LA NUEVA EDAD DEL HIELO
¿Le
preocupa el calentamiento global?
Comuníquese
con algunos científicos en Woods Hole. Los oceanógrafos de allí ven grandes
problemas con la Corriente del Golfo, que calienta a ambas, a Norteamérica
y a Europa.
Por
Brad Lemley.
William
Curry es un serio y sobrio científico del clima, no un crítico de arte,
pero ha dedicado mucho tiempo a estudiar con atención el famoso cuadro
de Emanuel Gottlieb Leutze, "George Washington cruzando el Delaware",
en el cual aparece un bote lleno de soldados coloniales norteamericanos
dirigiéndose a atacar a las tropas inglesas el día después de la navidad
de 1776. "La mayoría de las personas piensa que los restantes hombres
dentro del bote están remando pero, en realidad, lo que hacen es apartar
el hielo", dice Curry, tocando una reproducción del cuadro. Con toda seguridad
el remero líder está golpeando el río helado con su bota. "Yo crecí en
Filadelfia. El sitio de la pintura está a 30 minutos de distancia en auto.
Le puedo decir que este tipo de cosas ya no ocurre". Pero podría ocurrir
de nuevo y pronto.
Las
escenas heladas, similares a las inmortalizadas por Pieter Brueghel, el
Viejo, el pintor flamenco del siglo XVI, podrían también retornar a Europa.
Sus obras, incluyendo la obra maestra de 1565 "Cazadores en la nieve",
hacen que la templada Europa de hoy se parezca más a Laponia. Esos escenarios
fríos fueron lugares comunes durante un período transcurrido desde 1300
hasta 1850, debido a que la mayor parte de Norteamérica y Europa estaba
en la angustia de una pequeña edad de hielo. Ahora existe una creciente
evidencia de que las heladas podrían volver. Un gran número de científicos
- incluyendo muchos aquí en la base de operaciones de Curry, la Institución
Oceanográfica Woods Hole en el Cabo Cod, en Massachussets- cree que las
condiciones están maduras para otro prolongado enfriamiento o pequeña
edad del hielo. Aunque nadie predice una brutal capa de hielo, como la
que cubrió el hemisferio norte de glaciares hace 12.000 años, la próxima
tendencia a la helada podría hacer bajar las temperaturas promedio en
unos 2,75 grados Celsius, en gran parte de los Estados Unidos, y unos
5,5 grados Celsius en el nordeste, en el norte de Europa y el norte de
Asia.
"Podría
ocurrir dentro de 10 años", dice Terrence Joyce, quien dirige el Departamento
de Oceanografía Física de Woods Hole. "Una vez que esto ocurra, podría
demorar cientos de años en revertirse". Le alarma que los estadounidenses
aún no han tomado la amenaza en serio. En una carta al New York Times,
el pasado mes de abril, escribió: "Recuerden los inviernos más fríos,
y tendrán una idea de lo que ocurrirá".
Una
caída de 2 a 6 grados conlleva mucho más que simplemente ajustar el termostato
y seguir adelante. Económicamente y ecológicamente, esas heladas súbitas
y persistentes podrían tener consecuencias devastadoras. Un informe del
2002 titulado "Acerca de los cambios climáticos: sorpresas inevitables",
elaborado por la Academia Nacional de Ciencias, estima el costo de las
pérdidas, sólo en la agricultura , entre 100 y 250 miles de millones de
dólares; prediciendo, además, que los daños al sistema ecológico podrían
ser vastos e incalculables. Una muestra sombría: la desaparición de bosques,
el aumento de los costos habitacionales, la escasez de agua potable, menores
rendimientos de las cosechas y la aceleración de la extinción de las especies.
La
ciencia del clima es diabólicamente compleja y la embestida de una pequeña
edad de hielo no es segura, al menos en esta etapa de la investigación.
Los científicos de todo el mundo están sopesando la posibilidad de un
enfriamiento rápido del Atlántico Norte, pero quizás en ningún lugar de
Estados Unidos haya más energía, equipos y cerebros ocupados en este problema,
que aquí en Woods Hole.
¿Se
está calentando el mundo ahora?
Ciertamente sí, dice Joyce. En su desordenada oficina, llena de la suave
luz de la neblinosa mañana de Cabo Cod, explica cómo dicho calentamiento
podría ser el sorprendente culpable de la próxima mini-edad del hielo.
Esta paradoja es el resultado de la aparición, durante los últimos 30
años, en el Atlántico Norte, de inmensos ríos de agua dulce, el equivalente
de una capa de unos tres metros de espesor, mezclada con el agua salada.
Nadie está seguro de la procedencia de este torrente fresco, pero el primer
sospechoso es el derretimiento del hielo ártico, causado por la acumulación
en la atmósfera de dióxido de carbono, el cual atrapa la energía solar.
Este hecho podría provocar una pequeña edad de hielo al afectar la penetración
de la Corriente del Golfo en el norte. Normalmente, la corriente del golfo
cargada de calor absorbido en los trópicos, serpentea por las costas de
Estados Unidos y Canadá. Durante su flujo hacia el norte, la corriente
entrega calor al aire. Como los vientos prevalecientes en el Atlántico
Norte soplan hacia el este, gran cantidad de ese calor deriva hacia Europa.
La
nota completa puede ser encontrada en número de octubre de 2002 de la
revista Discover en Español.