HISTORIA: LA EXPLORACION SUBMARINA, LLEGAR A LO MAS PROFUNDO
Desde
épocas remotas, el ser humano ha tratado de sobrepasar
sus límites explorando más allá de lo que
le imponían las barreras naturales del hostil medioambiente
en que habitaba: accidentes geográficos como ríos,
mares, lagos y distintos tipos de terrenos, obstaculizaron la
marcha de los primeros noveles exploradores para descubrir lo
que había más allá de lo que podía
ver sus ojos.
En
sus comienzos aprovechó los recursos que le brindaba la
naturaleza para desplazarse, transportarse o guarecerse de las
incontinencias del clima: troncos, puentes naturales, armas rudimentarias.
Luego a medida que crecían sus intereses y sus inquietudes,
tuvo que valerse de medios mas sofisticados para cumplir sus objetivos.
De todas las fronteras que la humanidad encontró en sus
exploraciones, el espacio y el océano han sido las más
dificultosas de conquistar. En los comienzos del siglo XXI, después
de las millonarias cifras que se han invertido para la exploración
del espacio, ha comenzado un re-descubrimiento en la búsqueda
de los secretos de las profundidades de los océanos.
Las primeras incursiones que realizaron los antiguos antropoides
estuvieron motivadas probablemente por la búsqueda de alimento,
aventurándose cada vez mas lejos de la costa
El
problema crucial que encontró el hombre para sus primeras
incursiones subacuáticas, fue poder proveerse de aire para
extender su tiempo de permanencia bajo el agua. Alguno de los
primeros grabados de seres humanos utilizando tubos respiradores
corresponden a los asirios (unos 900 a.C.). En Corea y Japón,
las llamadas “amas” desarrollaron el arte de la inmersión
a pulmón libre (apnea) hace aproximadamente 1500 años.
Uno
de los hechos más espectaculares fue el asedio realizado
por el ejército de Alejandro Magno a la ciudad de Tiro
allá por el año 332 a.C.; soldados buceadores atacaron
a los fenicios y según viejos grabados de la época,
el mismo Alejandro siguió las operaciones desde una campana
de cristal llamada Colinfa (Cousteau 1973).
Entre
los años 1500 y 1800 se desarrolló la campana de
buceo, permitiéndoles a los buzos realizar trabajos submarinos
durante horas en lugar de minutos. Estas tenían generalmente
forma de tonel invertido con el fondo abierto al mar. Fuertes
y pesadas para penetrar en posición vertical, contenían
bastante aire para permitirle a un buzo respirar durante varias
horas; luego fueron suspendidas por un cable de la superficie.
El problema radicaba en que la embarcación de apoyo debía
posicionarse directamente por encima de la zona de trabajo del
submarinista; si quería explorar más allá,
debía aventurarse fuera de la campana por periodos cortos
de tiempo manteniendo su respiración.
El
principio de funcionamiento debía ser eficaz, ya que William
Phips, un honorable corsario y aventurero sajón, lo utilizó
en 1687 cuando recuperó parte del tesoro del galeón
español “Nuestra Señora de la Concepción”.
Así
siguieron los inventos y los desarrollos: Haley, con su campana
provista de aire por unos barriles lastrados; Denis Papin, con
su bomba de aire comprimido y varios mas con inventos ingeniosos
y no pocas veces peligrosos.
Los desarrollos en la búsqueda de un mejor método
para sumergirse, lo encontramos en la figura de Augustus Siebe
con la famosa escafandra MK V en el año 1819. Sin duda
uno de los equipos mas usados en las operaciones de buceo pesado
y que aún hoy en día se sigue utilizando. Un casco
rígido unido a una pechera al cual se le suministraba aire
de la superficie mediante una bomba y pesados zapatos de plomo
que oficiaban de lastre, permitían al hombre estar mas
tiempo sumergido a mayores profundidades.
En el año 1878, el inglés Henry A. Fleuss creo un
aparato que utilizaba oxígeno puro que trabajaba en un
circuito cerrado, donde se reciclaba el mismo pasándolo
por un cartucho de cal sodada. En la primera guerra mundial, las
tropas beligerantes utilizaron este sistema para la excavación
de túneles en el frente.
El primer dispositivo con el que se trató de aislar temporalmente
al buzo del contacto con la superficie, fue el regulador a demanda
patentado en 1866 por Benoist Rouquayrol y Auguste Denayrouze.
Consistía en un pequeño depósito alimentado
por una bomba de superficie que le proveía aire a una presión
de 4 atmósferas (en esa época no se podían
construir depósitos que soportaran presiones mayores).
El buzo podía desconectar la manguera y trasladarse por
cortos períodos por el fondo. Fue el primer intento exitoso
de cortar el “cordón umbilical” con la superficie:
nacía el SCUBA (Self Contained Underwater Breathing Apparatus
o Aparato autónomo de respiración subacuática
por su traducción del inglés)
Pioneros como los franceses Jacques Ives Cousteau, Frédéric
Dumas o Phillipe Tailliez allá por los principios de los
40, utilizaron los primeros “pulmones acuáticos”
o Acualungs para moverse dentro del medio líquido sin depender
de la superficie para entregarles suministro de aire. El regulador
Cousteau-Gagnan fue patentado en Francia en 1943. En este equipo
se resolvía el problema de la entrega del aire al buceador
mediante una válvula que servía para proveer de
gas a los vehículos de la época, que se encontraban
ante la falta de gasolina por la escasez producida por la guerra.
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A medida que se extendían las incursiones del hombre bajo
el agua, aparecieron los primeros inconvenientes para los buzos
que están sometidos a las grandes presiones debajo de la
superficie, los denominados “bends” son dolencias
en las articulaciones por no permitir que el nitrógeno
acumulado en los tejidos se libere lentamente. Otro de los problemas
son las temidas aeroembolias, que se producen cuando el buzo asciende
en forma muy violenta.
Los
problemas experimentados por trabajadores de minas subterráneas
llevaron al fisiólogo escocés John Scott Haldane,
entre los años 1905 y 1910, a realizar los primeros estudios
acerca de los efectos de la presión y los tiempos de exposición
sobre el cuerpo humano. Otros estudios con respecto a los problemas
causados por los gases corresponden al francés Paul Bert
realizados en el año 1878.
Hoy, en el presente, el investigador estadounidense Robert Ballard
trabaja en naufragios como el HMS Titanic a profundidades mayores
a los 3500 mts con aparatos controlados por control remoto (ROV’S),
pero esa es otra historia...
Récords de profundidad alcanzados por buzos autónomos.
1915. La marca de los 90 mts (300 pies) fue superada. Tres buzos
de la U.S. Navy: F. Crilley, W.F.
Loughman y F.C. Nielson, alcanzaron los 92 mts (304 pies) usando
la escafandra MK V.
1972.
La escafandra MK 2 MOD 0 DDS consigue alcanzar los 308 mts (1,010
pies)
1975.
Buzos usando el traje MK 1 Deep Dive System descendieron a 350
mts (1,148 pies)
1977.
Buzos franceses rompen el récord de profundidad alcanzando
500 mts (1,643 pies).
1981.
Se realiza la operación de salvataje de 431 lingotes de
oro del naufragio HMS Edinburgh
hundido durante la 2º guerra, a 245 mts (803 pies)
Hoy.
Buzos comerciales realizan actividades de buceo pesado en profundidades
de mas de 305 mts (1,000 pies).
Agradecimiento: Federico Serino- Instructor de buceo.
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