QUIEREN
INCLUIRLO EN LA LISTA DE ESPECIES QUE NO SE PUEDEN COMERCIALIZAR
El tiburón blanco está a punto de extinguirse
por el hombre
Cada vez hay menos por la pesca comercial y su baja tasa de
reproducción.
Por: Georgina Elustondo. gelustondo@clarin.com
Al final, la historia está resultando al revés.
Nada que ver con lo que nos contó Spielberg: por estos
días, el acorralado es el temible tiburón blanco,
y su mayor amenaza es el hombre. Según están denunciando
un par de gobiernos y varias asociaciones civiles defensoras
del medio ambiente, el famoso depredador de los fondos marinos
—el mismo que aterrorizó a varias generaciones
en manos del taquillero director norteamericano—, corre
peligro de extinción y está pidiendo, con urgencia,
ser protegido de su enemigo mortal, ni más ni menos que
el ser humano.
La situación del pobre animal es tan delicada que los
gobiernos de Australia y Madagascar acaban de sumarse al reclamo
de varios grupos ecologistas que vie nen solicitando desde hace
años la definición de nuevas medidas de protección.
El pedido formal será presentado en la Convención
sobre Comercio Internacional de Especies de Fauna y Flora Salvajes
Amenazadas (CITES), que se reúne a partir de hoy en Bangkok.
A pesar de su fama de gran ferocidad, su población ha
disminuido considerablemente en la última década,
y los especialistas aseguran que la especie está en peligro
de desaparecer. De hecho, sólo en aguas australianas,
el hombre mata medio millar de tiburones por año. Y,
según datos del Instituto Mediterráneo de Estudios
Avanzados, las aguas de ese mar han perdido en los últimos
10 años el 50% de sus tiburones blancos.
Las claves para entender esta cacería deben rastrearse
en las bondades de un comercio que crece sin pausa desde hace
años. Tanto su carne como sus dientes y aletas tienen
un alto precio en el mercado, pero la "perla" que
persiguen todos los cazadores son las mandíbulas, que
pueden alcanzar una cotización de 50.000 dólares.
Pero la pesca con fines comerciales no es su único peligro.
Muchos ejemplares también mueren atrapados accidentalmente
en las grandes redes de los buques pesqueros, y otros tantos
son víctimas de la pesca deportiva y de la creciente
contaminación que afecta las costas de las regiones donde
habita.
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Los tiburones blancos (que en realidad no son blancos más
que en su vientre y visten, más bien, un elegante gris
azulado) viven en las aguas cálidas del planeta y suelen
medir entre cuatro y seis metros y llegan a pesar hasta 1.200
kilos. En general, viven alrededor de 30
años y tienen una baja tasa de reproducción: no
tienen cría hasta los nueve años de edad y, si
bien pueden tener entre cuatro y diez tiburoncitos por parto
(cada dos o tres años), la mayoría no llegará
nunca a nacer porque se devoran entre hermanos en el vientre
de su madre.
En base a estos datos, y al peligro creciente que acecha al
tiburón blanco, los gobiernos de Madagascar y Australia
están peleando para incluirlos en la lista de los 4.100
animales y 28.000 vegetales que no se pueden comercializar sin
una autorización. Esperemos que su inmerecida fama de
"comehombres" no lo prive del cuidado del que sí
gozan otras especies.
De hecho, según los entendidos, cuando se produce algún
incidente con humanos suele ser porque el tiburón confunde
a su víctima con una suculenta foca u otra "delicia".
El hombre, aseguran, no se encuentra entre sus preferencias
culinarias.