LAS BALLENAS Y SUS USOS EN EL PASADO

Los cetáceos, en general, siempre fueron considerados –por el hombre- como un recurso ilimitado. Por eso, la mayoría de las amenazas que enfrentaron y enfrentan estos mamíferos marinos se debe, directa o indirectamente, a la intervención del ser humano a través de sus actividades. En esta oportunidad nos referiremos a los principales productos que podían obtenerse de las ballenas, los cuales “justificaban” su cacería, en tiempos pasados.
El porcentaje aprovechado del animal era, prácticamente, del cien por ciento. El aceite contenido en sus huesos y el proveniente del calentamiento del “blubber” era utilizado para fabricar margarinas, helados, jabones, cosméticos, lápices de labios, crayones y para ablandar todo tipo de pieles. También era empleado en siglos pasados para fines de iluminación, al hacerlo arder. Igualmente la piel era utilizada. Por ejemplo, la de beluga (Delphinapterus leucas), para fabricar cordones de botas. Las barbas (de los misticetos), por constituir un material duro y elástico, se usaban como armazón para los paraguas, en corsés para los vestidos de mujeres, o como peines, cepillos y peinetas. La carne era aprovechada como alimento humano y/o animal (dada su riqueza en proteínas). Los intestinos, una vez secos, servían como correas para atar. Los huesos eran empleados para el armado de casas o chozas, y hasta para lucir en collares. Asimismo, de los tejidos óseos se obtenían gelatinas.
Además de las grandes ballenas, una de las especies más perseguidas fue el cachalote (Physeter macrocephalus), el cual brindaba un excelente lubricante para maquinaria delicada, obtenido de una sustancia cerosa-aceitosa hallada en su cabeza: el llamado “aceite del espermaceti”. No sólo eso, también sus dientes de marfil, tallados artísticamente, eran considerados valiosos objetos decorativos. Y no menos despreciable resultada una sustancia conocida como “ambar gris”, proveniente de sus intestinos, útil para fijar perfumes.
Afortunadamente, hoy en día, ya se han encontrado muchísimas alternativas para todos los productos y materias primas que proporcionaban las ballenas, como ser el plástico, el acero, el petróleo, etc. Este es uno de los principales argumentos válidos para defender la conservación de los cetáceos, pues, está a la vista, que ya no existe razón lógica para continuar justificando la matanza de estas especies. Pero sin duda, podemos encontrar muchas más razones para desear tenerla junto a nosotros, en los mares, por siempre...

Por Lorena Echagüe y Liliana D. de San Gil

Tomado del boletín del Instituto de Conservación de Ballenas

 
Ultima actualización: 06/04/2004