil 200 toneladas de aletas
de tiburón, lo que indica que más de 100 mil
ejemplares de tiburones mako, azules, blancos, sardineros
y pejezorros han sido víctimas de esta actividad
en nuestro país.
De esta manera, vemos en la actualidad como estos depredadores
marinos que en algún momento fueron famosos como
supuestos “asesinos de hombres”, son víctima
de su antigua presa y, ante esta amenaza, ni siquiera pueden
gritar para pedir auxilio. Incluso la mayoría de
las especies capturadas en nuestro país se encuentran
en condiciones de vulnerabilidad, y existen además
tratados internacionales como la Convención Internacional
de Especies Amenazadas (CITES), adscritos por Chile que
regulan y sancionan la caza de especies en peligro, como
el caso del tiburón mako y el blanco. Por ello se
vuelve necesario una mayor regulación de esta actividad,
la que debe comenzar por una mejor fiscalización
y un mayor conocimiento de las especies capturadas, especialmente
en términos de la biomasa existente en el territorio
marítimo chileno, para llegar definitivamente a la
prohibición de su captura y de la cruel práctica
de cercenamiento a la que se lo somete.
 |
*
Marcel Claude Director Ejecutivo Oceana, Oficina para
América Latina y Antártica |