RECONSTRUYENDO
UNA BALLENA
Federico Serino
Presidente Asociación Amigos del Museo de Ciencias Naturales
“Bernardino Rivadavia”

Foto
ballena jorobada de Pablo Bordino |
Es muy importante notar que trabajar el esqueleto de un animal
de este tamaño NO es fácil, tampoco lo es uno de
menor tamaño. Es difícil moverlo, muy trabajoso
de quitarle la carne y la grasa, realizarle los estudios científicos
para que pueda tener un objetivo académico, y luego de
todo lo enumerado anteriormente, armarlo y que además quede
bien montado.
Esta introducción es para desalentar a los improvisados
de turno que se “apropian” de las carcazas y luego
de algún tiempo, el animal queda en la playa y las vértebras
o mandíbulas finalizan “adornando” un jardín
o una tienda de souvenirs.
Este tipo de prácticas debe finalizar, no es posible que
en ciertas regiones costeras haya animales momificados porque
los improvisados de turno no dejan a las personas con la logística
y el conocimiento adecuado, que realicen el trabajo de recuperación
y posterior estudio.
El
goteo de grasa fue el mayor obstáculo para finalizar el
proyecto en New Bedford, Maine. EEUU
El penetrante olor todavía se mantiene en Jean Konnerth,
una de las integrantes del equipo que reconstruyó un esqueleto
de ballena azul (Balaenoptera musculus) para el Museo de la ballena
de New Bedford. La grasienta pestilencia de los aceitosos huesos
invadieron el recinto, cuando Jean perforó las vértebras
para hacer los agujeros por donde pasará el sostén
de acero que mantendrá el esqueleto unido.
Ella inclinó la cabeza a un lado mientras trataba de mantener
su nariz dentro de un bolsillo de la camisa relleno con perfume.
“Fue algo nauseabundo” recordaba luego de terminado
el trabajo. Ella junto a su esposo Andrew (uno de los pioneros
en reconstrucción de esqueletos de ballenas) habían
estado trabajando durante 15 meses para reensamblar el esqueleto
del animal más grande que existe en la tierra. Los huesos
de la ballena azul fueron llevados al museo luego de estar sumergidos
en cajas de metal en el río New Bedford durante cinco meses,
para poder eliminar los restos de carne.
Un
trabajo lleno de problemas
El proyecto llevó más tiempo que el inicialmente
planeado, “tuve más problemas que con otras ballenas
con las que había trabajado” dijo Andrew mientras
introducía en las juntas de la inmensa mandíbula
un compuesto adhesivo para recomponer una fractura. Andrew ha
reconstruido ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) para
el Maritime Center en Honolululu y el Museo de New Bedford, también
hizo una ballena franca (Eubalaena glacialis) para el New England
Aquarium y una ballena fin (Balaenoptera physalus) para el Harvard
Zoology. Esta ballena ha sido muy complicada de trabajar debido
a la gran cantidad de huesos rotos que drenaban una gran cantidad
de oloroso aceite.
Golpeado
por un barco
La ballena, un macho juvenil de 3 a 4 años y 20 mts. de
largo, fue encontrado muerto en marzo de 1998, cuando golpeo la
proa de un barco tanque de Newport R.I. La carcaza, que pesaba
alrededor de 40 toneladas, fue remolcada a la playa en Middletown,
R.I., donde los científicos llevaron algunas piezas del
animal para estudios. David St. Aubin, director de estudios y
servicios veterinarios del Mystic Aquarium, fue uno de los investigadores
que se presentó en el lugar. El dedujo que la ballena fue
golpeada dos veces por el barco. El primer golpe rompió
su mandíbula y el segundo dio en un costado y terminó
con la vida del animal. St. Aubin cree que la ballena estaba aturdida
e inmóvil por el primer impacto ya que son nadadoras muy
rápidas; alcanzan velocidades crucero de 19 Km/h y pueden
alcanzar los 48 km/h en cortos tramos.
La pérdida de una ballena azul es una mala noticia para
esta especie en peligro de extinción. Las factorías
balleneras han disminuido la población a un número
que los científicos estiman en solamente 5000 a 10000 ejemplares.
El stock del Noroeste del atlántico es de solamente 1000
animales.
El
National Marine Fisheries Service decidió dar los huesos
al museo ballenero porque este estaba dispuesto a exhibir el esqueleto
en su nuevo lobby (construido con parte de los u$s 10 millones
para renovación y expansión de las instalaciones)
donde el público podrá observarlo en forma gratuita.
El conjunto tiene un peso de alrededor de 4000 kg. incluyendo
los refuerzos de acero y cuelga del techo en un arco estirado
parcialmente para que la pose sea más dinámica y
porque no había otra manera de posicionarlo.
