LOS
ESQUELETOS DE BALLENAS PRODUCEN GUSANOS DEVORADORES DE HUESOS.

Image credit: (c) 2003 Greg
Rouse |
MOSS LANDING— Científicos que estudian
esqueletos de ballenas en el Monterey Canyon anunciaron el descubrimiento
de dos nuevas especies de invertebrados que comen los huesos de
las ballenas muertas.
En un artículo de la revista “Science” de julio,
los investigadores describen a estos gusanos que difieren en su
estructura y en su forma de alimentación a cualquier otro
animal conocido.
No tienen ojos, patas, bocas o estómagos, pero tienen coloridas
extensiones semejantes a plumas y raíces verdes. Usan estas
raíces para infiltrarse en los huesos de las carcazas de
las ballenas, consumiendo la grasa y el aceite con la ayuda de bacterias
simbióticas.
El biólogo marino Greg Rouse, del South Australian Museum,
trabaja con los científicos Shana Goffredi y Robert Vrijenhoek
del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI) para clasificar
al nuevo organismo colocándolo en un nuevo género
llamado “Osedax”, del latín “devorador
de huesos”.
Foto de laboratorio de uno de los gusanos devoradores
de huesos Osedax frankpressi, que ha sido extraído de un
hueso de ballena. Normalmente sólo la plumas rojas y blancas
y el tronco rosa son visibles. Las raíces verdosas y los
ovarios blancuzcos están dentro del hueso.
La característica mas visible de Osedax rubiplumus y Osedax
frankpressi es su rojizo plumaje que extiende en el agua y actúa
como agallas. Las plumas se conectan al tronco muscular que se insertan
en un tubo transparente cuando el gusano es molestado. El extremo
del tronco, escondido dentro del hueso de la ballena, es un ancho
cuerpo en forma de un saco oval. Las raíces verdosas están
llenas de bacterias que disuelven el aceite de los huesos.
Los científicos inicialmente estaban desconcertados por el
hecho de que todos los gusanos colectados eran hembras; sin embargo
mientras examinaban un ejemplar de dos a siete centímetros
de largo bajo el microscopio, descubrieron que muchas hembras tienen
docenas de microscópicos machos viviendo dentro de sus cuerpos.
Parecería como si estos machos nunca hubieran dejado atrás
su pasado estado larval (sus cuerpos todavía contienen trozos
de membrana vitelina) pero tienen copiosas cantidades de esperma.
Los investigadores también observaron que las hembras de
todos los tamaños estaban llenas de huevos, el co-autor del
artículo Vrijenhoek comenta: “Estos gusanos parecen
ser el equivalente ecológico de los dandelions (una especie
que crece rápidamente, ponen un montón de huevos y
se dispersa lejos y ampliamente)” Esta estrategia podría
considerar que estos gusanos pueden vivir solamente en ballenas
muertas; después que el esqueleto ha sido consumido, todos
mueren. Antes que esto suceda deben liberar suficientes huevos o
larvas para que puedan ser transportados por las corrientes oceánicas
hasta que encuentren otra carcaza donde alojarse.
Rouse nota que “Por la inusual anatomía de las hembras
estábamos desconcertados acerca de que tipo de animal era
Osedax”. Pero después de analizar una porción
del ADN, los investigadores determinaron que están cercanamente
relacionados con los largos gusanos tubos encontrados en las chimeneas
hidrotermales de las profundidades del océano. Ambos géneros
obtienen nutrientes con la ayuda de bacterias simbióticas.
Posteriores análisis de ADN arrojaron sorprendentes resultados:
después de observar variaciones en el ADN mitocondrial (lo
que es asumido como un cambio constante a través del tiempo)
los investigadores concluyeron que los mas recientes antecesores
de estas dos especies de gusanos datan de 42 millones de años
atrás, el mismo tiempo en que las primeras ballenas se desarrollaron.
La diversidad genética de la especie también sugiere
que son parte de una activa población de cría que
incluye cientos de miles de individuos, una población que
ha estado presumiblemente frente a los ojos humanos en la inmensidad
de las profundidades del océano.

Fotomontaje
de los restos de una ballena en el fondo del Cañón
de Monterey, como apareció en febrero de 2002, poco
después de su descubrimiento. Notar el gran número
de gusanos rojos cubriendo el cuerpo.
Image credit: (c) 2002 MBARI |
Después de estudiar una ballena muerta en
la bahía de Monterrey (Baja California) por un año
y medio, Vrijenhoek y Goffredihan han llegado a la conclusión
que las dos nuevas especies de gusanos están en la punta
del iceberg (o mejor dicho en la punta de la cola de la ballena).
Los restos de esqueletos de ballenas representan una importante
fuente de alimentación en un ambiente limitado de comida
como son las profundidades del mar. Craig Smith de la Universidad
de Hawaii, ha identificado ecosistemas con cientos de diferentes
animales que se han desarrollado alrededor de los restos óseos
de una ballena. Algunas de estas comunidades pueden ser sostenida
por décadas con los huesos saturados de aceite de los cetáceos
muertos. Los científicos del MBARI describen la inusual población
de animales de los restos óseos de Monterey Canyon en un
artículo que será publicado en “Deep Sea Research”
en octubre de este año.
Como las poblaciones alrededor de las chimeneas hidrotermales, las
comunidades de los restos óseos de ballenas envuelven fuentes
de comida altamente localizadas y efímeras. En las chimeneas,
gases sulfhídricos son consumidos por las bacterias, que
a su vez proveen sustento a otros animales. El mismo mecanismo se
observa en las carcazas de cetáceos, donde el sulfídrico
puede producirse por bacterias que se encuentran en los tejidos
de la ballena. Sin embargo, la bacteria simbiótica en Osedax
spp. presenta una estrategia evolutiva totalmente diferente: disuelven
los lípidos de los huesos (grasas y aceites) directamente
para proveer alimento a los gusanos. Es la primera vez que una bacteria
que degrada lípidos ha sido observada en una relación
simbiótica.
Aunque los restos óseos han sido estudiados en diferentes
sitios a lo largo de California, los de Monterrey Canyon son los
mas conocidos a la fecha. Por su gran profundidad (2891 metros)
se puede explicar porque algunos de estos animales nunca había
sido visto anteriormente. En adición a las nuevas especies
nombradas, los investigadores colectan entre cuatro a seis no identificadas
formas de gusanos de las carcazas de ballenas. A pesar de que no
son tan raras como Osedax, estos desconocidos animales resaltan
la innimaginada biodiversidad y las adaptaciones que tienen los
organismos que habitan las profundidades del océano.
Artículo científico citado:
G. W. Rouse, S. K. Goffredi, and R. C. Vrijenhoek, Osedax—bone-eating
marine worms with dwarf males. 2004. Science. Vol. 305 #5684 (July
30, 2004).
Traducción: Federico Serino
Nota tomada del Instituto
de Investigación del Acuario de Monterey