Reconstruir el esqueleto del animal más grande del planeta
es una titánica tarea, aunque las herramientas que se necesitan
para realizar el trabajo son sorprendentemente comunes:
Una hidrolavadora de alta presión
Un taladro enorme, Tubos de compuesto adhesivo, Litros de detergente
biodegradable, Cientos de tuercas y tornillos ,Tubos de pintura
acrílica, Desengrasante industrial....
Y por último: Jean y Andrew Konnerth
Casados
con el trabajo
Con sus conocimientos y experiencias, el matrimonio Konnerth,
ha podido llenar un nicho en el mundo científico: Jean
(75 años al realizar el trabajo) es una artista y diseñadora
de joyas. Su especialidad es hacer nuevos huesos de fiberglas
para reemplazar los rotos y pintarlos para que luzcan como reales.
Andrew, un biólogo retirado con 77 años a la fecha
del artículo, trabajó para el Woods Hole Oceanographic
Institute. Su interés por los esqueletos comenzó
de niño en la Florida donde pudo explorar los bosques,
recolectando huesos de mapaches y ardillas. Ha estado reensamblando
esqueletos de animales desde 1958; estos animales, algunos de
30 kg. otros del tamaño de un maní, fueron fáciles
de montar.
Armando
el rompecabezas
“Tienes que encontrar las piezas que ajusten unas con otras”,
dice Jean; “es como un rompecabezas”. Cada una de
las aletas pectorales de 4 mts. tienen alrededor de 30 huesos,
luego están las costillas de 2,5 metros. El cráneo
de 5,1 mts. por 2 tiene un peso de aproximadamente 1800 kg., la
mandíbulas, las órbitas oculares, que contienen
los ojos del tamaño de un plato, son tan grandes como patas
de jamón. La cavidad craneana es lo suficientemente profunda
para introducir un brazo de mujer hasta el codo. “Mi esposo
dice que tiene un cerebro de 5 galones (aprox. 20 litros, N del
T.)”.
Una vez que los huesos fueron seleccionados, se secan para que
el fleje de acero pueda ser colocado. En este trabajo, los Konnerths
tuvieron que reconstruir una docena de huesos y realizar réplicas
de fiberglas de 14 vértebras.
El aceite se convierte en el mayor problema

Foto
de los restos de ballena minke de F. Serino |
Antes que los Konnerths pudieran avanzar en su trabajo, fue evidente
que el aceite pesado (que es abundantemente producido por el animal)
se convertiría en un problema. A pesar de los sucesivos
lavados, este chorreaba de los huesos, apestando el museo, dejando
el esqueleto descolorido e impidiendo que el adhesivo y las pinturas
cumplan su función. Aquí fue cuando una compañía
industrial de desengrasantes (Impco Inc. de Providence) entró
en escena: 17 grasientos huesos fueron enviados a dicha compañía,
la cual utilizó un poderoso solvente también utilizado
en la industria del cuero. Una vértebra pesó, antes
del proceso de desengrasado, 25 ks, y luego del mismo 10 kg. Jean
dijo que muchos de los huesos eran demasiado grandes para enviarlos
a Impco. Restos de aceite estaban esparcidos por el jardín
próximo a la sala donde se trabajaban el cráneo
y las mandíbulas; a pesar que fueron lavadas reiteradas
veces seguían chorreando una capa olorosa y marrón
que llenaba el aire del recinto.
Calentando el aceite remanente
Otro intento se está realizando para quitar el aceite de
los huesos del cráneo. Los Konnerths, quienes no se habían
tomado casi descanso desde que iniciaron el trabajo, iniciaron
unas vacaciones a principio de diciembre.
Un calentador en el jardín del museo está siendo
colocado para elevar la temperatura sobre 100° C para tratar
de quitar el aceite remanente; telas absorbentes serán
colocadas en capas para colectar el líquido que destilan
los huesos. Jean nos informa de una ballena azul en Escocia que
desde hace 10 años a la actualidad continúa drenado
grasa. Cuando los Konnerths regresen de sus vacaciones, seguirán
trabajando sobre el esqueleto, será ensamblado en 4 partes:
el cráneo y las mandíbulas, el tórax o la
sección de costillas, las vertebras lumbares y las caudales.
El museo espera finalizar el montaje en abril (1999) y comenzar
la exhibición en julio. Los Konnerths están expectantes
del resultado de dos años de trabajo y sobre todo “que
deje de gotear”.
Este
artículo es reproducido del boletín “Spyhopper”
de la American Cetacean Society escrito por Carol McCarthy.
Traducido y adaptado por Federico Serino